Entradas por: Cèlia A.

Soledad

Una noche dominada por el insomnio, entre la lluvia y la luna, todo cobró sentido, me di cuenta de que siempre estaría en mí. La cuestión no era llorar sangre para alejarla, siempre iba a estar bajo las mismas estrellas, abrazada por ti (o contigo). Sí, todo encajaba, el puzzle ya estaba completo. Y joder, cuantas rasguñas me había llevado, cuantas ilusiones por el suelo. Pero el día llegó, lo entendí y permití que me abrazara, conmigo, como la sombra. Que suerte tuve de cuidarla, en ella encontré mi esencia y nadie más me la iba a quitar.

Soledad, que bonito nombre tienes.

Yo misma

Creo que uno de mis principales problemas siempre ha sido no saber quien soy ni que hago en este mundo, sentirme insignificante. Recuerdo de pequeña sentirme diferente a mi familia, el nudo en el estomago al darme cuenta que en realidad, yo no pertenecía en su mundo. Siempre lo he pensado, la vida que me ha tocado realmente no es la vida que me hubiera gustado vivir durante estos primeros años de vida, meros dieciocho.

Hubo un día que me levanté y me di cuenta que la enfermedad también era un modo de escape del sitio de donde me sentía atrapada, un mundo que me ahogaba, me empequeñecía.  Querer dejar de ser, al menos por unos instantes, y viajar a la vida que des de pequeñita he soñado en tener. Y fue entonces cuando vi que realmente estaba en mis manos, el cambio lo escogía yo, mi vida la controlo únicamente yo. Y decidí dejar de soñar para empezar a vivir.

Empecé por buscarme a mi misma y saber quien era, ya que realmente ni me reconocía en el espejo. Tuve que aprender a escucharme, responder a las necesidades de mi cuerpo e investigar dentro de mi enloquecida mente. Aprendí a decir que no (sí, no siempre puedo, pero poco a poco voy mejorando), dejé atrás el miedo de tomar decisiones y por primera vez, escuché a mi corazón. Y entonces, me encontré, construí lo que soy por mi misma y me juré (y por escrito) que nunca más iba a dejar que alguien me  lo quitara, nadie podrá nunca jamás destruir mi esencia.

Y aquí estoy, escribiendo estas líneas, sin saber muy bien qué será de mí en unos meses, pero más segura que nunca que voy a vivir la vida que yo quiera, sea lejos o muy cerca de aquí, con o sin las personas que ahora me rodean; porque como me prometí, nadie me va a arrebatar.

La culpa

Recordo perfectament al principi de començar el tractament com la paraula culpa rondava per casa com una membre més. Els pares, el germà, les amigues, jo, tothom buscant de qui era la culpa de la malaltia. Quan realment, la culpa no és de ningú.

Al principi de la malaltia és molt comú que es vulgui buscar la persona culpable de la malaltia, si els pares, si una amiga o si el novio que t’ha trencat el cor. És molt temptador voler agafar el cami fàcil d’assenyalar a algú i passar-li tota la responsabilitat sota la paraula culpable. Però com bé he dit, és el camí fàcil que no porta enlloc, que no ajuda a sanar les ferides.

Quan vas fent teràpia et vas adonant de totes les coses que t’han portat a la malaltia, et dones compte de les ferides obertes que encara afecten el teu dia a dia. Agafes consciència del mal que et va fer la teva primera relació, de la por que senties quan a casa tot eren crits i de la tristesa de veure com els teus pares no estaven per tu i et senties desprotegida. I aleshores, et surt la directa de culpar-los o, fins hi tot, ells mateixos es senten culpables. És la primera reacció, i és completament legitima. Però amb ajuda, veus com aquesta no és la solució, que per molt que culpis als teus pares de no adonar-se’n de que paties, el mal ja està fet i així no el podràs solucionar, simplement crees una relació d’odi i ràbia amb rencor que és encara pitjor.

La veritat que és una feina difícil parlar amb els teus pares sobre les coses que t’han fet mal per intentar canviar la relació sense que es sentin culpables. Més d’un cop he hagut de jo consolar-los i recordar-lis que no son culpables de res, que aquesta no és la solució. I també és una feina difícil controlar-se a una mateixa i deixar de culpar als altres. Perquè, al cap i a la fi, la malaltia és el resultat de petites experiències al llarg de la vida que t’han marcat tant que no t’han deixat viure, i no has trobat cap altre manera de demanar ajuda que a través de la malaltia, de la qual te’n surts si una vol. Per tant, gastar temps buscant el gran culpable de tots els teus mals és perdre el temps, ja que no et fa sanar les ferides, no t’ajuda a treballar-te els traumes, no t’ajuda a cuidar al tu interior, a la nena petita que portes dins del cor que et necessita. L’únic que fas és crear ràbia, en comptes d’intentar entendre tot el que et fa mal.

A més, recorda que la malaltia és el millor que et pot passar, és l’oportunitat per començar a cuidar-se, per apendre a viure. Per tant, no busquis un culpable, busca solucions, busca cuidar-te, apendre a escoltar-te i busca tancar les ferides del passat per poder viure en un present.

El pasado

El pasado, ese recuerdo que siempre estará, esas memorias tan bonitas de nuestra vida que siempre tendremos. O al menos eso tendría que ser, pero no siempre es así. El pasado también puede doler, ser fugaz, y a veces, estar aún más presente de lo que tendría que ser. No deja sitio para que el presente pueda simplemente ser.

Cuanto  cuesta dejar ir el pasado. Parece imposible dejar ir el clavo en el cual estas agarrada por miedo de dejarte sentir, de dejarte simplemente ser.

Te resulta imposible olvidar aquellos traumas, aquellos recuerdos que tanto duelen. Tu presente vive de las lagrimas del pasado. Y muchas veces, sin saber porque, no puedes soltar todo el dolor y vivir en plenitud. Inconscientemente llegan las voces, las mentiras, los trucos, el aislamiento. Y aquí, la enfermedad, la única manera posible de pedir socorro, o al menos esto parece.

Empiezas terapia, el síntoma baja, el peso empieza a estabilizarse, las voces de la cabeza desaparecen y aprendes a vivir con tu cuerpo. Y sin darte cuenta, tienes la alta, el mundo  te esta esperando.

Lo primero que te pasa por la cabeza: que miedo. Podré hacerlo?

Sí, sin duda, has aprendido a controlar la comida y no dejar que esta te controle a ti.

Pero realmente, más de la mitad del día sigues viviendo en el pasado, con el dolor en el pecho, tu frágil interior dañado. Resulta muy difícil dejarlo ir, vives anclada. Tus relaciones se ven afectadas por él, tu día a día depende de toda tu historia que llevas cargando des de que tienes conciencia. Y no puedes más.

Quieres librarte de él, poderlo recordar sin que te controle, hacerle sitio al presente. Pero no sabes, o no quieres. Constantemente ese juego de querer y no poder, o poder y no querer.

Vives con la esperanza de que llegara el día en que podrás vivir el presente, y sin darte cuenta, vives en el futuro obviando el presente.

Te pasas la vida así, rabiosa por un pasado que duele y soñando con un futuro utópico inexistente,   dejando pasar el presente.

Supongo que poco a poco el pasado sera un recuerdo querido, el futuro un viaje a hacer, y el presente la energía del día a día.

La mujer habitada

Ponerte

desnuda

frente un espejo;

mirarte

sin odiarte.

Habitas

tu piel

fina y frágil;

eres real,

existes.

Ojos

que aún ven.

Tu boca

para besar

y dar las gracias.

Recuerda

tú eres

un milagro;

eres la mujer

habitada.

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Hay un dia que llega, que lo logras. Un dia te despiertas y te gusta tu cuerpo, lo aceptas, con todas las imperfecciones que te hacen perfecta. Y te amas.

De verdad, el dia llega, y ves que no hay marcha atrás. Simplemente, te quieres.

Regresar

Recuerdo

mi llanto silencioso ser continuo.

Emociones incontrolables

y querer huir de mí.

Mirarme

y no reconocerme

querer volver al yo.

Liberarme del sufrimiento.

Tocarme

sentir el frío recorrer mis venas

y nada más.

De lejos oír el latir de mi corazón.

Conseguir

la perfección mi único deseo.

Nunca cedían las voces

y siempre ganaban.

Ser

aceptada por mi alrededor,

y la aprobación del amor de donde broté

era todo lo que anhelaba.

Volver

a sentirla cerca hoy.

Ser fuerte, no dejarla dominar.

Y no va a poder, ya nunca más.

Liberarme

Remolinos

Remolinos,

remolinos de incerteza

me invaden el pecho

al recordar,

todos los hechos.

Sabía que era preocupante

pero me sentia fascinante,

al amarme un instante

pero muy distante.

Los miedos me invadían.

Heridas en mi

que nunca yo vi.

Las voces podían.

En el silencio inservible

de las cosas,

soñaba en despertarme

en otro cuerpo invisible.

El dolor recorre mis venas

al recordar todas mis penas.

Recuerda que no vives muerta

que ella, ya se fue por la puerta.

La artista que dejó de pintar

Fue justo cuando me preguntaste por qué yo, la artista, deje de pintar y dejaba las hojas en blanco, que no sabía por dónde empezar. Cómo explicarte que era dolor, angustia, desesperación lo que realmente expresaba el color blanco. Que el blanco era no saber adaptarme a la vida ni al ritmo del mundo que seguía ahí fuera desobediente, más allá de los límites del papel.

Cómo explicarte que el blanco era una no aceptación de lo que se veía, pero sobretodo de su significado interior, de no saber todo lo que podía transmitir de ella, la artista, con el arte. Que era una via de escape para refugiarme de tanto color que me rodeaba. Que era querer desaparecer como el blanco entre la noche, dejarlo vacío por no saber que hacer ni cómo vivir hasta tal punto de a veces desear morir. Pero sobretodo que al no dibujar lo que buscaba era un cambio, un cambio para poder andar segura y un cambio para pedir ayuda silenciosamente.

Como explicarte que al ver la hoja en blanco lo único que quería ver era como lo que me destruía por dentro se desvanecía, como las voces desaparecían y se llevaban el color. Que el blanco expresaba un debate interior entre estar sola o sostenida, entre el querer y no querer, entre el querer y no poder. De no saber donde estaba, hacia donde iba o para que iba. Cómo hacerte entender que no se trataba de dibujos bonitos, si no de emociones que se juntaban y explotaban, de recuerdos que aun a día de hoy duelen, de sentimientos que se desbordaban y de situaciones incontrolables.

Como explicarte que solo quería volver a un pasado bonito inexistente aunque doliese, que el presente era inaguantable y no sabia que pintar, y que el futuro asustaba demasiado como para empezar a trazar una línea. Y como explicarte que para mi, la artista que dejaba de pintar, volver a coger el lápiz era una utopía que asustaba tanto que le era casi imposible imaginarse la vida de color. Porque para la artista el volver a dibujar y sentirse bien eran dos cosas que no podían ir de la mano, porque dibujar significaba renunciar al clavo donde estaba agarrada ya que parecía que no había nada más que dolor si dejaba el clavo.

Explicarte que esa artista era tan insegura que no confiaba ni en su habilidad de dibujar. Intentar explicarte que la artista no se veía capaz de volver a coger un pincel y sentirse bien sin la necesidad de dejar la hoja en blanco, ya que el blanco controlaba su vida. Como explicarte que al empezar a poner un poco de color todo eran ataques de pánico, emociones incontrolables y ganas de huir del mundo del cual era imposible enfrentarse.

Fue cuando me lo preguntaste que no supe si podrías entender que realmente el color era comer y el blanco no comer, y que la artista era la chica que tenía miedo del color, la enferma que una día por fin pudo volver a ser artista y pintar un cuadro sin dificultades.

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Mi historia

C
Mi historia realmente empieza en 2011, cuando aún vivía en Barcelona con mi familia. Siempre había sido la niña buena, tímida, intentando no ocasionar ningún problema, obedeciendo y muy independiente. Siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás, pero nunca pedía ayuda, nunca me abría a explicar mis problemas, miedos e inseguridades. En casa las cosas no andaban muy bien, y yo empecé a controlar lo que comía, al sentirme completamente descontrolada por dentro. Al principio todo era normal, no parecía ser un problema y la comida no controlaba mi vida. No fue hasta que en 2012 mis padres y yo nos mudamos a Dinamarca, dejando mi hermano mayor en Barcelona, que todo empezó a empeorar.
En casa no expresaba mis emociones, no explicaba como estaba ni todos mis miedos de empezar una vida nueva en Dinamarca. A la vez, experiencias muy negativas en el colegio donde iba que se juntaban, y me hacían sentir muy sola. El ejercicio empezó a ser mi obsesión y la comida me aterraba. Me sentía sola, descontrolada, no sabia que me pasaba, y no era feliz.
Finalmente, un día me ardé de valor y decidí pedir ayuda a mis padres. Gracias a ellos, asistí a un medico y finalmente me diagnosticaron anorexia nerviosa y empece un tratamiento ambulatorio. Entonces todo estalló, al principio parecía funcionar, pero no era suficiente, no conseguía recuperarme fisicamente, me era imposible conectar conmigo misma y ceder el control.
Finalmente, en julio del 2014 nos mudamos otra vez a Barcelona, para estar toda la familia reunida y poder recuperarme del todo. Fue entonces donde empecé en ABB, en valoración. Iba siguiendo todas las pautas, pero ni mis padres ni yo teníamos más fuerzas, e ingresé en hospital de día. Al ingresar, yo misma hice el click y decidí acabar completamente con la voz de dentro que me controlaba, decidí tomar el control yo misma y curarme. No quería seguir escuchando la voz enferma que no hacía más que hacerme sufrir. Estuve poco tiempo en HD, no llegó a dos meses, y entre todo el equipo decidimos que pasaría a externas. A día de hoy es donde me encuentro, en externas, haciendo terapia para no volver a descuidarme de mi misma nunca más, a controlar mi vida y poder ser feliz.
En estos dos años he aprendido muchísimo, he aprendido a vivir. A estar conectada con la Cèlia de mi interior, a cuidarme, a quererme y aceptarme. He aprendido que para pedir ayuda no hace falta ponerse enferma, que la comunicación es muy importante y tengo que expresarme. Aún me queda mucho que aprender, que trabajar y aceptar. Hay días de todo, algunos más negros que otros, pero poco a poco lo voy logrando, poco a poco voy teniendo más días felices que tristes.
Decidí abrir el blog para compartir mi historia, para dar fuerzas, para compartir cositas que voy escribiendo des de hace tiempo que nunca me he atrevido a enseñar y para que todo el mundo sepa que sí, que hay salida, que un TCA tiene solución y se puede ser feliz con una misma.
Un beso!
“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. -Frida Kahlo
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