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Anorexia García García, 3ª parte o ‘Paco-terapia’ | Ángel

imageIgnoro si hay una razón físico-cuántica o sencillamente es por pura solidaridad, pero dicen que los perros enferman cuando alguien de la familia enferma. El caso es que nuestro querido y precioso pastor alemán Roko, no se contagió de la anorexia de nuestra hija porque el pobre ya arrastraba un cáncer como una pelota de playa, pero sí tomó la decisión más difícil y hermosa de su vida: marcharse el mismo día que ingresábamos a Ana en el hospital de día. El mismo día que un carpintero nos colocaba cerraduras por fuera en los cuartos de baño y la cocina, mordiéndose la lengua por preguntar por qué narices hacíamos semejante estupidez. Sí, fue un día triste, muy triste, en el que confluyeron todas las tormentas perfectas. Mi hija mayor y yo llevamos a Roko a sacrificar porque él nos lo pedía, él era consciente de lo enfermo que estaba, que llegaban tiempos duros para la familia y no quería seguir siendo una carga un día más. Regresamos a casa con su collar, ya recordándole y allí seguía el carpintero cambiando pomos, aún más alucinado al ser testigo de nuestros abrazos y sollozos. No debió de ser un día cualquiera para el.

Afortunadamente, el luto por Roko desde su marcha al cielo canino, no duró mucho. Ana, desde su secuestro por Anorexia, debió tener un arrebato de inspiración y se emperró, o mejor dicho se engató un día en adoptar un felino. ¡Un gato en casa! Indudablemente las cosas estaban cambiando en la familia. Pasábamos de tener un perrazo de pasarela y pedigrí, a un gatito sin títulos nobiliarios, ni árboles genealógicos que colgar de la pared. Su abrigo de piel parda salpicada de manchas negras y grises contrastaba con sus enormes ojos verdes como lagos de alta montaña. Paco, lo llamamos Paco. Ni Milú, ni Michú ni Fufú. Paco, como José o Luis o Manolo. Un nombre que no pasa de moda, que década tras década se sigue voceando en todos los barrios. Un nombre callejero como él. Su pasaporte decía poco de sus orígenes, ni de quién lo abandonó en la perrera. Tan solo nos garantizaron que tenía 7 vidas y 12 primaveras y que era el animal más sociable de entre sus compañeros de celda. Y así pudimos confirmarlo. Desde el momento cero, Paco, haciendo uso de sus contorneos de rabo y su picaresca de calle, se enroscaba entre nuestras piernas buscando afanosamente todo el cariño que no se había cobrado en su encierro.

Fue a los pocos días cuando Paco conoció a Anorexia. Más listo que el hambre, Paquito no acababa de comprender como aquella preciosidad de mujercita, que además le daba de comer, le trataba a veces con tanta frialdad. Al verla regresar de la calle, Paco reclamaba impaciente su dosis de mimos, pero cuando se encontraba entre sus brazos, recibía unas extrañas cargas electromagnéticas que conseguían al final que huyera despavorido con ayuda de uñas y dientes. Al poco tiempo Paco ya se escondía de ella tras el sofá. Cuando escuchaba su voz no sabía si era Anorexia buscándole para darle un latigazo de corriente o era Ana que le necesitaba de verdad. Ante el recelo del felino, Ana, impotente, se echaba a llorar como un Eduardo Manostijeras que quiere querer pero corta con sus cuchillas.

Pero el tiempo, más tarde o temprano lo cura todo. Ya han pasado tres meses desde la llegada de Paco y en lugar de arrugarse, este gato ha asumido de forma natural el papel de sparring de Anorexia por un lado y de coach de Ana por otro, haciendo las funciones de saco pugilístico y de peluche a la vez. El muy felino es perfectamente consciente de cuando le viene el chaparrón de Anorexia o cuando debe acurrucarse en el regazo de la auténtica Ana, para actuar de bálsamo, de burbujas de plástico para que ella vaya explotando una a una sus frustraciones y miedos. Eso sí, después de su dura jornada de terapia, Paco exige sus honorarios en forma de pienso y un cajón con tierra limpia donde quirúrgicamente esconder sus heces. Lo cual bien obliga a Ana a escapar por un instante de Anorexia para sentirse útil y cuidar del pequeño terapeuta con bigotes.

Y así, día a día, hemos ido ejercitando en casa la Paco-terapia. Un tratamiento casero, recomendable, a caballo entre los masajes de emociones y el volver a tomar responsabilidades. Un ejercicio ideal para despertar ternura y ablandar callosidades. Desconocemos si los gatos también enferman cuando sus dueños enferman. No le deseamos nada malo a Paco, pero si consiguiera llevarse consigo a Anorexia a algún rincón lejano para liberar a Ana, se lo agradeceríamos en el alma.
¿Hasta que punto estaría Paco dispuesto a semejante sacrificio?
FIN

Anorexia García García, 2a parte |Ángel

técnica-de-liberación-emocionalHoy hace ya siete meses que nuestra hija Anorexia ingresó en el CERN (Centro Especial de Rescate de Nombres). Tal vez sean dos años, no recuerdo ya, desde que Anorexia secuestró a nuestra hija Ana. Es triste pero tenemos que retroceder bastante en el tiempo para recordarla realmente feliz, sana e inocente. Lo cierto es que hasta ahora en todo este tiempo de negociaciones con su captora, los avances habían sido para nosotros imperceptibles. No obstante, según el agente negociador Gutierrez encargado de nuestro caso en el CERN y siempre desde la cautela, parece que Anorexia comienza a mostrar signos de cansancio.

—Esta cediendo—nos informa Gutierrez en una sala decorada con obsequios de familiares y fotos de chicos y chicas recién rescatados—su resistencia va mermando con el tiempo. Anorexia está cada vez mas distraída y cansada de todos estos meses de tensión y negociaciones, la estamos agotando. Hasta ahora mantenía amordazada a Ana, pero desde hace un par de semanas parece que desde el fondo de su cautiverio, ella consigue lanzarnos señales de que quiere escapar. Ana comienza poco a poco a tomar conciencia de donde se encuentra, de quién la mantiene encerrada y engañada. Ese síndrome de Estocolmo que os comentaba se va quebrando. Pero aún queda mucho trabajo, ya sabéis… las negociaciones continuan.

Nuestro ya querido agente se dirige a nosotros por primera vez con una tímida sonrisa de victoria dibujada en sus facciones cansadas. Gesto que nosotros convertimos sin reparo en profunda satisfacción. Nosotros, sus padres, las otras víctimas, nos damos la mano intensamente para felicitarnos porque hora tras hora, día a día, mes a mes, en silencio, entre lagrimas y quebrantos, empezamos a creer que un día nuestra hija volverá a llamarse Ana.

Desde que fuimos testigos hace ya siete meses de la primera liberación de una víctima del centro, Sara creo recordar, otros tantos nombres han ido saliendo de sus cautiverios; Maria, Jordi, Susana, Helena, Liliana, Ainoa, dejaban atrás meses, años de oscuridad y dolor para volver paulatinamente a quererse y recuperar el respeto de los demás. Cada chico o chica que abandona el centro significa para nosotros una victoria contra toda la cascada de casos que van entrando mes a mes. Mientras, Anorexia Garcia-Garcia, sigue viviendo en su fría y oscura celda su secuestro. Eso sí, cada vez con más frecuencia, Anorexia se amodorra y es entonces cuando Ana se escapa de puntillas y sube al comedor con decisión y valentía a ayudar a las recién encerradas a que luchen contra sus captores. Ahora ya es una veterana y fue nombrada hace poco”marcadora oficial”. Un titulo muy especial para ella y para su familia, su club de fans número uno.

—¿Qué tal tu día hija? — le preguntamos durante la cena mientras ella ingiere mecánicamente una tortilla francesa. Ana levanta la vista del plato y baja la voz para que no le escuche Anorexia.

—Bien. Hoy Cristina se negaba a comer las croquetas y encima casi han llegado a las manos con Marta cuando ésta se ha reído de ella. Buf! al final me he tenido que meter a separarlas y después de media hora conseguía que Cris se calmara y se acabara la croqueta que quedaba en el plato. En la terapia muchas se duermen de lo drogadas que van… A Julia la meten en un 24horas, no pueden con su secuestrador. Y Silvia se da de alta del Centro… y eso que está casi en infrapeso. Mira, ya estoy recibiendo mensajes de Silvia diciéndome que no puede más, que no sabe como salirse de esta, pobrecilla, acaba de llegar…

Carmen y yo nos miramos furtivamente con gesto triste al tratar de imaginar lo que nuestra mujercita de quince años esta pasando. Yo me quejaba de la mili. Nos fijamos en sus marcas de las manos, brazos, cara, todas huellas de sus encarnizadas batallas entre ella y su secuestradora. Los dos sabemos que con el tiempo se borrarán aunque creo que jamás olvidaremos, ¿Cómo poder olvidar? ¿Aprenderemos a usar nuestro antiguo language en lugar de la jerga de esta guerra sin cuartel contra Anorexia?

“Toma, las pastillas. Dame el cuaderno para firmarte las ingestas. ¿Has rellenado el crono? No puedes ir sola. Ahora te abro el baño. No puedes ir con tus amigos sino se han entrenado. No puedes, No puedes, No puedes. Tomate el tente. Cariño, no me contestes así. No puedo más. Pronto habrá pasado todo mi amor…”

—La tortilla estaba muy buena—dice Ana rebañando el plato y despertándonos de nuestro ensimismamiento. Le sonreímos. Es la primera vez que la vemos disfrutar comiendo. Es otra tímida punta en la gráfica de esta crisis, pero para nosotros es otro gran paso adelante. El marcador va subiendo y tiempo tenemos de sobra: Anorexia 100-Ana 65!

FIN

Miradas | Ángel

 

Mírame,
y ella me mira pero no mira a nadie,
mira sedada, de cera,
sin admirarse por nada.

Míranos,
ella nos mira, añorada desde muy lejos,
nos mira fijamente a los ojos,
buscando su infancia.

Mírales,
ella les mira, son sus hermanos, sus amigos,
que la miran, la buscan, la quieren.

Mírate,
ella se mira y no se reconoce,
mira a su alrededor, está cansada, se duerme.

Mírala,
parece que ya ha despertado,
que ya ha regresado. Sonríe.

Mira,
qué suerte, la de vida que tienes por delante.

Angel, papá de Ana.

Anorexia García García | Ángel y Carmen

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Se llama Anorexia y en Mayo cumplirá los quince. Mi nueva hija ya no baila, no canta, no hace pasteles, no estudia, no ríe a carcajadas, no se quiere, no se acepta.

Hace ya un mes tuvo irremediablemente que abandonar su vida e ingresar en el CERN (Centro Especial de Rescate de Nombres), donde un equipo de negociadores trabajan para recuperar los nombres raptados de decenas de chicas y chicos. Anorexia por Eva, Anorexia por Ivan, Anorexia por Lucía, Anorexia por Julia, Anorexia por Ana. Ana era el nombre original de mi hija.

Las negociaciones con los raptores son largas y difíciles. Conseguir que Ana vuelva, nos han comentado los expertos, dependerá mucho de que ella sea capaz de desobedecer y aprender a desconfiar de su secuestradora. El primer día que Anorexia ingresó, nos destinaron una agente especial para trabajar en su caso. “Agente Gutierrez”, decía la placa que colgaba del cuello.

—No se preocupen. tarde o temprano se rinden y acaban liberándolas. En su caso Anorexia tiene encerrada a su hija bastante profundo, pero conseguiremos llegar hasta ella y rescatarla.

A los pocos días de entrenamiento en el CERN, Anorexia comienza a sentirse acorralada, enfadada, irascible, tensa, porque ya no tiene espejos ni básculas donde engañarse. Ahora los baños y la cocina están cerrados con llave, por lo que no tiene donde vomitar los fantasmas o atracarse de ellos. Los negociadores le suministran medicación para relajarla y así poder poco a poco convencerla de que libere a Ana, de que está perdida, que no tiene nada que hacer porque ni los padres, ni nadie van a ceder y pagar por el rescate.

El momento más especial gratificante de este centro es cuando desde alguna habitación comienza a escucharse, primero en susurros pero luego con total nitidez como una chica está siendo liberada:

—Sa…ra, Sa…. ra, ¡animo chica!¡Vamos! Sa…ra, Sara, Sara, ¡Sara! ¡¡¡Saaaaaara!!!!! ¡Más! ¡Dilo más alto! ¡¡¡¡Saaaaraaaaaa!!!!! Sí, así fuerte… ¡¡SARA!! ¡¡Lo has conseguido!! ¡¡Lo has conseguido!! ¡¡Bien por ti!!

Se acaba de liberar un nombre, y aunque al principio a la niña le cuesta verbalizarlo, al final, de pie, con los ojos húmedos y sonriendo, se lo repite para afirmarse y convencerse de que es libre, de que su nombre es Sara y no Anorexia. Los padres se abrazan emocionados a su hija y a los negociadores. La pesadilla se ha acabado. Pueden volver a casa. Salen del CERN recibiendo el caluroso aplauso de sus compañeras, de los padres y negociadores. Sara se abalanza emocionada sobre sus amigas, todas hacen una piña a su alrededor. Nunca se separaran ya, el vivir juntas su secuestro y compartir aquellos tremendos momentos, les hace fuertes y se forja una amistad para toda la vida.

Sara entonces se abraza a mi Anorexia y le susurra al oído.

—Ana, se que me escuchas, lo conseguirás, se que lo harás, tú ten paciencia y no tires la toalla, bajaran a por ti y te sacarán de ahí. Te quiero. Cuídate mucho. Whatsapeamos.

Y se fue. Siempre queda un enorme vacío y silencio cuando nos deja una familia. Pero nos acaban de regalar una esperanza, una certeza. Los que nos quedamos nos miramos unos a otros y nos sonreímos con complicidad.

Ya abajo en el portal, Sara sale a la calle, regresa a la vida, a la luz. Los transeúntes que pasan por delante ignoran de dónde viene y por lo que ha pasado. Regresa de un submundo. Por primera vez desde hace seis meses de su secuestro apoya su pequeño pie sobre los adoquines y comienza con pasos cortos a andar y alejarse de allí.
FIN

Ángel y Carmen son padres de una paciente que lleva un mes y medio en tratamiento. Les damos las gracias, de todo corazón, por esta joya de relato.

Ahora que estamos en Navidad | Rosa y Pedro

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Ahora que estamos en Navidad y que ya han pasado 6 años desde que nuestra hija salió de alta casi nos cuesta recordar cómo era antes. Sin embargo, y aunque para nosotros es ya “agua pasada”, entramos de vez en cuando por aquí a leer los blogs de las chicas y chicos y hemos pensado que estaría bien mandar una aportación.

Ahora que nuestra hija tiene 28 años, vive independiente y en otra ciudad (donde se mudó para trabajar); ahora que nuestra casa está un poco más vacía pero, sin duda, más llena que nunca porque tenemos la tranquilidad de que ella está bien; ahora que ella “vuelve a casa por Navidad” para traernos su luz y su alegría… miramos atrás y casi no podemos reconocer (o quizás no queremos) a esa chica de 17 años que había dado todo por perdido, que no sabía cómo seguir adelante y a la que nuestras palabras de ánimo y a menudo desesperación no servían de nada. Se nos ha olvidado la tensión a la hora de la comida, su miedo, su ansiedad… su descontrol.

Hace muchos años que las navidades vuelven a ser un momento de alegría más, un momento para compartir, para reunirnos, para disfrutar juntos… un momento mágico en el que nos hacemos regalos que han sido pensados con mimo e ilusión y en el que, sobre todo, nos demostramos que somos una familia, dispuesta a afrontar todas las dificultades que nos acechen.

Esperamos, de todo corazón, que 2015 os traiga mucha felicidad y que el año que viene podáis contarnos que la navidad ha vuelto a vuestras familias.

Sentimiento de culpa | Alberto

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CULPA. Ese fue el sentimiento que me acompañó durante muchos meses después de saber lo que le pasaba a mi hija: culpa por no haberme dado cuenta antes, culpa por no haber visto su dolor a tiempo, culpa por no haber podido protegerla, culpa por no haber sabido darle en su infancia las herramientas para que se hiciera fuerte… culpa, culpa, culpa. Tanta que me sentía bloqueado. Mi mujer me decía a menudo que así no íbamos a conseguir nada, pero yo no conseguía dejar de culparme, ella siempre ha sido más fuerte que yo.

Después de que encontrásemos un tratamiento que parecía serio para nuestra hija y de haber hablado varias veces con sus terapeutas empecé a tomar conciencia de que mi actitud efectivamente, y como siempre me repetía mi mujer, no ayudaba en nada. Superar la culpa fue difícil, pero poco a poco me fui dando cuenta de que eran muchos los factores que habían influido en su caída y que, aunque cometí algunos errores, hubiera sido imposible protegerla de todo. Me di cuenta también de que, superando el pasado, mi hija me necesitaba AHORA, en esta lucha.

Hoy puedo decir que mi hija salió adelante y que en el proceso nosotros también hemos aprendido mucho, sobre ella, sobre la vida y sobre nosotros mismos.

DIETAS! (¿Ángel o Demonio?) | Imma & Olaff

 

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En un blog sobre trastornos de la conducta alimentaria, si os planteamos la pregunta de:

Dietas! (¿Ángel o Demonio?), seguro que lo primero que pensáis es DEMONIO!, y en un primer momento, a nosotros, también nos sale eso como primera respuesta, pero en estos tramo de la vida, nos encontramos con un dilema en la respuesta, y es que hace un mes aproximadamente que uno de los miembros de nuestra familia, tuvo una intervención quirúrgica de la vesícula biliar y eso hizo que tuviera que cambiar radicalmente su dieta y en estos momentos los únicos alimentos que tolera son todos aquellos cocinados al vapor, hervidos o productos light.

¿Y dónde está el problema?

El problema nos lo encontramos en el momento que una de las familiares tiene un trastorno de la conducta alimentaria, y es que a la hora de comer se crea una tensión y una rareza en el ambiente espectacular.

Por una parte, la persona que está a dieta, se siente mal y culpable por tener que comer así y ver que la otra persona está haciendo un gran esfuerzo por mantenerse dentro de su peso y comer una cantidad y un tipo de alimentación mucho más calórica que la suya pero con una guerra dentro de su mente que tiene que superar con mucho valor y valentía al tener un menú de dieta y de poca cantidad delante suyo.

Por otra parte, la persona que tiene el TCA, hace de tripas corazón por aparentar normalidad y hacer que la persona que está a dieta esté tranquila y no se sienta culpable por lo que ha pasado y eso la hace sentir mal porque sabe que la otra persona está sufriendo por ella.

Los otros tres miembros de la familia, un adulto y dos niñas tenemos que ponernos en medio y cortar casi con cuchillo el ambiente que se respira durante las comidas, dando miradas de cordialidad, cariño y comprensión a cada una de las partes, porque en el fondo las entendemos a todas.

La cuestión es que… Aunque todos seamos conscientes de lo que hay, aunque todos estemos haciendo un gran esfuerzo y aparentemos la máxima normalidad y calidez posible, ¿qué podemos hacer para que la tensión acumulada no termine estallándonos a la cara un día de estos?

Realmente, es una situación que nunca nos habíamos planteado en casa, pero que ahora nos ha venido por sorpresa, de forma inesperada y que todos, juntos, debemos afrontar para que podamos manejar nuestro ser, nuestras emociones, nuestra mente, nuestro estar en la vida, de la mejor forma posible y por el bien de todos, pero realmente es una situación complicada, una situación que da mucho que pensar en el tema dietas, en el tema TCA y el día a día de lo que se puede ir encontrando una persona y la familia de esta que está en la lucha para salir de una problema con la alimentación.

Simplemente… reflexionemos sobre el tema y bienvenidos sean los consejos y las sugerencias que nos podáis dar si alguien se ha encontrado en una situación similar, porque realmente nos sentimos perdidos y nos da un cierto miedo que se nos pueda ir todo de las manos!

Deseamos que el veranito haya ido bien y que todas las personas que luchan contra su imagen lo hayan superado con éxito!

Abriendo una nueva ventana…

504184875_514a1bbfbeSomos Imma y Olaff, una pareja de 28 y 29 años respectivamente, que vivimos en un pueblecito del Pallars Jussà (Lérida) junto a nuestras dos hijas, Kènia y Abril!

Nos dedicamos los dos al ámbito social como profesión, pero por vocación nos dedicamos a la fotografía y al espectáculo, concretamente a la música. También nos gusta apasiona viajar!

Imma, es la prima de Tina, paciente del Centro ABB Barcelona.

Nos hemos animado a escribir, porque creemos que nuestra historia puede ser interesante, ya que nos destacamos por hacer un acompañamiento “a distancia” y es que des de hace años, nos hemos ido introduciendo en esta enfermedad casi sin enterarnos y eso ha hecho que nos quedáramos con esa responsabilidad dentro.

Al principio es muy difícil situarte correctamente en un rol de “padre/madre” respecto a un ser querido que tiene tu misma edad, y es que llega un punto que te partes en dos.

Por un lado, ves a esta persona como amiga tuya desde bien pequeñita, jugando en la calle, riendo, llorando, peleando, abrazando, compartiendo… hasta el punto de verla hundida y rechazándote sin saber que le pasa.

Por otro lado, se te despierta el punto este de familia, de amor incondicional donde ese rechazo no te lo tomas personalmente y haces de tripa corazón para estar a su lado aunque todo sean malas contestaciones, y terminas cogiendo una responsabilidad sobre ella por miedo a perderla!

¿Pero qué tipo de relación hemos tenido realmente con ella y donde nos ha llevado?

Bueno, durante muchos años nuestra relación ha sido simplemente de amistad… Ei! Pero amistad de la buena, de esa que sabes que pase lo que pase el otro siempre va a estar. Pero también ha sido de familia, y hasta de pareja… y todo eso nos ha llevado a unirnos mucho más, poco a poco, hasta llegar al punto, que este rol de “cuidador” que en algún momento hemos querido asumir, se ha neutralizado de tal forma que nadie es más que el otro, ni tiene más razón, ni más poder, ni más responsabilidad. Simplemente somos personas haciendo un camino juntos, ayudándonos, apoyándonos, acompañándonos y queriéndonos… de igual a igual!

Realmente eso nos ha costado muchas peleas y discusiones, pero al fin, llegados a este punto que todos valoramos mucho, podemos empezar a caminar en la misma dirección…

Y aquí estamos, empezando un nuevo reto para nosotros, escribir un blog!… Pero con mucha ilusión de poner nuestro granito de arena en este magnífico proyecto que nos ha abierto las puertas, igual que el Centro ABB nos ha abierto una de esas mil ventanas para poder respirar un poco y coger aire para seguir avanzando.

Empieza la aventura!

¡GRACIAS!

Es difícil asumir que se trata de una enfermedad grave | Chari y Antonio

Quizás una de las cuestiones que más nos afectaron al principio fue el sentimiento de culpabilidad al no habernos dado cuenta antes de la situación por la que estaba sufriendo Sara. Claro que también pasamos por la sensación de que nuestra hija nos había traicionado y muchas otras sensaciones más.

Sin embargo, cuando vas avanzando te das cuenta de que éstas y otras muchas cuestiones las tienes que borrar pues no ayudan para nada, ni al enfermo ni al entorno, y en cambio tienes que comenzar a plantearte las modificaciones que debes hacer para intentar que las condiciones que han propiciado la enfermedad se vayan saneando.

Creemos que a muchos de nosotros nos cuesta aceptar que estamos ante una enfermedad grave y que al igual que cualquiera de ellas requiere un tratamiento adecuado, y eso es un gran problema inicial.

Durante y después de una enfermedad grave suelen cambiar los hábitos del enfermo y también los del entorno cercano, pero aquél y éstos suelen llevar una vida normal una vez superado el proceso. Lo mismo hay que hacer cuando nos encontramos con una de estas enfermedades que resultan extrañas a los procesos generales pero que siguen su misma pauta para la curación: tenemos que asumir que hay enfermedad, tenemos que buscar a los profesionales que apliquen el tratamiento, y tenemos que modificar, el enfermo y su entorno más próximo, lo que sea necesario para salir de ella y hacer que no se repita.
Ante una enfermedad “clásica” sabemos qué conducto seguir. Sin embargo, cuando nos encontramos con algo que no acabamos de explicarnos nos cuesta entender que estamos ante una situación que requiere un proceso similar al de cualquier enfermedad grave. Incluso a veces llegamos a pensar que podemos arreglarlo nosotros mismos o el propio enfermo con su única voluntad y una pequeña ayuda. Cuestionamos cuando nos lo explican, lo que no está mal si se trata de comprender, que tratamientos como el que ha recibido Sara funcionen pues se salen de los procedimientos que conocemos. No obstante creemos que también lo cuestionamos porque nos afecta directamente y solicitan nuestra implicación directa.

Una de las cosas que hemos aprendido es que cuanto antes los afectados, directa o indirectamente, por un trastorno de conducta alimentaria asumen que están ante una enfermedad grave que requiere tratamiento y cambios en su sentido más amplio, antes es posible dejarla atrás.

Chari y Antonio

La importancia de las salidas | Chari y Antonio

home-sweet-homeUna de los momentos del tratamiento que más nos afectó fue cuando nos comentaron que era bueno para los pacientes que conviviesen durante un tiempo en casa de otros que también estaban en tratamiento y que nosotros recogiésemos a otros en nuestra vivienda.

A pesar de ello dijimos que adelante y modificamos algunas cosas en la casa para que ello fuese posible.

Cuando recibimos a la primera paciente, Sara estaba en una etapa muy preliminar y la paciente estaba en una etapa más avanzada. Salvado el primer momento nos sentimos bastante bien y para Sara y nosotros fue una gran ayuda. Luego pasaron bastantes más.

Llegó un momento en que las pacientes que recibíamos estaban en etapas menos avanzadas que Sara, algunas en situaciones complicadas, pero a pesar de ello aportamos lo que pudimos y aprendimos también algunas lecciones.

Creemos que en ningún momento, ni en los primeros, dejamos de sentirnos nosotros responsables del control de las pacientes y procuramos no descansar en ellas, durante las primeras etapas de Sara, la responsabilidad que considerábamos nuestra. Cuando Sara estuvo en una etapa más avanzada era ella misma quien tomaba en muchos momentos la batuta.

Durante y después de las visitas, algunas de bastantes días, mantuvimos contacto con los terapeutas para comentar aspectos que creíamos de interés para el avance de los pacientes.

Ni que decir tiene que cuando Sara tuvo que salir, lo hizo, y cumplimos las pautas que nos dieron sobre contactos aunque a veces nos costó.

Creemos que nos ayudó mucho a comprender la enfermedad y facilitar la curación de Sara el haber actuado tal como lo hicimos. Esperamos que también nuestra actuación haya ayudado a otras pacientes que pasaron por nuestro domicilio.

Para aquellos padres y familiares que estén en la misma situación que nosotros les queremos comentar que hagan lo posible porque los y las pacientes puedan realizar sus salidas cuando durante el proceso de curación estas sean necesarias. Nosotros tenemos un piso pequeño en el que convivimos cinco personas, aparte de las mascotas, y Sara ha visitado casas con muchos medios y otras humildes y pequeñas. Creemos que lo importante es conocer otros entornos y situaciones pues eso nos ayuda a crecer a todos y comprender que hay muchos tópicos sobre los enfermos y sus entornos que no son ciertos.

Chari y Antonio

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