Nadia

Cena de Fin de Año | Nadia

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¡Hola!

Espero que hayáis pasado un Fin de Año genial.

Mi Fin de Año empezó cuando me levante el día 31. Pasaron muchas cosas en muy pocas horas, que quiero compartir con vosotros.

El día 31 cuando me desperté, me sentí muy nerviosa, ya que sabía que tenía que desayunar, comer, merendar y luego cenar fuerte en un restaurante. Sí, algo normal, cinco comidas al día, una de ellas fuerte… Pero no como cuando hay una comida familiar.

Después de merendar me entraron tantos nervios que lloré. No es malo llorar, pero sí que creo que es malo cuando lloras y sigues igual de mal luego… Así que me armé de valor y fui a hablar con mi madre.

Hablar con ella, es una cosa que me cuesta muchísimo. Con ella puedo hablar de cualquier cosa sin problemas menos de cómo me siento o lo que me preocupa. Hablar de eso es… Muy difícil para mí. El por qué no lo tengo muy claro. Supongo que anticipo respuestas o reacciones. Y porque a veces, siento sus nervios cuando le cuento las cosas, o se enrolla a hacerme comparaciones que ella ve que tienen parecido y yo no, y a mi eso me pone aún más nerviosa y al final no le cuento las cosas.
Esto no quiere decir que siempre se ponga nerviosa o que siempre me haga comparaciones. A veces sí que me ha ayudado. Pero a veces, sólo necesito que me escuche y que no me diga nada. Pero bueno… No fue el caso del día de Fin de Año.

Empecé a contarle que llevaba todo el día “rallada” por la cena, que aún así, me sentía orgullosa por haber hecho todas las ingestas bien (aunque costosas), y que para mí, eso ya era un logro. Pero que la cena… Se me había atravesado y ahí estaba, con unos nervios en el cuerpo que no podía con ellos.

Le conté que mi cabeza solo pensaba en restringir y comer poco, en comer normal y dejarme llevar por un día (automáticamente cuando pensaba esto, la anorexia salía y los pensamientos de “Nadia, así no te vas a mantener nunca”; “así te convertirás en obesa y será sólo por tu culpa”, etc.), o comer normal e ir al baño a vomitar.

Tuve suerte, de que la cena fuera servida toda en platos individuales, ya que otro de mis miedos, era dejarme llevar, y perder el control y atracarme. Así que cuando vi que los platos eran completamente individuales, sentí mucho alivio, la verdad.
Cuando me pusieron el plato delante y empecé, ya no sentí ese alivio… Me sentí aún más nerviosa que durante todo el día. Cogí el teléfono y le hablé por WhatsApp a una de mis amigas. Ella, tuvo anorexia y está 100% curada desde hace años. Le comenté cómo me sentía, y la charla que tuve con mi madre y la decisión de dejarme llevar por un día, que automáticamente cuando vi el plato, esa idea en mi cabeza cambió.

Me tranquilizó como nadie nunca me había calmado (supongo porque ella también pasó esos momentos, y me entendía de cabo a rabo lo que le decía). Le dije, que eran las primeras Navidades en las que estaba dispuesta a hacerlo relativamente bien (y digo relativamente, ya que no puedo pretender enfrentarme y hacerlas 100% bien el primer año que me pongo a ello) y ella me comentó que también estuvo en ese punto, y que ella intentaba disfrutar.

Cuando le dije mi miedo de perder el control, ella me dijo que no podía perderlo, que las raciones de los restaurantes son normales (aunque yo no lo vea así), y que encima, estaban individualmente. Que intentara disfrutar de la gente y que no me centrara en la comida. Me dijo que me quería y se desconectó.

Disfruté, reí, canté, bailé… Hacía tiempo que no disfrutaba así. Y todo se lo debo a ella, que supo que decirme en el momento adecuado.

Otra cosa que le comenté antes de que se fuera fue: “Vale, hoy disfruto, confío y me lo paso bien. Pero… ¿mañana qué?”.

Su respuesta, copiada directamente de WhatsApp es: “Vive el momento, no pienses en mañana si no en disfrutar hoy. Es lo normal ;). Mañana ya veremos, suelta el control”.

No me hizo falta al día siguiente pensar en nada. Me sentía bien igual.

Me siento muy orgullosa por este gran pasito que he dado.

Un beso a todos y, ¡feliz Año Nuevo!

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