voy a construír la cabaña más guay del mundo!

Hoy amanece nublado. El cielo está gris, triste, como yo.

Necesito escribir, desahogarme…

Cansada de todo. Así me siento. Estoy en una época de mi vida en la que me metería debajo de las sábanas y, pasara lo que pasase, no saldría jamás. Porque no hay nada fuera de ellas que me incite a hacerlo.

Y no tengo ninguna motivación. De acuerdo, quizá solo necesite buscarla, al fin y al cabo la vida está llena de cosas maravillosas…, pero entonces recuerdo aquello que he perdido, y que nunca tendré, y se me van las ganas de motivarme. Solo quiero llorar. Es una extraña fuerza que te dice que te eches en la cama, y llores, y llores, y llores hasta que mueras de sufrimiento, hasta que te ahogues en tu propia pena, hasta que tú misma olvides el motivo de tu desgracia…

Como si eso solucionara algo. Como si con darle más vueltas al asunto, regodearte en él, darte latigazos en la espalda, golpes de pecho, supusiera alguna ayuda…

No tengo ganas de nada, ni de salir, ni de comer, ni de divertirme, ni de hablar con nadie, ni siquiera tengo ganas de verano…

<<Si pudiera dormir eternamente…>> Pero sé que no es posible. La vida sigue, me guste o no, y no voy a perdérmela. No puedo permitirlo. Y sé que esta sensación que hoy me parece un mundo, insoportable, indestructible, desaparecerá. Huirá, exactamente igual a como vino, y entonces saldrá el sol, y adiós nubes, adiós cielo gris encapotado. Porque he salido de cosas peores… mucho peores. Y soy fuerte.

Y aunque esté cansada de todo, de luchar, de que la vida me de palos y más palos… sé que si es tan difícil todo es porque me espera una gran recompensa. Eso me hace sentir mejor, me da esperanzas.

Y entonces, me digo:

Lo más importante es hacerse fuerte, Elena. No dejarte vencer. Porque estos son los baches que pone la vida, y siento desilusionarte, pero vendrán peores. Y los tendrás que superar, y así sucesivamente, y siempre hacia adelante, nunca hacia atrás.

Y, SOBRETODO, NUNCA OLVIDES QUE NO ESTÁS SOLA.

Aunque creas lo contrario, aunque tu cabeza te haga ver que no hay nadie a tu alrededor, sabes por experiencia que eso no es verdad. Que SI PIDES AYUDA, siempre hay un brazo dispuesto a ofrecértela.

AUNQUE CREAS LO CONTRARIO.

Estás rodeada de gente. Gente que te quiere, que te apoya, gente que desea ayudarte, a la que tu ya has ayudado y que no quieren más que devolverte el favor.

Solo tienes que dejarte ayudar. Porque muchas veces eres tú misma la que te alejas, la que se aísla y cree que el mundo va en su contra.

Por último, aunque te sientas más sola que nunca, aunque te entren ganas de llorar al ver todas esas parejitas por la calle, juntos, unidos… y tú te sientas una mierda, has de saber que no ganas nada llorando. Solo hacerte más daño. Y así no vamos a ninguna parte. Las cosas suceden. Vienen a ti.

NO ESPERES MAGIA, PORQUE NO APARECERÁ.

NO LA BUSQUES, PORQUE NO LA ENCONTRARÁS.

SOLO TIENES QUE CREER EN ELLA, ASIMILAR SU AUSENCIA, Y VIVIR, y cuando no te haga falta, entonces, aparecerá.

Será un amor intenso, sublime, increíble, y sí, sufrirás mucho por él. ¿Pero sabes qué? VALDRÁ LA PENA. No como ahora con ese imbécil.

Vales muchísimo. El único problema es que a veces te cuesta recordarlo. Pero es en esas ocasiones cuando tienes que ESCUCHAR y CREER los consejos de los demás.

No olvides que cuando la vida te da palos, es para que después puedas construirte una cabaña con ellos.

no te rindas, LEVÁNTATE ;D!

 

¡Hola! Y buenos días, aunque ya sea casi medianoche =), pero al menos espero que hayan sido buenos para todos.

Siento no haber podido escribir nada antes. He tenido bastantes exámenes, aunque, si soy sincera, no ha sido ese el único motivo.

Durante este tiempo he tenido muchos bajones. Nada grave! =) Todo el mundo los tiene, algunos más, otros menos, otros lo ignoran y son capaces de sobrellevarlo mejor…

Yo era de las que me dejaba llevar, sin importar donde; ahora soy capaz de superarlo con tiempo y fuerzas, sin embargo, antes era brutal.

¿No os ha pasado que en alguna mala época sabéis perfectamente que es lo que os vendría bien en ese momento, hablar, salir, escribir, y no lo habéis hecho, por alguna extraña fuerza a la que no os apetece encontrarle significado?

Me refiero a estar tumbada en la cama, triste, deprimida, saber que lo que te vendría mejor es salir, correr, escribir, distraerte, cualquier cosa antes que seguir torturándote y dándote golpes de pecho, y no hacerlo.

¿Por qué?, te preguntas. Pero no lo sabes. O prefieres no saberlo.

BIEN, NO PUEDO CONTESTAR A ESO. Es algo subjetivo y está relacionado con cosas que suceden en el mundo personal de cada uno.

Pero sí puedo decir que es debido a algo que nos paraliza, que nos detiene, que nos encuentra vayamos donde vayamos, nos obstaculiza el camino y siempre está ahí, aunque no lo veamos.

¿Sabéis de qué hablo?

EL MIEDO.

Por culpa del miedo he llorado, he sufrido me he aislado de mis amigos , de mi familia, mi gente, la que me quiere, a la que le importo, me he perdido risas, momentos inolvidables, juegos, pasiones, AMORES, me he torturado, me he herido físicamente, he cometido errores imperdonables, me he creído mentiras, he roto espejos, ilusiones, esperanzas, he dado la espalda al futuro, a mi vida, incluso he estado a punto de perderme a mí misma…

Toda la felicidad que ahora me proporcionan esas efímeras sensaciones… al encontrarme un viejo amigo por la calle y ver que me reconoce, que me saluda, que sabe quién soy, al conversar con mi padre, pedirle consejo, hacer algo juntos, poder ayudar a mi hermano, ir a comprar o al cine con mi madre, sin preocupaciones, sin peleas, reírme, hacer el tonto, dejarme llevar, decir lo que pienso cuando quiero, como quiero, como me salga. Poder decir: “Aquí estoy, esta soy yo, sin barreras, sin disfraces, no hay más”, y sentir cada palabra como si me perteneciera, como si fueran mías.

La tonta felicidad de ir escuchando música, cantando por la calle, que me da igual que me escuchen, que me miren, lo que piensen, si el pelo lo tengo revuelto, si estos pantalones me hacen gorda, si ese chico guapo no me ha mirado….

TODO LO QUE EL MIEDO ME HA IMPEDIDO HACER, OBTENER, EXPERIMENTAR, CREAR, IMAGINAR, DISFRUTAR, COMPRENDER…

¿REALMENTE MERECE LA PENA?

¿Qué hacer entonces? El miedo es algo natural, casi como respirar, todos lo sentimos. Es incluso necesario. Sino, ¿quién nos ha salvado en más de una ocasión de cometer una verdadera estupidez?

Y lo que es más importante: si está ahí, si existe, es porque se puede superar.

EL VERDADERO PROBLEMA ESTÁ EN SABER DECIR ¡BASTA! Poner punto y final, se acabó el estar mal, los lloriqueos, los continuos pensamientos de “todo me da igual”, “no le importo a nadie”, “doy asco”, “me odio”, Porque no existe medicina real para curar el miedo.

Solo tú misma, solo tú, eres la única capaz de pararlo, porque es posible sobreponerse al dolor, y lo más importante: merece la pena, y no me cansaré de repetirlo.

Por todo lo que he dicho anteriormente… Por eso, cuando esté mal, triste, cansada, rendida, me diré:

LEVÁNTATE. NO LLORES MÁS. ASÍ NO VAS A NINGUNA PARTE, LUCHA. Porque eres una luchadora nata y el dolor y el miedo están ahí para que te lo demuestres. Y no olvides que hay veces en la vida hay que saber luchar, no sólo sin fuerzas, sino también sin esperanzas.

¡Hola de nuevo a todos! =]

Bueno, encontré la otra noche la historia que escribí en el concurso, y con la cual no gané.

Cuando la leí por primera vez después de mucho tiempo, no pude evitar reírme. Reírme por las vueltas que da la vida, y las casualidades (o no) del destino.

El título que me dieron para escribir el relato era :

¿Qué veo cuando me miro en el espejo?

Increíble, ¿eh? Pues esperad a leer, porque es mucho más que eso…

Nota: No está muy bien redactado, y vais a ver que la historia no tiene mucho sentido, pero a ver si podéis encontrarle cierto matiz en el final… Yo lo he hecho.

 

El agua serpentea en los océanos, ríos, lagos, arroyos. Reflejan la imagen material, la reviven. A través de la luz imitan nuestro aspecto.

Sin embargo, en un mundo que carece de agua, las personas miran en los espejos esperando ver la efigie más hermosa del mundo.

En un espacio aislado y parcialmente deshabitado, Amy sueña con contemplar su aspecto en uno de estos espejos. Arrastrada involuntariamente por sus sueños, termina emprendiendo un viaje en busca de la imagen perdida.

Dados unos días, oye hablar de los dos únicos espejos que existen en la Tierra.

<<Escondidos en el interior del viento, custodiados por fuertes rocas y terribles relámpagos, y descansando bajo la blanca nieve se hallaban los dos espejos reflejadotes, pero, llegado el momento, has de elegir uno de ellos. Cuidado, tu elección puede ser fatal, pues escoger el espejo equivocado podría llevarte a la locura, puesto que nadie sería capaz de soportar tal atrocidad.>>

Las leyendas que le contaban los pueblerinos avivaban sus ansias y su curiosidad por encontrarlos. Una nueva fuerza nacida en su interior la impulsó a cruzar cordilleras y ásperos desiertos, mesetas y llanuras interminables, hasta llegar a la Montaña que Ruge. Amy subió escalando mediante unas resistentes cuerdas, las rocas, guardianes impertérritos, la arañaron, abriendo heridas en su carne reseca, y la señalaron, inmortales. Habiendo pasado la primera prueba, llegó a la cima de la Montaña que Ruge y, seguidamente cierto, los relámpagos refulgieron en el cielo nevado, asustando a la pequeña Amy, quien los esquivaba entre temblores. Pasados los relámpagos, ya solo quedaba el viento que aullaba desviándola de su camino.

No obstante, Amy no vaciló y resistió las fuertes y ágiles embestidas del viento. Se encontró, largo rato después, ante dos cristalinos espejos enmarcados en escrituras arcaicas, en lenguas de pasados remotos.

Amy se plantó ante el primer espejo y se asomó esperando ambiciosamente ver su reflejo en él.

Cual fue su desilusión al contemplar tal desvencijado cuerpo, fruto de todas aquellas desdichas y todos los tormentos a los que había tenido que enfrentarse.

Calló de rodillas y lloró, pensando que todo había sido inútil. Pero entonces, nacida de la desesperación, una nueva esperanza se abrió camino en su corazón, y aproximándose al segundo espejo, se asomó al interior:

Luz, infinita luz y calidez, reconfortable calidez, fue lo que vio, y sintió. Comprendió el enigma encerrado tras los espejos y dio gracias al cielo por ser quien era. Había encontrado su efigie, y al hacerlo, había encontrado su alma, más bonita y hermosa que nunca

 

¿Qué ingenuos podemos llegar a ser, verdad?

¿Cómo nos pueden llegar a suceder estas cosas? ¿Cómo puedes estar tan seguro de que algo no te va a pasar, tener tan claras tus prioridades, tus sueños, tus objetivos, y terminar convirtiéndote en aquello que tanto odias?

La moraleja de esta historia para mí está muy clara.

¿Y SI CUALQUIERA DE NOSOTROS HUBIERA SUBIDO ESA MONTAÑA?

Preocuparse tanto por su aspecto, luchar para conseguir un cuerpo 10, creer que todo va a ser perfecto cuando lo consigas, que todo lo que anhelas va a estar al alcance de tu mano, tus amigos, tu familia, los chicos…, y, por fin, darte cuenta de te has equivocado, que lo que obtienes no se parece nada a lo que querías:

Has magullado tu alma, la has golpeado, la has arañado, azotado, degollado, acuchillado… te has hecho tanto daño a ti mismo, que ya no eres capaz de apreciar nada hermoso, de “disfrutar tu regalo”.

Nada te parece suficiente, nada te hace feliz, nada te satisface.

Y lo peor es que no te das cuenta.

Me refiero al daño inconsciente que nos hacemos cada vez que nos miramos al espejo y sentimos asco, cada vez que nos admiramos en otra persona cualidades que creemos no poseer, cada vez que apartamos un plato, que abrimos la nevera y la cerramos varias veces, que giramos la cabeza al ver un grupo de gente reunida, riéndose; que nos desviamos para coger el camino más solitario, para no ver lo evidente, para sufrir.

Cada vez que apartamos la mirada: “no me pasa nada”, decimos, echamos la llave y nos encerramos a llorar. Cada vez que nos menospreciamos, que sentimos que todo es una mierda, que nada merece la pena, <<todo me da igual>>, la soledad, el miedo, la inferioridad…

Todo forma parte de una misma cosa.

¿Qué veo cuando me miro al espejo? Bueno, creo que está claro.No se trata de una imagen, de un reflejo, de un “que gorda estoy” o “qué fea soy”, no, se trata realmente de los ojos que lo observan con miedo, de la persona que está bajo esa piel, y lo absolutamente triste y sola que se encuentra.

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¡Buenas! =)

Soy Elena, y bueno, soy nueva aquí, aunque para mí nada de esto lo es.
He estado pensando mucho, y dándole vueltas… sobre qué quería conseguir escribiendo aquí.
Ante todo, os doy las gracias de antemano, porque esto me ayuda mucho, y lo que más quiero es poder ayudaros a vosotros también. =) Mutuamente, ¿OK? Confío poder hacerlo lo mejor posible…

También le he dado muchas vueltas al tema que quería tratar primero… Y bueno, no he sacado nada en claro xD. Suele pasar. Estoy nerviosa, y temo no servir de ayuda. Además, por mi cabeza pasan todo tipo de pensamientos: <<¿Y si no sé estar a la altura de las demás? ¿Y si pasan de lo que escriba? ¿Y si nadie me lee, ni me escribe? ¿Y si piensan que…? >>.

Qué dirán…
Eso os debe de sonar a muchos. ¿Y sabéis qué? Me he enfrentado a estos pensamientos miles de veces, y no voy a dejar que me venzan ahora =).
Puede que no sepa hacia donde voy, pero sé que soy y lo que quiero, y quiero ayudaros, y ayudarme. Y sé que, como una vez me dijeron, NADA es imposible si te empeñas en dar lo MEJOR de ti misma.

Esta es la única forma que tengo de quitarme el miedo. Siempre funciona, porque el miedo nace de la inseguridad, de los celos, de la intranquilidad… y lo que yo pretendo conseguir es confianza en mí misma. POSITIVIDAD, VOLUNTAD, ESPERANZA, son mis palabras favoritas. Si tuviera que elegir tres de ellas para hablar el resto de mi vida, serían estas. Solo con eso, soy capaz de conseguir cualquier cosa. Y ni siquiera el miedo es capaz de vencerme.

De hecho, recuerdo el instante a partir del cual comencé a recopilar valor por mí misma. Tendría tres o cuatro años menos, y con ello la seguridad de un semáforo en ámbar en plena ciudad de Nueva York. En serio. Era la primera vez que participaba en un concurso literario, de coca-cola, en el cual debía escribir un relato en un cierto periodo de tiempo sobre un tema que me darían minutos antes de la prueba.
Esa mañana me había levantado después de una larga noche de insomnio, me había colocado mis pantalones favoritos (Eran horrendos, por cierto. Pero me sentía más segura con ellos que con ningún otro.) y me había tomado un valium triple, por lo menos. (Tengo tendencia a híper ventilar fácilmente)
Solo pensar que debía de competir, (esta palabra aún me da escalofríos) con otros treinta niños, que desprendían… ¿cómo lo podría llamar? ¿Potencial? (Da igual lo que fuera; yo no lo tenía). El miedo, la angustia, la inquietud…. me hacían querer volver a casa y meterme en la cama, cerrar los ojos, ponerme la música tan alta que me estallasen los tímpanos.
Pero yo quería estar allí. Deseaba participar, demostrarle a todo el mundo que yo también podía, y lo más importante: demostrármelo a mí misma.
Por eso, y para no caer en el error, había tomado una serie de medidas preventivas.

1-Había escrito en un cuaderno unas cuantos proverbios sobre la autoestima y la seguridad.
2-Había hecho una…, digamos, una especie de “CARTA DE MI PARTE OPTIMISTA”, repleta de frases del tipo <>
3-Le había pedido a mis amigas que me escribieran comentarios haciéndome ver que estaban conmigo, que confiaban en mí y me apoyaban.

No gané, ni de lejos.
Y las medidas fueron útiles la noche anterior. He de admitir que me animaron. Me dieron esperanzas, y conseguí llegar al pensamiento: ¡Sí, puedo hacerlo!, y creérmelo. Sin embargo, en aquel momento preciso, yo sola ante el papel, no es que fueran de mucha ayuda.
La confianza no es una chuleta que te puedas escribir bajo el brazo para sacarla en los momentos vitales; es algo que te acompaña siempre. Y no puedes reflejarla en un trozo de papel, ni en unas palabras. Debes sentirla. Tan natural como los latidos de tu corazón. Y lo más importante, tener fe en ti misma.

Así que aquí estoy de nuevo, sola frente al papel, dispuesta a dar todo lo posible, a no rendirme, a luchar por lo que quiero. Porque sé que si lo deseo con todas mis fuerzas, y voy a por ello, puedo conseguir cualquier cosa.

Y yo me pregunto entonces, ¿por qué hay veces que no logramos nuestros objetivos? ¿Por qué a veces fracasamos en el intento, después de tanto esfuerzo, de tanto luchar?
Como me sucedió a mí en aquel momento.

Sería inútil buscarle una explicación a eso.
Pero hay algo que sí sé:
Hay una gran probabilidad de que no consigas alcanzar tu fin, pero si no luchas, entonces, habrás agotado la única posibilidad que te podría llevar a la victoria.

Y eso es lo que le da significado a la vida. Si siempre lo consiguiéramos todo, no tendría ningún sentido seguir existiendo. Es la lucha, el camino en sí, lo que nos hace estar vivos.
Metas, objetivos, sueños, todo forma parte de un mismo juego: el juego de la vida.
Solo te digo una cosa: cuando tires los dados, ten presente hacia donde quieres dirigirte, y no olvides en ningún instante, que lo mejor de este juego, es que puedes perder, pero nunca dejas de continuar jugando.

Tengo muchas cosas de las que hablar, que contaros, cosas que pienso, que se me pasan por la cabeza cuando voy caminando por la calle, que me ocurren en el día a día…, pero hay tiempo, ¿no?

Yo siempre pienso: <Seguiremos viviendo>. Y sonrío.