Llegar a comprender | N. J.

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A veces tardas años en llegar a comprender, aunque hayas aprendido a conocerte. A veces sales de alta sabiendo que hay algo, en el corazón de todo, que aún está cerrado, como una capsula que se resiste a mostrar su contenido. Tienes que encontrar el instante preciso, y te vas sabiendo que no es ése el momento, porque no está sólo en tus manos elegir cuándo se desvelará su significado. Y te vas, sí, con el alta bajo el brazo y sobre todo con el alta en tu corazón porque es la hora de disfrutar de la nueva vida que la curación te ha regalado.

A veces, años después, te das cuenta de que ha llegado el momento y empiezas, ahora sí, a desvelar, poco a poco, como si fueras retirado capas de fina tierra, lo que ya intuías pero sin acabar de darle forma. Y durante años, proceso tras proceso, vas descubriendo más cosas sobre ti y encontrando respuestas. Y aún sabiendo que no es la respuesta definitiva, eres consciente de que te vas acercando, de que la pesada capa que recubre el secreto se va debilitando.

A veces, años más tarde, en un momento más o menos inesperado, empieza a llover, una lluvia fina y constante, de esas que nos hacen llorar cuando llega el otoño, y la tierra que quedaba cubriendo el corazón de tu existencia termina por limpiarse para mostrarte lo que quizás sospechabas, pero sin certezas. Ese momento es doloroso pero también es sin duda el único momento en el que de verdad se abren dos caminos, y uno de ellos es el de la esperanza.

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