Todo el mundo tiene DÍAS

Hola preciosas o preciosos, que supongo que aunque aún no me haya escrito ningún chico alguno que otro habrá por ahí. Quiero darle especialmente los buenos días a las dos personas que me han escrito últimamente. Y sobre todo quiero daros un abrazo enorme y todo mi ánimo. Nadie mejor que nosotras mismas, ni psicólogos ni psiquiatras puede entender la desesperación que sentimos cuando estamos ahí, en el pozo, y pensamos que esta pesadilla no se va a acabar nunca, que es parte indisoluble de nosotras y que no cambiará. Es mentira. Ese es otro pensamiento más de la enfermedad que quiere arrastrarnos para que estemos siempre ahí, con ella, para que no levantemos cabeza. Se puede y hay que repetirlo cada mañana, cuando nos levantamos, cuando nos  miramos al espejo. Aunque nos veamos gordas, amorfas, aunque tengamos ganas de morirnos. Hay que ser más fuerte y decir se puede, claro que sí, con un par. Os entiendo. Yo estoy en ello. Llevo tres años de tratamiento, al igual que tú, y aunque estoy en una fase avanzada, no estoy curadad en absoluto. Hay días que pienso tanto en la comida que creo que voy a volver a las andadas y me aterra. Pero todo el mundo tiene días, hasta la persona que creemos que es más equilibrada tiene neuras y paranoias. Lo importante es no hacerle tanto caso como le hacemos nosotras, silenciarlas en lugar de darle el altavoz. Siempre pensaba, reiteradamente, en mi mierda, en mi vida, sin importarme nada más. Ahora cuando esucho ese martilleo miro a mi alrededor para distraerme. Pregunto a los demás como están, y se pasa. Por supuesto, a tí que dices que no sabes cóm decirle a tu familia como estás, no cometas ese error. Ocultarlo es lo peor que puedes hacer, también así le das alas. Hay que ser valiente. Es el primer paso. No hay vergüenza, ¿por qué has de tenerla? No has hecho nada malo. Estás enferma y además no de un resfriado. La bulimia no se quita de un día para otro. Es imposible. Y la recuperación tampoco es lineal. Dices que tu novio no te entendía, peor para él. Lo importante es que entiendas y te quieras tú. Piensa seriamente si estás igual que antes. Seguro que no. Seguro que aunque sea en un uno por ciento has avanzado y eso es un clavo donde agarrarte. ¡Si has mejorado un uno por ciento por qué no un 50, y luego un 90! Sé positiva. Te ayudará. En fin. Voy a ponerme a trabajar. Espero seguir sabiendo cosas de vosotras. Un abrazo enorme. Cristina

Estoy viva

Por aquí ando de nuevo. Llevo muchos días sin escribir porque estoy super liada. Para mi el verano es temporada alta, como en los hoteles y en chiringuitos. Hago mucha noche y duermo poco pero este año no quiero descuidarme tanto como otros y mis días libres me los tomo muy en serio. En fin. Creo que la cosa va bien. Este mes de agosto he decidido cogerme vacaciones terapéuticas. Eso es. No voy a ir a mis sesiones de etapa tres hasta septiembre. Creo que me viene bien probarme, ver cómo voy y ver cómo me desenvuelvo con mi día a día y mis paranoias como si dijéramos a pelo. Me hace falta saber que la cosa va bien y creo que así es. Con mis altibajos y mis pequeñas obsesiones, que tengo algunas, pero sin estar incapacitada para las cosas que hago. No sé si os puedo transmitir en condiciones el cambio que supone tener una vida normal pero os digo que es genial. Apenas lloro y antes lo hacía por todo. Paro mi cabeza, mis angustias y mi negatividad. Sobre todo con mi cuerpo. Antes me costaba un mundo arreglarme y ahora lo hago con normalidad, aunque algunos días no me vea bien. Pero no me impide salir de mi casa. Y os seguiré contando que para variar me reclaman. Besitos mil…

Lo que me rodea

Aquí estoy de nuevo. Como prometí la última vez hoy voy a contaros un poco de mi vida, de mi día a día, para que no sea todo tan reiterativa y para que entendáis un poco más de dónde vengo y hacia dónde quiero ir. Para empezar, diré lo básico. Tengo 30 años, nací en Málaga pero llevo siete años viviendo en Marbella por motivos de trabajo, soy periodista del DIARIO SUR, un periódico diario de Málaga y tengo novio desde hace seis años. Se llama Santi y ha sido, es y será mi apoyo más fuerte. Además tengo una ‘mejor amiga’ en Málaga, con la que comparto mis andanzas desde el instituto, algunas otras desperdigadas por España y un grupo genial en Marbella, a mi lado, compañeros de la profesión con los que me río mucho y que me apoyan en mis neuras. Que no es poco. Mis días son frenéticos. Trabajo cinco días y normalmente descanso los fines de semana. Entro a trabajar a las once pero varios días me levanto a las ocho de la mañana para ir al gimnasio que es la mejor terapia contra el estrés que hay. Antes me costaba un mundo ir a hacer deporte. Me sentía pesada, descolocada y hasta tonta. Ahora lo considero algo imprescindible aunque lo de madrugar lo lleve fatal. En el trabajo estoy hasta mediodía. De ahí a mi casa a comer (tardo unos 20 minutos en coche) y a las cinco vuelta a la oficina. Hasta que termine. Y eso es imprevisible, me pueden dar las nueve, las diez o las once. Eso es lo que más me quema. A veces siento que no tengo otra vida que el periódico y ha sido algo que he tenido que trabajar en el tratamiento. Buscar mis huecos, mi espacio, mi ocio. No dejar que lo eclipsara todo como hizo durante años. Entre mis planes más próximos está casarme, si convenzo a  mi novio que aborrece esas cosas, y tener hijos. Entretanto, mi instinto maternal lo calmo con tres gatos. Me encantan, son como mi otro yo. Tengo uno ciego. Se llama Stevie, por el cantante, y dos más que se colaron en mi jardín y que se han acoplado. A veces me saturan porque son muy cafres y lo dejan todo fatal y me entran los agobios de la limpieza. Pero me encantan. Y qué más. Pues que me gusta mucho la música, cantar cuando voy conduciendo, el cine y viajar. Santi y yo nos compramos un piso, un bajo con jardín en Marbella hace tres años, y eso nos obliga a privarnos de algunos caprichos pero me encanta mi casa. Cada día más. Antes no la soportaba por mi exigencia y mi perfeccionismo. Ahora sí. El resto os lo seguiré contando otro día. Besos a todos

Esta vez me cuesta arrancar…

Hola de nuevo. Por aquí ando. Llevo unos días un poco de bajón, como os comenté el otro día. La verdad es que es difícil llevar todo lo que llevo para adelante y no desfallecer, no tener dudas, no tener miedos, no tener inseguridad. Antes de seguir me gustaría agradecer a los que me escribís. Me encanta recibir vuestro mensaje (será por ese punto egocéntrico que tengo, je, je) pero es un gustazo saber que hay alguien al otro lado. Y sigo. Decía que están siendo unos días raros. Esos en los que te notas que tienes que hacer un esfuerzo doble para levantarte, ir a trabajar, no postergar las cosas que tienes que hacer sin caerte… Es algo con lo que hay que luchar de vez en cuando. No sólo yo, la gente normal. Todos tenemos altibajos, más o menos marcados, pero los tenemos, lo importante es no dejarnos llevar del todo. Sobrevivir esos días hasta que pase. Eso lo he aprendido en todo este tiempo. Se trata básicamente de no montar dramas y de no pensar “¡Oh Díos! Otra ves igual. Sigo enferma. No voy a poner!” y todas esas barbaridades que nos decimos continuamente. Cuesta mucho. No os voy a mentir. Muchos días pienso esas cosas porque me veo incapaz, con poca iniciativa y hasta un poco tonta. Pero sigo aquí y eso me hace remontar. También he de tener cuidado con la comidad porque me asaltan pensamientos feo. No como antes, de atracones ni nada, pero sí de intentar focalizar en cierto tipos de alimentos mi angustia. Digamos que es cuestión de estar atenta y de plantar cara a este coco que nos ha dado Dios. Pues bueno, seguiré contanto cositas. Ahora sigo con el trabajo. La próxima os contaré cosas más personales para que me conozcáis, que creo que he contado poco de mí y de mi vida diaria… Besitos

Ya llegó el bajón…

Hola familia cibernética… Ya ha pasado lo peor. Mi jefe a vuelto y yo vuelvo por extensión a mis labores de la segunda fila. Y el bajón, era lógico, tenía que aparecer. Ha sido casi un mes de estrés concentrado, donde me ha pasado casi de todo lo que me podía pasar profesionalmente, y estoy bastante satisfecha con el resultado, teniendo en cuenta lo exigente que suelo ser conmigo mismo y lo que me machaco, aunque no tanto como podéis leer en mi anterior post. Lo cierto es que me ha pasado como cuando te bajas de la bicicleta y te sientas. La adrenalina, las pulsaciones, se van al otro extremo en cuestión de segundos. No es tristeza, sólo como si estuviera a cámara lenta. Creo que es que ahora tengo que digerir todo lo que me ha pasado y me sigue pasando. Los cambios en mí, los personales y los profesionales. Saber gestionar lo que pienso, apartar la negatividad que tenía antes y esas cosas que compartimos muchos de nosotros y la mayoría de los mortales. Para eso, y aunque me siga costando un poco de trabajo reclamar algunas cosas que me corresponden, me he pedido mañana libre, para descansar tres días seguidos y cuidarme, disfrutar, relajarme. He de confesar que a veces me da un poco de miedo desbordarme. Hay días que pienso en la comida, en lo que hacía antes y en si ese sería un camino para calmar el bajón. Sé que no. Lo sé más que nunca. Pero son esas evocaciones, los recuerdos, que siguen ahí y sé que seguirán por algún tiempo. Sólo hay que enfrentarlos de cara y con valentía. Bueno, corto ya. Voy a terminar otra cosilla que me queda por hacer. Espero que os sirva lo que os cuento. A mí muchos. Besos desde Marbella…

La libreta de mis mil machaques

Hola a todos. Hoy que tengo un huequito y que va pasando lo peor (mi jefe ya llega el miércoles) quiero compartir con vosotros algo que encontré el otro día en un cajón. Me sorprendí un montón. Una pequeña libreta con una cuerdecita en la que hace años, por lo menos cuatro, empecé a escribir lo que pasabe por mi cabeza por consejo terapeútico de la psicóloga que entonces me trataba. Ahí van.

“Viernes 29. Atracón. Me quedo sola en el trabajo. No sé tomar decisiones. Todo lo que hago me parece mal y creo que todo lo que hacen los demás es mucho mejor. Compro mucha comida y acabao vomitando”

“Sábado 30. No me quiero levantar. No tengo pensamientos concretos o no sé cuáles son. Me bombardean. Como el de enfrentarme a otro día. Ni tiene sentido apuntar los pensamientos negativos porque me va a faltar libreta”

“Domingo 31. Huelo mal y la gente no se acerca por eso. No se acercan a mi sitio porque huelo mal o porque soy muy gorda y no quieren darme un abrazo. Cena con 14 personas. Me siento muy mal con mi cuerpo y soy una amargada y amargo a todos. Nadie me ha dicho que estoy guapa. La gente me está mirando y se ríe de mí”

“Lunes 1. Me siento mal, hundida, gorda. Necesito comer. ¡Qué más da! Seguro que es por que me voy a poner con la regla. Por unos pocos dulces que me coma no va a pasaar nada. Hace tiempo que no lo hago”

“Martes 2. Estoy gordísima y tengo la cara fea. Parezco un tío. No sé para qué me sacrifico. Nunca me veré bien. Todo esto es para nada. No tengo ganas de arreglarme. Espero no tener que ir a ningún lado para no tener que elegir ropa”.

Y como estos, mil más. Han pasado años y ya no pienso así, afortunadamente, pero muchas veces es bueno saber de dónde vienes para saber a dónde quieres llegar. Yo tengo clarísimo que no cambio nada de mi vida actual, aunque las cosas no salgan siempre como quiero y sepa que tengo limitaciones, por ese otro yo que se machacaba constantemente.. Seguro que muchos os sentís igual. Seguro que si cogéis papel y boligráfo os salen burradas similares. Eso es la enfermedad. Ese runrun que no te deja vivir y que machaca cada vez más. No tiene fin, sólo si tú se lo pones. Doy fe…

Ánimo, tenemos mucho que ganar

Hola preciosa. Esta mañana me has dado una alegría enorme cuando he llegado al trabajo y he visto tu mensaje en el blog. Intuyo por tu email que te llamas Ariadna y también que estás angustiada por comenzar el tratamiento. Sólo quería darte todo mi ánimo y decirte que tienes tanto que ganar si das todo de tí. Si hay alguien que te puede entender perfectamente somos nosotros, cualquiera de las que escribimos en esta página. Sabemos lo que es aislarte, centrarte sólo en tu barriga, en tu ombligo… Y eso acaba por no servir para nada, sólo para volverte arisca, estar siempre triste y frustada y cambiar la preocupación de lo que realmente te hace sentir mal, que serán miles de cosas que no tienen nada que ver cono tu cuerpo pero que ya casi las has olvidado, las has anulado, porque no sabes qué hacer con ella. Espero que estas líneas te sirvan de algo. Y que desde aquí sientas mi abrazo fuerte. Cualquier duda, cualquier cosa, no dudes en contarla. No sólo te ayudamos sino que tú a nosotras también. Un beso y mucho ánimo…

Menudos días llevo…

Díos Santo. Esto se empieza a hacer un poco cuesta arriba. Llevo unos días tan estresantes, sin parar ni un segundo y durmiendo más bien poco, que no sé si las fuerzas me van a durar mucho. Eso sí, he de reconocer que si me pilla todo esto (lo de sustituir a mi jefe casi un mes y la operación policial en Estepona) hace un par de años a estas alturas estaría hartándome de llorar y de comer. Y a día de hoy todavía hay ratos en que me río y desconecto. Menos mal. Bueno, como han pasado varios días desde que os conté cositas voy primero con la presentación del blog en rueda de prensa, que fue el otro día en el CAC de Málaga. La verdad es que pasé nervios. Normal. A mí las cámaras me imponen un poco. La radio lo llevo mejor pero lo de hablar en público, así así. Pero creo que fue bien. Me coloqué allí delante, me temblaba hasta el tabique de la nariz, pero hablé. Al principio temblorosa y después con más soltura, pero lo hice. En fin, lo importante, como siempre, era que llegara bien el mensaje y creo que lo hizo. Os pongo al final un enlace por si queréis ver una de las cosas que se publicaron. Y por lo demás, me gustaría que os animárais más a escribirme. Me encantaría saber de vostras y echaros una mano y que me ayudéis también a pasar este trago. Que sea una horita corta, como dicen. Bueno, de hecho ya me queda poco más de una semana. Besitos a todos y todas http://www.diariosur.es/20080619/sociedad/vivir-rodeado-espejos-20080619.htm

Quién me ha visto y quién me ve

Hola a todos. Gracias por vuestros primeros mensajes. Ánimo a los que estáis en ellos y sí, Sara, soy del centro de Málaga, que se me había olvidado ponerlo en mi presentación con mis despistes habituales. Gracias por tu bienvenida y enhorabuena por tu blog. Bueno, por los de todas, son geniales. Me alegra que os identifiquéis conmigo por la edad, es bueno que se conozca que esta enfermedad no es sólo terreno de adolescentes. Más bien no tiene edad y haber entrado en la treintena o en la cuarentena no tiene que se un óbstaculo para buscar ayuda ni una excusa para creer que el trastorno es parte de la personalidad y que seguirá con nosotros siempre. Se puede, se tenga la edad que se tenga, con gran esfuerzo, por supuesto, pidiendo ayuda a gritos y entendiendo que no tiene que haber ni vergüenza ni una losa por los años ‘perdidos’ (creo que es mejor entrecomillarlos porque eso de perdido suele ser otra forma de machacarnos). No hay nada perdido, lo que sí hay es mucho por ganar. Y de eso os voy a contar un poco hoy. Estos días estoy gratamente sorprendida de mis cambios. Sabía que estaban ahí pero cuando te ves en situaciones comprometidas, donde la responsabilidad está casi en un máxima expresión, compruebas sobre la marcha que no es ni euforia ni exceso de confianza, es real, eres tú. Hay agobios, ciertos temores o miedos (que no pánicos que no me dejaban dormir y que sólo calmaba, o eso creía yo, con los atracones) pero son más reales. Y qué queréis que os diga, me siento genial. A veces ni me creo que sea yo y se me saltan las lágrimas. Como le decía ayer a mi amiga, mi compañera de trabajo: “Quién me ha visto y quién me ve”. A veces me pregunto a mí misma cómo ha sido el cambio, de odiarme tan profundamente como lo hacía antes, de no querer ni verme, ni en fotografías, ni el espejo, ni leer lo que escribía, no temblar por miedo al fracaso, de no soportar las frustraciones. Creo que la clave está en verte en el espejo pero de verdad. Ver lo que eres, lo malo y lo bueno, y respetarlo, mimarlo, entenderlo. No darte cabezazos contra la pared por las cosas que no puedes cambiar, que seguramente son más bellas de lo que os creéis. Como tener carácter. Antes quería ser una especie de ‘candy candy’, como solía decir. Siempre agradar, siempre estar bien, cuando por dentro la ira crecía… Ahora, si tengo que plantarme, dar mi opinión y pornerme seria, sin ser maleducada o brusca (hay que buscar el punto medio) ahí que me pongo… Y sin preocuparme tanto como antes los que piensen los demás. ¡Qué alivio!. Así que en esas estamos. Estas semanas tengo mi prueba de fuego… Soy digamos que la responsable. A ver cómo sigue yendo. Os seguiré informando puntualmente. Besos a todos y os mando todo mi ánimo por la red…. MUAK.

Las máscaras no pueden durar eternamente

Resumir en tan pocas líneas todo lo que he vivido en estos años y el camino en el que me encuentro ahora –fascinante, ya os lo adelanto– es casi imposible pero os iré avanzando algo para que me vayáis conociendo un poco, a ver si desde aquí os puedo transmitir toda la energía positiva que desde ABB, tanto mis compañeros como los terapeutas, me han regalado en este tiempo y que yo ha absorbido con todas mis fuerzas. Empezaré por decir que soy bulímica desde los 14 años, es decir, desde hace 16. Como a muchas de vosotras o vosotros os habrá pasado, en los primeros años no sabía muy bien que tenía, sólo que la angustia que me suponía vivir, cada paso que daba, me desbordaba tanto que no sabía hacer con ella. Y, por supuesto, lo que menos quería era transmitirla ni compartirla, porque era perder un estatus de aparente éxito que me había costado muchos años construir. Pero las máscaras no pueden durar eternamente y por algún lado acaban desconchándose. Le dieran el nombre que le dieran en los sitios por donde pasé, sabía que algo dentro de mí no marchaba bien, que no podía llevar una doble vida que me estaba consumiendo poco a poco. Ahí fue donde me tropecé por casualidad con ABB, un tren al que decidí subirme en marcha porque sabía que ese tenía que ser mi momento, el de la curación, el de vivir una vida más real, más humana, llena de defectos maravillosos que acabas queriendo como parte de tí. Ahora puedo decir que mi día a día es radicalmente distinto. Quiero hacer cosas, no sólo porque son mi obligación, sino porque me apetece. Me gusta estar con la gente, sin pensar en si estoy más gorda o más flaca, más fea o más guapa o si soy divertida u ocurrente. Y es un alivio, la verdad. Todavía me quedan algunos flecos pero ahora sé que se puede. Todos podemos. Sólo tenemos que querer y confiar. El resto viene rodado. En fin, con esto quiero que sepáis un poco de mí, sólo el principio. Como mi tarjeta de presentación. Cualquier cosa que queráis, cualquier duda, sólo tenéis que silbar. Aquí estaré y desde aquí os seguiré escribiendo. Besos enormes.

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