La maldita (¿o bendita?) piedra

Anoche volví a tropezar con la dichosa piedra. Me lo estaba oliendo. Hay días en que la angustia está ahí, latente. Parece que se esfuma en algún momento pero reaparece. Es difícil identificarla. Te debates entre la euforia y el miedo. Como en una gran montaña rusa. Sabes que algo se avecina que no te gusta, más bien que le tienes auténtico terror. Temes no estar a la altura. No quieres estropearlo todo. No quieres bajarte del pedestal en el que tú sola te has colocado con mucho esfuerzo y muchos atracones. Salía de trabajar aparentemente bien. Temprano. Tanto que me decidí por ir al cine. Cine=palomitas. No recuerdo una vez que haya ido y no haya comprado. “No pasa nada”, pensé. “Me compro una pequeña que tampoco he merendado y no tengo que ser tan estricta”. Pero no pude parar ahí. Apenas disfruté de la película. Salí a por más y a por un puñado de gominolas y chocolatinas al peso. Ya estaba en mi mundo. Pensando en los días que se me avecinan y en lo poco que me gusta mi situación actual. No encuentro el equilibrio en nada. Ni en mi relación de pareja, ni en mi trabajo, ni en mis amistades. Conclusión: Al salir del cine rematé la faena en el Mc Donals (McAuto que da menos vergüenza, como si los demás supieran lo que ya llevas en el cuerpo) con menú y helado incluido. Ni que decir tiene que no sólo no me bajó la angustia sino que mi sueño se tornó en pesadillas. Pero hoy me he levantado dándome ánimo y fuerzas. De nada me sirve autocompadecerme ni macharme. Me quedan quince días por delante en los que debo estar más alerta de lo normal. Sé que intento desviar la atención hacia donde no debo. Sé cuál es mi problema. Lo sé. Y casi siempre lo controlo. Pero no soy perfecta. De nuevo tropiezo con esa maldita piedra. ¿O quizá sea bendita? Mayuda a conectar con lo que siento. Todavía no he roto del todo ese cordón umbilical. Ahora tengo que luchar por no necesitar llegar tan lejos. Y no cejaré en mi empeño…

Otra vez ese nudo…

Dios. Otra vez está aquí. Ese nudo en el estómago tan profundo. Esas ganas de vomitar. Ese miedo atroz al fracaso. Ese pánico a equivocarme. Esa inseguridad en lo que hago. Hoy es el primer día con mi jefe de vacaciones y no he aguantado sin llorar ni diez horas. Me supera. La responsabilidad. Las decisiones. El sufrimiento. Los temores. Es demasiado para una sola cabeza. Es demasiado para mí. En momentos como estos pienso en coger la puerta y marcharme para siempre. En darme por vencida. Sé que pasará. Pero sólo ha sido un día. Me quedan nueve más. Dios, cómo duele este nudo, que vuelve a aparecer

Me encanta cuando sale el sol…

Hoy es uno de esos días en que me doy cuenta que el sol existe. Puede que parezca una perogrullada pero cuando estás en la parte más profunda de la montaña rusa todo te parece tan gris, tan plomizo, que aún viviendo en la Costa del Sol me parece la costa de la sombra. Todo se vuelve tan triste en mi cabeza, tan negativo, y es tan difícil tirar de mí misma para volver a cegarme con el resplandor de los rayos. Ahora, intentanto salir de esta recaída, me gusta y me esfuerzo por abrir los ojos bien por la mañana y ver todo lo que brilla a mi alrededor, empezando por mí misma. Sólo con sonreir dos minutos consigo rescatarme del cieno. Me gustaría que vosotr@s me contárais cuál es vuestro truco para dar un paso fuera del pozo. Espero vuestras palabras. Un beso enorme!

Lecciones de humildad

No hay nada peor para una persona narcisista que escuchar por boca de otro que la clave está en ser humilde. ¿Ser humilde? ¿Aceptar los errores? ¿Vivir con las frustraciones? Cuando lo dice otro, parece fácil. Pero la realidad es que intentar dar ese paso para, como yo lo suelo llamar, bajarse el pedestal, es tan duro que cada días te descubres cogiendo la escalera para volver a subir adonde siempre has estado. Sí, la cúspide, donde te has puesto a base de exigencias, machaques, perfeccionismos que te han pasado una tremenda factura en forma de atracones, vómitos, restricciones, diuréticos y toda la gama de conductas dañinas que por desgracia nos descubre esta terrible enfermedad. Tú querías estar ahí, lo deseabas, pero ahora crees que es el momento de ser más humilde, de gritar: SÍ, SOY IMPERFECTA, ¿Y QUÉ?. Con el paso de los años descubres, y hay días que hasta te convences, de que no compensa vivir así, de que más vales poner un pie varios escalones más abajo sin con eso dejas de tener esa angustia y ese nudo en el estómago que no te permite bajar la guardia. Hay que estar PERFECTA, ser PERFECTA, siempre LA MEJOR. He de confesaros que a veces pienso que no voy a poder. Me está costando mucho esfuerzo. A veces, cuando ya me he sobrecargado o he actuado como la salvadora, me doy cuenta de que ya he metido la pata otra vez. (De nuevo el machaque por, también en esto, no ser perfecta). Debo pararlo antes, advertirlo con tiempo. Si lo consigo, aunque sea algunas veces, ganaré en calidad de vida. Estoy convencida. Y acabaré con esos fantasmas que me dicen que si no estoy siempre ahí, nadie me va a querer. Lo principal es que me quiera yo. En ello estoy….

Buscando la fuerza para levantarme

Hola a todos. Hace tiempo, mucho tiempo, que no comparto nada con vosotros y creo que es el momento de explicaros el porqué. Durante meses he tenido una recaída en la enfermedad. Y con recaída quiero decir todo lo que conlleva, lo psicológico y lo sintomático. la rueda de inseguridades, frustración y miedos mezclada con el abuso de la comida y los atracones. hace apenas dos semanas que di el primer paso, el de pedir ayuda, y estoy en la fase de buscar la fuerza para levantarme y recomponerme. quiero aprender de lo que me ha pasado e intentar dejar a un lado la exigencia y la soberbia, que me impiden asumir con humildad que he tenido un traspié enorme que me ha hecho retroceder (aunque espero que también aprender). Que por qué me ha pasado esto? simplemente porque hay cosas en mi vida que no termino de asumir, que me superan y que a veces escapan de mi control, como la presión laboral y mi propia exigencia, un cóctel explosivo, o tener que estar bien para los demás. También he sentido muchas veces la soledad y no he sido capaz de demandar lo que me hacía falta y quizá también ha sido por mi propio aislamiento. Ahora sólo quiero reconducir esto. Me tomaré el tiempo que necesite. Pero no quiero malvivir más. Me lo merezco. Nos lo merecemos!!!

Cuenta atrás

Hola familia cibernética. Cómo pasa el tiempo. Los días son intensos pero vuelan. Yo ahora ando en el descuento. El próximo viernes me voy de vacaciones. Un mes enterito. Cómo lo necesito!!! No lo sabéis bien. En algunos momentos llegué a pensar que no llegaba. Me aturde tanto estrés y tanta angustia en cada cosa que hago pero cada día tengo más claro que soy así y que poco va a cambiar ya esto. Tengo una personalidad complicada, enrevesada, a la que le gusta ponerme piedras en el camino que yo tengo que identificar e ir quitando constantemente. Es como eso que hablábamos en las primeras terapias. Como cuando sientes que de verdad hay un ángel y un diablito a ambos lados de tu cabeza. Para las decisiones, para los sentimientos, para la comida. Que estrés!!! Quiero contaros cosas sobre mi tratamiento. Llevo más de un año en etapa tres y he de decir que es lo que más me está costando. Se trata de afinar, de asentar, de normalizar. Difícil. Es mejor achacarlo todo a una enfermedad que asumir que lo que haces es cosa tuya. Muy difícil. En estos meses he tenido problemillas con la comida. Intentos de volver a refugiarme en algo que se que no me sirve de nada, sólo para pasarlo peor. Creo que estoy volviendo al camino del angelito (¡Qué coñazo con el diablito!). Así que espero poder contaros avances muy, muy pronto. Besos a todos.

Cristina

En una mala racha

Hace mucho que no escribo, demasiado. Quizá sea una mezcla de vergüenza y de bajón lo que me disuade de hacerlo. Quizá ninguna de las dos cosas, simplemente que a veces quiero aparcar todo esto aunque vuelva día tras día. Estoy en una mala racha, dura, muy dura. Vuelvo a entrar en el círculo vicioso de la comida y me cuesta mucho soltar eso. Lo peor es que lo veo pero no quiero. Ahora sé que puedo pararlo y que cuando quiero lo hago con facilidad pero a veces me dejo llevar. De nuevo porque creo que lo necesito y que me va a gratificar. Es que hay días, últimamente casi todos, que no puedo con mi ansiedad y mi angustia. Me siento pequeñita, inútil, tonta… La exigencia se me dispará y ‘voilá’. Ahí está esa mezcla que me incapacita y casi no me deja respirar. Ahora, por ejemplo, acabo de terminar de trabajar y me voy para casa. Pero no paran de asaltarme pensamientos de que he hecho las cosas mal y de que mañana me vendrá una bulla de algún sitio, seguro… Tengo la boca seca, las piernas flojas y todo lo que ya sabéis, porque sé que muchos de vosotros me entendéis a la perfección. Incluso alguna que otra taquicardia. Ahora tengo otra vez una libreta para apuntar mis ingestas y me escribo a mí misma cada día para ver cómo va la cosa. Pero mejoro muy poco y estoy cansada…

Vivir en una noria

Aquí estoy. Hace un siglo que no escribo. Para variar sigo teniendo en la falta de constancia uno de mis mayores puntos débiles. Bueno, no sé si es una debilidad o algo con lo que tengo que aprender a convivir. Con esto y con otras pocas de cosas. Lo cierto es que llevo una racha, como os digo, que estoy montada en una noria. Lo mismo estoy arriba, viendo todo con una superioridad que da vértigo, y a mí más, que estoy casi en el subsuelo. Lucho, mucho, por encontrar un termino medio que no me dé tantos vaivenes pero lo cierto es que mi situación actual no es muy fácil que digamos. En el trabajo, como la mayoría de la gente que afortunadamente lo conserva, somos menos para lo mismo. Vamos, que sí antes andaba estresada y presionada ahora no tengo palabras para describir cómo me siento. Fatal es poco. En este punto lo que intento es controlar no dar rienda suelta a mis neuras porque a veces me vuelvo medio loca. Veo fantasmas por todos lados y, lo que es peor, muchas veces me los creo. Pero todo tiene su otra cara de la moneda y, como siempre tiendo a la negatividad, hoy quiero hablaros de lo que he descubierto de positivo. Lo primero, mi capacidad para comunicar lo que me pasa. Es algo inédito en mí. Antes no decía nada, me lo callaba, me atascaba, y ahora, aunque me cueste, me desahogo. Se me nota hasta en la cara y eso, aunque para muchos pueda parecer normal, para mí es fantástico porque nunca lo hacía. Me ponía la máscara y para adelante, sin dolor aparente. Sólo interno. Que es el peor. También siento una fortaleza enorme para salvar las situaciones límite que antes no tenía. Me explico. Si me pasa lo de ahora con el trabajo hace cinco años posiblemente estaría de baja desde hace días porque sería una especie de muñeca rota. Ahora me pego yo sola y hago lo imposible por llegar a mi casa con un ánimo que me permita desconectar y disfrutar de mi vida y mi novio. Por que sé que tanto una como otras con fantásticas y no quiero que se me olvide… Que en el calor del agobio me da por pensar que todo es una gran M y, sí, se me olvida. Así que, si os ayuda esto, intentad mirar lo bueno hasta en los momentos malos, os ayudará a no veniros abajo más de lo necesario. A mí me ayuda. Os seguiré contando… Y si puedo os subiré una foto, pero eso parece que es más difícil porque sigo sin aclararme con esto. Besitos

La reina sin trono

Hola a todos. Y perdón por este paréntesis más bien grande… Os cuento un poco como va la cosa por mi vida y me gustaría que vosotros hiciérais lo mismo, por si en algo os puedo ayudar. A lo que voy. No voy a engañar a nadie. Me encuentro en una etapa de bajón bastante potente. Creo que estoy llegando al núcleo de mi enfermedad después de más de tres años de tratamiento. No es que antes no lo hubiera hecho pero es que ahora doy pasos que me llevan a conectar de plano con este núcleo duro y siento un desgarro enorme por dentro. Me explico. Soy narcisista al máximo. No es que me guste reconocerlo pero lo contrario no me ayudaría demasiado. Eso implica que todo lo que sea delegar, ver a gente que hace las cosas bien o mejor que yo y todo lo que vaya por ese camino me hace sentir como una reina destronada o sin trono. y Creedme que es un sinvivir. Es como sentir que no vales nada. Mi trabaja es muy absorbente pero es que en él he fundamentado mi autoestima todos estos años. Me sacas de esto y me siento como una colilla o peor. Y últimamente siento que no valgo ni para eso. Que estoy cansada. Frustada. Que no soporto la presión, las responsabilidades y todo lo que conlleva el trono así que he decidido ceder la corona. Como comprenderéis decirle a mi jefe esto no ha sido nada fácil. Ni yo lo he digerido. Sé que lo voy a pasar fatal. De hecho ya lo estoy pasando mal. Lo analizo todo, tengo las neuras a flor de piel y con la comida estoy regular. Vuelco mucho en ella y me descontrolo. Lo dicho, un bajón. Pero creo que debo invertir mucho en este momento porque es la clave, el click que me falta. Ahora mismo estoy escribiendo, por ejemplo, sola en la oficina porque estoy de guardia, y tengo un nudo en el estómago del quince de pensar que he hecho algo mal o que algo va a salir mal mañana. Es una sensación que últimamente me acompaña mucho y que me quita casi la respiración. Pero seguiré luchando por calmarla. Espero que también con vuestra ayuda y ánimos. Un beso enorme a todos….

Los lunes a la sombra

No sé qué les pasa a los lunes. Qué día más complicado. Ahora que mi compañera y amiga ya ha cambiado de trabajo, intento remontar el ánimo, que anda regular. Aunque sé que no me voy a morir, que no va a ser un drama enorme porque todo sigue, me cuesta trabajo seguir aquí, en este trabajo. Es como si todo lo que había a tu alrededor se fuera desmoronando… Hay rachas en las que notas como que las cosas buenas se van yendo de tu lado y te sientes como sola, desvalida. No os pasa? Estoy intentando sacar el positivismo hasta de debajo de las piedras. A veces logro encontrarlo y me viene genial. Otros días se me hace más cuesta arriba. Son muchas horas (algunos días salgo más tarde de las diez de la noche desde por la mañana) y se echa un falta una cara amiga por aquí. Sí, sé que es un trabajo y no mi vida, pero paso casi más tiempo aquí que lo que sería mi vida… En fin. Estoy algo desganada y sé que ahora me toca esto pero siento que siempre hay algo que me dinamita, que me pone con la ansiedad por las nubes… Es mi lucha. Menos mal que algunas cosas sí me van realmente bien. Con mi novio estoy genial y hemos tenido un buen San Valentín. Sí, lo confieso, me encantan esas americanadas. Lo de las cosas es forma de corazón, la cenita, las velas, las flores… Son una romántica empedernida… Y cada año disfruto como una enana con el ambiente de Cupido. Mea culpa. Je je

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