Mi historia

Soy partidaria de que la vida de una persona no se puede resumir en palabras y menos, en 10 lineas… Pero así os podreis hacer una idea de como llegué a esto. Seguro que muchos os identificais. Si os interesa otro dia me extiendo más!

Al llegar a cierta edad (alomejor a los 11 años aproximadamente) no me gustaba salir de casa ni ir al colegio. No por los estudios que era lo único que creía que se me daba bien, sino por mis compañeros. Me sentía diferente a todos ellos, como si yo tuviera algo extraño que hacia que no se acercaran a mí. Sacaba buenísimas notas con tal de que me valorasen por ello. En especial mis padres. Quería que estuviesen orgullosos de mí. Empecé a sentir como el mundo era demasiado grande para mí. Que yo no podía enfrentarme a todas esas situaciones y personas nuevas que desconocía. Porque yo era, por supuesto, inferior a todos. Si ya los estudios no me servían para sentirme querida y valorada tenía que cambiar mi horrible forma de ser. Lo intenté tantas veces… Pero no pude. Ahora entiendo el porqué: eso que intentaba cambiar era mi esencia y lo que como a todos, me hacía ser especial. Así que al final sin saber como empecé… decidí cambiar la otra parte de mí que odiaba: mi físico. Me sentía gorda, fea, baja, no me gustaba mi rizado cabello, ni mis labios, ni mi forma de vestir, por no gustarme, no me gustaban ni mis uñas. Todas las demás chicas eran mi modelo a seguir, en especial una.  Sin quererlo ni poderlo evitar dejé de comer y después de miles de intentos logré vomitar. Me sentía desgraciada y sucia. Mi cuerpo había cambiado, cierto, pero ya no sentía nada. Nada de nada. Como mucho, tristeza. Mi día a día tan solo tenía un objetivo: adelgazar.

 

Ahora mi vida consiste en ser feliz disfrutando de la gente a la que quiero y de lo que me gusta. Nunca más me senté enfrente del baño. Donde si me senté fue en la falda de aquellas personas que demostraron quererme.

 

Si yo lo conseguí, ¡tu también!

Un beso,

 

Esther

Una historia que contar… ¡con un final feliz!

“Hace dos años empezó un largo recorrido para ella. Un recorrido muy duro para salir de todo lo que la había estado rodeando hasta entonces. Para llegar a la simple meta de la felicidad o la mera tranquilidad.
Esa chica, desde hacia un tiempo indeterminado, cada día al despertar pensaba en su gran objetivo. Iba corriendo hacia el lugar donde vería su eterno reflejo para comprobar si sus súplicas y esfuerzos habían dado los tan esperados resultados. No era así. Por mucho que mirara e intentara cambiar lo que veía, no podía.
Entonces era el momento de dar ese paso. Subir a esa máquina infernal que conseguía, con tan solo un número, hacerla sentir la más desgraciada, sentir desprecio hacia si misma hasta llegar a odiarse y repugnarse.
Llegado este punto era el momento de la infinita promesa de cada día:
Prometo que mañana lo haré mejor, mañana lo conseguiré.

Ese mañana por desgracia para ella, nunca llegó. Tenía que mejorar sus tácticas y sus mentiras, aprovechar cada segundo. Sus prohibiciones eran cada día más estrictas y si no las cumplía tenía que castigarse. Se lo merecía, merecía hacerse daño, llenarse de insultos, de rabia, aislarse de todo, quedarse sola y llegar a ponerse de rodillas enfrente del baño…

Lo que en un principio era su burbuja de cristal ahora ya era su refugio de metal. Ahí dentro se sentía sola y extraña, pero por lo menos estaba protegida del exterior. Ese exterior que tanto daño le hacía o le había hecho. Todo esto no hacía más que aumentar. Llegó un día en el que la gente de su alrededor, a la que casi había olvidado, no paraba de repetirle que había conseguido lo que quería. Pero todos la mentían. La engañaban.

Eternas discusiones tuvo en su cabeza, muchas personas perdió por el camino, olvidó los sentimientos, olvidó lo que era sonreír, lo que era sentir el calor del Sol, ya no le importaba nada ni nadie de su alrededor. Ni ella misma. Solo le importaba su ancho cuerpo… Hasta que ya fue insoportable. No podía más. Quería desaparecer… Por suerte ella no fue capaz de hacerlo. Llegó el día en que todo eso tenía que terminar…”

Hace dos años, esa chica llegó a un lugar donde le enseñaron que el cuerpo y la imagen no lo era todo. Que no era necesario tener un cuerpo de supermodelo para ser feliz, ser aceptada y sentirse bien con uno mismo. Conoció a muchas personas que sentían lo mismo que ella. Ya no se sentía tan extraña. El principio fue especialmente duro: afrontar el miedo de comer una simple miga de pan, ir siempre acompañada, no poder compensar lo que había comido haciendo ejercicio, vestir en chándal, empezar a hablar sobre lo que le dolía y darse cuenta de que su realidad no era la real.
Poco a poco, con la ayuda de compañeros, fieles amigas, padres, familiares y terapeutas está saliendo de ese refugio de metal. Ya siente el calor del Sol otra vez… No evita ninguna situación porque, todo momento es especial. Disfruta de lo que la rodea y hasta de sí misma. Y por sorprendente que le parezca, es justamente ahora, sin tener el cuerpo que tanto había idealizado, cuando se siente más feliz y tiene al lado gente que la quiere.
Por fin está descubriendo el mundo real…

Espero no llegar demasiado tarde.

1 2 Scroll hacia arriba