Cuando la mente prohíbe la emoción

Incapaz de darme algo calentito para comer en un dia de pleno invierno.
Recuerdo estar caminando por la calle, hacia algún lugar, sintiendo el cuerpo frágil, atravesado por un frío helado y sin poder tocarme ni con mis propias manos por sentir todavía más escalofríos al hacerlo. Necesitaba sí o sí algo de comer, algo que me llenara el cuerpo, que me nutriera… pero qué comer? Pasar por una cafetería toda amorosa, por una panadería abundante… y angustiarme porque tengo la sensación que no puedo comer harinas, no debo comer harinas, quizás solo integrales y ni eso, lo oí a tal médico naturista… y además creo que soy algo celíaco, aunque en las pruebas no ha salido nada pero he leido que estas pruebas no son 100% seguras… Y nada de leche, ni ningún lácteo, y nada de azúcar… son todo tóxicos que me van a contaminar el cuerpo… me voy a pudrir por dentro si como estas cosas… Mi objetivo es “limpiar” totalmente “el” cuerpo, porque creo que ni siquiera lo sentía mío, “mi” cuerpo… odiaba ese cuerpo frágil y friolero y era incapaz de tratarlo bien, es que no sabía ni por dónde empezar!
De nuevo en la calle, me muero de frío, es un frío profundo, del que no me puedo deshacer, y me impregna todo el ser. Y al lado estas cafeterías calentitas y abundantes… Cómo anhelo formar parte de ese pan calentito recién hecho, de ese fragante aroma a café… Pero no puedo, no soy capaz… hay algo, todo un sistema de pensamiento, que manda en mi mente y me lo prohibe… y siento una angustia que me parte por dentro… me vuelvo a partir, y el frio y el vacío me invaden de nuevo y con más fuerza.
Entro a un supermercado con toda su comida empaquetada, no es lo mismo que esas cafeterías vivas, pero estoy desesperado, necesito nutrirme, siento mi cuerpo roto… algo habrá… pero empiezo a leer las etiquetas y no “puedo” comer de nada!, ni sal que es mala para la vista, ni patatas porque son féculas y si abuso de los glúcidos se me desequilibrará el intestino, azúcares, trigo… en fin, es igual, ante cualquier alimento me vienen inmediatamente a la mente varias razones para no poder comerlo, teorías y teorías… Salgo del supermercado sin nada… aturdido, con la cabeza anulada, sé que me estoy haciendo daño a todos los niveles… se podría decir que ni siento el frío, de alguna manera me he ido aun un poquito más de MI cuerpo… ya casi ni estoy… pero las desagradables sensaciones me recuerdan que todavía estoy en la vida: hace un frío de mil demonios y he de protegerme en algún lugar… siento la vida física como algo hostil que no sé cómo superar. Lo único que puedo hacer es volver para casa, la casa de mis padres… roto, rígido, anulado y sin esperanza.
En casa tengo mi provisión de alimentos especiales que creo que no me “dañan”: me puedo cocer unas manzanas y una crema de mijo y una leche de arroz con un poco de café… Sí,
si están genial esos alimentos! Pero me meto en una burbuja y vivo sin poder salir de ahí… Y en el fondo no quiero burbujas! Porque no podía seguir con la vida todo el dia con una burbuja autofabricada… siempre casa, casa, casa, tenía que volver a refugiarme en mi pequeñito mundo a medida.

Poco a poco con el tratamiento fui incorporando de todo, obligándome al principio, y éste es un punto importante (del que ya hablaré en otro post, el obligarse a algo, y desde dónde), y ahora veo cuánto me ha servido hacerlo así. Recuerdo el enorme placer de empezar darme sin problemas lo que necesitaba fuera de casa: qué placer entrar en una cafetería y comer un bocadillo calentito de jamón y queso con un café con leche!! uauuuu… es que ni me lo creía… Sí: lácteos, harina blanca, jamón… y qué?? El poder emocional que tiene poderme dar eso cuando lo necesito, el sentirme conectado a la vida y a las personas… supera cualquier teoría mental! Además que empiezo a dudar de todos estos dogmas… nada que se haya comido con amor y con agradecimiento puede sentar mal… al contrario! Creo que todas nuestras células son receptivas a esta vibración, porque esto, esto es realmente la VIDA.

7 Respuestas a Cuando la mente prohíbe la emoción
  1. Estrella Responder

    Hola Carlos…bufff…como me resuenan tus palabras…y miedo me da…miedo de no poder integrar todo lo que estoy viendo en mi y lo que igual deberia empezar a plantearme…esa rigidez de pensamiento ( comida vegetariana, espiritualidad, energía, meditación…) no se, aparecen las dudas…el mundo tal cual es ahora mismo no me dice nada…una buena meditación, una buena sesión de reiki, unas vacaciones alternativas de yoga y equilibrio…no tienen nada que envidiar a nada de lo que supuestamente la gente cree que es normal…ahora eso sí con el tema de la comida chasco detrás de chasco…aunque en mi caso creo que tiene relación con mis padres, con mi relación con mis emociones y con el mundo más pragmático y de las relaciones humanas…
    nada te quería decir que me siento muy identificada con tu caso…ánimos y adelante…
    un abrazo

    • Carlos Responder

      Hola Estrella,
      sí, debemos ser parecidos en esto y te entiendo mucho. Igual no es exactamente igual pero los tiros irán por ahí…
      a mí me encanta la “espiritualidad” y conozco mucho lo que hablas, reiki, meditaciones, músicas, paz, armonía… sí, pero hay algo de evasión en todo ello. Hay algo que no acaba de funcionar bien en todo ese rollo que nos montamos, no? No es solo la comida posiblemente, a mí me ha pasado con otras responsabilidades básicas: la relación con mi familia – muy espiritual pero no aguanto ni un comentario de mi madre ni soy capaz de mostrar buena disposición en un evento familiar, o con el dinero y las responsabilidades de la casa – muy espiritual pero siempre tengo la nevera medio vacía, o descubiertos en mis facturas, pero eso sí, antes de resolverlo prefiero ponerme mi música y mi libro de espiritualidad y elevarme a esa vibración que me sienta tan bien…
      Es una trampa. A tí que te gusta la espiritualidad lo puedes recibir en estos términos: la vida en la tierra no es el cielo. En esta vida se requiere tener los pies en el suelo y eso implica relacionarse con todo lo “normal”. Con lo que a veces alguien con la cabeza en las nubes puede incluso menospreciar. Con todo eso, con cualquier restaurante, con la avaricia de las personas, con el placer, sí, con el placer, con la intimidad no escogida de la familia, con la paciencia de escuchar a las personas de tu entorno, con tener que parar… que salir del monólogo de uno mismo, del mundo a medida, del vastísimo e infinitamente seductor mundo de las altas vibraciones…
      Para darte cuenta de que la verdadera espiritualidad contempla todo esto. Requiere pasar y estar ahí. Es coherente, es el verdadero trabajo, de estar presente, de saber lo que toca hacer. Toda espiritualidad seria requiere un profundo trabajo psicológico, integrado en el dia a dia, con todo nuestro entorno. En la infancia y la relación con nuestros padres hay muchas claves y, nuevamente, hay que VIVIRLAS, no solo teorizar. Es el camino a ser normal, a encontrar la normalidad como algo grandioso, a ver todo el esfuerzo que hay detrás de tanta gente normal, sincera, que se esfuerza por vivir. Y a veces, no a todos ni mucho menos, pero tal vez a tí sí te pase, como me pasa a mí, el reiki, las meditaciones, nuestras prácticas “espirituales”, nos alejan de la realidad. De la Realidad, la Normalidad, que es precisamente lo que busca la verdadera espirtualidad. Puede ser como una evasión, a ese mundo atemporal e infinito en el que nos sentimos más identificados, pero que nos aleja del verdadero propósito de la vida humana.
      Pero como siempre, si uno tiene esta afinidad especial con estos mundos interiores tampoco puede negarla y hay que darle su espacio, pero con la proporción necesaria. Para mí, ahora es un espacio muy pequeñito, pero que está ahí empapándolo todo, es la paradoja, nunca se pierde el cielo, porque está en cada átomo, infinito, en cada instante. Y es más grande, más majestuoso, más pleno, lleno y vivificante cuando se mezcla, se fusiona, con la realidad, con lo Real, con el dia a dia. Pero sí, para personas con una tendencia así, que la vida no se vaya hacia arriba es un trabajo que requiere una atención permanente. Pero vale la pena, mucho.

  2. Marta Responder

    Hola Carlos! Sóc la Marta, una altra “bloggera” d’aqui!! t’acabo de descobrir, i realment m’ha emocionat molt el teu text… tot el que ens hem arribat a perdre per la rigidesa mental i el tot o res!!! ànims en aquest camí i en tot el què el proposis! :) et seguiré llegint!!!! Un petonet gegant d’una altra fisioterapeuta!!!! 😉

  3. ESTRELLA Responder

    Hola Carlos, acabo de leer tu respuesta. Animada por vuestros blogs, sobretodo el tuyo decidí llamar a las puertas de ABB. Y aunque a veces me rallo pensando que este no es el camino, que mi camino es espiritual, creo también en que en el fondo es todo una evasión emocional en gran cadena de la que he perdido el control.
    Rigidez, todo o nada, impulsividad, juicio, negación…todo eso me ha ido acompañando en mi supuesta y falsa vida espiritual y ahora lo empiezo a ver. Empiezo a ver que no es normal pasarme todo el día pensando en que comeré, pensando que los demás me molestan porque no son espirituales, pensando en que lo que tengo que hacer es recitar mi mantra cada día las 24 horas del día porque lo demás es negativo, juzgando a mi familia, y por supuesto en todo esto, quedándome más sola que la una. Es curioso como lo que supuestamente haces para el bien acaba resultando un mal mayor?
    A veces me resulta dificil distinguir entre la Estrella sana y la Estrella espiritualmente perturbada…el ego espiritual dicen que es el último de los egos…a mi ya me da igual…yo lo único que quiero es disfrutar de esas tostaditas con aceite y nocilla que hablas en tu última entrada, de ese bocadillo calentito aunque sea de queso, de ese compartir una merienda con amigos o amigas tranquilmente después de un cine, de poder salir a cenar sin preocuparme si comeré o no, de como me sentará la comida etc…Buff….anda que no me queda camino por recorrer y mirando atrás me entristezco de ver tanta vida perdida. y es que escapar de una mala relación familiar por un camino espiritual nunca fue una gran idea.
    Un abrazo y mil gracias por tus palabras sensatas y llenas de amor y un corazón abierto!!!

  4. Carlos Responder

    Hola Estrella,
    oye, en primer lugar me alegra que hayas dado un paso diferente al llamar al abb.
    No sé cómo te irá y si te servirá. A mi me fucnionó porque yo llegué ahí con las cosas muy claras. Una amiga espiritual me hizo ver que había de pasar por ahí, sí o sí… lo sentí muy adentro, en el fondo del Hara. Me costó de aceptar en el primer momento, pero enseguida ví que era el siguiente paso correcto. Ya desde el primer dia fui con mi familia y percibí que era lo que me tocaba hacer. Aunque el primer mes fue rarísimo, imagínate estar ahí con todo chiquillas jóvenes, en el grupo de valoración (luego ya me pasaron a un grupo más afín a mi edad), haciendo una libreta, comiendo todo pautado… uf, fue un giro muy grande, pero en el fondo sentía que me iba bien, porque estaba entrando a ocuparme del niño herido. Me ocupaba de reafirmar mi voluntad, en el fondo del Hara, de seguir todo el proceso, fuera cual fuera. Al principio hubo algún momento difícil, pero en todo momento tenía claro que mi prioridad y mi más profunda decisión era ENTREGARME al proceso.
    No sé cómo te irá a tí, todo esto es muy diferente para cada ser y cada uno llega con unas coordenadas diferentes. Yo tuve muchas compañeras, a lo largo del tratamiento, que se iban, que lo dejaban… y al principio me preocupaba, pero luego recordé todas la terapias o procesos que yo había ido dejando a medias en los años anteriores y entendí que cada un@ tiene un camino diferente y al final le irá bien, en donde sea.

    Te quiero decir también que me resuena un montón lo que dices de mirar atrás y ver tanta vida perdida. Yo tengo 32 años y dejé de estudiar y entré en todo el proceso de “desmontarme” a los 22. A los 29 es cuando volví a encauzarme, a sentirme reunificado de nuevo. Todos esos años fueron de buscar y buscar, de hacer cursos, de buscar gente que me ayudara, todo a medias, incoherente en apariencia… pero ahora veo, y te lo digo de verdad, que todos esos años NO SON PERDIDOS, todas esas lecturas, esos cursos que habrás hecho, esos escarceos con la espiritualidad, todo eso que has ido conociendo, te ha dado un bagaje muy particular y muy rico… yo lo veo como haber hecho una especia de carrera alternativa, la del vuelo y la caida, la del encuentro y el desencuentro… de verdad, no es tiempo perdido… para el alma no existe el tiempo.
    Para todo este sentir que tienes acerca de la espiritualidad verdadera te recomiendo un libro buenísimo, de una buscadora excepcional. Se llama “A mitad de camino”, editorial Kairós, de Mariana Caplan. Hay alguna entrevista de ella en la red. Búscala y si te resuena consíguete el libro, o te lo puedo pasar yo. Encara todo el tema de la verdadera espirutalidad, de las trampas de la Nueva Era, del volar antes de tiempo, de las trampas de querer matar al ego cuando la primera tarea, y nada desdeñable ni fácil, es construir un ego fuerte y coherente… como dice ella, eso es lo más importante, la coherencia y la honestidad con uno mismo, mucho más importante que aprender a ver auras y a hacer viajes astrales.
    Cualquier cosa me dices, y me cuentas qué tal. Si quieres quedar en algún momento, pídele a Raquel Linares mi email o mi teléfono, no problem.
    Hasta pronto!

  5. Mireia Responder

    Hola Carlos!!
    No sabes cuánto me alegra leer tus palabras. Recuerdo cuando te conocí en las terápias de grupo, me impresionó entonces tu extenso mundo interior, tu gran espiritualidad y tu necesidad por mantener esa pureza. Ahora me alegra que hayas conseguido encontrar un equilibrio entre esa espiritualidad que te hace especial y las imperativas necesidades de tu cuerpo.
    Es cierto que sin ser conscientes plenamente de ello maltratamos y llevamos al límite a nuestro cuerpo sin pararnos a reflexionar por un momento que sin él no somos nada, si no lo cuidamos, lo alimentamos, lo mimamos, se deteriora e incluso desaparece, y con él todas nuestras expectativas y sueños.
    Es un gran descubrimiento ver que aquello que detestábamos es algo necesario e incluso imprescindible para desarrollar nuestros proyectos, y que necesita unos cuidados para mantenerlo.
    Además en mi caso he descubierto también que el hecho de alimentarme también omporta relacionarme con los demás y eso es fantástico, ya que por fin te liberas de esa burbuja en la que estabas encerrado y descubres un mundo ante tí.
    Se, por propia experiencia que salir de ese mundo que nos hemos creado, derribar los muros que hemos levantado es una tarea ardua, pero si tienes la ayuda adecuada y la constancia necesaria llegas a conseguirlo, y en mi caso supuso un gran alivio.
    En fin, me alegro muchísimo de tus logros, espero de corazón que sean muchos más.
    Un besazo!

  6. Carlos Responder

    Hola Mireia!!
    qué guai leerte por aquí!
    sí eh, me resuena un montón lo que dices de la necesidad del cuerpo para vivir, jaja alguien que lea esto puede pensar pero qué tontería dicen? el cuerpo está aquí y punto, pero nosotros sabemos que lo podemos dejar muy de lado, mucho, y quedarnos colgados en esa nube acelerada de miedos, angustias y obsesiones. Gracias a dios, el transtorno alimentario te obliga a poner los pies en el suelo y a confrontar todo esto. Estuvimos un buen tiempo juntos Mireia, y me alegra tantoo lo que dices del descubrimiento de que el cuerpo es necesario para llevar a cabo nuestros proyectos: OLÉ! Así es!!! 😀
    Y a mí también me llena de alegría la dimensión social del comer, de hecho fue de lo más importante para encarrilar mi curación. A ver si hacemos una comida juntos unos cuántos de aquella época, yo guardo un recuerdo indeleble y fantástico de cuando entré al grupo y estabas todas las mujeres ahí… uau! :)
    Hay que seguir avanzando SIN OLVIDAR, eso es lo más importante, y sabiendo que siempre hay un tejido ahí disponible de personas, de ayudas, para seguir haciendo el camino, y que nosostros mismos ya formamos parte de ese gran tejido.
    Un abrazo grande guapísima!

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