Jacob

Historia de un chico con anorexia | Jacob

unnamedHola, soy Jacob.

Siempre, desde mi infancia, he sentido que no encajaba en ningún círculo social.

Demasiado tímido, con bastante sentido del ridículo y cohibido procuraba agradar a los demás.

No sabía qué hacer para ser “normal” (evitar el nerviosismo y actuar de forma espontánea y natural), para poder estar cómodo, como debía ser, con niños de mi edad.

Año tras año, lejos de mejorar, mis relaciones con los demás carecían de vitalidad. Comencé a pensar que el problema no solo era exclusivamente mío sino que era yo, que nunca sería suficiente y que jamás satisfaría las expectativas que se cernían sobre mí, ni siquiera las propias.

Así surgió el disgusto con mis esfuerzos, que distaban de lograr mis objetivos. Así empecé a fijar mi atención en mis faltas, carencias y defectos. Lo que, en un principio, fue una manía derivó en una obsesión que afectó no solo a mi actitud, pensamientos y estado anímico sino también a mis hábitos alimenticios, a mi salud. Quién diría que yo, amante del chocolate y los dulces, llegaría a rechazarlos por querer perder peso. Más de una vez me habían llamado gordo. Incluso a mi madre le habían comentado que, últimamente, me veían con algunos kilos de más. Poco a poco, inconscientemente y sin buscarlo, restringí mi apetito excluyendo alimentos a los que, jamás, a pesar de su escaso valor nutricional, me habría negado. Cada vez ampliaba más el cerco. Soy homosexual, sí: pertenezco al 95% de ese 10% de chicos afectados por la anorexia. El espejo y mi mente eran ahora dos infiernos que, paralelos, emitían al unísono palabras ofensivas. Me cansé de escuchar cómo me repetía una y otra vez que no era más que un inútil, un indeseable, la última (o ni siquiera ninguna) opción. El vacío al que era sometido y el de mi interior, la cosificación, mi escasa autoestima, mis sentimientos de culpabilidad, la soledad, la marginación, mi fobia social… caí en la anorexia. Recurrí a una psicóloga que apenas dio importancia a mis problemas con la comida. Mi familia estaba desesperada. La frustración que experimentaban, materializada en algún que otro reproche, era una presión que, asfixiante, no podía soportar mi organismo cada vez más debilitado. Perdido, desubicado y desorientado, en un mundo en el que parecía no haber sitio para mí, me propuse indagar en mis emociones melancólicas. Me pregunté si había algo por lo que luchar, algo que perseguir, algo por lo que mereciera la pena esforzarse. Es paradójico que los momentos de mayor oscuridad sean los que mayor lucidez aportan. Paradójico pero cierto. Fue entonces cuando tomé la determinación de que salir de la anorexia, superar la depresión y combatir mi ansiedad social dependía de mí. Decidí empuñar mis armas y emprender el camino hacia la reconstrucción, la recuperación y la sanación. A día de hoy, continúo en el campo de batalla.

Puede que te sientas atrapado/a en un pozo sin fondo en el que, contradictoriamente, creas que no puedes caer más bajo. Aun así, cada hora, cada minuto y segundo es una nueva oportunidad para intentarlo y conseguirlo. Es duro, difícil y complicado pero se trata de tu cuerpo, de tu integridad física y psíquica, de ti. Como más de una vez, y con mucha razón, he oído decir, “si tú no lo haces por ti, ¿quién lo hará?”.

Gracias, Jacob, por esta maravillosa presentación y… ¡bienvenido a 1espejo1000ventanas!

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