Un pasito hacia atrás, dos pasitos hacia adelante

 

Sí, y así conseguimos avanzar, sí y así consigue avanzar Nerea, porque no debemos olvidar que la enferma es ella, aunque a mí tambien me duela.

Hace semanas que pienso en volver a escribir, pero me ponía delante del ordenador y era incapaz de hacerlo, quizás porque hablar del presente, cuando ese presente implica un retroceso, es mucho más difícil.

Esta primavera Nerea inició una pequeña recaída y finalmente a mediados de julio decidió, con el apoyo de todos  y la ayuda de Marta (su terapeuta), volver a hospital de día. Fueron días  difíciles, de muchas dudas hasta que tomó la decisión, pero…es obvio que fue un acierto, Nerea hoy vuelve a caminar hacia adelante.

Es curioso como la historia, en algunos aspectos, se volvió a repetir. Volvió a existir inicialmente la negación de la situación, tanto por parte de mi hija como mía, el creer que sería algo pasajero, que no debíamos de preocuparnos mucho, hasta que al final nos dimos cuenta que era necesario volver a las conductas y posicionamientos de meses atrás. Y es difícil. Curiosamente y aunque sea un momento mucho mejor que el inicial, es casi más difícil. El otro día me asombraba como una “veterana como yo” había vuelto a caer en algunos de los errores del principio; aspectos, conductas que creía superadas, situaciones que ya conocía, cosas que en principio no debía de hacer falta que me volvieran a explicar…, pero vuelves a negarlo, porque te vuelve a dar miedo aceptarlo, aceptar que tu hija no está curada todavía. Y eso es importante… debemos saber dónde estamos para poder actuar en consecuencia, debemos saber que todavía queda camino por recorrer, para no crear expectativas a corto plazo que necesitan algún tiempo más para desarrollarse. Porque la cuestión no es si mi hija se va a curar o no, la pregunta que nos hacemos es ¿Cuándo?
La suerte es que se parte desde otro punto, habiendo recorrido parte del camino, con más herramientas, con más conciencia, con más experiencia y en pocos días te recolocas y lo vuelves a aceptar y vuelves a coger energía y sigues caminando. Y todo esto nos vuelve a hacer crecer, cada una a su manera. Ella partía del enfado, casi de la rabia de que le estuviera volviendo a pasar: “.- Mamá, yo creía que nunca iba a volver a tener problemas con la comida” me decía. Y de alguna manera es bueno aprender que la amenaza todavía está ahí, que debe estar alerta, que debe pedir ayuda cuando se de cuenta de que algo está fallando, que no tiene que esperar que la situación se le escape de las manos.

Y ya han pasado tres meses desde que entró en hospital de día por unas semanas. La vuelta a la rutina, el inicio de las clases, la concreción de unos objetivos para este curso que debe trabajar, tambien le están ayudando. Y está mejor, más realista, con los pies más en la tierra, con un poco más de conciencia sobre quién es y cuáles son necesidades, sus herramientas para seguir afrontando la vida,

Y como no puedo evitar buscar siempre algo bueno de cada experiencia creo sinceramente, que superar los tropiezos, las dificultades, le ayudan, nos ayudan a avanzar, nos ayudan a crecer. Ha sido bueno tomar consciencia de que pueden existir recaídas, y mejor aún saber que cada vez tiene más herramientas para poder superarlas. Con los tropiezos aprendemos como no se consigue nada negando la realidad porque el único camino para ganar a la anorexia es plantarle cara.

Quiero dar un fuerte abrazo desde aquí a todas esas niñas/os que siguen luchando día a día por vencer a esta enfermedad y a las personas que les apoyan, que les acompañan.

Asun

Tiempo de valoración

En el momento en que Nerea entró en valoración, empecé a sentir la tranquilidad que da el control de la situación, la sensación que dejas de dar tumbos para decidir ponerte en manos de profesionales que de verdad te pueden ayudar.
Muchas veces me he planteado ¿Por qué tardé tanto en dar ese paso si era consciente de que mi hija necesitaba ayuda? Me imagino que me paralizaba el miedo; la culpabilidad que me producía el hecho de tener que aceptar qué parte de responsabilidad tenía yo en todo lo que estaba pasando; el creer que nuestra buena relación, nuestra capacidad de diálogo, nos iban a ayudar a salir de todo esto sin necesidad de ayuda, porque no la necesitábamos, porque yo, su madre, con mi cariño, mi apoyo iba a ser capaz de recomponer todo aquello que estaba mal. De lo que entonces no me daba cuenta era que debía de dejar de mirarme a mi misma, de compadecerme, de sentirme el centro del dolor, para mirarle a ella y preguntarme ¿Qué es lo que mi hija necesita de verdad? Y todo pasaba por soltar, por aceptar que esta vez, yo no iba a ser capaz de protegerla sola.

El tiempo en que Nerea estuvo en valoración fue un tiempo de incomprensión, de desconcierto, pero básicamente fueron semanas de ir aceptando poco a poco la realidad. Yo no entendía cómo ella no hacia todo lo posible para librarse de esta situación, cómo sabiendo con certeza que entrar en Hospital de día era dejar el instituto, sus amigas, el teatro… cómo sabiendo todo lo que estaba en juego, seguía intentando engañarnos, si la báscula acabaría traicionándola. Y así fue, ante la sorpresa de todos nosotros, Nerea no avanzó en esas semanas, sino todo lo contrario, seguía adelgazando día a día, seguía tirando el almuerzo, negándose a merendar… Recuerdo mis reproches por no poner nada de su parte en curarse, recuerdo como cargaba mi impotencia, de alguna manera sobre ella, pues … yo seguía sin entender nada.
Recuerdo mi estupor cuando al cabo de unos meses, ella, ya consciente de muchas cosas, me contó que el día que Raquel le dijo que tenia que entrar en Hospital de día porque durante las Navidades había adelgazado 2 Kg., llegó a sentir alegría por haber superado, de alguna manera, la dura prueba de “sobrevivir” a unas Navidades no sólo sin engordar, sino además adelgazando.
Sólo tiempo después entendí que esa reacción se había producido precisamente por sentirse acorralada, era la respuesta de la enfermedad hacia nuestro control, era el intento de evitar la inseguridad que le producía no controlar la única cosa que en esta vida le hacia sentirse segura, la comida (que sinsentido ¿no?)
Para mi todo era absurdo, Ilógico, incoherente, la realidad me superaba, él no comprender me llenaba de angustia, hasta que decidí contemplar la situación bajo otro prisma, dejar de mirar a través de la lógica, del sentido común, porque en esta enfermedad, no encuentras nada de todo eso.
Fue difícil, de hecho hoy todavía me cuesta aceptar algunas cosas, pero he aprendido, que en eso consiste en parte esta enfermedad, en perder la realidad de vista, en ver lo que no existe.
Pero el tiempo te devuelve poco a poco a la lógica, y superados los primeros meses, fuimos viendo como Nerea avanzaba, empezaba a aceptarse, a reconocer lo que le pasaba, a saber escucharse y sobre todo a quererse y ahora… ¡me gusta tanto mirarla!, tambien en sus malos momentos, porque claro que los tiene ¿Quién no? Pero es capaz de pararse, de hacer un alto cuando se da cuenta que las cosas empiezan a tambalearse, es capaz de pedir ayuda y yo me siento tranquila y feliz al verla caminar poquito a poco hacia delante.

La primera vez que Raquel me habló de 1espejo1000ventanas, recuerdo que llegué a casa y enseguida entré el la Web. Desde entonces he pasado muchos ratos leyendo testimonios de otras niñas, de otros padres, pero nunca me animé a escribirles. En aquellos días me hubiera ayudado haber escrito algún comentario, haber hecho algunas de las preguntas que me rondaban por la cabeza, pero nunca me decidí, es curioso…en cambio ahora estoy, escribiendo sobre nuestra historia, ¡no me lo puedo creer!… Por desgracia, la inseguridad, tambien forma parte de mi carácter y es evidente que paralelamente al proceso de mi hija yo estoy haciendo el mío.
Pero en todo en este tiempo me he dado cuenta lo bueno que es que podamos compartir nuestras experiencias, nuestras opiniones, poder establecer diálogos, pues eso nos ayuda, nos enriquece a todos y os animo desde aquí a que lo hagáis, porque creedme, todos nosotros tenemos algo que explicar, alguna pregunta, alguna opinión, algo que puede ayudar, que puede servir a los demás.

Un beso

Asun

Primer post

Hace unos días, en una de las terapias de padres, Marta nos comentó la posibilidad de participar en este blog; yo había entrado en “1espejo1000ventanas” en algunas ocasiones, sobre todo en los inicios, en los peores momentos, y recordaba lo importante que había sido para mí descubrir otras historias que se parecían tanto a la nuestra, y ver cómo habían evolucionado. Era como descubrir una luz al fondo. Por eso no me lo pensé demasiado y le comenté a Marta que me encantaría poder participar.

Sé que escribir en este blog, será bueno para mí, me va a ayudar a ordenar recuerdos, sentimientos, me va a hacer analizar lo sucedido con la perspectiva que da el tiempo, pero sobre todo me gustaría poder ayudar a otros padres y a otras madres como me ayudaron a mí otros testimonios en aquellos momentos tan duros.

Recuerdo como si fuera ayer el día que decidí que debía de hacer algo por mi hija, y que lo debía de hacer de verdad, dejando de dar tumbos como habíamos estado haciendo durante más de 3 años. Era un paso difícil, era aceptar que mi hija era ANORÉXICA, aunque pediatras y especialistas no lo hubieran considerado así. Pero Nerea no estaba bien, y yo debía aceptarlo de una vez. Recuerdo que este sentimiento me persiguió durante mucho tiempo ¿Cómo era posible que yo, su madre, no me hubiera dado cuenta antes?

Recuerdo a Raquel dándonos el diagnostico delante de ella:- Nerea es una niña insegura con autoestima baja… -y yo pensar, – ¡se está equivocando, ésa no es mi niña!- y girar la cabeza y ver como mi hija asentía una y otra vez y… yo querer desaparecer. No entendía nada, Nerea siempre había sido “tan perfecta”. Es inteligente, una alumna brillante, guapa, líder entre sus compañeros, la nieta ideal, la hija que cualquier madre pudiera desear y en cambio… ella no se quería. Recuerdo el dolor que me provocaba el pensar que mi hija hacía mucho tiempo que no era feliz y que yo… no había sido capaz de darme cuenta. Tardé mucho en quitarme ese sentimiento de culpabilidad y ahora sé que fue un paso necesario y decisivo para poder empezar, de verdad, a ayudarla. Ahora ya he entendido que no tiene ningún sentido buscar culpables, aunque a veces sigo preguntándome ¿Por qué a mi hija?

Eso, quizás ha sido y sigue siendo para mí lo más doloroso, saber que mi hija hubo un tiempo que no fue feliz. Por eso cuando la miro ahora y veo a una mujercita aprendiendo a aceparse, a quererse, cuando le miro a los ojos y me gusta lo que veo reflejado en ellos, siento que todo lo que hemos pasado ha valido la pena, que el camino recorrido, aunque haya sido muy duro, ha sido necesario y me siento contenta de poder seguir a su lado mientras sigue avanzando en él.

Seguiré explicando nuestras pequeñas historias, pero me gustaría que me preguntaseis todo aquello que queráis saber, todas aquellas dudas que tengáis, y poder compartir con vosotros, desde lo vivido, aquello que os pueda interesar.

Un saludo

Asun