Quizás si adelgazo, las cosas me irán mejor…

Supongo que en los casos de trastorno alimentario, como en otras enfermedades, lo que la mayoría de gente se cuestiona al principio es como empezó la enfermedad. Concretamente he tenido y tengo anorexia y estoy haciendo un tratamiento a ABB en la etapa de grupos. No puedo decir que en X momento empezó mi enfermedad, porque creo que es una cosa que de pequeña ya tenía y que se fue expresando en función de los momentos que vivía y de mi estado de ánimo. De lo que sí que me acuerdo es de cuando decidí adelgazar de manera consciente. Durante la infancia no me acuerdo de si tenía esos pensamientos. Sí que siempre que la gente hablaba de dietas yo pensaba en hacerlas, o empezaba a preocuparme por los hidratos de carbono que tenía cada alimento, cuando escuchaba hablar de eso a mi alrededor. Las otras personas nunca se preocupaban y lo decían en broma, pero yo me lo tomaba en serio. Mucho de lo que decían lo integraba y fue así cómo fui creando una realidad normal por mí, una vida que yo pensaba que era la “normal”, al hablarse mucho de ello, ya sabéis, como una vida con la operación bikini, las frases “eso engorda mucho”, “cuánto azúcar tiene eso, no lo comeré, cogeré otra cosa”.

Os hablaré de lo que sí sé del cierto, que es mi historia. De pequeña ya me costaba comer y los otros me lo decían, pero yo no era consciente de eso. Fue a primero de la ESO cuando iba con unas amigas “popus” y quería mantener una imagen positiva de mí en mi ciudad, porque todo el mundo tenía impuesto un estatus o etiqueta, en aquella época. El aspecto físico era importante para mí, y creía que, ya que con mi personalidad no podía atraer a la gente, por el simple hecho de ser yo, que quizás sí que lo podría hacer con un físico “perfecto” y bien “cuidado”. Lo que no sabía era que esas dos palabras, terminarían relacionándose y refiriéndose a estar enferma.

Empecé a tercer de la ESO a querer adelgazar. Justo había cambiado de grupo de amigas y pasé de ser “popu” a no serlo. Fuimos con un grupo de chicas que mi amiga ya conocía, así que yo era la “nueva” y notaba que “no pintaba tanto en el grupo”. Pero no era una sensación nueva esa, ya la había experimentado en otros momentos en grupos en los que ya llevaba tiempo. Lo pongo entre comillas porque realmente sí que formaba parte, pero yo me decía que no. A algunos grupos era la “callada” del grupo, pero que destacaba por su físico alguna vez. Era tímida, introvertida, invisible por la gente yo pensaba, pero sobretodo porque yo me lo hacía.

El trastorno se mostró cuando tenía que ir a un viaje a Inglaterra con una amiga. No me veía bien de cuerpo, sobretodo mi barriga era lo que menos me gustaba. Me notaba “xixa”, me la medía y me puse el objetivo de adelgazar porque pensaba que así caería mejor a la gente y me relacionaría más fácilmente. Pensaba quizás si adelgazo me sentiré mejor… una fantasía totalmente falsa y traidora. Empecé a restringir alimentos, tenía alimentos prohibidos y poco a poco fui comiendo menos cantidades, porque me sentía culpable por comer. A Inglaterra me acuerdo que hice algún atracón subjetivo (no real), que eran fruto del hambre que tenía, yo le decía ansiedad. Esta manera de compensar, lo único que hacía era aumentar la obsesión y tapar todavía más mis problemas. Me miraba la barriga constantemente para ver si se iba adelgazando. Acabé bajando de peso. Aunque mi parte de mi sueño de adelgazar se había cumplido (yo no lo veía) no llegué a alcanzar el que realmente buscaba yo que era sentirme bien. Al contrario, me sentía peor. Afectó a mi estado de ánimo y no podía relacionarme tal y como idealizaba.

Meses después empezaron a pasar cosas positivas, raro en mi porque casi siempre me pasaban cosas malas. A veces me digo que tengo mala suerte, (¿o es que realmente el hecho de ser negativa me hace más propensa a que me pasen?). Lo que está claro es que estos pensamientos no me ayudan.

Hasta entonces siempre había estado con chicos de “lío” pero nunca me había enamorado de ninguno. Conocí a uno con el que duramos un año. Mientras estaba con él, sabía que me pasaba algo con la comida, porque además de hacer síntoma pensaba a toda hora en la comida y el ejercicio. Pero no lo consideraba un problema, ni mucho menos una enfermedad. Más que disimular la enfermedad, había alguna época que estuve más estable con la comida, hasta que pasó lo peor. Mi abuelo murió y por aquella época mi novio empezó la uni y nos distanciamos poco a poco. Los fines de semana se convertían en una rutina para vernos. Él me dijo que era mejor que lo dejáramos. Yo no me lo creía y me continuaba haciendo ilusiones de que volveríamos. Me lo pasé muy mal, todos los días entraba en bucles pensando en él, afirmando que yo no era nadie, y acentuando mis defectos o creandolos; que si era aburrida, que nadie nunca se interesaría por mí, que la gente no me podría querer, que lo mío era lo menos importante, que no tenía ningún valor comparado con lo de los otros.

Volví a hacer el tonto con la comida, pero esta vez de manera inconsciente. No tenía hambre y me veía gorda. Me ponía de los nervios cuando me tocaba o me miraba. Sentía culpabilidad por lo que comía y todo me parecía una gran cantidad y me preocupaba. Entonces, quería compensarlo haciendo ejercicio.

Con mi mejor amiga empezó una competición por la comida y el cuerpo. Para mí lo era y me comparaba continuamente con ella. Tenía momentos en los que estaba muy borde con ella y nunca habíamos estado así de mal. Fue muy extraño y horrible, difícil de describir. Hice la selectividad aquél año y me obsesioné mucho con estudiar y llevar el tema de los estudios perfecto. Fue una época en la que tenía muchos mal sueños y dormía mal por la noche.

El siguiente año tenía que empezar la uni y tenía muchos miedos: no caer bien a la gente, no encontrar grupo de amigas, quedarme sola, no poder ser yo misma, aburrir a la gente…

A partir de ese momento la realidad se convirtió en el peor de mis mal sueños. Competíamos cada vez más con mi amiga, por quién comía menos, íbamos a correr las dos juntas y analizar quién corría más rato, a comprar las mínimas cosas posibles y todas light. Yo pensaba que era feliz haciendo síntoma. Pero cada vez más y más me iba sintiendo más sola, triste y apagada. Incluso me enfadaba por cosas que nunca me habían molestado. Perdí la poca luz que me quedaba. No tenía ganas de hacer casi nada. Me enfadaba con mi amiga cuando ella también se quería adelgazar. Yo no tenía ni idea que la comida estaba relacionada con los problemas que tenía (sí, tenía problemas; inseguridades, baja autoestima, miedos…). Me puse más estricta con la dieta y no comía casi bien nada, solo fruta. Pero cada vez me veía más gorda. Aunque la otra gente notase que me adelgazaba, tampoco le daban importancia.

Terminé perdiendo la regla durante 2 años y todo el día pensaba en lo mismo: comida, cuerpo y en cómo me vería la otra gente. Es uno de los problemas que siempre he tenido: el miedo a ser juzgada.

Con mi familia nunca terminaba de estar bien. De una tontería hacíamos una discusión enorme, llegando a ataques de ansiedad. Tenía una especie de rabia a mis padres y a mi hermana. De hecho, no me sorprende porque la pregunta sería ¿por quién o por qué no sentía rabia?

Finalmente (o inicialmente, depende de cómo mire mi vida y considere su inicio al empezar tratamiento), empecé el tratamiento. Yo siempre me había sentido identificada con los síntomas de la anorexia, pero pensaba que yo no estaba tan mal como para tenerla. Al principio el tratamiento fue durísimo. No quería comer, consideraba excesivo lo que comía, lo compensaba fuese como fuese. A casa todo el rato había mal rollo. Había momentos en los que no quería superarlo. No sabía si entrar a hospital de día, pero me di cuenta de que yo sola no podía, que necesitaba ayuda porque estaba desesperada. No podía ser más infeliz, por eso acepté entrar a hospital de día. Me enfadaba con mi madre cuando me servía la comida o seguía las normas del tratamiento, la veía como una enemiga cuando realmente me cuidaba y era lo que necesitaba yo. Dejé de hablarles a mis padres. Tenía miedo al descontrol. Me comparaba y me sentía la más gorda, la que no necesitaba el tratamiento. No tenía ganas de curarme. Eso es como la ceguez de la enfermedad, tenía tanto miedo a enfrentarme a la vida cotidiana que solo podía pensar en comida y cuerpo, no podía ver más allá.

Me quería sentir alguien especial, diferente, y ver que los otros se podían fijar en mí por algo. Sentía que destacaba por algo, lo veía positivo. En el proceso de tratamiento una de las cosas de las cuáles me he dado cuenta es de que quiero ser especial, pero por cualidades mías, no por cosas negativas. Me sentía muy incómoda con el cuerpo, pero se tiene que ser fuerte y pensar que algún día, por imposible que parezca, te sentirás y verás mejor haciendo un tratamiento si tienes el problema; pasar la angustia compartiéndola; teniendo esperanza en el futuro y confiando en ti mismo. Adelgazar no es sinónimo de sentirse bien ni mucho menos, nos podemos sentir bien sin la enfermedad, podemos ser felices sin ella y mucho más que cuando la tenemos, porque tenerla es lo contrario a la felicidad.

Todo era un infierno, parecía que no podría salir de ahí, pero realmente se puede, todo depende de ti. No hace falta que estés mal para sentir el apoyo de los otros. Siempre me ha costado integrar eso, pero es más fácil de lo que piensas; simplemente puedes decir lo que quieres o sientes en palabras.

Tenía relaciones de dependencia en las que me sentía amiga íntima de la otra persona, pero eso me iba aislando de los otros. Cuando estaba bien con ella o ellas (he tenido más de una relación de dependencia) no hacía tanto síntoma que cuando estaba mal.

Poco a poco, me voy dando cuenta de lo diferente que veo las cosas ahora, que estoy en un trozo del camino más avanzado respecto la enfermedad. Se necesita esfuerzo para ir luchando, pero una de las cosas de las que estoy convencida es que con esfuerzo puedes llegar un poco más cerca del objetivo que en el fondo te propones.

Quizás, si confío en mi misma, un día las cosas podrán ir mejor…

7 Respuestas a Quizás si adelgazo, las cosas me irán mejor…
  1. Tina Responder

    Hola guapa!
    Esta lucha es larga y con muchas subidas y bajadas.
    Epocas en las que estás arriba del todo y lo ves con mucha claridad, momentos en los que te sientes segura y crees que ya casi está superado y de repente, bajas de golpe y necesitas fuerza, constancia y confianza para seguir adelante.

    Mi “consejo” (aunque no me gusta darlos, pero creo que es un buen espacio para decir la mia), es que en estos momentos bajos, pienses en lo que has aprendido, en como veías las cosas cuando estabas arriba y aunque no te las creas o incluso pienses que no han servido de nada, confies en ellas, te agarres fuerte y sigas adelante!

    Un beso y muchos ánimos para llegar a la meta, que cada vez está más cerca ! ! !

    • Laura F Responder

      Gracias guapa!!
      Si, es verdad, estoy pasando por eso. Pero si una vez se pudo, se puede. Y sobretodo, nunca se tiene que olbidar nada
      Por cierto, he leído textos tuyos i me siento muy identificada.
      Cuidate Tina,
      Un beso!

      • Tina Responder

        Gracias Laura,
        Aunque yo ya no escribo en este espacio…

        😉

  2. Elisabet Responder

    Lo estoy pasando mal se que tengo un problema de conducta alimenticia y me da vergüenza contarlo.

    • Laura F Responder

      Hola Elisabet!

      Mi consejo, después de haber pasado por eso, es que lo cuentes o lo hables con una persona con la que confíes, para pedirles ayuda, y que te ayuden a concertar una entrevista en un centro de trastornos alimentícios. Al principio cuesta mucho decirlo, pero después agradecerás haberlo contado.

      Lo más importante es que busques ayuda profesional. Puedes concertar una primera visita en un centro de trastornos alimentarios, allí te entenderán y te ayudarán. A mi, me ha ido muy bien, me he sentido entendida, me han ayudado muchísimo.

      Muchos ánimos guapa!

      Un abrazo,

      Laura

  3. Andrea Responder

    Hola Laura, mi nombre es Andrea, he leído tu post y me has dejado fascinada, me gusta como te expresas y la claridad con la que relatas tu historia. Pero he llegado a tu blog por un motivo distinto.
    Estoy realizando un trabajo para la universidad sobre la anorexia, es un tema muy serio del cual, por desgracia, no se visibiliza la gravedad que supone para muchas chicas. Estaría encanta si quisieras ayudarme a realizar este proyecto, incidir en el absoluto y completo anonimato de cualquier cosa que quisieras compartir.

    Te he dejado mi email por si quieres hablar por privado, contacta conmigo si te apetece estaré encantada.
    Muchas gracias por leerme.
    Un saludo <3

    • Laura F Responder

      Hola Andrea!
      Muchas gracias por tu comentario.
      Sí que me gustaría ayudarte con tu trabajo!

      Te escribo.

      Un abrazo,

      Laura

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