La niña de piedra

A veces me siento pequeña y perdida, hasta tal punto que yo misma no me veo, no me siento y necesito hacer cosas peligrosas para sentirme. Es curioso porqué, a veces, solo puedo sentir la vida cuando estoy cerca de la muerte. Eso me asusta y me genera envidia de los demás. Tengo envidia de aquellas personas que se sienten vivas cuando están rodeadas de gente, riendo y compartiendo. A mí me da mucho más miedo esto que perderme en un bosque sin caminos. Alguien, en su momento me contó que esto era ser valiente y que cuando necesitas de los otros eres débil, frágil. Yo me lo creí hasta tal punto que lo he integrado como un mecanismo para sentir. Tengo miedo de compartir con los otros, tengo miedo de abrir mi corazón, tengo miedo de confiar en las personas y tengo miedo de volver a ser aquella niña frágil. Esta niña no se ha sentido nunca querida, ni siquiera por ella misma. Esta niña era un excelente en todo i eso la hizo crecer antes de hora, a tirarse por atracciones que le daban miedo para sentirse valiente, a bañarse mar adentro para demostrar que nada la superaba, a ir sola al baño para demostrar que los monstruos que ella imaginaba que saldrían del váter no la asustaban, a ser la mejor del equipo para sentir que su padre estaba orgulloso de ella, a ser una niña “buena” para no dar faena a su madre, a ser trabajadora y exigente para ser un buen ejemplo para su hermano… Esta niña de excelente no sabía que los más importante era que ella se quisiera y que, además, la gente de su entorno la quería tal y como era, sin tener que demostrar nada. Esta niña ha crecido odiándose a si misma y retrayéndose constantemente que nunca era suficiente. Esta niña un dia decidió ser de piedra para no sentir los golpes, decidió que no necesitaba ni quería a la gente a su lado, creyó que ser valiente era poner su vida en riesgo, se convenció de que siempre sería una chica solitaria y se conformó a vivir con la tristeza. Esta niña ya se ha hecho grande, dentro de poco hará 21 años, ya es un mujer. Ahora ya es suficiente mayor para poder cuidar a su niña pero tiene miedo. Esta mujer tiene que desaprender y reaprender tantas cosas que, a veces, necesita volver a ser de piedra. La gente del alrededor no lo entiendo y le exige que sea la mujer de 21 años, pero a veces no puede. A veces, vuelve a tener terror a la vida, la vuelva a invadir aquel vacío cargado de tristeza y la gente no la entiende. No entienden que la mujer de 21 años aún está curando heridas de la niña que creció siendo de piedra y que, a la vez, tiene que ir reparado las heridas de la mujer de 21 años. Esta mujer de 21 años, a veces, cuando se la ve llorar, está llorando por la niña de piedra.

 

Una respuesta a La niña de piedra
  1. Tina Responder

    Hola Mar, guapa!
    Me he sentido muy identificada en este escrito.
    Yo también tengo mi niña de piedra dentro que aún sale un año después de obtener el alta.

    Cada vez que la veo, intento acariciarla, abrazarla y quererla mucho para que su corazón de hielo pueda entrar en calor y derretirse a los placeres de la vida y a su gente.

    Te mando un besito muy caluroso y afectuoso para tu niña, que seguro que poco a poco se va descongelando y puede disfrutar del verano eterno.

    Con cariño,

    😉

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