Archivo mensual: junio 2014

Mañana? No, AHORA*

El tiempo pasa. Y pasa. Y sigue pasando. Mucho más rápido de lo que yo quisiera, la verdad. Tenemos claro que la vida es algo temporal, pero a menudo malgastamos nuestro preciado tiempo haciendo cosas que nos hacen sentir mal. Sí, por INERCIA. Sí, por RUTINA. Sí, por MIEDO a explorar lo desconocido. Y nos creamos una especie de búnker emocional donde la comodidad se apodera de nosotros, y aunque imaginemos que se puede vivir diferente, nos cuesta mucho salir de este punto. Y nos vamos apagando, volviéndonos “grises”, encerrándonos en un círculo cada vez más pequeño. Y eso nos provoca más sensación de agobio, pero a la vez nos parece que es una forma de protegernos.

Ése es el gran drama. POSTERGAR el hecho de VIVIR, y conformarnos con el SOBREVIVIR. Dejar de vivir el ahora pensando en un mañana imaginario (“cuando tenga vacaciones, seré feliz”; “cuando me jubile, estaré tranquilo/a”; “cuando encuentre pareja, me sentiré bien”; “cuando esté delgado/a, todo será diferente”). Y DESPERDICIAR el día de HOY, sin tener ninguna garantía que mañana estemos vivos. Sí, es así. La vida da rumbos inesperados, y NUNCA (repito) NUNCA NUNCA el bienestar real se encuentra en algo externo a nosotros/as. Aunque socialmente nos influencien para creerlo. Aunque la televisión diga lo contrario.

Te animo a hacer cada día un pequeño ejercicio donde el protagonista sea el acto de APRECIAR. Sí, aunque nuestros días sean bastante frenéticos y estresantes, siempre se puede encontrar un momentito para la gratitud hacia las pequeñas cosas. Valorar la confidencia que te hace un amigo, el hecho de que haga sol, lo bien que se está estirado en el sofá, una llamada de tu madre o el cosquilleo que sientes cuando estás con quien amas hace que no perdamos de vista que la vida es un acto MÁGICO e IMPERMANENTE.

¿Te animas?

anestesia para el alma*

Anestesiarse. Desconectar. Evadirse. 

Para mí, éstas son las mejores palabras que describen la sensación que siento cuando como compulsivamente. Es una manera de desconectar, de romper con el “ahora” por unos instantes e irme al limbo. Es una sensación que, al menos en mi caso, no se equipara a ninguna otra. Y es el estímulo que más me “llama” cuando mi día a día no es como yo quiero, o cuando estoy melancólica, nerviosa o triste. Aunque el precio a pagar sea ENORME. Porque además de ser un terrible castigo para el organismo (sí, aunque es  “sólo comida”, a base de repetir estos comportamientos durante años, el organismo también sufre sequelas y dolencias GRAVES), el peor precio es la sensación POST-atracón: culpabilidad, machaque, desesperación…. Sensaciones que cuestan DÍAS para que desaparezcan.

Pero lo seguimos haciendo. Y seguimos viendo la vida pasar, haciendo de la nevera, el supermercado, la televisión y la soledad nuestros más fieles compañeros de baile. Porque aunque físicamente hagas lo mismo que tu vecino o amigo, tu interior está desconectado del mundo, y divaga por otros escenarios donde el cuerpo, la comida, el peso y el “mañana todo será diferente” son los protagonistas.

Y van pasando los días. Las semanas. Los meses. Los años. Y te sigues prometiendo que es la ULTIMA VEZ que lo haces, y que mañana ya no lo harás más. Pero HOY SÍ, por última vez…

Hasta que decides SALIR DEL LABERINTO. Aunque te cueste horrores. Aunque te provoque noches sin dormir, angustia y dudas. Pero VALE LA PENA, sin ninguna duda. Porque la vida es demasiado bonita como para vivirla anestesiada*

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