Mi historia

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Mi historia empieza el día en que nací. Ese día mi padre no estaba en el hospital para darme la bienvenida al mundo. Mi madre y él se separaron oficialmente cuando yo tenía 2 años, pero la realidad es que nunca estuvo presente, a parte de sus visitas anuales en las que poco teníamos que decirnos.

He tenido complejos físicos desde que tengo uso de razón. Recuerdo que con 6 años miraba las piernas de mi mejor amiga y pensaba ¡“qué delgaditas! y mira las tuyas qué gordas”. Mi cuerpo se desarrolló antes que el de las niñas de mi edad, muy pronto tuve pecho y les sacaba una cabeza y media a todos. Me sentía como un gigante, enorme, fea, grotesca. Me sentía diferente y ridícula.

A los 12 años empecé a tener ansiedad con la comida y desde entonces mi peso fluctuó constantemente hasta los 17. Subir de peso, hacer dieta, tener ansiedad otra vez, el cuento de nunca acabar.

La ESO fue una etapa muy dura para mí. Un grupo de chicos me hacía bullying. Me apodaron “la fea” y cuando me cruzaba con ellos hacían ver que se asustaban de ver mi aspecto horrible. Que te griten “¡FEA!” a la salida del instituto, delante de todo el colegio, casi a diario, es una humillación difícil de superar y más a esa edad. Gorda, monstruo, deforme… escuchar esos adjetivos que yo ya me había adjudicado en mi preadolescencia hizo que aún se grabaran más en mi concepción de mi misma.

Como no veía nada bueno en mí no pensaba que los demás pudiesen verlo. Me aislaba socialmente, pensando que nadie querría estar con alguien tan horrible como yo. Para no arriesgarme a ser rechazada, yo rechazaba antes a los demás y me quedaba sola convenciéndome de que eso era lo que quería. Durante varias épocas no tuve amigos y fingía estar enferma para evitar ir al instituto. Estaba deprimida y pasé periodos en los que lloraba todas las noches al acostarme sin saber por qué.

Mi TCA empeoró mucho durante el verano entre 1º y 2º de bachillerato. Recuerdo perfectamente el detonante: después de pasar el día con mis primos en la piscina, mi tío me mandó las fotos que nos había hecho y al ver mi cuerpo en bikini sentí rabia, asco, odio, vergüenza. Pensé “¿cómo se te ocurre enseñar eso, no tienes conciencia de lo gorda que estás?”. Obviamente ahora puedo deciros que mi cuerpo era (y es) totalmente normal y ni siquiera tenía sobrepeso, pero mi visión estaba totalmente distorsionada.

En ese momento decidí que tenía que tomar medidas drásticas para arreglar lo que yo veía como una monstruosidad. Mi gran idea (mi gran autoengaño) fue lo siguiente: “actuaré como una anoréxica hasta conseguir bajar al peso que quiero, y luego pararé, porque tampoco quiero estar esquelética. Tienes que convertir bajar de peso en tu único objetivo, sólo así lo lograrás”. Empecé a mirar páginas pro-ana y pro-mía para “aprender”, a contar cada caloría de mi dieta restrictiva, a tomar laxantes y pastillas para adelgazar (que no sirven para perder peso ni para NADA amig@s, es el timo de la estampita y además dañan vuestros órganos).

Cuando llegué al peso que a mí me parecía correcto imponer a mi pobre cuerpo, decidí normalizar mi alimentación, pero fue imposible. Habiendo pasado tanto tiempo de restricción, al permitirme comer más perdía el control y me daba atracones. Al principio una vez a la semana, al final era cada día y a veces dos al día. Después de cada atracón sentía repugnancia hacia misma. Me miraba al espejo y podía VER como mis piernas y mis caderas se hinchaban, mi visión de mi cuerpo estaba completamente distorsionada.

En aquella época no podía hacer nada porque mi cerebro era como un motor encendido e iba a gran velocidad. No paraba nunca de pensar en comida y contar calorías, no podía mantener la atención en nada. No podía tener una conversación porque no podía escuchar a la gente cuando me hablaban, no podía leer ni una sola línea, no podía ver una película, no podía escribir. Yo, la estudiante modelo que sacaba casi todo excelentes, dejé los exámenes en blanco. Cada segundo de cada minuto de cada uno de mis días se convirtió en una pesadilla horrible que no le deseo ni a mi peor enemigo.

Me resistía a creer que estaba enferma porque no estaba en bajo peso y porque había sido yo misma, conscientemente, quién había decidido empezar una dieta super restrictiva, y creía que la gente con TCA no era consciente de su enfermedad. “No vales ni para eso, ni siquiera eso lo haces bien”, me decía. Pero por otro lado veía que los atracones escapaban a mi control, así que decidí buscar ayuda y llegué al Centro ABB de Barcelona.

Durante el tiempo que pasé en el grupo valoración terapéutica (el grupo en el que un@ empieza y que sirve para valorar cual es el tratamiento más adecuado para el/la paciente) todo empeoró aún más. Tenía tanta ansiedad que no podía estar quieta en un lugar, sentía que tenía que irme YA, era como si tuviera una bomba dentro del pecho que me iba a explotar. Eso me llevaba a levantarme de pronto en medio de clase, coger la puerta e irme a casa a darme un atracón. Mi vida estaba totalmente fuera de control. Empezaron las crisis de ansiedad, las autolesiones, golpeaba las cosas y a mi misma, pensé muchas veces en suicidarme. Quería apagarme para poder descansar, porque cada minuto era una agonía.

El 26 de enero de 2009, con 17 años, empecé en hospital de día y tras un tiempo de boicotear mi tratamiento, las cosas empezaron a mejorar. Al principio me comparaba con las demás y me decía que yo no estaba tan enferma como ellas y no merecía ayuda, así que hacía cosas para empeorar y “estar enferma de verdad”. Me resistía a confiar en las chicas del grupo y no explicaba las cosas que me hacían sentir mal porque decía que eran chorradas y que la gente tenía problemas serios, yo no. Me pasaba las terapias diciendo que yo era una mierda, que no tenía ninguna cualidad y que nadie iba a querer estar conmigo porque yo no tenía nada que ofrecer.

Después mucho trabajo hecho durante el tratamiento, puedo decir que soy una persona nueva y que me cuesta reconocer a esa Júlia que se odiaba tanto a si misma. La Júlia de hoy se quiere y es consciente de todas las cualidades que tiene: es trabajadora, tenaz, divertida, cariñosa, inteligente, empática, comprensiva, fuerte, sincera, entusiasta, creativa, leal y por encima de todo, muy valiente. Mi físico? Acepto mi cara y mi cuerpo, y no sólo eso, ME GUSTAN. Nunca pensé que diría eso, nunca pensé que podría vencer la enfermedad. Nunca. Pero lo conseguí, y tú también puedes y podrás.

A parte de contar mi historia quiero explicar por qué he decidido participar en 1espejo1000ventanas y cuales son los objetivos de mi blog.

En julio de 2012 me fui a vivir a París yo sola. Allí me han pasado muchas cosas, algunas buenas, otras malas, algunas muy buenas y otras muy malas. Últimamente había entrado en una espiral de autoexigencia que me ha agotado física y emocionalmente y en noviembre de 2014, a los 23 años, he vuelto a vivir a Barcelona con mi madre. He empezado un nuevo tratamiento en ABB con un nuevo terapeuta para trabajar aspectos de mí misma (mi autoexigencia, la falta de confianza en mí misma, mi relación con los demás, aspectos de mi pasado) que aún necesito pulir para sentirme mejor. Sin embargo, aunque estoy pasando por un momento de crisis personal, no he recaído ni he tenido ningún problema con la comida, lo cual me llena de orgullo.

A veces me cuesta ver la capacidad que tengo para cambiar las cosas, recordar de dónde vengo, relativizar lo que siento hoy y ver la solidez del trabajo que hice con la comida, el cuerpo, mi concepto de mí misma y mi forma de relacionarme. Así que quiero que mi blog sirva para dos cosas. Por un lado, para recordar cómo era la Júlia enferma y valorar la enooorme cantidad de cambios que hice. Cuando un@ está bien, acaba olvidando lo mal que estuvo. Y por otro lado, quiero dar esperanza y ayuda a tod@s aquell@s que lo estáis pasando mal. Iré compartiendo con vosotros la historia de mi enfermedad, mi tratamiento y mi vida estando curada. Los comentarios y sugerencias son más que bienvenidos!

Gracias por leerme. Se puede vivir san@, feliz y libre, se puede vencer un TCA. ¡TÚ PUEDES Y TE LO MERECES!

12 Respuestas a Mi historia
  1. Sara D. Responder

    ¡Gracias por unirte, Julia! Qué alegría que la familia crezca y, ¡enhorabuena por tu fuerza! ^^

    • Júlia R. Responder

      Muchas gracias Sara!!

  2. Tina Responder

    Binvenida!
    Uaaau… que bien que esta familia esté creciendo tanto últimamente!…

    • Júlia R. Responder

      Hola Tina! Muchas gracias! Hace poco te dejé un comentario diciendo que te había visto por el centro, no sé si te acordarás… un abrazo! :)

      • Tina Responder

        Ah, eras tu?… jajajaja etonces ahora que te he puesto cara jejeje no se quie eres no… buah… que despistada estoy Júlia…De todas formas, por foto…

        En serio, si me ves, Salúdame, ahora, ya es curiosidad total! 😉

        Felices fiestas bonita!
        Y un placer que tenerte de compañera de “ventana” ! ! !

        • Júlia R. Responder

          Felices fiestas a ti también, un abrazo! (:

  3. Chari Responder

    Enhorabuena Julia por atreverte a contar tu historia y abrir tu ventana para que todos vean lo bien que estas. Es muy importante tanto para personas con problemas de TCA, como para padres leer testimonios y ver que si se puede salir de esa maldita espiral.

    • Júlia R. Responder

      Hola Chari, gracias por comentar! Si eres mamá de algun/a chic@ enferm@ te mando muchos ánimos, es un proceso largo y duro para toda la familia. Aunque a veces parezca que no, hay luz al final del túnel y la recuperación es posible, y tanto que sí! Un saludo!

      • Chari Responder

        Pues sí Julia, soy madre de una chica que estuvo con TCA y afortunadamente está totalmente recuperada gracias a un tratamiento como el que estás siguiendo tú. Animo a tod@s a no abandonar y a los que no se atrevan no duden en pedir ayuda …que sí se puede. Lo digo por experiencia y no me podía imaginar que iba a recuperar a mí hija tal y como está hoy . Un saludo.

        • Júlia R. Responder

          Me alegro muchísimo por las dos, seguro que tu hija es muy fuerte! Un abrazo y feliz Navidad!

  4. encarni Responder

    Me dejas sin palabras. Eres una mujer increíble de verdad; me alegro eenormemente de tu recuperación ; yo tb lo estoy consiguiendo. Un beso a todas las ventaneras y demás personas que hacéis posible el blog. Siempre os sigo y me emociona mucho leeros. ANIMOOO

    • Júlia R. Responder

      Hola Encarni, gracias por comentar!!! Da gusto ver que hay gente al otro lado! :)
      Un beso muy fuerte para ti y ánimo para seguir luchando!!!!!!!

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