Rupturas y duelos

Dejar atrás una ciudad es dejar atrás una vida. Amigos, amor, música, fiestas, soledad, paisajes, trabajo, aprendizajes y experiencias diferentes a las que se pueden vivir si uno se queda encerrado en casa.

Igual que justo después de una ruptura amorosa, hoy que dejo definitivamente París sólo me vienen a la cabeza los buenos momentos vividos aquí. Y me llena de nostalgia. ¿Y si hubiera hecho las cosas de otra forma, cómo habría salido todo? Me pasa un poco lo mismo que cuando pienso en mi ex.

Coger un avión, autobús o tren e irse no es suficiente para separarse de las raíces echadas, igual que por dejar a una pareja no se deja de quererla. Si hoy puedo decirme a mi misma, “si hubiera sabido que iba a pasar esto, no habría hecho aquello”, es porque he aprendido cosas. Entonces no hubiera podido actuar de forma diferente, ahora podría. Y eso significa que las cosas salieron exactamente como tenían que salir.

A veces quiero convencerme de que siempre viviré en Barcelona porque me da miedo tener que dejar otro trocito de mi corazón en otro lugar del mundo. Igual que después de una ruptura pienso que no quiero estar nunca más en pareja para no volver a sufrir una separación.

Permitirme sentir esta nostalgia, tristeza y dolor es la única forma de superarlos. No me gustan, quisiera arrancarme los sentimientos que me duelen como si me extirpara un tumor, pero no se puede. Así que estaré nostálgica, triste y dolida hasta que se me pase. Y entonces seré más fuerte.

Au revoir Paris.

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