Quien siempre gana, nada sabe de la vida*

Damos por hecho de que la vida debe ser siempre fácil, y a la que nos encontramos con una dificultad o injustícia de cara, el primer pensamiento que nos viene es “¿porqué a mi? qué injusta es la vida! Yo no merezco esto! ¿porqué?” y adoptamos una actitud victimista ante el problema o nos sentimos perdedores e imperfectos…

Pero no. La vida no es fácil para nadie.

Todos tenemos épocas más cálidas donde el estado natural es sonreír y sentir bienestar, pero las épocas más grises y tristes también forman parte de una vida normal. Y muchas veces coherente. No es saludable estar contento cuando en tu alrededor están pasando hechos duros y difíciles. Con esto tampoco digo que haya que encerrarse y aislarse, ni mucho menos. Simplemente digo que hay que darse a uno mismo el espacio para poder expresar todo este malestar de una forma sana.

En mi caso mis mayores aliados en mis épocas más sombrías son la escritura (me ayuda a ordenarme y a conectar mejor con lo que me sucede), conversar con algunas personas especiales con las que me siento muy comprendida y la música (en mi caso, Ismael Serrano es mi mejor terapia).

Y como dice él, “quien siempre gana, nada sabe de la vida”. Así que en el fondo, aunque en las épocas sombrías sea difícil verlo y sentirlo con claridad, la sabiduría y la fortaleza mental se consiguen a través de las experiencias. Así es la vida…!

 

 

a veces la vida duele

Los que me conocéis sabéis que soy una persona bastante positiva, con tendencia a dar la vuelta a las situaciones hacia el lado más optimista e intentando ver la vida con lentes más bien claros que tenues. Pero a veces la vida duele. Y mucho. Y también hay que aceptarlo. A veces duele tanto que te arrancarías una parte de ti para dejar de sentir el vacío, el precipicio, el vértigo. A veces la mente no es capaz de racionalizar nada para consolarte, y cualquier razonamiento que intente justificar la situación parece totalmente absurdo. Porque sí, de todo se aprende, pero a veces no hace falta sufrir tanto para llevarse la lección.

Hoy este texto no está escrito en primera persona, sino en tercera. Hoy he tenido el privilegio de conocer una parte más de una persona muy importante para mí, uno de sus mayores “secretos” no confesados, en los que un individuo le hizo pasar una muy mala situación, le hizo sufrir lo inimaginable y anular una gran parte de ella. Y la sensación de injusticia me corroe por dentro. Ella es una persona buena, noble, prudente, atenta, agradable… y no merecía ser víctima de ésa situación. Y lo peor en sí no fueron las durísimas vivencias, sino la parte de ella que murió al experimentarlas: la confianza en las personas y en la vida, la tranquilidad, la relajación, la autoestima, la confianza… Y eso es injusto. Muy injusto. Porque durante años te trabajas a ti mism@ para ir subiendo peldaños, consiguiendo objetivos, confiar un poquito más en ti, y de pronto alguien que llega a tu vida de repente te lo puede arrebatar todo.

Hoy no tengo nada más a añadir, las palabras se quedan cortas de sentido y contenido. Simplemente recordarte que si estás pasando una mala situación debido a que alguien no te está tratando correctamente, no es tu culpa. Nadie merece ser maltratado. NADIE. Debemos recordarnoslo todos los días…

Nostalgia de tanta inocencia…*

Los abuelos, qué importantes son!! Nos dan un apoyo incondicional, y siempre están dispuestos a escucharnos, mimarnos y cuidarnos…

Esta semana nos ha dejado mi abuela materna, y el dolor e impacto que inicialmente me causaron la noticia han dado paso a un sentimiento de gratitud y melancolía, cargados de muchísimos recuerdos preciosos en los que ella era la protagonista.

Recuerdo sus preciosos vestidos que me hacía para los “días especiales”. El olor del pan tostado en la chimenea. Las canciones antes de ir a dormir. Las navidades en familia. Sus canelones y sus increíbles patatas fritas, dignas de cualquier menú 5 estrellas. El relato de sus vivencias de su infancia en el escenario de la miseria de la postguerra y la dictadura. La complicidad de su serena mirada. Sus preciosos ojos azules. Los veranos en el campo, donde las excursiones a la fuente y al huerto nos hacían alejarnos por unos días de la vida “urbanita” y vivir sin reloj. Tu enorme fortaleza, digna de admirar. Tu gran capacidad de cuidarnos a todos, sin quejarte y con tu enorme sonrisa siempre presente… Tantas cosas…

Gracias por estos años, por este pequeño tesoro que me has regalado. Sé que tu ejemplo y las vivencias compartidas me servirán en los momentos clave, o cuando la duda y el miedo se apoderen de mí. Gracias, gracias, gracias, Porque personas como tú no se encuentran cada día, y yo he tenido la suerte de conocerte de muy cerca…

Descansa tranquila, siempre te recordaremos*

 

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¿donde está el enemigo?

PLANIFICAR. ORGANIZAR. CONTROLAR.

Este ha sido (y aún, en muchas ocasiones, es) mi mayor anhelo, mi gran coraza, mi enorme castillo. Vivir desde la agenda y el calendario. Metas. Objetivos. Mañanas imaginados a la perfección más absoluta, embriagados de felicidad y éxito. Mañanas en los que aparecía con un cuerpo de infarto, feliz, con pareja, con una gran carrera profesional y admirada por todos. Mi oasis. Sin problemas, sin dificultades, sin miedos. Sin compulsión. Siendo perfectamente correcta, ideal…

Paradójicamente, los días presentes se alejaban notablemente de ese mañana ideal. Mi realidad no me satisfacía, no… Había muchas cosas que funcionaban bien (aunque en el momento me costaba verlas), pero yo sólo creía que no era suficiente, No, ¿yo, mediocre? ¿conformista? Ni en sueños. No, no, no. Tenía que cambiar. Tenía que trabajar duro. Tenía… Tenía.. Tenía... Y cuando lo consiguiera, sería feliz. Sí, así, sin matices.

¿La realidad? Miles de días desaprovechados viviendo en mi burbuja, sin ser capaz de disfrutar de mi imperfecto alrededor. Compulsión para castigarme por no ser lo suficientemente disciplinada para conseguir el santo grial de mi hipotética felicidad. Insatisfacción, rabia. Y más compulsión. Y así he vivido durante años. ¿Os suena?

Con el tiempo he ido deshaciendo toda ese entresijo de hilos, y me he dado cuenta de muchas cosas. Primero: esas metas realmente no eran mías. Eran metas sociales, del modelo de éxito externo, que en muchas cosas se alejan mucho de mi brújula interna. Y cuando hay un cortocircuito interior, es prácticamente imposible que las cosas salgan bien externamente. Segundo: eran metas totalmente irreales, que no se pueden conseguir disfrutando ni sin obsesión. Porque las cosas necesitan su tiempo, y si quieres acortar plazos, no dudes que te obsesionarás… Y por último, también hay un punto de autocastigo muy viciado: al no conseguir lo que te propones (que en el fondo sabes des del inicio que es muy difícil que ocurra), sabes que el automachaque está asegurado. Y aunque sea pagando un precio altísimo, también se obtienen muchos beneficios: no sales de tu zona de comfort (estás demasiado atareado/a dándole vueltas a lo de siempre), no te arriesgas, no te frustras. Siempre te queda el “mañana todo cambiará y todo será diferente”, aunque el Hoy vaya hacia un camino totalmente opuesto.

 

Mi visión actual??? Metas realistas en las que el precio a pagar no sea tu bienestar. Me niego a sufrir más absurdamente. No, no y no. Me niego a ver la vida como un terreno hostil donde la lucha sea la canción que siempre esté sonando de fondo. ¿Donde queda el disfrute y la ilusión? No postergues. Aunque tengas un presente imperfecto, hoy es un buen día para empezar a valorar lo bueno y permitirte ser feliz*

 

 

Mañana? No, AHORA*

El tiempo pasa. Y pasa. Y sigue pasando. Mucho más rápido de lo que yo quisiera, la verdad. Tenemos claro que la vida es algo temporal, pero a menudo malgastamos nuestro preciado tiempo haciendo cosas que nos hacen sentir mal. Sí, por INERCIA. Sí, por RUTINA. Sí, por MIEDO a explorar lo desconocido. Y nos creamos una especie de búnker emocional donde la comodidad se apodera de nosotros, y aunque imaginemos que se puede vivir diferente, nos cuesta mucho salir de este punto. Y nos vamos apagando, volviéndonos “grises”, encerrándonos en un círculo cada vez más pequeño. Y eso nos provoca más sensación de agobio, pero a la vez nos parece que es una forma de protegernos.

Ése es el gran drama. POSTERGAR el hecho de VIVIR, y conformarnos con el SOBREVIVIR. Dejar de vivir el ahora pensando en un mañana imaginario (“cuando tenga vacaciones, seré feliz”; “cuando me jubile, estaré tranquilo/a”; “cuando encuentre pareja, me sentiré bien”; “cuando esté delgado/a, todo será diferente”). Y DESPERDICIAR el día de HOY, sin tener ninguna garantía que mañana estemos vivos. Sí, es así. La vida da rumbos inesperados, y NUNCA (repito) NUNCA NUNCA el bienestar real se encuentra en algo externo a nosotros/as. Aunque socialmente nos influencien para creerlo. Aunque la televisión diga lo contrario.

Te animo a hacer cada día un pequeño ejercicio donde el protagonista sea el acto de APRECIAR. Sí, aunque nuestros días sean bastante frenéticos y estresantes, siempre se puede encontrar un momentito para la gratitud hacia las pequeñas cosas. Valorar la confidencia que te hace un amigo, el hecho de que haga sol, lo bien que se está estirado en el sofá, una llamada de tu madre o el cosquilleo que sientes cuando estás con quien amas hace que no perdamos de vista que la vida es un acto MÁGICO e IMPERMANENTE.

¿Te animas?

anestesia para el alma*

Anestesiarse. Desconectar. Evadirse. 

Para mí, éstas son las mejores palabras que describen la sensación que siento cuando como compulsivamente. Es una manera de desconectar, de romper con el “ahora” por unos instantes e irme al limbo. Es una sensación que, al menos en mi caso, no se equipara a ninguna otra. Y es el estímulo que más me “llama” cuando mi día a día no es como yo quiero, o cuando estoy melancólica, nerviosa o triste. Aunque el precio a pagar sea ENORME. Porque además de ser un terrible castigo para el organismo (sí, aunque es  “sólo comida”, a base de repetir estos comportamientos durante años, el organismo también sufre sequelas y dolencias GRAVES), el peor precio es la sensación POST-atracón: culpabilidad, machaque, desesperación…. Sensaciones que cuestan DÍAS para que desaparezcan.

Pero lo seguimos haciendo. Y seguimos viendo la vida pasar, haciendo de la nevera, el supermercado, la televisión y la soledad nuestros más fieles compañeros de baile. Porque aunque físicamente hagas lo mismo que tu vecino o amigo, tu interior está desconectado del mundo, y divaga por otros escenarios donde el cuerpo, la comida, el peso y el “mañana todo será diferente” son los protagonistas.

Y van pasando los días. Las semanas. Los meses. Los años. Y te sigues prometiendo que es la ULTIMA VEZ que lo haces, y que mañana ya no lo harás más. Pero HOY SÍ, por última vez…

Hasta que decides SALIR DEL LABERINTO. Aunque te cueste horrores. Aunque te provoque noches sin dormir, angustia y dudas. Pero VALE LA PENA, sin ninguna duda. Porque la vida es demasiado bonita como para vivirla anestesiada*

Cuando la comida es más que comida (Geneen Roth)*

Si hay un libro que refleja mucho la relación entre la comida y la gestión de las emociones es éste. Os dejo aquí algunos fragmentos con los que me siento muy identificada. Yo no podría expresarlo mejor! :)

Un fuerte abrazo!

“¿Comes demasiado o demasiado poco? ¿Estás en lucha constante contra tu imagen? ¿Crees que cuando adelgaces tu vida cambiará, que tus problemas desaparecerán?Ha llegado el momento de poner fin a esa batalla. Haciendo dieta no perderás esos kilos que te sobran, ya sean cinco, diez o treinta. La solución está ante ti, a diario. En tu plato. Y en tu cuerpo. Comemos como vivimos: nuestra relación con la comida es el reflejo exacto de convicciones muy arraigadas sobre nosotros mismos.Todo lo que pensamos sobre el amor, el miedo y la transformación se expresa en cómo, cuándo y qué comemos.Por eso, la próxima vez que te sientes a comer, detente. No dejes de comer, sólo párate a observar lo que sucede en tu interior. En tu forma de comer reside la sabiduría, el camino hacia una figura más saludable, si, pero sobre todo hacia una relación enteramente nueva contigo misma.”

“Nunca subestimes tu tendencia a huir…si comer compulsivamente puede estar dentro de alguna categoría, sin duda se trata de una forma de escapar de nosotros mismos cuando las cosas se ponen difíciles. Cuando no queremos saber lo que está pasandoLa adicción a la comida es una forma de distanciarnos de las cosas cuando no son como nos gustaría. Les digo que acabar con la obsesión por la comida se basa en nuestra capacidad para vivir el presentepara no abandonarnosPerder peso es la parte fácil, cada vez que eres consciente de tu hambre y de tu sensación de estar llena, pierdes peso.

Pero también les digo que la adicción a la comida es básicamente una negación a estar plenamente vivas.No importa cuánto peses, las adictas a la comida padecemos anorexia de almaNos negamos a aceptar lo que nos nutre.Vivimos pasando hambre, y cuando ya no podemos soportarlo más, nos atiborramos. La forma de conseguir todo esto es mediante el simple acto de huir – de abandonarnos- cientos de veces al día. (…)”.

“Hay muchas formas de huir. Salir por la puerta. Alquilar un helicóptero. Distraerte para no sentir dolor haciendo miles de cosas: pensar en otra cosa, culpar a tu madre, culpar a otra persona, pelearse, compararse con otras personas, soñar con el futuro, recordar el pasado, no involucrarse nunca demasiado. Comer. Pasarte la vida intentando adelgazar o tratando de resolver el problema. Resignarse a la lucha interminable con la comida para no tener que profundizar nunca en el sentido que tiene la misma, ni descubrir quién eres y cómo podrían ser tus relaciones sin el drama de la comida. Quedarte donde estás con tus sentimiento, con lo que estás viendo o experimentando es el primer paso para poner fin a la obsesión con la comida. Y aunque parezca que acabar con nuestra obsesión es lo que todas queremos, en realidad queremos conservarla un poco más. Y por varias buenas razones.La obsesión nos mantiene ocupadas cuando tenemos el corazón hecho pedazos por acontecimientos desgarradores. Como ver que tu hijo enferma o tu pareja muere. La obsesión te ofrece un billete de avión para huir de cualquier situación descorazonadora.

No huyamos. Estemos despiertos, sin drogarnos con la comida, el alcohol, el trabajo, el sexo, el dinero, las drogas, la fama o la negación. ¿Es mucho pedir?”

Describe tu cuerpo en una sola palabra*

“Eres gorda, eres fea, das asco. Esto es lo que me solía decir cuando me miraba al espejo. No quería mi cuerpo. Odiaba mi cuerpo. Quería esconderme del mundo….Pensaba que estaba sola, que nadie más sentía lo mismo que yo. Pensaba que la solución era bajar de peso: “cuando esté delgada, todo cambiará”; “cuando tenga el cuerpo que deseo, seré digna de amor”; “cuando físicamente haya cambiado, me mereceré cosas buenas”…

Y mientras te obsesionas con la búsqueda de éste particular “santo grial”, pierdes totalmente la perspectiva de la realidad. Eres injusto, muy muy injusto contigo mismo. La comida mueve tu vida. Si un día las cosas no te van como quieres, te castigas dándote atracones, vomitando o ayunando. Entras en un círculo perverso, donde la sensación de caos es una constante. Tus relaciones sociales, familiares, laborales… quedan afectadas. Tu salud, por descontado, también.

Vives en una realidad obnubilada, casi “paralela”. Durante el día llevas una especie de “máscara” para no preocupar a los demás, y cuando estás sólo utilizas la comida para callar tus emociones y heridas más profundas: tristeza, rabia, miedo…

El problema es que ni toda la comida del mundo te saciará el hambre emocional, y ningún número en la báscula reparará tus heridas. No. La única fórmula consiste en destapar todo este embrollo para ver qué esconde. Porque nadie en su sano juicio quiere vivir de esta manera. Porque el estar “bien” debería ser nuestro estado natural, y debemos no conformarnos con menos. Porque aunque el tipo de sociedad no ayude, tenemos que repetirnos TODOS LOS DÍAS lo mucho que valemos, y lo fantásticos que son nuestros cuerpos.

Fíjate en los niños; despiertan ternura, amor incondicional. Nosotr@s seguimos siendo igual de dignos de amor y de sensibles, aunque nos vayamos cubriendo de “capas” a lo largo de nuestra vida. Debemos recordarlo siempre…”

Un abrazo!!!!

Vídeo muy recomendado:   http://www.youtube.com/watch?v=-9-FCyPKcy0  (debemos aprender a amar a nuestro cuerpo)

Compañeros de viaje*

Sin duda, el sabor de boca dulce que deja pasar por una experiencia como la que viví fue la gran calidad humana que me acompañó durante ese camino. Personas que, sintiéndose también perdidas pero con un fondo de inconformismo ante aquella situación, decidieron hacerle un pulso a ese embrollo y mirar a la vida directamente a los ojos, aún con el miedo a la incertidumbre y al descubrir qué se escondía detrás de la tapadera del TCA.

Compartimos miles de confidencias, descubrimientos, lloros, tristezas y miedos… pero también alegrías ante los pequeños avances, ante los permisos que poco a poco íbamos consiguiendo, satisfacción al echar la vista atrás y observar el camino recorrido y felicidad ante la nueva forma de vivir que se nos iba presentando: más tranquila y sana, con menos perfecionismo y obsesión y, sobretodo, con una mayor calidad de vida.

Hoy recuerdo aquél agosto de 2007 que crucé la puerta de Abb por primera vez. El miedo y la frustración ante mi falta de “control” de la situación eran mis principales acompañantes… Y también recuerdo la salida por la misma puerta 5 años más tarde: satisfecha, feliz y con un saco de amigos con los que puedo contar incondicionalmente.

Algunos al día de hoy estáis muy presentes en mi vida; otros circunstancialmente no, aunque el cariño que me une a vosotros siempre está presente en mi. Así que os digo GRACIAS de todo corazón, os deseo lo mejor del mundo y que aprovechéis la gran oportunidad que tuvimos un tiempo atrás! :) un besazo!!!!!!! 😀

caminos…

DECIDIR… Vértigo e ilusión. Incertidumbre y suave cosquilleo esperando lo desconocido. Miedo a desprenderse y ganas de descubrir. Ying y yang…. En fin, ambivalente, como la gran mayoría de elementos que forman parte de nuestra vida.

Nos aferramos a objetos, personas y situaciones que aunque actualmente no nos sirvan, no nos hagan felices o no nos permitan vibrar a causa del miedo a DECIDIR CAMBIAR ALGO.  Aunque sabemos que la vida es limitada, que nada nos asegura que mañana sigamos aquí o que la vida puede dar un vuelco en cuestión de segundos, muchas veces nos quedamos paralizados ante la toma de decisiones. ¿opción aparentemente “segura” o aquella que recupere el brillo de nuestra mirada? ¿dejarse llevar por aquello que culturalmente y socialmente se considera “exitoso” o “triunfador” o aquello que nos haga levantarnos cada mañana sintiendo la gratitud de estar vivo y con una sonrisa de oreja a oreja? ¿aceptar dejarse llevar por el gris de la rutina o por la luz de la lucha por nuestros sueños más íntimos y profundos?

Supongo que la situación de cada uno es un mundo, y eso hace que no existan decisiones “correctas” o “incorrectas”… en cada camino uno gana cosas nuevas y deja atrás algunas otras, y sólo con la perspectiva del tiempo se puede apreciar realmente todo lo aprendido. No pienses que los demás lo tienen más fácil: quizás no tienen las mismas luchas que tú, pero batallan con otros fantasmas y miedos. Así que atrévete a dibujar tu camino… si decides desde el corazón, siempre tendrás la aprovación de la compañía más especial: la de ti mismo :)

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