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No os dejéis engañar por las exclamaciones. No es que las castañuelas hayan vuelto a mi vida. Lo prefiero. Por que sé que después de las castañuelas viene el castañazo y eso duele. Así que mejor que las toquen otros. Yo prefiero algo más intermedio. Os cuento. Después de mi episodio pseudohistérico del otro día, la semana la llevo algo mejor. Estoy intentando frenar mi cabeza loca. Están pasando miles de cosas. A mi amigo lo han despedido y mi amiga, la que trabaja frente a mi y es mi otro yo, se va a final de la semana próxima a trabajar a otro sitio. Y no puedo negar que me siento como si viniera el lobo, como si estuviera al borde del precipicio y no fuera a poder. Ahí es donde estoy intentando cambiar el chip. Pienso en lugar de que no voy a poder que me va a costar o que por qué no voy a poder, si ellos estarán cerca de mí y cuando los necesite sólo tengo que silbar. Eso y mi ego. Vaya tela con mi ego. Me pone de los nervios ver que la gente me supera en algo y sentirme mediocre. En eso también estoy pisando el freno. Me sale el bicho que llevo dentro y quiero comerme a la gente, me vuelvo muy agresiva… Lo reconozco y lo asumo. Así que a ratos digo, es el momento de no abrir la boca por un rato porque sabes que lo que va a salir no va a ser nada bueno. Y funciona… Aunque tampoco podré estar toda la vida callada… Todo esto se traduce (¿os sonará?) en que tengo menos ansiedad y se refleja menos en mi relación con la comida. Y lo agradezco infinitamente. Bueno. Ahora os dejo que en mi tarea de pensar qué necesito para mí misma he decidido que me voy con mis amigos a cenar a un japonés y he medio obligado a mi novio, un amante bandido de estar en casa. A ver cómo me sale. Espero no sentirme culpalble por arrastrarle. Voy a empezar a tocar la tecla mental desde ya. Besos a todos. Y, mil gracias por los mensajes de apoyo del otro día. A Victoria y a Carlota. Gracias por compartir esto, lo mío y lo vuestro. De corazón

Amanece y es otro día

Y menos mal. Después del vapuleo que me dio anoche la ansiedad, he de decir que hoy me he levantado mejor. No para tirar cohetes, porque más tranquila. Voy a contaros un poco qué hice después de escribir el post de ayer. La verdad es que depués de echar unas lágrimas, empecé a pensar a quién podía llamar para desahogarme. Pero, como siempre, pensé en que sería una carga, en que es muy monótono lo que me pasa, y todo ese rollo machaque que me hace mi cabeza. Así que me fui a mi casa sola, con mis gatos, y me puse una película. Me ayudó algo pero sé que si hubiera sido capaz de descolgar el teléfono dejando a un lado mi orgullo todo hubiera ido mejor. Pero ahí esta el ‘quiz’ de la cuestión: ahora me cuesta que la gente que tengo altibajos. Es como si sólo me tocara estar bien y recomponerme yo sola. Lo cierto es que en mi casa, fuera del entorno de la oficina, la cosa bajó pero para la próxima sé que debo tirar de los demás, como ellos harían. Es mi próxima tarea. Bueno, tarea no que sino me cargo otra vez más y me exijo al máximo. Diagmos que debo hacerlo… Besitos. Os sigo contando mis progresos. Me voy para casa. Sin Internet y sin periódicos por medio…

La angustia, una y otra vez

Ahora mismo no quiero nada más que cerrar los ojos. Dormir para no sentir este nudo en el estómago, este ardor que me está casi consumiendo. Acabo de terminar de trabajar y me martillean todos los mensajes de que algo va a salir mal, de que mañana me caerá bronca y de que no valgo para nada. Los siento tan reales que no puedo más… Envidio a la gente que hace su trabajo y punto, sin darle muchas vueltas a la cabeza, sin preocuparse más que por el ahora. Me cuesta tanto. Me siento tan paranoica, tan inferior, como si fuera a explotar de la angustia… Sólo me queda irme a casa. Me he alquilado unas películas de vídeo porque mi novio se ha ido con los amigos. Me siento tan mal… Espero que pase un poco. Un beso…

Si la mochila se llena, hay que intentar vaciarla

Hola. Son las nueve y media de la noche del domingo. Ahora que por fin tengo internet en casa, -aunque por poco tiempo, después volveré a los años 60 (je, je)- aprovecho que mi novio está haciendo la cena para compartir unas cositas con vosotros. Estos días, como os dije en mi anterior post, siento que llevo de nuevo la mochila con más peso de la cuenta. Hay varios frentes abiertos. Todos me cuestan igual y me hacen sufrir a ratos.

Uno es mi familia. Digamos que mi madre no está pasando por muy buen momento y ella, la entiendo, me trasmite su angustia pero sin ponerle nombre, de una forma muy rara que a mí me hace saltar. Por ejemplo, con el hiperproteccionismo o analizándome más de lo que yo hago conmigo mismo, que ya es decir. El otro día empezó a cuestionar mi forma e hablar, si lo hacía muy rápido, o hizo referencia a un reportaje mío con un tono de voz familiar, el de la exigencia, para acabar dándome a entender que no lo había entendido. Ya sé que debo verlo desde su prisma y no atribuirme las cosas pero me cuesta horrores. Es mi madre y está siempre ahí, sobre mi cabeza. En fin.

El otro frente es Santi, mi novio. Veo cosas en mi relación que me cargan, que no me gustan, especialmente nuestra disparidad de gustos, aficiones y biorritmos. Me explico. A él le encanta la casa, tanto que puede estar 72 horas dentro, y a mí me gusta mucho la calle, no sólo para salir sino para dar un paseo, ir al cine o a cotillear en las tiendas. Llevo con el seis años y le he acostumbrado tanto a que eso lo hago sola o con otros que ahora, cuando intento pedirlo, siempre acabo enfadada. Es cierto que al final dice ‘venga, vamos’ pero el temor a la culpabilidad posterior si hace algún comentario o pone alguna cara me retrae de dar el paso y al final siempre cedo yo. Y vuelta al principio, otro paso a que se acomode. No es una cuestión de dejarlo, porque nos queremos mucho. Sé que hace esfuerzos, los veo, pero cuando estoy más baja de ánimo todo el castillo de naipes se va a la mierda y entro en el círculo negativo. Lo bueno es que ahora puedo hablarle y decirle lo que quiero, que ya es un paso.

Respecto al trabajo, había llegado a un punto en que tenía más o menos controlada mi exigencia pero ahora noto que se me desboca de nuevo. Sube la competitividad, el control hacia lo que hacen los demás y querer ser la mejor. Eso me hace presionarme tanto que acabo exhausta. y aunque discuto conmigo misma y me freno, hay días que se me va y siento hasta que odio a todo el mundo. Es muy dañino, lo sé. En ello estoy, intentando reconducirlo una vez más…

Y como consecuencia de todo lo anterior, está la ansiedad con la comida. Aunque nada de lo que me pasa es comparable con lo de antes (los fantasmas del cuerpo casi no aparecen y convivo muy bien con él) sí es cierto que en momentos puntuales vuelco en la comida expectativas para satisfacerme que luego no tienen, ya lo sé, pero es como un eco que está ahí y vuelve de vez en cuando. Me aterra esto, especialmente pensar que no pueda controlarlo y se me vaya de las manos o que tenga que vivir así eternamente. Por eso muchas veces pienso en tirar la toalla. Quería compartirlo. Sacarlo. Sin vergüenza. Por eso estoy aquí, para hacer el camino con vosotros. Gracias por acompañarme.

Otra vez los FANTASMAS

Qué difícil es esto!. A veces me entran ganas de tirar la toalla, he de reconocerlo, porque se hace tan cuesta arriba en algunos momentos que no sabes si todo era más fácil antes. Gracias a Dios, estos pensamientos negativos no tardan mucho en volver a su sitio y recolocar lo que quieres y lo que sabes que necesitas: curarte. A mí me está pasando ahora. Vuelven los fantasmas, que están siempre ahí acechando para ver cuándo pueden volver a tener el protagonismo que buscan, y vuelven los miedos, las dudas, las inseguridades, la exigencia extrema y la ansiedad por la comidad. Tiemblo sólo de pensar que pueda volver atrás, que no sea capaza de salvar este bache. Luego tiro yo sola de mí para arriba y me pongo las pilas, me digo ‘claro que puedes, pequeña. Si los has hecho otras veces esta no va a ser distinta’. Pero reconozco que el desgaste a veces es doloroso. Los fantasmas están ahí, son parte de mi vida y de mi personalidad. Mi tendencia a ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno y a la que intento darle la vuelta cada día. Esa es la lucha y ya os digo que NO PIENSO TIRAR LA TOALLA. Con todo lo que he ganado en este tiempo de tratamiento y todos los fantasmas que ya están en el olvido, los que quedan irán por el mismo camino. SEGURO.

PD: Gracias a todos por vuestro mensajes. a los que estáis luchando, seguid haciéndolo. a los que no habéis pedido ayuda, ánimo, merece la pena. Y a tí, Raquel, mil gracias. Siempre me acuerdo de aquellas terapias tuyas que fueron mano de santo, de la caña que me diste y de tu apoyo, que siempre está en el aire. Un beso enorme…

Feliz Navidad y Mejor 2009

Hola a todos. Siento la tardanza en escribir pero a ver si los Reyes Magos me regalan una conexión a Internet desde mi casa porque solo puedo conectarme desde el trabajo y si os cuento a las horas que estoy saliendo seguro que no os lo creeis. Nos han cambiado el sistema operativo (después de ocho años con MAC ahora tenemos PC) y con lo que me gustan los cambios esto ha sido un poco estresante. Sí, los cambios, ese bicho con dos cabezas y con cuernos que suele ponernos al borde del precipicio. Pero al final todo sale y siempre mejor de lo que pensábamos. No se muere nadie y todo sale, mejor o peor, pero sale. No sé por qué nos cuenta tanto mentalizarnos, con el paso de los años y de la experiencia, que en nuestra cabeza los mensajes casi siempre son catastrofistas y dramáticos y si no los paramos nos acaban inundando e incapacitando en nuestro día a día. He de decir que eso, al menos, ya lo he aprendido. Y me va muy bien. Después de mis segundas vacaciones, que han sido realmente buenas, he vuelto haciendo un esfuerzo de positivismo que me está dando muy buenos resultados. Si estoy atascada, espero a desatascarme para seguir. Sin machacarme que esdo ya sé que se me da muy bien. Si voy a acabar a las mil, pienso que mañana será mejor o que por lo menos cuando llegue a casa podré estar tranquila, con mis gatos, con mi novio y  en mi sofá. Que por cierto, ahora me gusta estar en mi casa, algo que antes odiaba a muerte. Así que mis navidades serán, espero, buenas. Como quiero que sean las vuestras. Aunque mi familia no está muy bien avenida intentaré disfrutar como pueda de cada momento. Os deseo lo mismo a vosotros. De corazón. Seguimos hablando. Feliz Navidad y Mejor 2009.

El otro yo también soy yo

Hola ciberespacio. Aquí ando de nuevo. Quería compartir con vosotros mis logros, que sigo haciéndolos. Con esfuerzo pero con resultados positivos, que es lo importante. He pasado en las últimas semanas problemillas con la comidad, aunque me avergüece en cierta manera contarlo porque ya son tres años de tratamiento y me gustaría que el fantasma no estuviera. Pero está. Viene al cuento aquí el título del post. Y es que ese otro yo también soy yo. La que acaba recurriendo a satisfacerse con la comida para tapar otras insatisfaciones más profundas que tienen que ver con mi vida, con mi día a día, con el que sigo siendo muy crítica. No es que me haya dado atracones, pero sí me he permitido descuidarme más de la cuenta. Un juego muy peligros para el que hay que estar muy alerta. Ahora lo estoy. Es parte de la curación, caer y recomponerte. Sacudirte de encima el polvo de la chaqueta y seguir con la frente bien alta, porque el camino andado no lo vas a desandar. Tienes que repetírtelo una y otra vez… Así que ahora estoy en la fase de mimarme, que me gusta, aunque a veces se convierte en una cuesta arriba porque es más cómoda, al menos al momento, la pose de mártir y triste, de nadie me quiere, nadie me cuida, me tiro en el sofá. Pero con el tiempo te das cuenta de que eso no funciona. Antes tampoco, porque te hace sentirte fatal a la larga, pero ahora menos. Ya has descubierto tus cartas, a tí misma la primera, y sabes que eso es pan para hoy y hambre para mañana. Hay que mirar alrededor y buscar la belleza en las pequeñas cosas: una película, una conversación con alguien, un abrazo de tu pareja. Y eso te da gasolina para dejar de mirarte el ombligo negativo por un rato largo. Ahí estoy yo. Buscando mis rincones en mis días frenéticos, en los que no tengo tiempo para nada que no sea obligaciones. Hay que librar minutos para las devociones y para nosotros. Que ya está bien de sufrir. Así que en esas ando. No dejándome llevar por el otro yo que también soy yo… Aprendiendo a convivir con él sin que gane la batalla. Besos

Sentido y sensibilidad

Viene al cuento el título de esta película, bellísima por cierto, para contaos un poco cómo ando. Llevo muchos dáis sin escribir, lo sé. He estado liada. Bueno, sigo así. Mi vida es un poco frenética y a veces pienso que las responsabilidades me crecen como los enanos o quizá que yo me las busco o que me pongo más de las que tengo. Pero el resultado es ese desenfreno que me lleva de un lado para otro. Intento buscar huecos para mí y a veces lo consiguo. Y es genial. Pensar que quieres ir al cine y hacerlo, aparcando el deber por el querer, aunque surja la culpabilidad a cada momento. Y ese sigue siendo mi gran caballo de batalla, la sensibilidad. A veces me pregunto si se puede modelar y la respuesta es difícil. Creo que he dado bastantes pasos pero que soy así, sin más: SENSIBLE. a veces demasiado. Cuando me hacen un comentario feo en ocasiones siento un nudo y unas ganas de llorar que tengo que pararme, discutir con mi cabeza y recomponerme. Dios, es superduro. Toca asumir, aceptar, pero es una losa sentir ese desgarro. Mi responsabilidad, de nuevo, sale a flote. Ser perfectita, para todos. Y si no lo eres, el bajón. Lo dicho, es mi lucha. Creo que en muchos aspectos empiezo a aceptar de buen grado cómo soy. No me escondo. Ni mi humor negro, que a muchos les pesa, ni mi momento maruja, ni mi lado justiciero. Lo tengo, lo veo y lo acepto. Lo de ser vulnerable lo llevo peor pero estoy en el camino. Por cierto, mis disculpas a todos los que habéis escrito estos días. Espero poder iros contestando… Os animo a buscar un sitio donde os pongan en el camino, como a mí. Es duro pero es vital. Besos fuertessss

Estoy de vuelta…

Hola a tod@s. Ya estoy de vuelta. Bueno, al trabajo no. Hasta el lunes no empiezo y ya le veo las orejas al lobo. De un tiempo a esta parte he perdido la ilusión por el trabajao que alguna vez tuve pero supongo que ese es el quiz de la cuestión, que todo lo ponía en el trabajo y ahora tengo que buscarlo en otras cosas no? A lo que voy. Estos días he estado d vacacaciones (sigo) y como no tengo ordenador, de ahí este salto. He estado en Amsterdam y Berlín. Estaba deseando viajar por Europa. Lo más lejos que había ido era a Portugal y, aunque me encanta, he comprobado que no es lo mismo. En el viaje he estado luchando con mis pensamientos obsesivos, leáse pánico al avión, hipercontrol, hiperorganización y dudas con la comida. Pero aquí estoy, He de decir que el balance es bueno. Me voy conociendo mejor, aunque haya cosas que me gusten más bien poco, pero las sobrellevo. Me dicen que me toca aceptar, es difícil, de verdad. Porque una de las ilusiones que nos hace enfermar es ser perfecta y cuando te das cuenta que eso ni se pude lograr ni existe, te frustras. Pero en ello estoy y no pienso dejar el tratamiento hasta que llegue al final. A los que me leéis y a vosotras dos, saludos de nuevo. Espero que la cosa os vaya mejor… Veo que algo sí. Ahora me voy a comprar que esta noche he invitado por mi cumpleaños a cenar a un regimiento. Ayer me cayeron los 31. Tela… Besitos

Pedid ayuda, sin complejos

Hola, especialmente a vosotras dos. He leído vuestros últimos mensajes y me alegra todo, hasta tu tropiezo Pastu. Eso te ayuda a ser más fuerte y a aprender de tus errores. Analiza el antes, el durante y el después y busca donde ha estado el traspié. Cuando yo empecé la terapia me dijeron: la clave está en intentar no subir los últimos peldaños, bajarse antes. A veces es imposible, llegas arriba y luego te caes. Pero es cierto que hay varios momentos que puedes controlar, donde puedes parar, y si lo piensas fríamente no es tan difícil. Yo, como sabéis, llevo casi tres años sin darme atracones. Empecé el tratamiento y confíe totalmente en ellos, pero muchos de los pensamientos de entonces siguen. Ahora los ignoro o, por decirlo más finamente, los mando a la mierda. También reconozco que es fundamental pedir ayuda en el momento justo. Durante meses no pude hacerme de comer ni elegirme las comidas, ni tan siquiera las horas. Los días que le veais las orejas al lobo a lo mejor tenéis que hacer eso. Así le quitas fuerza a los alimentos. Por ejemplo tú, Pastu, puedes pedir a alguien que te ponga la merienda. Si no lo eliges tú, la culpabilidad baja. Es matemático… Yo, por ejemplo, he pasado un fin de semana de traca. He tenido tres celebraciones seguidas con mesas repletas. Creo que me he pasado en alguna, al menos eso es lo que me dice mi vocecita, y me asalta la culpabilidad. Pienso, Dios, que putada, con lo bien que iba. Pero es que eso es lo que hace todo el mundo. Algunos días se pasa. Y si seguimos haciendo cálculos no acabaremos nunca. respecto a lo de estar obesa, yo sí sé de lo que hablo. Yo llegué a tener obesidad mórbida y de un día para otro me dio por irme al extremo anoréxico, comía lo mínimo para poder seguir teniendo fuerzas, hasta que el médico me dijo que estaba en mi peso. Era muy infeliz siendo obesa, pero ahí está el error. Nosotras pensamos que gordo es obeso. No. Obeso es una enfermedad, tener unos kilos de más no es nada malo. Pero nuestro criterio ya no vale, es erróneo desde hace años. Es una báscula mental. No real. Yo adelgacé, sí, pero idealizaba a una mujer tipo modelo que nunca llegó ni nunca iba a llegar porque mi cuerpo es el que es. Ahora dejo de perseguir utopías e intento estar en forma, con mis kilos de más, que los tengo, pero en forma, sana, mental y fisícamente. Y aunque hay ratos en los que me doy algo de grima, la mayoría me veo hasta bien. Y eso me encanta. Y como de todo, que también me encanta. No sé si os sonará todo esto a los mundos de yupi pero es así, tan real como os lo cuento, y os aseguro que estaba tan enganchada como vosotras. Cuando me preguntan dónde está el cambio, ahora sé que estaba en fortalecer mi autoestima, que la tenía puesta en el cuerpo. En cuanto he empezado a quererme y a no macharcarme, a ver cosas de mí que están bien, que le gustan, el envoltorio ya no es el centro de mi mundo. Espero (de hecho lo creo, porque hablar de ello y pedir ayuda es el paso más importante) que lleguéis ahí. Y pedid ayuda siempre que la necesitéis, sin complejos, cada día. Es vital para salir de esto. Besitos. Me voy a comer que ya me suenan las tripas….

Por cierto, os adjunto otra fotografías mía, para que os ríais un poco. Me la hice este verano en una rueda de prensa. Besitos

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