Marina F.

Verle las orejas al lobo | Marina F.

tumblr_m0opvbWv851r1m66xo1_500No sería sincera ni realista sí dijera que estas últimas semanas están siendo las mejores de mi vida. Pero debo reconocer que estos cuatro años y medio que llevo tratando mi enfermedad han hecho que mi inteligencia emocional evolucione y se desarrolle de tal manera que a veces no puedo creer en el punto en el que me encuentro.

Mirándolo desde una perspectiva muy superficial mi vida podría verse totalmente normal e incluso debería reconocer que he sido muy afortunada, por haber tenido a mi disposición todo lo que he necesitado, desde que nací, hasta el momento en el que me encuentro. Pero si nos fijamos en lo más profundo podremos encontrar un agujero emocional y una desproporción real en mi forma de ver y actuar ante las diferentes situaciones que me voy encontrando en esta selva a la que denominamos “vida”.

A lo largo de ésta algo no se desarrolló como debería, mi autoestima no se estructuró y por tanto no llegué a aprender cómo liberar de una manera saludable mis frustraciones, deseos y emociones en general. Empecé a querer controlarlo todo a mí alrededor, a ser exigente con los demás y conmigo misma, y a querer por todos los medios agradarles aportándoles todo lo que les hiciera felices. Esto hizo que mi propio cuerpo y mente se convirtieran en un servicio público que debe ofertar sus productos de mejor calidad, un espectáculo de circo en el que se debe trabajar y esforzarse cada segundo y cada día de mi vida para que la función nunca llegara a su fin. Evidentemente, llegó un momento en el que esta situación me explotó en la cara y la frustración que sentía a la hora de no poder encontrar ni conseguir lo que ansiaba de los demás hizo que entrara en un circulo vicioso del que aún no he podido escapar del todo.

Entonces llegó el mes de Marzo del año 2010, en el que mi vida se convirtió en un verdadero infierno y en el que decidí luchar contra el monstruo que estaba acabando con mi energía y mis ganas de vivir. El tratamiento, quiero ser realmente sincera, es lo más duro a lo que he tenido que hacer frente. Tratarme ha supuesto un cambio de principios, hábitos, forma de vida, creencias y escala de prioridades tan grande y radical que puedo asegurar el no reconocerme en la actualidad. Cuando dejé que mi mente se dejara llevar por la enfermedad, empecé a crear una personalidad y carácter paralelo al yo real, en el que el centro vital se transformó en el control del peso y la comida y por tanto basé mi existencia en perseguir una felicidad que se aleja mil kilómetros de lo que de verdad significa un bienestar real.

Ahora, a los cuatro años y medio de una lucha constante es cuando de verdad me he dado cuenta en qué consiste la verdadera felicidad y en qué camino debo centrarme para poder alcanzar la recuperación que, considero, tanto merezco. El enfoque de mi tratamiento siempre se ha inspirado en restablecer mis hábitos alimenticios y en encontrar las herramientas para hacer frente a esas recaídas que me persiguen desde el primer día que supe que llevaba esto dentro. Ese trabajo ya está hecho. Mi alimentación es variada, adecuada a mi edad y actividad física, y está compuesta por todos los nutrientes que nuestro organismo necesita. Pero el tratamiento va mucho más allá. Radica sobre todo en el poder de reconocernos a nosotros mismos, ver lo que realmente somos, tanto por dentro como por fuera. Sólo de esta manera podemos empezar a querernos y respetarnos en todos los aspectos de la vida, tanto en la alimentación como en las relaciones sociales.

Llevo muchísimo tiempo frenando mi propia evolución por sentir una frustración y un enfado descomunal con todo lo que me ha estado pasando y preguntándome a mi misma o a quién se encuentre en el cielo el por qué de esta maldita situación. Ahora es cuando entiendo que el saber cómo empezó todo o cuál fue el momento en el que ese algo falló e hizo que escogiera este camino, no sirve absolutamente de nada. Evidentemente puede hacernos entender cuáles son los motivos o las carencias emocionales que me hicieron actuar de determinada manera pero no va a hacer más fácil ni más rápida mi recuperación. Es parte del pasado y es conveniente que me ocupe del ahora. Mi presente es la consecuencia de todas mis acciones y decisiones de mis años anteriores y es sobre lo que tengo que trabajar a diario. Ahora me miro al espejo y veo a una mujer fuerte, inteligente, capaz de hacer frente a duras situaciones porque he fortalecido mi mente a partir de muy duras experiencias, pero gracias a ellas he sabido y he sido totalmente partícipe de mi levantamiento ante todas ellas. Ese es el valor de mi persona y de mi cuerpo. No me hace mejor el saber mantener el apetito a raya, ni comerme una ensalada en vez de una tableta de chocolate. Me hace mejor persona el tener la libertad y tranquilidad de saber en cada momento que es lo que realmente me apetece, que es lo que me hace sentir bien y tener la voluntad de escogerlo. Eso es la verdadera felicidad y bienestar. El día, el momento, el instante en el que te mires al espejo y veas que tienes dos brazos para poder abrazar a la gente que quieres y te recuerda todo lo bueno que hay en el mundo cuando nosotros no somos capaces de recordarlo, tienes dos piernas para correr hacia el lugar donde te apetezca ir, huir de lo que no nos gusta e incluso bailar y sentir la música a través de todo nuestro cuerpo, dos ojos para poder ver las maravillas que el mundo nos ofrece, un atardecer, una buena obra de arte… No soy una imagen, no soy un número, no soy una sensación de plenitud ni de ligereza, soy muchísimo más. Soy la hija y la hermana más querida de mi casa, soy la pareja sentimental del mejor hombre del mundo, soy amiga de las personas más increíbles que podría haber conocido y soy parte de este universo de forma temporal. Por lo que quiero vivir, saltar, reír, gritar y hacer todo lo que me haga sentir bien, porque en ello consiste realmente la vida. Os sonará a tópico y puede que tengáis razón, pero lo que de verdad no entendemos es que el tópico no es la información que contiene la frase sino el hecho de que muy poca gente es capaz de interiorizarla y vivir a partir de ella. En eso consiste mi esfuerzo diario, por lo que me levanto y por lo que me acuesto. Basta ya de enfadarme conmigo misma y por sentirme diferente ante toda esta situación. Estoy luchando por sentirme bien conmigo misma y con los que me rodean e intento encontrar cuáles son el conjunto de pequeños detalles que hace que mi vida sea maravillosa y especial a diario. No quiero llegar a un peso determinado ni a una belleza desproporcionada ya que por desgracia en este mundo nos han convencido de que la belleza se puede conseguir con esfuerzo económico y físico, cuando realmente, el verdadero trabajo hacia la belleza más natural e ilimitada que existe radica en un ejercicio totalmente mental y que a partir de ahí todo lo demás viene solo. El tener un peso determinado no es la meta de absolutamente nada, pero sí es el camino de sentirnos a gusto con nuestro cuerpo. Pero al igual que el peso, es la alimentación adecuada, las relaciones positivas y saludables, la buena actitud, un buen carácter, una mente desarrollada y trabajada, encontrar el amor, tener hijos, un abrazo con un amigo especial, trabajar de lo que te gusta… Todas estas cosas son por las que quiero levantarme, todo lo que hacemos a diario en conjunto van encaminadas en un objetivo común, el bienestar real, la estabilidad, la recuperación, el EQUILIBRIO PERSONAL y LA SALUD.

Gracias, Marina F., por esta fabulosa aportación y… ¡ánimo en tu lucha!

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