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La perdida de un padre.

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Se acerca una fecha especialmente delicada para mí. El próximo dia 23 de este mes de Septiembre cumple un año del fallecimiento de mi padre, la verdad es que no ha sido un año nada fácil.
Mi padre fue un gran desconocido para mí, realmente nuestra relación era muy conflictiva y desde mi punto de vista fue un padre despreocupado.
Apenas me quedan recuerdos de él, conviví con el hasta los 4 o 5 años por lo que prácticamente no me acuerdo de nada, a esa edad el matrimonio de mis padres truncó y se divorciaron. A partir de aquí nuestra relación estaba marcada por frialdad y por mucha distancia.
Nunca jamás he pasado con él un fin de semana ni mucho menos unas vacaciones, y es verdad que no ha estado ahí en muchos momentos en los que yo lo hubiera deseado. Sin embargo yo nunca dejé de luchar por conseguir una relación con él, siempre estaba disponible para lo que él quisiera.
A veces venía un domingo al mes a tomar una cerveza conmigo y con mis hermanos y para él ese hecho era lo máximo que podía hacer por mí. No obstante yo siempre tenía ansias de recibir más, más y más, obviamente porque no recibía ni un minimo.
En los dos últimos años quizás si note un cambio en su actitud, y al menos intentaba mostrar más interés en acercarse a mí. Pienso que el como padre se arrepintió de tantos momentos perdidos con nosotros y que en el fondo se sentía vacio.
Lo peor que me pudieron poner en mi camino, sin duda alguna, fue la muerte de mi padre….ahí termino mi fantasia de poder tener una relación padre-hija que siempre añore. En ese momento terminó mi frustación, pues ya no podía luchar mas por aquello.
Desgraciadamente no pude despedirme de el, pues fue un infarto fulminante inesperado, cuando llegue al hospital me dijeron que estaba estable y que salió de la primera parada cardiaca.
Recuerdo estar allí en el hospital diciéndole a mi madre: por favor que no se muera, me tengo que despedir de el, ambas llorando y abrazadas.
Al poco tiempo salió la doctora a explicarnos la gravedad de la situación y claramente nos dijó que las posibilidades de que sobreviviera eran mínimas. Sin embargo yo confiaba en que podía salir en que podía despertar aunque las secuelas con las que tendría que convivir serían muy grande pues quedaría como un vegetal.
Hablando con la doctora le dijé, que necesitaba verlo y decirle unas cosas, ella me dijo que no podía pasar bajo ningún concepto, sin embargo cuando ya estaba en sus últimos minutos la doctoro fue a buscarme y me dijo algo que siempre se me quedara grabado a fuego “ le quedan dos minutos para que su corazón se pare totalmente´´ me dejo entrar, recuerdo que fue la vez que más corrí por un pasillo, cuando llegue a su habitación allí estaba el intubado, dormidito, ya estaba pálido y su temperatura corporal estaba disminuyendo, yo sólo miraba al monitor y su pulso nada más que hacia bajar y bajar. Me recosté sobre su pecho y le decía: venga papaíto despiértate, no me dejes aquí que tenemos muchas cosas que vivir juntos todavía. No paraba de hablarle y besarle y también recuerdo pedirle perdón por si alguna vez como hija le falle.
Le cogía de la mano y estaba frio completamente, cuando mire al monitor, aquella pantalla solo mostraba una línea horizontal. Vinieron los médicos y me sacaron de allí, no podía despegarme de su pecho no quería que nos separarán.
Me frustró mucho no poder despedirme de el en condiciones, por que por mucho que yo le hablará el no me estaba escuchando….siempre necesitare respuesta por su parte a esa despedida.
Al día siguiente fue su entierro y quise hacerle una carta que junto con una foto de sus tres hijos quería que fuera quemado con su cuerpo en el fenetro para que en las cenizas me tuviera cerca de él.
Este hecho me paralizó mucho en mi vida, me cogió en 4º de carrera a inicios del curso, por lo que no pude rendir muy bien en mis primeros exámenes, y lógicamente me afectó mucho en mi tratamiento que nada más que trajo un bache tras otro.
Se me cerró el estómago por lo que me pase muchos días apenas comiendo sin embargo luego volvería un síntoma tras otro, también me encontraba muy triste por lo que empecé a quedarme más en la cama e incluso empecé a faltar a clase.
Mi aliciente, y el motivo por lo que yo luchaba día a día, era aquella relación que acabo con la muerte de mi padre.
Los primeros días y primeros meses fueron horrible, no llegaba a asumirlo… no paraba de llamar a su número, de mandarle mensajes, correos y whatssaps. Me pase dos meses soñando siempre con el mismo sueño. Y siempre me dormía con una foto suya debajo de la almohada asi me aseguraba de que lo primero y lo último que veía en mi día seria a él.
La verdad es que en este año he deseado muchas veces que mi vida se hubiera ido con la suya, sin embargo ahora pienso que esta herida con el tiempo se hará más pequeña y dolerá menos, pero nunca será tan pequeña como para olvidarla, por el daño tan fuerte que me marcó.

Una despedida especial que supone un avance.

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A mi terapeuta:

Bueno como sabéis actualmente continuo en tratamiento en el centro de abb de Sevilla.:he dado un pasito más, corto pero firme, ha sido un avance que me ha supuesto una despedida dura.

Siempre he tenido mucha facilidad para apegarme a gente, algunas veces de una manera sana y otras quizás de una manera menos adaptativa creando vínculos dependientes y dañinos. claro tengo que está facilidad de apegarme y de ¨ser una lapita¨ (como me dicen) es con el fin de llenar ese vacío interior insaciable y esa necesidad de recibir constantemente cariño y de sentirme especial e importante para determinadas personas.Esto a veces supone crear relaciones conflictivas además de muy dependientes con nuestro entorno en las que depositamos muchas expectativas e inconscientemente exigimos recibir tanto de la otra parte implicada que podemos sobrecargar a la otra persona y que esta se canse.

A partir de este tema, quiero compartir con vosotros una despedida muy especial que he tenido con mi terapeuta (anónima) con la que he compartido aproximadamente dos años y medio casi de tratamiento. Como he hecho mención ha habido un avance, un cambio,  lo que supone en mi tratamiento trabajar con un nuevo grupo de personas con las mismas dificultades y con nuevos terapeutas por lo que dejo atrás mi paso por hospital de día y a todos los terapeutas que conforman el equipo de hospital de día de abb.

he compartido muchísimas horas con ello, muchas terapias, muchas actividades, muchas risas, también muchos lloros, enfados, rabietas y pataletas….pero de quien más me ha costado hacer este despegue es de mi terapeuta de referencia:ELLA, esa mujer que ha tenido una paciencia y un aguante increíble conmigo y que ha estado semana tras semana, día tras día.

ELLA, ademas de terapeuta y profesional es una mujer que me ha enseñado muchas cosas: nuestro trabajo ha ido encaminado hacia la aceptación de mi misma con mis defectos y mis virtudes, hacia ser una chica auto suficiente, autónoma e independiente, hemos trabajado multitud de obsesiones, inseguridades, y mi gran amiga la autoestima, también me ha enseñado a quererme y mimarme.

Con ella al principio como con todo terapeuta me costó abrirme y confiar: hubo al principio muchas mentiras inconscientemente para ocultar cosas o síntomas, sin embargo esa actitud duró muy poco y rápidamente estreché un vínculo que siempre he intentado que sea una relación terapeuta-paciente, pero no siempre lo he podido conseguir:habido momentos en los que la he sentido como mi confidente y otros en los que la he llegado a sentir incluso como una figura maternal ( en momentos como la muerte de un ser querido, o la ruptura de una relación)

ELLA, siempre ha sido muy clara y tajante conmigo, muy concisa, pero también si he necesitado un abrazo me lo ha dado: siempre digo a mis compañeras ¨los terapeutas son profesionales, pero también son humanos con sentimientos¨.. Sin embargo gracias a su actitud, postura y profesionalidad ha intentado que este vinculo fuera sano para mí.

 

Hasta aquí es todo muy bonito……pero es verdad que con ella( y también me pasa con personas cercanas:madre,hermana, compañeras)….he podido mostrar un comportamiento ambivalente: a veces la quería tanto y otras veces preferiría no verla, esta es una actitud que puedo decir que se va minimizando y quizás es una de las cosas de las cuales más orgullosa me siento de haber cambiado de cara a la gente.

Este ¨amor-odio¨ que a veces he mostrado, no es más que una actitud muy inmadura e infantil. sin embargo a lo largo de mi paso por hospital de día llegué a mostrarla a diario a todos y cada uno de las personas del equipo: cuando hacía las cosas bien,cuando me dejaban hacer lo que quería o cuando yo llevaba razón…¡los amaba a todos!,  pero cuando no me bailaban las aguas (como yo digo) me cogía unos berrinches, pataletas, enfados y cabreos que no podía ni verlos, de hecho mis miradas eran flechas de fuego que desprendían odio, malas contestaciones y rebeldía.

Era una actitud tan automatizada e inconsciente que el darme cuenta y pararme a trabajar sobre ella me costo mucho y a veces aunque en menor medida cuando sale soy capaz de pararme y ver lo que sucede.Así que desde aquí pedir disculpas a mi equipo de hospital de día sobre todo a mi terapeuta (anónima) que al fin y al cabo es la que me daba los permisos y me autorizaba el poder hacer cosas o no hacerlas ¡ todo el marrón caía sobre la pobre mía! ¡ GRACIAS por vuestra paciencia y disculpad esta actitud patológica.

 

Agradecer a ella, las ganas que me ha transmitido, esas ganas por salir del hoyo cuando todo lo daba por perdido: esas semanas que me pasaba metida en la cama, deprimida sin ganas de salir, sin ganas de ir a la universidad, en definitiva sin ganas de vivir mi vida….ahí estaba ella animándome para enfrentarme a todo lo que se me pusiera por delante.

Recuerdo que hubo una época que por la misma tristeza y apatía era incapaz de arreglarme maquillarme y salir a la calle (y eso que siempre he sido una niña muy coqueta), pues ahí estaba ELLA animándome desde su lado de mujer enseñándome a mimarme, a quererme, a no dejarme llevar por mi estado de animo o apatía y desde ese lado saber cuidar mi imagen de una manera sana: recuerdo que mis primeros días en hospital de día me presentaba en el centro en chándal, con botines, sin pintar y con un moño y ¡lista! y porque no podía ir en pijama que sino allí me presentaba… pues ahí estaba esa mujer transmitiéndome las ganas de sentirme agusto conmigo misma. ¡ GRACIAS terapeuta por ayudarme a recuperar mi faceta coqueta y presumía!

¡GRACIAS por confiar en mí cuando yo me veía incapaz de lograr cualquier objetivo!…ha sido una motivación personal conseguir con ella tantos objetivos, cuando después de varios procesos terapéuticos a lo largo de mi vida me han hecho llegar a mis oídos como que era una niña difícil de tratar y manejar,¡ELLA lo ha sabido hacer y confiar en mi!

¡GRACIAS por tus miradas cómplices y abrazos! ELLA me daba una de cal y otra de arena, a veces cuando llegaba allí muy mal de tener un día malo en la universidad o en casa, únicamente me bastaba con buscarle una mirada o pedirle un abrazo para serenarme y tranquilizarme: a veces cuando llegaba a la hora de comer la interrumpía cuando los terapeutas comían o estaban en una reunión pero llegaba tan mal que el verla o pedirle un abrazo hacia que volviera a mi normalidad. ¡ ELLA, siempre ha sabido entender mis necesidades y mis urgencias!

¡GRACIAS por todo tu apoyo!

ahora, ya no va a ser el mismo trato con ella cuando estoy con otro grupo pero siempre la voy a recordar con mucho cariño, siempre va a estar muy presente en mi día a día, en mi recuerdo y en mi corazón. y asi se lo reflejé en una carta que le hize de despedida en nuestra ultima sesión.

solo espero que pronto, el dia que tenga que firmar mi alta medica o dar mi testimonio cuando esté completamente curada y limpia de esta enfermedad, ELLA esté sentada conmigo a mi lado.

GRACIAS: Diego, Almudena, Carolina, Mª del Mar, Isabel, Minerva y Claudio ( equipo de terapeutas de hospital de día) y a todo mi grupo que dejo atrás para seguir avanzando en este largo camino.

 

Dirigete hacía el equilibrio y evita los extremos

Equilibrio

Hoy me he dado cuenta de ¨lo rígida¨ y ¨lo cuadriculada¨ que soy, bueno que soy no, que me ha convertido la enfermedad.

Recuerdo que de pequeña era todo lo contrario era una niña muy despreocupada, incluso me atrevería a decir que incluso a veces lo era excesivamente. Despreocupada en todos los aspectos; no me preocupaba de hacer los deberes del colegio, no me preocupaba de ordenar la habitación ni de planificar mi vida, tampoco de organizarme (obviamente las responsabilidades eran muchos menores que las de ahora). las opiniones y juicios de las demás persona no me afectaban, es más, me causaban indiferencia.

No me agobiaba absolutamente nada y a todo ello se añadía que era una niña muy risueña, alegre,divertida y súper espontánea.
Todo esto iría cambiado en la adolescencia y conforme iban pasando los años se iba acentuando todo lo opuesto: me atormentaba todo, me volví muy planificadora, rígida y nada flexible. Todo lo debía tener estructurado y si no cumplía esa planificación, me frustraba mucho.

Poco a poco veía que mi personalidad verdadera se iría nublando y/o erosionando por la enfermedad, pasé por épocas de mucha apatía, otras épocas acomodada en la tristeza por las experiencia que había vivido.Evidentemente esta actitud se veía reflejado en todas mis acciones del día a día.
Me volví muy auto exigente con los estudios sobre todo en bachillerato y primer año de carrera, me hacia los planing de estudios y los cumplía a rajatabla, por supuesto no podía saltarme ni un día el número de horas que me había establecido para estudiar.No solo en los estudios me ocurrió esto sino también en la actitud hacia la comida: tenía planificada el tipo de alimento, tipo de cocinado y por supuesto en la estructuración en cuanto a las horas de las comidas ( por ejemplo si cenaba a las 21.00, no me podían poner la comida ni un minuto mas tarde, ni un minuto antes).

Mientras todo esto transcurría en mi vida me daba cuenta de lo ¨automática¨ que era yo en mis acciones, era como una máquina o un ordenador programada para hacer mis actividades, pero a la vez no estaba viviendo.Me di cuenta que no disfrutaba de mi día a día ni de las cosas que hacía.
No podía fijarme en las pequeñas cosas buenas que me rodeaba que al fín y al cabo son las que te aportan felicidad y te llenan.

Hasta aquí llegué, una de las cosas que veo más frecuentemente con las personas que trato también con está dificultad es que todas tenemos en común todo esto: la auto exigencia, la perfección y la rigidez. Como yo digo “nos volvemos muy cuadriculadas´´

Antes esto un día me paré a reflexionar y decidí cambiar mi actitud; no me gustaba ni un polo ni el otro: no me gustaba mi lado de despreocupado pero tampoco el otro extremo.
Esto a lo largo del tratamiento lo he ido trabajando y claro eso de que en un terapeuta me diga ¨en el punto medio esta la virtud¨……me desataba por dentro, yo para mis adentro pensaba, ¿pero vamos a ver cómo se yo cual es mi punto medio con lo extremista que soy?

Una y otra vez intentaba cambiar está actitud: quería estar tranquila con mi día a día, que mis responsabilidades y obligaciones no me causarán ansiedad, quería tener un espacio para mí misma: para mi ocio, para mi diversión, para mi familia, para mi pareja (si en ese momento la tenía).No fue fácil cambiar esta actitud, pero estaba claro que lo que quería es ser mas flexible y mimarme (y no automachacarme).

Intento tras intento fui cambiándolo y empecé a ver las cosas de otras maneras: Estudiaba pero era capaz de salir y descansar para tomar un café con mis amigas. también flexibilicé  en cuanto al tema de la comida, empezaría a salir a comer fuera y probar cosas nuevas (saliendo de mi zona de confort, es decir, de mi casa y del tipo de comida que yo podía controlar), me dejaría llevar por lo que quería y lo que sentía sin obsesionarme por lo que debía o tenía que hacer.

En definitiva empezaría a complacerme a mi misma y no tanto a los demás….y en todas estas pequeñas cosas, todo lo que era tristeza y apatía se iría convirtiendo en buenos momento o momentos no tan dramáticos.

Optimismo vs Pesimismo

`` EL OPTIMISTA TIENE UN PROYECTO, EL PESIMISTA UNA EXCUSA´´

Quizás no estáis leyendo a la persona más optimista de este mundo, pero que si día a día lucha por ser un poco más optimista.

Ayer mismo no tuve un buen día y volví a casa algo negativa, sin embargo no hice nada en ese momento por cambiar esa actitud. Hoy decidí no seguir así e intentar buscar “el lado buena de las dificultades” que me pone la vida.

Muchas veces cuando estamos mal debemos quitar piedras o moverlas de nuestro camino, de otro modo, si no cambiamos la actitud, más piedras se acumularán hasta hacerse un muro que imposibilitará seguir nuestro camino.

Siempre he estado muy unida al “pesimismo” y todo lo que ello me conlleva: mucha frustración, apatía y desanimo, sin embargo, me he dado cuenta que no es un buen compañero en mi vida y mi camino, de hecho nunca me ha aportado nada.

Creo que no es tarea fácil que una persona pase un día  “de ver el vaso medio vacío”, a otro día inmediato a que “lo vea medio lleno´´. El optimismo es una actitud frente a la vida que creo que hay que trabajarla día a día: creo que el cambio radica en la manera en la que enfocamos las cosas. Pienso que no se trata solo de una actitud, sino un modo en el que vivimos los acontecimientos que nos ocurren.

El pesimismo es muy autodestructivo, nos hace creernos incapaces de lograr nuestras metas, por el contrario creo que el optimismo conlleva ser una persona entusiasta, dinámica, emprendedora, con afán de superarse, luchadora que cree en sus posibilidades, habilidades y capacidades para lograr cualquier objetivo que se proponga.

Sin duda una persona positiva tiene mejor actitud a la hora de enfrentarse a sus problemas y buscar las soluciones, ventajas o salidas. Además el optimismo nos hace tener mejor disposición hacia los demás en cualquier ámbito: en el trabajo, en conocer nuevas amistades, en la pareja… Siempre cuando conocemos a alguien solemos esperar una reacción y actitud que sea positiva y abierta.

En muchas ocasiones en las que sólo nos centramos en lo negativo, dejamos que pasen de largo muchas oportunidades. Esto fácilmente puede ilustrarse con un ejemplo como puede ser simplemente el suspenso de un examen: esa situación de agobio y auto machaque emocional que nos hacemos por no haber rendido en una materia, puede hacer que nos bloqueemos autocastigándonos sin ver que el tiempo que estamos perdiendo en agobiarnos lo podríamos utilizar en avanzar y estudiar otra materia.
El pesimismo no solo anula aquel objetivo que no hemos conseguido sino que desvaloriza todos los demás logros que hemos ido consiguiendo anteriormente.

Muchas veces atribuimos erróneamente el pesimismo como una característica personal e incluso como si se tratara de un estado anímico, por otro lado, mi propia experiencia me hace creer que no es así, y que se debe a un conjunto de circunstancias temporales: nos centramos en creernos que porque hayamos tenido acontecimientos malos en el pasado, también van a estar en el presente y futuro en vez de pensar que porque hayamos tenido malas experiencias en el pasado, no tiene por qué ocurrir lo mismo en el futuro.

Quiero acabar esta reflexión personal con esta frase: No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño. Finalmente decir: en la vida triunfan los que tienen más capacidad de luchar sin perder la sonrisa.

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