No la escuches…

Bailáme el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, házme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado. Lléname de vida, líbrame de mi estigma. Llámame tonta. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora…

No me arrastres, no me asustes… vete lejos, pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo.

Toca mis ojos. Notas la textura del calor. ¿Por cuanto te vendes?. Píllate los dedos y deja que te invite a un café. Caliente claro, y sin azúcar… sin aliento.

“Bailame el agua”

Miedo, tristeza…

Nestor… en definitiva, sentimientos negativos que hace poco más de un año era incapaz de sentir y que esta semana he podido y estoy sintiendo con más intensidad que nunca.

Me ha invadido el pánico. Cuando la Laura de antes se presentaba un examen, y frente al miedo, decía “vaa, pasó” y hacía como si el resultado le fuera a dar igual. Esta vez ha sido, he SENTIDO: angustia, pánico, exigencia, pavor al posible fracaso, a la fustración… por fín, mis sentimientos estaban ahí, a flor de piel. Y no, no es agradable sentir negativamente pero si que, es mucho más sano que pagarlo con un efímero plato de comida o autodestruyéndome a mi misma.

Me presenté al temido proyecto final. Y es más, fuí capaz de llorar, mostrar mi flaqueza. Coger el teléfono para pedir ayuda. Al final, mi desconfianza no era más que parte de mi propia inseguridad y exigencia. No fué ni tan catastrófico como yo pensaba, ni tan espléndido como tenía en mis expectativas… un gris, el tono más acertado.

Pero, después de tanto estres… y pensando que podria estar tranquila. Vuelo a sentir. Dolor y tristeza, y tengo que saber llevarlo de nuevo. Y me cuesta, separar mi dolor del suyo.

Y desde aquí quiero decirles a dos personas, que las quiero. Y que a pesar de desear mucho algo y de repente perderlo… que ahora todo se ve negro… que con los días miren a su alrededor y valoren que se tienen el uno al otro, y a una família!! y que nada esta pérdido!! Conseguirán su propósito y eso es lo más importante. Muchos ánimos Néstor y Alejandra.

y yo … y mis padres

mi madre y yome da vergüenza recordar la relación que tenía con mis padres antes de entrar en tratamiento. Lo único que recuerdo es que los quería sentir lejos de mi, sentía rechazo, descargar toda mi ràbia contra ellos y nunca entendía bien porque, mi única respuesta es que yo era demasiado independiente y autónoma, y que pasaba del rollo familiar. La verdad, es que llegaba a casa tan cargada de mierda que lo descargaba con mis padres. Que me sentía tan mierda conmigo misma que los culpaba a ellos de mi mal estar, que miraba dentro en lugar de mirar fuera y los castigaba por en cierta manera, sentirme inconscientemente, insatisfecha conmigo misma y con mi vida.

Empezar a hablar de mis problemas con el grupo. Sacarme la máscara de chica perfecta: alegre, simpàtica y sonriente (fuera de casa, claro). Llorar, enfadarme y sentir. Aprendí a no poner la ràbia en los demás y como diría Ester “no tirar pelotas fuera”.

Ahora, la relación en casa es mucho mejor. Y no solo por mis cambios, sino también gracias a los cambios que han hecho mis padres. Al esfuerzo que ellos han puesto en el tratamiento y a como se han involucrado des del principio. Es una enfermedad que no es nada fácil de entender sino la vives, por eso no pedimos que la entendáis, solo que esteís a nuestro lado y nos apoyéis al máximo y sigáis las normas de los terapeutas, y pidaís ayuda siempre, y en eso mis padres han sido un ejemplo para mi… y les tengo que dar las gracias porque sin ellos no estaría así hoy.

Y aunque como yo, ellos también se han equivocado. Eso forma parte del aprendizaje. Todos en casa estamos aprendiendo mucho de todo esto…!!!

Petons papes! 

 

MIS PADRES…

Les dejo un espacio a mis padres…

¡Hola! Somos los padres de Laura, Anna i Enric. Lo cierto es que leer los blogs de esta página y conseguir no acabar con un nudo en la garganta y en la boca del estómago es una tarea difícil.

Estamos orgullosos, pero que muy orgullosos de lo que Laura ha conseguido en este año largo de lucha contra ese animal monstruoso. El día que Laura nos dijo que había decidido ir al médico porqué ya no podía más fue el día más feliz de nuestra vida. Por fin intuíamos que podía verse una luz al final del largo tunes de más de 10 años en que se había convertido nuestra relación con ella.

El camino ha sido, y seguramente lo seguirá siendo, muy difícil, sobre todo para Laura. Con sus momentos buenos y malos, pero ha sido eso, un camino. Lleno de recovecos y trampas, curvas, subidas y bajadas. Momentos en los que parecía que nos devolvía al inicio (y la desesperanza se instalaba en nuestro ánimo). Pero al poco volvía a retomar la ruta hacia la luz.

Y sobre todo ha sido un continuo aprendizaje lleno de descubrimientos sorprendentes. Porqué la Laura real que había quedado sepultada por la enfermedad era una completa desconocida para nosotros. Detrás de la Laura decidida y libre, capaz de conseguir cualquier cosa, distante con su familia, de casi continuo mal humor con nosotros, estaba la Laura real, que ya conocen sus compañer@s y que nosotros hemos descubierto con estupor e incredulidad. Hechos y momentos en su vida que desconocíamos por completo o que nunca dimos importancia, y que habían sido traumáticos y dolorosos para ella. Escondida estaba la Laura insegura y siempre descontenta consigo misma. La Laura que no daba mérito a nada de lo que hacía (siempre la suerte, el desconocimiento de los demás, una excusa, otra…)

Pero no solo Laura era la desconocida. Nosotros tampoco nos conocíamos ni sabíamos como había sido nuestra relación con ella. Pensábamos en haber sido unos padres liberales e incluso en algunos momentos, excesivamente permisivos, y resuta que era todo lo contrario. Cada uno de los dos dentro de su caracter, excesivamente protectores y controladores. ¡Vaya lucha intentar cambiar nuestra forma de ser a estas alturas! Pero lo estamos intentando. Cada día aprendemos algo nuevo. Ahora tocará la parte más difícil: dejarla volar de nuevo y olvidar nuestros propios miedos. Y en esto nos ayuda mucho Laura con su actitud, pues ahora entiende que todos, todos nos equivocamos, y que aprendemos juntos.

Laura ahora es una persona absolutamente diferente. ¡Dios, que cambio desde hace un año! A veces, cuando hablamos entre nosotros para aclarar nuestra propias ideas (¡cuanto cuesta a veces asimilar los cambios!), vemos la enormidad del cambio experimentado. Y cuanto le habrá costado enfrentarse a todo. Pero lo esta consiguiendo. Estamos muy, muy orgullosos… y felices.

A tod@s los que estáis en la lucha contra esta mierda, ánimos. A algun@s os conocemos porqué estáis en ABB y recorréis el camino junto a Laura. A l@s que lo hacéis desde otros ámbitos, ánimos también. Y a los que descubrÍs la enfermedad que os destruye des estas páginas: buscar ayuda. Sol@s ya veis que no se puede luchar.

Y al grupo, esa parte vital e imprescindible en la lucha: GRACIAS. Compañer@as, terapeutas y padres. GRACIAS. Y en especial, GRACIAS A TI, LAURA.


Imagen

imagen…

Salía del trabajo y me iba a dar una vuelta. Una vuelta para recrearme en las tiendas, para mirar, para probar, en definitiva para sentirme llena. Compras… ropa y más ropa que llenaba mi armario para llenar mi autoestima.

Vestir bien me hacía sentir especial. Ir de compras me hacía evadirme y sentirme bien, olvidarme del día a día, de la comida, me hacía caminar, llegar a casa más tarde, …

Párate y piensa. Para que compras? para sentirte segura de ti misma? La seguridad debes buscarla dentro, no en tu físico, comprar compulsivamente es señal de nerviosismo o de angustia. Que evitas comprando? Todo el mundo se merece un capricho, pero cuando tu capricho se convierte en una necesidad de la cuál depende tu cita, una noche con las amigas, una cena, etc. te conviertes en una esclava.

El final

pero aún existen días en que las fuerzas me vencen… que siento que todo me queda grande: me ahogo, agobio, respiro: inspiro… expiro…

He acabado las clases y voy a por el proyecto final. Durante el curso he empezado a aprender a no compararme, a no sentirme la “menos”, a valorar lo que yo hago, a relacionarme con mis compañeros, etc. pero aún y así, siento que no podré, que no seré capaz.

Pero ME CONOZCO y debo CONFIAR en mi. Levantar la cabeza y ponerme manos a la obra. Pedir ayuda!!. Sentir miedo es normal, pero voy a conseguirlo… almenos voy a intentarlo.

 

 

y ahora…

Soy Laura Sanz… tengo 28 años. Una chica abierta, alegre, simpática, creativa, atrevida, cariñosa, coqueta, comprensiva, humana. Que le gusta ser amiga de sus amigas, dar ayuda, organizar cosas que le hacen ilusión, trabajadora… y como no, sensible.

Que estudia escaparatismo y, pese a que no es la mejor, esta aprendiendo a aceptar que no se puede ser un 10 en todo, sino que todo el mundo tiene sus más y sus menos. Aprendo a sentirme contenta con lo que hago y tengo, indiferentemente de los demás.

Que sale con Marc des de hace 4 meses. Con el que estoy aprendiendo a tener mi primera relación sana. Sin dependencias. Dejándolo ser él. Su manera de vestir, de peinarse, de actuar… no se puede moldear a una persona a tu manera. Aceptando que él tiene sus aficiones (que no son pocas: ski, inmersión, escalada, etc.) y respetando que tome las decisiones en su vida. Y lo más importante, siendo yo, explicándole como estoy, como me siento y/o como me hace sentir… basando poco a poco la relación en la honestidad y la comunicación.

Una Laura que no basa su vida en la comida, que no cuenta calorías, que come ordenadamente y que puede decir que SÍ, siento tranquilidad con mi cuerpo. Creo que es una de las cosas que ahora mismo me dejan vivir más tranquila y aunque alguna vez pase por mi cabeza la idea de si tomarme un chocolate caliente o no, respiro y lo hago. Simplemente es una idea a la que no sigo y una voz que ahora mismo no me da ningún miedo escuchar. Porque no la quiero, porque ha hecho demasiado daño… sería capaz de hacerla callar un chillido de rabia.

di un paso

Y entré en tratamiento. No fue nada fácil. Empezar de 0. Como si volviera a ser una niña. Un grupo de apoyo del que he aprendido y al que tengo que agradecer dónde estoy. Mis niñas que me pegaron caña al principio para que pudiera entender y despertar de mi mundo.

Para que hablará de mí y de mis sentimientos. Porque venía del mundo de lo superficial y lo banal, de la imagen, de las compras, etc. A ellas les tengo que agradecer dónde he llegado. Ellas han sido y son mi ayuda.

Decidir hacer un parón en tu vida a los 28 años no es nada fácil. Dejé mi piso (que compartía con una amiga) y mi trabajo. Me volví a casa de mis padres. Pero miro atrás y me enorgullezco de haber tomado esa pequeña – gran decisión.

Os hablo, un año después. Es lo mejor que he hecho en mi vida. Me creía una chica autónoma e independiente, cuando la cruda realidad, es que era una esclava de mi cuerpo, de la comida y de mi imagen. La relación con mis padres era un maltrato continuo hacia ellos (un día hablaré de este tema) en cambio ahora es genial.

Soy, ahora si, aunque viva en casa, mucho más libre.

Mirando atrás

No podría poner fecha a mi enfermedad. De siempre fui una niña insegura que se comparaba con las demás y que, siempre se sentía “la menos” en todo y la que nunca destacaba en nada.

Al llegar a la pubertad al fin destaqué en algo. Mis compañer@s hablaban de mi cuerpo, por fín había algo en lo que destacaba. Aunque no me daba cuenta que mi problema residía basicamente en que yo me sentía un cero a la izquierda. Fué entonces cuando Claudia Schiffer posó en la puerta de mi nevera para “cuidarme” y no comer de más. Pero mi inseguridad, mi sentimiento de inferioridad, mis miedos, no hacían más que traicionarme y causarme una ansiedad descontrolada y que no entendía… entraba en el círculo del cuerpo y la comida.

En esa época, con 13 años, empecé a preocuparme por no comer de más y por mantener lo único que yo veía que gustaba a la gente: mi cuerpo. Así empezó mi anorexia como tapadera / máscara de mis sentimientos.

Me doy cuenta de la distorción al percibir del mundo. Y como pasaba por el filtro de mi inseguridad la opinión de los demás hacía mí. Mis valores pasaron a través de los años a enraizarse situándose por delante de todo: el cuerpo y la imagen y dejando atrás, la família, la gratitud, la humanidad, … etc.  

15 años de mi vida

La anorexia llegó a formar tal parte de mi vida que no podía ni diferenciar que era yo de que era la enfermedad. Llevaba una máscara tan opaca que no podía sentir más allá de si me sentía a gusto o no con mi peso, cuerpo y/o imagen.

Mis valores de la vida estaban absolutamente invertidos. Los demás y lo demás pasaba siempre por encima de mí y a veces de mi propia dignidad.

Y lo peor es que para darme cuenta que detrás de todo esto se esconden: inseguridades, miedos y exigencia me ha costado 15 años de mi vida…

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