Sobre la comida: profundidad y libertad

Ideas principales:

> Cada tipo de alimentación (vegetariana, carnívora) tiene sus virtudes.

> No somos lo que comemos. Somos mucho más. Y en función de nuestro enfoque nos podemos beneficiar de cada tipo de alimentación.

>La manera en que nos alimentamos está íntimamente relacionada con nuestra historia infantil

Palabras clave: tipo de alimentación, madre, infancia, mal de amores, abrazar la sombra

 

En otro post escribí acerca de que el niño, desde las emociones, nos permitiera jugar con la comida.
Pero el padre y el adulto están siempre ahí, está claro. Y ellos suelen determinar una línea de alimentación: “yo como más tipo vegetariano”, o “me gusta la comida ligera”, o “yo soy carnívoro”, o “me gusta comer bien”, o incluso, claro está,  “yo como de todo, sin problemas”, etc… en fin, mil más, cada uno tiene la suya, es inevitable y está bien. Durante el tratamiento la mía era: “me como lo que me pongan, y punto. He decidido pasar por aquí, sea lo que sea, hasta el final”. Después, poco a poco, fui tendiendo a una más tipo “a mí me sienta mejor la comida ligera”  hasta llegar a “mi comida favorita es lo vegetariano”: porque me hace sentir ligero, vital, lleno de colores…
Estaba instalándome ahí sin darme cuenta, cosa que no tiene porqué ser mala, pero la Vida me ha llevado a una nueva situación y he decidido dar un nuevo paso que me hace constatar de nuevo algo que considero importantísimo y que os quiero contar aquí, por si a alguien le puede ayudar: que somos libres para comer lo que queramos, totalmente libres, lo que queramos, no hay culpa, no hay castigo, nada es mejor que nada, hay que salir de esa telaraña de estar siempre preocupados y con miedo por lo que comemos. Y punto. Somos mucho más que lo que comemos. Y desde ese enfoque la comida pasa a estar a nuestro servicio y no al revés.

Os cuento: he tenido recientemente un mal de amores, estaba enganchado a una chica a la que quiero mucho, pero a la que estaba, eso, enganchado, y no he sido correspondido al nivel que yo deseaba. Cosa que en realidad es un regalo porque me ha permitido tomar consciencia de ese enganche y apostar por avanzar. Seguro que casi todxs lxs que leáis este post habréis pasado por ahí alguna vez (o varias!). Se pasa mal porque hay ahí algo muy fuerte, visceral y del alma, y se ponen de manifiesto las heridas afectivas más profundas. A mí me ha pasado ya varias veces y puede llevar tiempo levantar cabeza. Esta vez, sin embargo, no quería quedarme chapoteando en el sufrimiento del abandono porque ya lo conozco y ya no me aporta nada de valor. El valor está en la toma de conciencia, en el aprendizaje de la lección. Y qué tiene que ver esto con la comida?? ahora os cuento! La clave me la dió una página que leí al azar hace un tiempo en un libro de recetas, de recetas de psicomagia!,  que decía que para superar un mal de amores una de las cosas a hacer era cambiar radicalmente el modo de alimentación que uno llevaba: es decir, si se era vegetariano hacersee carnívoro, y al revés. Me resultó muy curioso pero el mismo libro daba una explicación que me quedó dando vueltas y a la que cada vez encontraba más sentido: un mal de amores es algo muy profundo que, según la psicología profunda, tiene que ver con la madre. Y el tipo de alimentación que uno lleva, mirando los ejes profundos, también suele responder a esa primera etapa de la vida con la madre (ahora contaré mi caso). La receta, por tanto, proponía introducir un cambio ahí, en nuestra pauta de alimentación inconsciente, para de esa manera poder cambiar también nuestro punto de vista respecto a ese enganche afectivo y poder verlo desde fuera (de ningún modo se trata de huir, si no de poder ver con otra perspectiva, fuera del enganche). Y me quedó eso dando vueltas…

Os cuento mi relación con la comida desde pequeñito: desde siempre, yo comía poquito, recuerdo que de muy peque le decía a mi madre que yo quería comer como los astronautas, con cápsulas, jaja, imaginaros! tan desde siempre que ya al nacer pesé 1 kg menos que mi hermano mellizo. Él siempre fue de buen comer, desde bebé, mientras que yo, desde bebé también, tuve siempre problemas: no podía todo el biberón, no me gustaba masticar mucho… en fin, ahora veo que todo esto fue lo que me llevo a conectar, ya de grande, con la espiritualidad desde el punto de vista del ascetismo, los ayunos, el comer de la luz… Y a la vez, siempre seguían vigentes, poderosos, esos arquetipos o imágenes familiares que nos van marcando toda la vida (hasta que ponemos remedio): mi hermano mellizo el de buen comer y yo el delgadito, el que siempre come poco. En la edad adulta esta polaridad se había dibujado en el yo soy vegetariano y mi hermano es un carnívoro total.

En fin, os dáis cuenta no? Cuántas cosas importantísimas y profundas hay ahí aglutinadas en torno a la alimentación. Y yo le iba dando vueltas a todo esto pensando en la receta de psicomagia: tal vez debería probar esto de “hacerme carnívoro”?? Hay muchos argumentos que me venían a la mente, y que me vienen, para no hacerlo. En otro post me gustaría comentar estos mitos, algunos racionalmente reales y lógicos, pero que pueden ser superados cuando la evolución de la conciencia así lo requiere. Y esto me planteaba: puede ser que sea un momento adecuado para dar un paso así, que me puede permitir liberarme de las ideas preconcebidas en la alimentación, ser LIBRE para que la comida sirva a la vida y no al revés. Y decidí dar el paso.

Llevo ya unos 20 días con la nueva alimentación carnívora: bocatas de jamón, carnes de todo tipo de segundo plato en las comidas, pescado, huevos, quesos… en fin, cambio radical. Y sigo vivo jaja! No, en serio, ya sabía que iba a seguir vivo porque ya había pasado por esto durante el tratamiento. Pero el enfoque es muy distinto ahora. Durante el tratamiento lo hacía porque había decidido hacer lo que hiciera falta para salir de ahí. Era un tratamiento y yo obedecía sin rechistar (aunque me costara). Ahora lo he hecho desde la perspectiva de ser más libre, de probar, de sentirme de una manera diferente, de abrirme a los nuevos caminos… y me está trayendo cosas muy buenas. Para empezar, cambiar radicalmente la alimentación requiere decisión y resolución, porque se requieren muchas acciones nuevas: comprar en sitios diferentes, cocinar diferente, digerir diferente!… En efecto, el cuerpo cambia. Mi experiencia es que se hace más pesado, más firme, más lento tal vez… todo esto son cualidades en absoluto peyorativas eh! son percepciones de lo que me pasa y encuentro grandes ventajas en ello. Me siento también como más unido al entorno que me rodea, ya que la mayoría de la sociedad aquí es básicamente carnívora. Es extraño, pero son mis percepciones. De la misma manera que cuando he estado en el vegetarianismo me he sentido más cerca de los árboles, de su energía celeste exactamente, porque la verdad es que ahora también me siento cerca de los árboles, pero más de la raíz, de la tierra. Estoy yendo a correr a menudo por la montaña y siento el poder regenerador de la tierra, de las rocas, del bosque, de como la montaña transforma todo lo que cae en sus entrañas para nutrir a sus árboles y plantas…

Mi ancestral miedo de estar contaminando mi cuerpo lo he entregado al potente arquetipo de la flor del loto emergiendo del lodo, a la montaña transformadora, a las entrañas de la tierra y a los antiguos mitos en que el sol purificador en realidad descansa y mora  en las profundidades de la tierra…  La luz emerge de la oscuridad… A la vez me siento mucho más integrado conmigo mismo por haber abrazado mi instinto carnívoro… un instinto que siempre he negado y he considerado como inferior y gran fuente de conflictos a escala planetaria… pero estoy tranquilo, no soy solo prisionero de ese instinto… soy también prisionero y devoto del instinto vegetal, de las ensaladas crudas y llenas de colores jaja… Sé que al final no soy prisionero de nada y puedo abrazar todo…

En resumen, ha sido un paso que a mí me ha supuesto avanzar y espero que a todxs vosotrxs, lectores de este blog, os sirva en nuestro objetivo común de liberarnos de la tiranía de los transtornos alimentarios. Están ahí para solucionarlos y aportarnos toda la sabiduría que conllevan los conflictos, pero para nada más. No sé si me ha servido para curarme el mal de amores, pero lo cierto es que no estoy apenas pensando en ello, ni sufriendo, siento que estoy empezando una nueva etapa y tengo todo por delante y me siento con una renovada libertad.

Para acabar,  un nuevo vistazo a la sombra (al mundo de lo oculto, de lo que no se dice) a la que nunca hay que dejar de lado. Existe una parte de no aceptarme, de sentir que esta chica me ha dejado porque yo estoy muy delgado, porque no soy el prototipo masculino que impera en la sociedad: fuerte y testosterónico. Y que quiero cambiarme, quiero ser otra persona diferente. No me acepto así como soy, un hombre más fino y delgado. Hay algo cierto en ello. Y estoy preparando un nuevo post con esto. Pero no quería que esto me impidiera dar un paso que creo que me está aportando muchas cosas positivas. Sí que existe esta fantasía de querer ser otro organismo totalmente diferente al que tengo, pero eso es sano también, todos tenemos fantasías y está bien dialogar con ellas. Yo la mantengo a raya y  no dejo que vaya creciendo y creciendo en mi interior alejándome de lo real… cómo lo hago? hablando de ella, de que me gustaría ser un guerrero, enorme, fuerte y con una piel de oso a la espalda, como Conan el Bárbaro, en serio que me gustaría, y a veces hasta me siento así, hasta que me cruzo con un espejo jaja… Eso es! La realidad siempre viene a nuestro paso, es la que, al final, siempre gana la partida. Por eso siempre hay que mirarla a la cara, a la vez que jugamos y bailamos un rato con nuestra fantasía, no es eso? Quién sabe a dónde nos lleva este baile? El dia a dia nos lo va diciendo si estamos atentos… sin miedo, juguemos y experimentemos, con la comida también, para conquistar nuestra libertad!

 

 

 

Enfermito… todo se para

Llevo 3 días con una galipandia, con un buen resfriado, de los grandes, hacía años que no pillaba algo así.
Estoy débil, como encogido, con la cabeza como un bombo, con una megacongestión… mocos profundos que no sé si estaban allí antes y es que ahora salen o si no paran de formarse… dolor de cabeza y sudores, frío, escalofríos…

Pero un gran descubrimiento: me he parado completamente.

Iba a tope últimamente, va acabando el semestre y estoy empezando un trabajo de becario en la uni, muchas tareas, no cesaba de repetírmelo, tengo que hacer muchas cosas, jo, tengo muchas cosas que hacer, uf, a ver si tengo tiempo… Y ahora llevo 2 días parado. Totalmente parado. Escribo esto pero me cuesta y ahora mismo apagaré el ordenador. Noches largas, extrañas, introspectivas, el dia sin horas, veo como se va moviendo el sol, contento porque me voy haciendo sopas, me estoy cuidando, y mis amigos compañeros de piso también. Hay una extraña calma… Ellos ahí desayunando a media mañana y yo llevo dos horas estirado en el sofá, mirando el gran trozo de cielo por el gran ventanal de la sala… Entra mucha luz, estoy bien, con una manta, 2 jerseys, calcetines de esquiar, la calefacción está puesta… estoy bien… y no quiero, mejor dicho, no puedo hacer nada más… más que mirar las nubes y el cielo azul… pasa el tiempo, un tiempo completamente diferente, oigo a mis amigos en la cocina, me preguntan qué necesito, me traen un zumo de naranja, una botella de agua, siguen hablando, siguen haciendo, planifican su día, dos de ellos se van a caminar al monte… y yo parado, no me puedo mover, no puedo dejar de mirar el cielo azul… estoy bien, extrañamente bien… se me hace muy extraño estar ahí parado, a mi ritmo, y los otros al suyo, en una extraña calma en la que no pido nada a nadie ni nadie me pide nada.. Siento que estoy alineado con lo que hago, es decir, no pienso en hacer otra cosa distinta, no puedo hacer nada distinto a lo que hago, tengo todos los permisos del mundo, todos, para no hacer nada… me giro, muevo la cabeza y ya está… sigo quieto y pasan los minutos y estoy bien, soy lo que soy, entero, no me pido nada, no quiero hacer nada, estoy bien…

y el descubrimiento es que me pregunto: puedo acceder a este estado en cualquier momento de mi vida??? hace falta que esté enfermo para pararme, para dejar mente tranquila dejando pasar las horas, en paz? estirado en un sofá, entrando la luz por la ventana, un domingo por la mañana, hoy, no pido nada, el tiempo se mueve y yo formo parte de él…

Pese al malestar, a la gran empanada que llevo y a la debilidad, hay algo profundamente sanador que estoy sintiendo: parar, poder pararlo todo, cuidarme, ser cuidado.
y me pregunto cuánta gente a lo largo del planeta estarán ahora ahí, vibrando en esa paz, en esta extraña armonía… y el cielo azul me dice que son muchas, que no estoy solo, que hay algo infinitamente tierno y protector ahí, aquí, siempre disponible, siempre, para todos nosotros.

Gracias

Recuperar al Niño :)

Comparto con vosotros una de estas comprensiones que van apareciendo durante el tratamiento y que nos permiten dar un paso más. Una “ficha” que cae, como dicen los argentinos. En esta ocasión vino a través de la foto de un chico extraordinario que se llama Albert Casals. Algun@s de vosotr@s ya lo conoceréis porque ha salido en la tele varias veces. L@s que no lo conozcáis, miraos este vídeo!!! http://www.youtube.com/watch?v=a9dGGwcrpVE&feature=related

Conocerle a través de libros y vídeos me fascinó. Me dibuja una sonrisa en la cara y me da paz, hace que las cosas se vuelvan fáciles. Me sugería la cualidad de una espontaneidad pura, cristalina y llena de entusiasmo por la vida. Y la foto que me impactó, y que tiene que ver directamente con los asuntos de la comida, la podéis ver en este link: http://www.albertcasals.cat/fotos.php
Es aquella en la que está en un fast food, con lo que se adivina un vaso big size de refresco y unas patatas en la mano. Me desconcertó momentaneamente. En aquel momento de la enfermedad, en que asociaba la comida con los valores más elevados… ¿Cómo podía ser que esta persona tan “luminosa” comiera esa comida de FastFood??? Esa comida, que hoy dia está casi demonizada por todo aquel que sea “sano”…
Pero leyendo a Albert entendí una clave que  me permitió avanzar un paso más: la comida es un medio más para DISFRUTAR, para disfrutar de verdad, sanamente. Y si a alguien le hace gracia un fastfood de estos, porqué negárselo?? -obviamente, manteniendo siempre un equilibrio. Porqué negarnos taaantas cosas que nos pueden resultar divertidas???
Leyendo en su libro extraje más detalles en esta línea: por ejemplo, cuando lleva dos días tirado en no sé qué desierto de Chile y, con la más pura alegría, expresa lo que daría por beberse un vaso de leche con colacao… Sin más! me encanta… para mí, es la vuelta al niño, al niño sano, lleno de entusiasmo, alegría, inocencia…  al “como esto porque, realmente, me apetece”! Sin prohibiciones, sin imposiciones, porque lo que se come desde la alegría, desde esa pureza, se transforma totalmente…
Creo que esa noche para cenar me hice unas buenas tostadas con aceite y chocolate… sí, y cómo las disfruté!! me recordaban meriendas de cuando era pequeño… porqué prohibírmelo? porqué no cenar eso desde el juego, desde la pasión, desde lo divertido, desde ese punto del niño, sin culpas, porque estoy firmemente encauzado en el equilibrio, porque sé que por un dia que haga eso no me va a pasar nada, no voy a descarrilar… Llegar a ese punto y poder disfrutar así de la comida, es maravilloso.

Bravo Albert, realmente, sin casi darme cuenta, para mí supuso un gran paso… Una confirmación de lo que ya venía trabajando en el tratamiento, eso está claro, pero a veces, basta con una pequeña señal, un pequeño signo, una casualidad, para que el proceso precipite y quede anclado en la conciencia de uno. A mí esta foto me encanta, es como un mantra, es como el símbolo de todo un proceso.

*  a mí la comida fastfood no me gusta, no me gustaba ni de pequeño, pero eso es lo de menos (eso es volver al mundo de las formas externas), que cada uno ponga TODO lo suyo, esas cosas, esos alimentos, cualesquiera que sean, que le retornan a ese niño que disfrutaba, sin culpas, por el mero hecho de disfrutar, por ser, con todo el derecho del mundo, un Niño. :)

Cuando la mente prohíbe la emoción

Incapaz de darme algo calentito para comer en un dia de pleno invierno.
Recuerdo estar caminando por la calle, hacia algún lugar, sintiendo el cuerpo frágil, atravesado por un frío helado y sin poder tocarme ni con mis propias manos por sentir todavía más escalofríos al hacerlo. Necesitaba sí o sí algo de comer, algo que me llenara el cuerpo, que me nutriera… pero qué comer? Pasar por una cafetería toda amorosa, por una panadería abundante… y angustiarme porque tengo la sensación que no puedo comer harinas, no debo comer harinas, quizás solo integrales y ni eso, lo oí a tal médico naturista… y además creo que soy algo celíaco, aunque en las pruebas no ha salido nada pero he leido que estas pruebas no son 100% seguras… Y nada de leche, ni ningún lácteo, y nada de azúcar… son todo tóxicos que me van a contaminar el cuerpo… me voy a pudrir por dentro si como estas cosas… Mi objetivo es “limpiar” totalmente “el” cuerpo, porque creo que ni siquiera lo sentía mío, “mi” cuerpo… odiaba ese cuerpo frágil y friolero y era incapaz de tratarlo bien, es que no sabía ni por dónde empezar!
De nuevo en la calle, me muero de frío, es un frío profundo, del que no me puedo deshacer, y me impregna todo el ser. Y al lado estas cafeterías calentitas y abundantes… Cómo anhelo formar parte de ese pan calentito recién hecho, de ese fragante aroma a café… Pero no puedo, no soy capaz… hay algo, todo un sistema de pensamiento, que manda en mi mente y me lo prohibe… y siento una angustia que me parte por dentro… me vuelvo a partir, y el frio y el vacío me invaden de nuevo y con más fuerza.
Entro a un supermercado con toda su comida empaquetada, no es lo mismo que esas cafeterías vivas, pero estoy desesperado, necesito nutrirme, siento mi cuerpo roto… algo habrá… pero empiezo a leer las etiquetas y no “puedo” comer de nada!, ni sal que es mala para la vista, ni patatas porque son féculas y si abuso de los glúcidos se me desequilibrará el intestino, azúcares, trigo… en fin, es igual, ante cualquier alimento me vienen inmediatamente a la mente varias razones para no poder comerlo, teorías y teorías… Salgo del supermercado sin nada… aturdido, con la cabeza anulada, sé que me estoy haciendo daño a todos los niveles… se podría decir que ni siento el frío, de alguna manera me he ido aun un poquito más de MI cuerpo… ya casi ni estoy… pero las desagradables sensaciones me recuerdan que todavía estoy en la vida: hace un frío de mil demonios y he de protegerme en algún lugar… siento la vida física como algo hostil que no sé cómo superar. Lo único que puedo hacer es volver para casa, la casa de mis padres… roto, rígido, anulado y sin esperanza.
En casa tengo mi provisión de alimentos especiales que creo que no me “dañan”: me puedo cocer unas manzanas y una crema de mijo y una leche de arroz con un poco de café… Sí,
si están genial esos alimentos! Pero me meto en una burbuja y vivo sin poder salir de ahí… Y en el fondo no quiero burbujas! Porque no podía seguir con la vida todo el dia con una burbuja autofabricada… siempre casa, casa, casa, tenía que volver a refugiarme en mi pequeñito mundo a medida.

Poco a poco con el tratamiento fui incorporando de todo, obligándome al principio, y éste es un punto importante (del que ya hablaré en otro post, el obligarse a algo, y desde dónde), y ahora veo cuánto me ha servido hacerlo así. Recuerdo el enorme placer de empezar darme sin problemas lo que necesitaba fuera de casa: qué placer entrar en una cafetería y comer un bocadillo calentito de jamón y queso con un café con leche!! uauuuu… es que ni me lo creía… Sí: lácteos, harina blanca, jamón… y qué?? El poder emocional que tiene poderme dar eso cuando lo necesito, el sentirme conectado a la vida y a las personas… supera cualquier teoría mental! Además que empiezo a dudar de todos estos dogmas… nada que se haya comido con amor y con agradecimiento puede sentar mal… al contrario! Creo que todas nuestras células son receptivas a esta vibración, porque esto, esto es realmente la VIDA.

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