Mi historia

Demasiado difícil pensar en una causa de la enfermedad, en un porqué. Seguramente se han mezclado un montón de factores para que hoy esté aquí contando esto…

De pequeña recuerdo ser una niña alegre, buena, cumplidora, pero muy insegura. En el colegio sentía que las demás eran más que yo y, si en alguna ocasión me daba la sensación que se ponían por encima no sabía defenderme ni dar mi opinión. Ahora recuerdo como sentía envidia de cómo ellas se relacionaban, vestían, etc. y de mi sentimiento de inferioridad.

Es más, recuerdo que siempre que he sacado una buena nota he atribuido el mérito a algo o alguien externo, cuando se me ofrecía algo decía que no, cuando en el fondo pensaba que sí y en gimnasia rítmica siempre pensaba que era la peor de todas.

Durante muchos años mi madre estuvo en casa conmigo y con mi hermano (4 años mayor que yo), mientras mi padre trabajaba todo el día. Hemos recibido una educación más bien sobre proteccionista, donde se nos ha dado plena libertad para que decidiéramos en todo, pero siempre con una vigilancia, digámoslo “subliminal”,  por parte de mi padre, que es quién controla todo lo que pasa en la familia y lo supervisa. Mi madre vive más a su vera, confiando que él esta ahí, controlando que todo funcione. Con ella me he relacionado toda mi enfermedad a través de 2 factores claves: las compras y la comida.

A los 11 años por fin logre destacar en algo en el colegio. Gustar al chico más popular y tener mi primer “novio”, por primera vez me sentí importante. Fui el punto de mira. Y poco después se empezó a hablar de mi cuerpo… ¡gustaba! Aún y así, continuaba pensando que no valía lo suficiente. Tenía unos 12 años y mi cuerpo estaba cambiando y no acababa de sentirme bien en él. No me gustaban mis pechos y mis piernas porque me hacían diferente a las demás. Me sentía algo gorda, pese a que no lo estaba.
 
A los 14-15 años fue cuando empecé a vomitar. Después de haber colgado a Claudia Schiffer en la nevera, y ver que eso no me persuadía de picar entre horas, se me ocurrió (no se de dónde) la idea de comer y luego vomitar para no perder el cuerpo que me daba seguridad y controlar la única parte de vida de la que me veía capaz. Y así empezó mi síntoma con la comida. Ahora pienso, las horas muertas después del colegio, la ansiedad que debía tener, lo pequeña y sola que me debía sentir, y no me extraño de nada. Porque la vida de adulta tal vez me quedaba demasiado grande. Y allí, empezó mi círculo con la anorexia.

El verano del 1995 fue “mi verano”. Conocí a Alex, mi primer novio con 15 años. Estuvimos juntos 2 años. Lo creí el amor de mi vida. Pero no solucionó las cosas porque por mucho que me quisiera tal y como era, mis miedos seguían ahí: a ganar peso, a sentirme gorda y continuaba vomitando y restringiendo en silencio para poder controlar mi peso. El último año de estar juntos mi hermano me descubrió en la taza del water vomitando un plato de espaguetis, pero le prometí tantas veces a él, y a mi misma, que no volvería a hacerlo que no se lo contó a nadie.

Por aquel entonces, también Judith una de mis amigas de siempre, también se estaba dando cuenta de que algo no andaba bien. Y me preguntó. Rompí a llorar y se lo conté, pero también le prometí que lo haría bien. Se lo conté a Alex, que por aquél entonces no entendió nada (la enfermedad tampoco era tan conocida). Después de ese verano, la relación se rompió y entonces empecé a caer en picado.

Con la ruptura mis padres se dieron cuenta de todo y empezó su lucha. Los lavabos vigilados, con lo cual empecé a restringir y a pelearme en cada comida. Sin Alex mi vida me parecía no tener sentido, pero de lo que no me daba cuenta es que mi enfermedad había tenido mucha parte de culpa en que me dejara. Y lo más enfermizo de todo es que de puertas a fuera, yo siempre ponía buena cara. Pero en casa, descargaba toda la rabia contra la comida y contra mis padres. Era contradictorio porque por otra parte no me dejaba sentir el dolor de otra manera y hacia como si nada incluso salía a ligar con otros chicos para no sentir la falta de Alex y poder suplirlo.

Finalmente, al cabo de unos meses y empezando la universidad ingresé en Bellvitge en la unidad de trastornos alimentarios en régimen de hospital de día. Estuve allí durante 6 meses. La alimentación mejoró, comía allí, hacía terapia, me pesaban una vez a la semana, pero yo continuaba con mis ideas. Seguía vomitando en mi casa. Seguía enganchada con mi cuerpo, con mi peso, con mis pensamientos obsesivos. Manipulaba a mi madre en casa porque no había una terapia para los padres. No se trataba el tema de la familia. El resultado fue que salí con un peso saludable, pero con toda mi cabeza igual de enferma…

Mi vida solo mejoro algo. Solo aprendí que tenía que comer para sobrevivir porque sino me iba a morir. Así que, he podido seguir toda mi vida normalizando restringir – vomitar – comer, como si fuera mi modus – vivendi, y fuera a ser así para siempre, sin solución alguna. Sin plantearme nada más. Viviendo día a día el control por el cuerpo, sometida al peso diario de una báscula y a la taza del wáter. La obsesión era mantener ese cuerpo, pero la verdad es que las cosas están más fuera de control que nada. No controlas nada.

Todo lo que comía era desnatado. Tenía una dieta basada en unos pocos productos que solo me saltaba si luego sabía que podía vomitar o si comía otras cosas era en cantidades muy pequeñas. Me permitía comer bien en épocas en las que me sentía bien y me daba la vena (mi estado de ánimo me lo permitía o estaba harta de la enfermedad). Mis atracones hacían que muchas veces me quedara en casa sola, comiendo para acabar en la taza del water.  De la comida dependía estar bien o no con las amigas, a veces estaba más para allí que para aquí e incluso a veces tenía que ir bebida para no pensar en lo que comía y dejarme llevar.

La universidad igual. Mis amigas eran guapas. Y yo siempre tenía que estar a la altura de ellas. Este es otro factor en mi vida. Estar siempre dentro del grupo de las “guays” para sentirme una “guay”, nunca podía imaginarme estar con las “cutres” porque me hubiera sentido así.  Me he valorado desde bien pequeña en  estar lo más guapa posible, en estar a la altura de mis amigas físicamente y en la ropa. Incluso los chicos me han dado seguridad. Han sido como trofeos o medallas que me podía poner y que demostraban que era más que las demás porque gustaba más.

En la misma época empecé a salir con Raül. Estuvimos 4 años. Al cuarto decidí marcharme a Londres, por mis inquietudes y también como una manera de buscar algo nuevo, más motivaciones, algo que llenara mi exigencia y como no, a ver si podía encontrar algo que solucionara mi “problema”. En el último momento, Raül decidió acompañarme y emprendimos juntos el viaje. Allí, evidentemente el problema de la comida no mejoró, sino todo lo contrario. Los miedos de los que no hablaba, la ansiedad, etc. hacían que estuviera más pendiente de mi cuerpo, más insegura y más enganchada a la enfermedad. Así que, a los 4 meses la relación se rompió.

Entonces quise ser la ex – novia perfecta, aguantando como la que más, haciéndome la fuerte, tirando adelante sola. Y para ello, como había hecho en otras ocasiones. Para no sentir. Tuve que empezar a enrollarme con otros chicos y a pagarlo con la comida. Me sentía sola. Entonces, a los pocos días de haberlo dejado me estaba enrollando con nuestro compañero de piso, un australiano que convivía en la misma casa. Y así, me enrollaba con chicos de manera que cuando un chico se me ponía entre ceja y ceja se convertía en una meta y dependía del éxito o fracaso de la noche en muchas ocasiones. Hasta que conocí a un vecino Australiano del que me prendé y frené mis impulsos.

Cuando volví a Barcelona me fui a vivir con mi amiga Judith. La convivencia con mi madre y la enfermedad se hacía imposible. Mi rechazo hacia la familia constante. Todo lo familiar no me gustaba, me daba rabia. Me dio rabia hasta cuando mi hermano me dijo que se casaba. Deje de creer en la pareja. Evitaba reuniones y comidas familiares.

Vivir con Judith fue un detonante para ver que no sabía llevar mi propia vida. Que no sabia resolver los conflictos, ni relacionarme con la gente porque me sentía demasiado juzgada, pequeña y vergonzosa. Que tenía y tengo más dificultades y flaquezas de las que yo misma me quería creer. No era capaz de decir-le a mi compañera de piso las cosas que me molestaban, ni hablar con ella. Me ponía terriblemente controladora, sentía que ella tenía más poder que yo y siempre me sentía pequeña a su lado. Me sentía muy sola, sin amigos, sin planes. Me asilaba cada vez más: en mi gimnasio, mis compras y mi comida. Vivía en una felicidad fraudulenta porque por dentro me sentía desdichada. Seguía buscando la seguridad en la opinión de los chicos…

Tenía un trabajo que adoraba. Con unos buenos compañeros y donde se me valoraba, a mi y al trabajo. Pero yo no me sentía así. Muchas veces sentía que era poco profesional e infantil. Me frustraba mucho no poder negociar, no saber mantener una postura firme, defender mis intereses. A eso se le sumaba un miedo terrible a la responsabilidad, y a equivocarme y pese a que desde fuera siempre se me ha visto como una persona muy capaz, la verdad es que por dentro soy como un flan, que se derrumba con mucha facilidad.

Después de un año de vivir juntas tenía una vida “supuestamente” completa: el piso, un buen trabajo, una buena amiga, etc. pero aún y así, el problema con la comida no cedía. Hasta mi compañera decía que viviendo conmigo estaba perdiendo el concepto de que era una alimentación correcta. Las dos comíamos desnatados, Light y fibra. Hasta que, hubo un hecho que hizo que colmara el vaso. Fue un conflicto entre nosotras dos por culpa de un chico al cual puse por encima de todo cuando ni tan solo me importaba y por el cual me deje pisar. Entonces decidí buscar ayuda, porque hasta entonces no había consentido tener un lío esporádico con un chico que admitía tener otras, hasta aquí podía caer. Además. Sentía que había perdido totalmente el control con la alimentación y me sentía realmente mal. Mi autoestima no levantaba un dedo suelo y me hice consciente de ello.

Así llegué a ABB después de la primera entrevista se lo expliqué a mis padres que se alegraron mucho ya que hacía años que sufrían a mis espaldas sin saber que hacer. Hice pasos poco a poco. Primero asistiendo a reuniones 2 veces a la semana hasta que ingresé en hospital de día. La mejor decisión que he tomado.

7 Respuestas a Mi historia
  1. Lilith Responder

    Hola Laura. He leído tu blog y me ha sorprendido mucho tu historia… Yo también fui siempre la chica exitosa, lista, trabajadora, a la que no le faltaba nada… de la que nadie imaginaba que pudiera tener un TCA. Empecé a trabajar súper chica –a los 14 años–, me gradué con mención honorífica, tengo dos carreras… Y en los últimos años de la facultad fui la chica lista y hermosa del salón. Me estremeció verme en tu espejo porque es común que las chicas con un trastorno así pierdan un año de escuela, no tengan novio y mucho menos vivan solas… pero gente como tú y como yo probamos que por fuera todo puede lucir “perfecto” mientras que por dentro un trastorno de la alimentación es siempre un caos. Tengo 25 años, soy de México; estuve en Barcelona un mes el año pasado y me enamoré (con ganas de reincidir).
    Te dejo mi página, si te gusta intercambiamos links.
    Besos

    http://extranjeraenmicuerpo.blogspot.com

  2. julia Responder

    Hola Laura!me llamo Julia y padezco la enfermedad desde casi 6 años,ya hace un para de ellos pedí ayuda porque mi vida era insoportable,yo empecé muy mayor con esto,a pesar de que llevo,el primer año sólo tratamiento psicologico,el septiembre de 2008,despues de haber pasado el verano en londres,decicí entrar en tratamiento en el hospital de La Paz,madrid,pero alli vivia sola y pensaba que yo podia salir de esto sin ayuda diaria,no ha funcionado y ahora estoy viviendo en valencia donde estoy con mi familia y amigos de toda la vida que estan totalmente involucrados en mi recuperación,sigo engañando mucho y tratando de escaquearme e irme a comer yo sola para comer aquello que me permito,nada o pocos hidratos de Carbono pocas proteínas y mucha verdura y fruta.pERO HAGO ESFUERZOS y cada dia voy comiendo de todo aunque proteste como un NIÑA PEQUEÑA.La ansiedad se convierte mi vida en un infierno,ESPERO QUE PASE O DEJE DE MACHACARME LA CABEZA.
    Un Abrazo y Gracias por hacer el BLOG me ayuda mucho leer vuestros testimonios.GRACIAS!

    • laurasanz Responder

      Hola Julia,
      Se y entiendo que esto es muy difícil. Yo también estube en un primer tratamiento dónde la contención era mínima, también mentía y me las ingeniaba para salirme con la mía.
      De este modo es imposible salir!!
      Pide más contención en casa. Que no te dejen sola, que la enfermedad no pueda salirse con la suya. Cuando tiras comida, te pesas o vomitas, la enfermedad gana y con mucha fuerza. Y ahora mismo, la enfermedad puede más que tú. “Ella” no se marchará sola, y lo sabes, debes luchar, pero SOLA NO. Pide mucha ayuda a los tuyos que te quieren y nunca van a quererte nada malo, ni tampoco te quieren gorda… solo te quieren sana y feliz.
      Y sobretodo, acude a un psicologo especializado que pueda ayudarte BIEN y sepa lo que se trae entremanos… hay mucho RARO por ahí.

      Ánimos!!

  3. Laura G Responder

    Hola Laura,

    Me he sentido completamente identificada con tu historia, muchísimas gracias por compartirla. Tengo 26 años, me llamo como tú, y empecé el tratamiento por mi TCA en Noviembre de 2009, aunque el problema empezó en mi niñez cuando tenía 5 años o así. Mi madre se obsesionó con que yo tenía que ser delgada. Me impuso una dieta estrictísima, todo era fruta, verdura, cosas a la plancha, nada de fritos, ni pasta, ni legumbres, ni bollos… ni nada calórico. Las ensaladas sin aceite y todo. Parece un monstruo pero ella misma estaba enferma y sólo hizo lo que pensó que sería mejor para mi, como haría cualquier madre. Me insultaba por ser gordita a diario, me decía que yo era deforme, y que yo no valía para nada. Así todos los días de mi infancia y mi adolescencia. Yo me daba atracones a escondidas, por lo que nunca bajé de peso y ella siguió y siguió…

    Hace 5 años después de ver un documental sobre la anorexia y la bulimia, pensé que vomitar sería la solución a mis problemas, y ahí la cosa empeoró. Se lo conté a mi madre, que vomitaba, y ella sólo me dijo “y…?” dejando claro que pasaba del tema. Los últimos años de mi vida han sido una espiral de oscuridad, hasta que hace dos años me planté en la consulta de la endocrina, le conté todo, ahí se descubrió todo, y ahora estoy en tratamiento en un centro especializado. Hace meses que ya no vomito, aunque sí me autolesiono cuando me estreso, y además tengo una cierta adicción al sexo. No sé si reír o llorar después de escribir este breve resumen de mi trastorno. Mi madre no comprende lo que me pasa, y mi padre tampoco. Esto les queda demasiado grande, sobretodo a mi madre, que fue ella la que me generó la enfermedad por decirlo de alguna manera. Mi hermana mayor me está ayudando con esto en la medida de lo posible, porque por circunstancias no vivimos juntas. Nadie me controla, yo soy la que cocino en casa desde los 15 años, y es un poco más difícil pero como yo soy la única responsable de mi felicidad, con su ayuda o sin ella voy a conseguirlo.

    Gracias de corazón, hay días que me desespero muchísimo, pero leer historias de superación como la tuya me dan ánimos para seguir el tratamiento. Un abrazo muy fuerte.

    • laurasanz Responder

      Eres una valiente Laura, y tienes que estar orgullosa de todo lo que estás luchando.
      Tu testimonio… intenta mírartelo con rábia, con rábia contra la enfermedad! pero con mucho carinyo hacia esa niña que sobrevivó como pudo a la exigencia de su madre. No es justo, tu eras solamente una niña! y se merecía mucho más. Ahora tienes 26 años, tienes la capacidad de decidir y de cuidarte por ti misma, muchos ánimos!! Y a seguir con el tratamiento!!!

  4. susana Responder

    Hola Laura primero de todo felicitarte por como has conseguido llevarlo todo y salir adelante.Pues yo soy una tocaya tuya de enfermedad,de muchos años de enfermedad,de muchos ingresos y nada a la que sales vuelves a bajar de peso y todo igual te mantienes,sobrevives y cuando llegas a un extremo otra vez ingreso.No es lo más preocupante,bueno sí pues el tiempo que llevo perdido entre ingresos es un gran tiempo que no lo podré recuperar.He estado bastante mal,incluso la ultima vez llegue a perder el conocimiento,me rompi el femur,perdí una amiga o gané una oportunidad en la vida,en fin un montón de cosas que las voy asimilando pero lo más duro y peor llevo es que no sé que hacer cuando empiezo a perder peso que no sé poner freno y cuidarme y me doy cuenta y me lo dicen pero no puedo!Tu que hicistes en casos así si pasastes?
    A todo esto se le añade mi baja autoestima,inseguridades,exigencia,mi no parar,mi afán por hacer cosas por no estar conmigo aunque no lo hago conscientemente pero si un día estoy conmigo sola me siento vacia,triste sin motivo aparente.Simplemente la vida no me llena,me hundo,pienso en la vida que me gustaría llevar…es decir me recochineo en la mierda y que hago,otra vez cosas y no pienso pero no sé si es la solución pues hoy una amiga que tenemos en común,la cúal te aprecia mucho y a mi también,pues siempre lo he dicho que para mí es un ángel pues me intenta ayudar me dice que tengo que estar tiempo conmigo,quererme,aceptarme pero no lo sé hacer y no me lo permito.
    No sé bastante complicado.
    Por cierto ésta amiga común es Jackeline Jorva,estudió contigo y yo soy Susana su amiga,creo que quizás te habrá hablado de mi.Bueno Laura ya iremos hablando.
    Un besazo y espero no haberte molestado mucho.
    Hasta pronto

  5. vaso cerveza Responder

    Estoy euforico de ser uno de tus tantos invitados de tu pagina. Congratulaciones por tu sitio web

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