Mi historia

No recuerdo con exactitud cuando empecé a enfermar. Lo que sí recuerdo es de bien pequeña ya no me sentía bien con mí misma, me sentía diferente al resto pero nunca me atreví a contarlo. Aprendí a ser una niña “fuerte”, independiente y creía que no necesitaba nada de nadie.

Durante las vacaciones de verano de 2012 enfermé de mononucleosis. Me dí cuenta que me era muy fácil no comer y que al adelgazar me sentía mejor conmigo misma. Cuando me recuperé, empezaba el siguiente curso, segundo de bachillerato. Este año era el de la selectividad, yo no necesitaba nota pero aún así quería sacar la mejor nota del curso, no podía fallar a mis padres y a mis profesores. Al mismo curso me subieron al primer equipo de baloncesto, tenía que demostrar a todos que yo tenía en el nivel para estar en ese equipo, e incluso de ser de las mejores. Todas esas exigencias se juntaron con una mala experiencia con un chico, con problemas familiares y con el diagnóstico de Alzheimer de mi abuela. La mezcla de todos estos hechos solo fue la gota que derramó el vaso. Empecé a restringir, a hacer deporte siempre que podía, a hacerme daño y a vomitar. Inconscientemente mi objetivo era ser una mujer perfecta, y para mí la perfección en aquel momento consistía en no tener necesidades: ni comida, ni sueño, ni amigos, ni pareja, ni cariño, ni ayuda, ni sentir, etc.

No recuerdo muy bien todo lo que hacía ni lo que me pasaba en esa época. Lo que sí que recuerdo son momentos de desear desmayarme para que alguien se diese cuenta de que no podía soportarlo más.

A finales de 2013 empecé hospital de día en ABB. Recuerdo alucinar porqué la gente se daba abrazos, me preguntaban como estaba, me decían que sin comer no podría ser feliz (¿Quien puede ser feliz comiendo? Lo único que me satisfacía a mi era cada día que conseguía comer menos y menos, comer era imposible que me hiciese ser feliz, además, yo no quería ser feliz, yo era una chica triste y lo sería siempre). El principio del ingreso fue muy duro, hacía síntoma en cuanto podía, no podía soportarme, creía que en 2 semanas estaría obesa. Mi distorsión aumentó de tal manera que creía que no entraba ni en el coche. Yo no quería curarme, pensaba que era algo imposible, solo quería que me dejaran adelgazar, me sentía muy superficial por querer adelgazar y muy culpable de que mis padres tuvieran que cuidarme. Aunque fue muy duro valió la pena.

La enfermedad ha sido la peor y  la mejor cosa que me ha pasado nunca, porqué gracias al tratamiento he aprendido cosas de mí y del mundo que me han ayudado a vivir de verdad.

 

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