Ángel y Carmen

Anorexia García García, 3ª parte o ‘Paco-terapia’ | Ángel

imageIgnoro si hay una razón físico-cuántica o sencillamente es por pura solidaridad, pero dicen que los perros enferman cuando alguien de la familia enferma. El caso es que nuestro querido y precioso pastor alemán Roko, no se contagió de la anorexia de nuestra hija porque el pobre ya arrastraba un cáncer como una pelota de playa, pero sí tomó la decisión más difícil y hermosa de su vida: marcharse el mismo día que ingresábamos a Ana en el hospital de día. El mismo día que un carpintero nos colocaba cerraduras por fuera en los cuartos de baño y la cocina, mordiéndose la lengua por preguntar por qué narices hacíamos semejante estupidez. Sí, fue un día triste, muy triste, en el que confluyeron todas las tormentas perfectas. Mi hija mayor y yo llevamos a Roko a sacrificar porque él nos lo pedía, él era consciente de lo enfermo que estaba, que llegaban tiempos duros para la familia y no quería seguir siendo una carga un día más. Regresamos a casa con su collar, ya recordándole y allí seguía el carpintero cambiando pomos, aún más alucinado al ser testigo de nuestros abrazos y sollozos. No debió de ser un día cualquiera para el.

Afortunadamente, el luto por Roko desde su marcha al cielo canino, no duró mucho. Ana, desde su secuestro por Anorexia, debió tener un arrebato de inspiración y se emperró, o mejor dicho se engató un día en adoptar un felino. ¡Un gato en casa! Indudablemente las cosas estaban cambiando en la familia. Pasábamos de tener un perrazo de pasarela y pedigrí, a un gatito sin títulos nobiliarios, ni árboles genealógicos que colgar de la pared. Su abrigo de piel parda salpicada de manchas negras y grises contrastaba con sus enormes ojos verdes como lagos de alta montaña. Paco, lo llamamos Paco. Ni Milú, ni Michú ni Fufú. Paco, como José o Luis o Manolo. Un nombre que no pasa de moda, que década tras década se sigue voceando en todos los barrios. Un nombre callejero como él. Su pasaporte decía poco de sus orígenes, ni de quién lo abandonó en la perrera. Tan solo nos garantizaron que tenía 7 vidas y 12 primaveras y que era el animal más sociable de entre sus compañeros de celda. Y así pudimos confirmarlo. Desde el momento cero, Paco, haciendo uso de sus contorneos de rabo y su picaresca de calle, se enroscaba entre nuestras piernas buscando afanosamente todo el cariño que no se había cobrado en su encierro.

Fue a los pocos días cuando Paco conoció a Anorexia. Más listo que el hambre, Paquito no acababa de comprender como aquella preciosidad de mujercita, que además le daba de comer, le trataba a veces con tanta frialdad. Al verla regresar de la calle, Paco reclamaba impaciente su dosis de mimos, pero cuando se encontraba entre sus brazos, recibía unas extrañas cargas electromagnéticas que conseguían al final que huyera despavorido con ayuda de uñas y dientes. Al poco tiempo Paco ya se escondía de ella tras el sofá. Cuando escuchaba su voz no sabía si era Anorexia buscándole para darle un latigazo de corriente o era Ana que le necesitaba de verdad. Ante el recelo del felino, Ana, impotente, se echaba a llorar como un Eduardo Manostijeras que quiere querer pero corta con sus cuchillas.

Pero el tiempo, más tarde o temprano lo cura todo. Ya han pasado tres meses desde la llegada de Paco y en lugar de arrugarse, este gato ha asumido de forma natural el papel de sparring de Anorexia por un lado y de coach de Ana por otro, haciendo las funciones de saco pugilístico y de peluche a la vez. El muy felino es perfectamente consciente de cuando le viene el chaparrón de Anorexia o cuando debe acurrucarse en el regazo de la auténtica Ana, para actuar de bálsamo, de burbujas de plástico para que ella vaya explotando una a una sus frustraciones y miedos. Eso sí, después de su dura jornada de terapia, Paco exige sus honorarios en forma de pienso y un cajón con tierra limpia donde quirúrgicamente esconder sus heces. Lo cual bien obliga a Ana a escapar por un instante de Anorexia para sentirse útil y cuidar del pequeño terapeuta con bigotes.

Y así, día a día, hemos ido ejercitando en casa la Paco-terapia. Un tratamiento casero, recomendable, a caballo entre los masajes de emociones y el volver a tomar responsabilidades. Un ejercicio ideal para despertar ternura y ablandar callosidades. Desconocemos si los gatos también enferman cuando sus dueños enferman. No le deseamos nada malo a Paco, pero si consiguiera llevarse consigo a Anorexia a algún rincón lejano para liberar a Ana, se lo agradeceríamos en el alma.
¿Hasta que punto estaría Paco dispuesto a semejante sacrificio?
FIN

Anorexia García García, 2a parte |Ángel

técnica-de-liberación-emocionalHoy hace ya siete meses que nuestra hija Anorexia ingresó en el CERN (Centro Especial de Rescate de Nombres). Tal vez sean dos años, no recuerdo ya, desde que Anorexia secuestró a nuestra hija Ana. Es triste pero tenemos que retroceder bastante en el tiempo para recordarla realmente feliz, sana e inocente. Lo cierto es que hasta ahora en todo este tiempo de negociaciones con su captora, los avances habían sido para nosotros imperceptibles. No obstante, según el agente negociador Gutierrez encargado de nuestro caso en el CERN y siempre desde la cautela, parece que Anorexia comienza a mostrar signos de cansancio.

—Esta cediendo—nos informa Gutierrez en una sala decorada con obsequios de familiares y fotos de chicos y chicas recién rescatados—su resistencia va mermando con el tiempo. Anorexia está cada vez mas distraída y cansada de todos estos meses de tensión y negociaciones, la estamos agotando. Hasta ahora mantenía amordazada a Ana, pero desde hace un par de semanas parece que desde el fondo de su cautiverio, ella consigue lanzarnos señales de que quiere escapar. Ana comienza poco a poco a tomar conciencia de donde se encuentra, de quién la mantiene encerrada y engañada. Ese síndrome de Estocolmo que os comentaba se va quebrando. Pero aún queda mucho trabajo, ya sabéis… las negociaciones continuan.

Nuestro ya querido agente se dirige a nosotros por primera vez con una tímida sonrisa de victoria dibujada en sus facciones cansadas. Gesto que nosotros convertimos sin reparo en profunda satisfacción. Nosotros, sus padres, las otras víctimas, nos damos la mano intensamente para felicitarnos porque hora tras hora, día a día, mes a mes, en silencio, entre lagrimas y quebrantos, empezamos a creer que un día nuestra hija volverá a llamarse Ana.

Desde que fuimos testigos hace ya siete meses de la primera liberación de una víctima del centro, Sara creo recordar, otros tantos nombres han ido saliendo de sus cautiverios; Maria, Jordi, Susana, Helena, Liliana, Ainoa, dejaban atrás meses, años de oscuridad y dolor para volver paulatinamente a quererse y recuperar el respeto de los demás. Cada chico o chica que abandona el centro significa para nosotros una victoria contra toda la cascada de casos que van entrando mes a mes. Mientras, Anorexia Garcia-Garcia, sigue viviendo en su fría y oscura celda su secuestro. Eso sí, cada vez con más frecuencia, Anorexia se amodorra y es entonces cuando Ana se escapa de puntillas y sube al comedor con decisión y valentía a ayudar a las recién encerradas a que luchen contra sus captores. Ahora ya es una veterana y fue nombrada hace poco”marcadora oficial”. Un titulo muy especial para ella y para su familia, su club de fans número uno.

—¿Qué tal tu día hija? — le preguntamos durante la cena mientras ella ingiere mecánicamente una tortilla francesa. Ana levanta la vista del plato y baja la voz para que no le escuche Anorexia.

—Bien. Hoy Cristina se negaba a comer las croquetas y encima casi han llegado a las manos con Marta cuando ésta se ha reído de ella. Buf! al final me he tenido que meter a separarlas y después de media hora conseguía que Cris se calmara y se acabara la croqueta que quedaba en el plato. En la terapia muchas se duermen de lo drogadas que van… A Julia la meten en un 24horas, no pueden con su secuestrador. Y Silvia se da de alta del Centro… y eso que está casi en infrapeso. Mira, ya estoy recibiendo mensajes de Silvia diciéndome que no puede más, que no sabe como salirse de esta, pobrecilla, acaba de llegar…

Carmen y yo nos miramos furtivamente con gesto triste al tratar de imaginar lo que nuestra mujercita de quince años esta pasando. Yo me quejaba de la mili. Nos fijamos en sus marcas de las manos, brazos, cara, todas huellas de sus encarnizadas batallas entre ella y su secuestradora. Los dos sabemos que con el tiempo se borrarán aunque creo que jamás olvidaremos, ¿Cómo poder olvidar? ¿Aprenderemos a usar nuestro antiguo language en lugar de la jerga de esta guerra sin cuartel contra Anorexia?

“Toma, las pastillas. Dame el cuaderno para firmarte las ingestas. ¿Has rellenado el crono? No puedes ir sola. Ahora te abro el baño. No puedes ir con tus amigos sino se han entrenado. No puedes, No puedes, No puedes. Tomate el tente. Cariño, no me contestes así. No puedo más. Pronto habrá pasado todo mi amor…”

—La tortilla estaba muy buena—dice Ana rebañando el plato y despertándonos de nuestro ensimismamiento. Le sonreímos. Es la primera vez que la vemos disfrutar comiendo. Es otra tímida punta en la gráfica de esta crisis, pero para nosotros es otro gran paso adelante. El marcador va subiendo y tiempo tenemos de sobra: Anorexia 100-Ana 65!

FIN

Miradas | Ángel

 

Mírame,
y ella me mira pero no mira a nadie,
mira sedada, de cera,
sin admirarse por nada.

Míranos,
ella nos mira, añorada desde muy lejos,
nos mira fijamente a los ojos,
buscando su infancia.

Mírales,
ella les mira, son sus hermanos, sus amigos,
que la miran, la buscan, la quieren.

Mírate,
ella se mira y no se reconoce,
mira a su alrededor, está cansada, se duerme.

Mírala,
parece que ya ha despertado,
que ya ha regresado. Sonríe.

Mira,
qué suerte, la de vida que tienes por delante.

Angel, papá de Ana.

Anorexia García García | Ángel y Carmen

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Se llama Anorexia y en Mayo cumplirá los quince. Mi nueva hija ya no baila, no canta, no hace pasteles, no estudia, no ríe a carcajadas, no se quiere, no se acepta.

Hace ya un mes tuvo irremediablemente que abandonar su vida e ingresar en el CERN (Centro Especial de Rescate de Nombres), donde un equipo de negociadores trabajan para recuperar los nombres raptados de decenas de chicas y chicos. Anorexia por Eva, Anorexia por Ivan, Anorexia por Lucía, Anorexia por Julia, Anorexia por Ana. Ana era el nombre original de mi hija.

Las negociaciones con los raptores son largas y difíciles. Conseguir que Ana vuelva, nos han comentado los expertos, dependerá mucho de que ella sea capaz de desobedecer y aprender a desconfiar de su secuestradora. El primer día que Anorexia ingresó, nos destinaron una agente especial para trabajar en su caso. “Agente Gutierrez”, decía la placa que colgaba del cuello.

—No se preocupen. tarde o temprano se rinden y acaban liberándolas. En su caso Anorexia tiene encerrada a su hija bastante profundo, pero conseguiremos llegar hasta ella y rescatarla.

A los pocos días de entrenamiento en el CERN, Anorexia comienza a sentirse acorralada, enfadada, irascible, tensa, porque ya no tiene espejos ni básculas donde engañarse. Ahora los baños y la cocina están cerrados con llave, por lo que no tiene donde vomitar los fantasmas o atracarse de ellos. Los negociadores le suministran medicación para relajarla y así poder poco a poco convencerla de que libere a Ana, de que está perdida, que no tiene nada que hacer porque ni los padres, ni nadie van a ceder y pagar por el rescate.

El momento más especial gratificante de este centro es cuando desde alguna habitación comienza a escucharse, primero en susurros pero luego con total nitidez como una chica está siendo liberada:

—Sa…ra, Sa…. ra, ¡animo chica!¡Vamos! Sa…ra, Sara, Sara, ¡Sara! ¡¡¡Saaaaaara!!!!! ¡Más! ¡Dilo más alto! ¡¡¡¡Saaaaraaaaaa!!!!! Sí, así fuerte… ¡¡SARA!! ¡¡Lo has conseguido!! ¡¡Lo has conseguido!! ¡¡Bien por ti!!

Se acaba de liberar un nombre, y aunque al principio a la niña le cuesta verbalizarlo, al final, de pie, con los ojos húmedos y sonriendo, se lo repite para afirmarse y convencerse de que es libre, de que su nombre es Sara y no Anorexia. Los padres se abrazan emocionados a su hija y a los negociadores. La pesadilla se ha acabado. Pueden volver a casa. Salen del CERN recibiendo el caluroso aplauso de sus compañeras, de los padres y negociadores. Sara se abalanza emocionada sobre sus amigas, todas hacen una piña a su alrededor. Nunca se separaran ya, el vivir juntas su secuestro y compartir aquellos tremendos momentos, les hace fuertes y se forja una amistad para toda la vida.

Sara entonces se abraza a mi Anorexia y le susurra al oído.

—Ana, se que me escuchas, lo conseguirás, se que lo harás, tú ten paciencia y no tires la toalla, bajaran a por ti y te sacarán de ahí. Te quiero. Cuídate mucho. Whatsapeamos.

Y se fue. Siempre queda un enorme vacío y silencio cuando nos deja una familia. Pero nos acaban de regalar una esperanza, una certeza. Los que nos quedamos nos miramos unos a otros y nos sonreímos con complicidad.

Ya abajo en el portal, Sara sale a la calle, regresa a la vida, a la luz. Los transeúntes que pasan por delante ignoran de dónde viene y por lo que ha pasado. Regresa de un submundo. Por primera vez desde hace seis meses de su secuestro apoya su pequeño pie sobre los adoquines y comienza con pasos cortos a andar y alejarse de allí.
FIN

Ángel y Carmen son padres de una paciente que lleva un mes y medio en tratamiento. Les damos las gracias, de todo corazón, por esta joya de relato.

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