Aceptación y superación | Sandra G.

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Recuerdo las horas llorando y triste donde la música me hacía compañía… Al lavabo, con la música puesta para dejar de pensar, para que nadie oyera mis gritos de ahogamiento, de tristeza, de infelicidad, para que no oyeran las arcadas y los vómitos… Fue una época complicada… Yo y la alimentación eramos una, sin el control ni la seguridad de no engordar no era bastante digna de ser… querida o de ser… persona?

Hace año y medio no aceptaba que tenía un trastorno de la alimentación, yo lo que creía que tenía eran tonterías y cruces de cables momentáneos. Creía que eso era para otra gente, que yo podría dejar mis autodietas y vómitos cuando quisiera, que eran sólo con ganas y fuerza de voluntad lo podría dejar cuando quisiese. Pero no fue así. Mi tutora de instituto se preocupó por mí y tras largas charlas con ella me convenció que hablase con mis padres.

Después, mi yo exterior hacía ver que todo iba bien aunque de vez en cuando me enfadaba y me cerraba en banda. Al cabo de un tiempo me dijeron que sería bueno que fuese a un psicólogo especializado, es este caso, en el Centro ABB. No quería ir. Para mí, psicólogo era equivalente a “estás loca”. Mi concepción de psicología no era más que brujería, manipulación y pérdida de tiempo.

Pero ahora, las cosas van tomando diferente forma. Aún le quito credibilidad a la psicología pero sé que me están ayudando, en mi caso sólo iba y voy una vez por semana con terapia individual y la verdad es que aunque cueste arrancar, vale la pena. Al principio tienes que dejar muchas cosas que a tu parte enferma le gustan, pero la verdad, cuando ves todo lo que ganas los deseos de hacerte daño se van apagando.

Queremos nuestra felicidad y la felicidad de la gente que queremos pero somos muy reacios a hacer sufrir a la gente. Siempre pensé que era mejor no compartir mis dolores porqué si no la gente que quiero sufriría por mí. Prefería apartarlos de mi vida antes de verlos sufrir por mí. Esto aun me cuesta entenderlo pero empiezo a deducir que aunque intentes esconder el dolor, se siente, y este sentimiento no se quita de la noche a la mañana y la gente que te quiere lo ve y sufre y yo vuelvo a sufrir y así se hace un bucle. Con este bucle, es imposible ser feliz y la verdad, el primer paso para salir es pedir ayuda. Aunque puedas creer que es un momento de debilidad, es una de las mejores decisiones que se pueden tomar. Después de unos meses, desde que verbalicé que algo no funcionaba bien y que se tenía que solucionar, veo que tuve mucho valor y coraje, porqué hay personas que aun no han reunido las fuerzas para contarlo. Desde mi pequeña aportación, deseo de todo corazón que se lo contéis a vuestros padres, maestros o a alguien que os pueda orientar, da igual la hora, si son las tres de la madrugada y no podéis dormir, despertadlos. No os quedéis pensando y llorando, cualquier momento es bueno, enviad un correo, haced alguna acción para salir, porqué se puede!

Gracias a Sandra G. por su aportación ^^

Verle las orejas al lobo | Marina F.

tumblr_m0opvbWv851r1m66xo1_500No sería sincera ni realista sí dijera que estas últimas semanas están siendo las mejores de mi vida. Pero debo reconocer que estos cuatro años y medio que llevo tratando mi enfermedad han hecho que mi inteligencia emocional evolucione y se desarrolle de tal manera que a veces no puedo creer en el punto en el que me encuentro.

Mirándolo desde una perspectiva muy superficial mi vida podría verse totalmente normal e incluso debería reconocer que he sido muy afortunada, por haber tenido a mi disposición todo lo que he necesitado, desde que nací, hasta el momento en el que me encuentro. Pero si nos fijamos en lo más profundo podremos encontrar un agujero emocional y una desproporción real en mi forma de ver y actuar ante las diferentes situaciones que me voy encontrando en esta selva a la que denominamos “vida”.

A lo largo de ésta algo no se desarrolló como debería, mi autoestima no se estructuró y por tanto no llegué a aprender cómo liberar de una manera saludable mis frustraciones, deseos y emociones en general. Empecé a querer controlarlo todo a mí alrededor, a ser exigente con los demás y conmigo misma, y a querer por todos los medios agradarles aportándoles todo lo que les hiciera felices. Esto hizo que mi propio cuerpo y mente se convirtieran en un servicio público que debe ofertar sus productos de mejor calidad, un espectáculo de circo en el que se debe trabajar y esforzarse cada segundo y cada día de mi vida para que la función nunca llegara a su fin. Evidentemente, llegó un momento en el que esta situación me explotó en la cara y la frustración que sentía a la hora de no poder encontrar ni conseguir lo que ansiaba de los demás hizo que entrara en un circulo vicioso del que aún no he podido escapar del todo.

Entonces llegó el mes de Marzo del año 2010, en el que mi vida se convirtió en un verdadero infierno y en el que decidí luchar contra el monstruo que estaba acabando con mi energía y mis ganas de vivir. El tratamiento, quiero ser realmente sincera, es lo más duro a lo que he tenido que hacer frente. Tratarme ha supuesto un cambio de principios, hábitos, forma de vida, creencias y escala de prioridades tan grande y radical que puedo asegurar el no reconocerme en la actualidad. Cuando dejé que mi mente se dejara llevar por la enfermedad, empecé a crear una personalidad y carácter paralelo al yo real, en el que el centro vital se transformó en el control del peso y la comida y por tanto basé mi existencia en perseguir una felicidad que se aleja mil kilómetros de lo que de verdad significa un bienestar real.

Ahora, a los cuatro años y medio de una lucha constante es cuando de verdad me he dado cuenta en qué consiste la verdadera felicidad y en qué camino debo centrarme para poder alcanzar la recuperación que, considero, tanto merezco. El enfoque de mi tratamiento siempre se ha inspirado en restablecer mis hábitos alimenticios y en encontrar las herramientas para hacer frente a esas recaídas que me persiguen desde el primer día que supe que llevaba esto dentro. Ese trabajo ya está hecho. Mi alimentación es variada, adecuada a mi edad y actividad física, y está compuesta por todos los nutrientes que nuestro organismo necesita. Pero el tratamiento va mucho más allá. Radica sobre todo en el poder de reconocernos a nosotros mismos, ver lo que realmente somos, tanto por dentro como por fuera. Sólo de esta manera podemos empezar a querernos y respetarnos en todos los aspectos de la vida, tanto en la alimentación como en las relaciones sociales.

Llevo muchísimo tiempo frenando mi propia evolución por sentir una frustración y un enfado descomunal con todo lo que me ha estado pasando y preguntándome a mi misma o a quién se encuentre en el cielo el por qué de esta maldita situación. Ahora es cuando entiendo que el saber cómo empezó todo o cuál fue el momento en el que ese algo falló e hizo que escogiera este camino, no sirve absolutamente de nada. Evidentemente puede hacernos entender cuáles son los motivos o las carencias emocionales que me hicieron actuar de determinada manera pero no va a hacer más fácil ni más rápida mi recuperación. Es parte del pasado y es conveniente que me ocupe del ahora. Mi presente es la consecuencia de todas mis acciones y decisiones de mis años anteriores y es sobre lo que tengo que trabajar a diario. Ahora me miro al espejo y veo a una mujer fuerte, inteligente, capaz de hacer frente a duras situaciones porque he fortalecido mi mente a partir de muy duras experiencias, pero gracias a ellas he sabido y he sido totalmente partícipe de mi levantamiento ante todas ellas. Ese es el valor de mi persona y de mi cuerpo. No me hace mejor el saber mantener el apetito a raya, ni comerme una ensalada en vez de una tableta de chocolate. Me hace mejor persona el tener la libertad y tranquilidad de saber en cada momento que es lo que realmente me apetece, que es lo que me hace sentir bien y tener la voluntad de escogerlo. Eso es la verdadera felicidad y bienestar. El día, el momento, el instante en el que te mires al espejo y veas que tienes dos brazos para poder abrazar a la gente que quieres y te recuerda todo lo bueno que hay en el mundo cuando nosotros no somos capaces de recordarlo, tienes dos piernas para correr hacia el lugar donde te apetezca ir, huir de lo que no nos gusta e incluso bailar y sentir la música a través de todo nuestro cuerpo, dos ojos para poder ver las maravillas que el mundo nos ofrece, un atardecer, una buena obra de arte… No soy una imagen, no soy un número, no soy una sensación de plenitud ni de ligereza, soy muchísimo más. Soy la hija y la hermana más querida de mi casa, soy la pareja sentimental del mejor hombre del mundo, soy amiga de las personas más increíbles que podría haber conocido y soy parte de este universo de forma temporal. Por lo que quiero vivir, saltar, reír, gritar y hacer todo lo que me haga sentir bien, porque en ello consiste realmente la vida. Os sonará a tópico y puede que tengáis razón, pero lo que de verdad no entendemos es que el tópico no es la información que contiene la frase sino el hecho de que muy poca gente es capaz de interiorizarla y vivir a partir de ella. En eso consiste mi esfuerzo diario, por lo que me levanto y por lo que me acuesto. Basta ya de enfadarme conmigo misma y por sentirme diferente ante toda esta situación. Estoy luchando por sentirme bien conmigo misma y con los que me rodean e intento encontrar cuáles son el conjunto de pequeños detalles que hace que mi vida sea maravillosa y especial a diario. No quiero llegar a un peso determinado ni a una belleza desproporcionada ya que por desgracia en este mundo nos han convencido de que la belleza se puede conseguir con esfuerzo económico y físico, cuando realmente, el verdadero trabajo hacia la belleza más natural e ilimitada que existe radica en un ejercicio totalmente mental y que a partir de ahí todo lo demás viene solo. El tener un peso determinado no es la meta de absolutamente nada, pero sí es el camino de sentirnos a gusto con nuestro cuerpo. Pero al igual que el peso, es la alimentación adecuada, las relaciones positivas y saludables, la buena actitud, un buen carácter, una mente desarrollada y trabajada, encontrar el amor, tener hijos, un abrazo con un amigo especial, trabajar de lo que te gusta… Todas estas cosas son por las que quiero levantarme, todo lo que hacemos a diario en conjunto van encaminadas en un objetivo común, el bienestar real, la estabilidad, la recuperación, el EQUILIBRIO PERSONAL y LA SALUD.

Gracias, Marina F., por esta fabulosa aportación y… ¡ánimo en tu lucha!

La belleza… ¡algo más! | Osi

Siempre me ha apasionado escribir. Diría que cualquier vivencia cotidiana puede convertirse en la candidata ideal para reflexionar sobre papel. Sin embargo, por primera vez encuentro la forma de dar a conocer uno de mis topics favoritos del que hablo frecuentemente en el tratamiento, unido a la oportunidad de compartirlo con un grupo de personas de sensibilidad especial. Bonita combinación que me hace feliz.

Me inquieta el concepto de belleza que impera en el mundo que nos rodea. Sus connotaciones, sus acepciones, sus usos. Sesgados en algunos casos, estereotipados en otros, hostiles en muchos de ellos. Ardua tarea la de reconducir el término hacia otros derroteros más reales, más humanos, más próximos a valores de bien-estar. ¿Cómo alejarnos de la materialidad y la cosificación, y acercarnos al sentir, al respetar, al admirar pequeños grandes quehaceres? ¿Qué tal si fuéramos capaces de encontrar la belleza en las cosas por lo que intrínsecamente son, y no exclusivamente a través de lo que estéticamente representan?

Una mirada de ternura, un gesto de complicidad, un abrazo de amigo, un choque de manos, un beso a un bebé, un aplauso cargado de entusiasmo, un chapuzón veraniego, un salto de alegría… Todas son conductas personales cargadas de calidad emocional. Y pese a ese gran valor que atesoran, a veces no somos capaces de ver lo que representan sino que nos quedamos en la capa superficial de lo que nuestros ojos ven. En si esta o aquella tiene cuerpo para lucir lo que lleva, en si somos más feos o guapos que tal o cual persona, o en que tengo que ponerme la crema milagrosa que moldea mi cuerpo.

Detrás de eso, hay todo un mundo de sentimientos, ideas, emociones, que por definición, son mucho más valiosas. Dignas de respeto.

La industria de lo que pobremente llamamos “belleza” no ayuda a poner esto en valor. Por eso creo importante democratizar esta reflexión, y empezar por cambiar algunos paradigmas bajo los que hemos echado el ancla.

¿Podemos halagar a una niña diciéndole que tiene un nombre precioso, que está muy sana o que es una campeona, en lugar de enfatizar lo guapa que es? Podemos.

¿Podemos apreciar la belleza en personas y sus actos que no necesariamente cumplan los estándares socialmente aceptados? Podemos.

¿Podemos emplear cremas que hidraten nuestro cuerpo, que lo protejan del sol, que huelan bien, que nos hagan sentir confortables, más allá de los centímetros que reduzcan? Podemos.

Sin duda podemos hacerlo. Y sobre todo, debemos.

Dejemos un legado basado en sentimientos y no en apariencias.

Un abrazo. Osi.

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Osi es paciente en recuperación del centro Previ de Valencia y ha querido colaborar con esta reflexión sobre la belleza. ¡Gracias, Osi!

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