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“Porque yo lo valgo” | Asun

Quiero dedicar este post a una persona muy especial que me ha ayudado a entender que en cada uno de nosotros existe un  “Porque yo lo valgo”

Esta tarde tengo un ratito libre, o de hecho no, pero… me lo voy a tomar… “Porque yo lo valgo”.

Hoy estoy cansada y me apetece sentarme a leer y lo voy a hacer aunque la ropa esté por planchar, … “Porque yo lo valgo”

Esta mañana hace un tiempo esplendido y desearía salir un ratito a dar un paseo y lo voy a hacer,… “Porque yo lo valgo”

Hoy debería ir a la peluquería pero…. pues sí!, lo voy a hacer,… “Porque yo lo valgo”…

Y no me refiero a abandonar mis responsabilidades, a perder el norte dejando la coherencia y el sentido común atrás; no, sólo me refiero a cuidarme un poco… “Porque yo lo valgo”

El día a día acaba abrumándonos, los hijos, la casa, el trabajo … esta crisis… pero no debemos abandonar, tirar la toalla. ¡Hay tantas razones que a veces nos tientan a dejar lo importante, para desviarnos de esa ruta que sabemos que debemos seguir!
Si algo he aprendido durante estos años (no,… lo cierto es que he aprendido muchas más cosas!! 😉 ) es la importancia de tenernos en cuenta, de cuidarnos, y enseñar de esta manera a nuestras hijas a cuidarse, a valorarse, a darse cuenta que son realmente importantes, y que como todas las “cosas” importantes deben cuidarse, mirarse hacia dentro y pensar ¿Qué es lo que deseo?, y luchar por ello,… “Porque ellas lo valen”.

El conformismo, porque “No me merezco nada mejor”, la aceptación de una realidad que no me gusta porque “No puedo cambiarla, ni siquiera adaptarla”, la creencia que no estoy a la altura de éste o aquel proyecto, sin ni siquiera darnos la oportunidad de intentarlo… acaba con nuestras ilusiones, con nuestros intereses… acaba haciéndonos un poco más pequeños, un poco menos felices…

La anorexia tiene un poco de todo esto, pero sólo son síntomas de que algo dentro de nosotros no acaba de funcionar bien. Por eso no debemos tirar la toalla. Por eso no debemos resignarnos. Por eso debemos ayudar a nuestras hijas a luchar por aquello en lo que creen… “Porque ellas lo valen” Y no lo valen por ser más altas, más delgadas, más guapas… lo valen porque son ellas mismas, porque son especiales, diferentes al resto de las personas, y por ello deben aprender a escucharse, a tenerse en consideración como si de su mejor amiga se tratase.

No nos educaron (no me educaron) a tenernos en cuenta, a aceptar que no somos “los últimos de la fila”; ahora, en cambio nos toca transmitir ese mensaje a nuestras hijas, pues deben saber lo importantes, lo especiales, lo autenticas que son y lo necesario que es aprender que… “Yo lo valgo”

Un beso para tod@s

El tiempo no importa | Asun

Parece que fue ayer, parece que llevamos media vida luchando… y lo curioso es que las dos cosas son ciertas…

El día que entró Nerea en ABB, hace ahora 3 años, se abrió ante nosotros un camino completamente desconocido, en ningún momento podíamos imaginar hacia donde nos dirigíamos, uno a uno, juntos, pero tambien separados. No siento el paso del tiempo desde entonces…

En aquel momento, cuando otros padres, ya veteranos, hablaban de 3, 4 o incluso 5 años, se producía en mí una sensación de desamparo, como de estar viviendo la vida de otra persona. Pocos meses atrás Nerea estaba acabando la ESO y tenía ante ella un futuro brillante, unas notas espléndidas. Hacia teatro, danza, teníamos nuestras conversaciones sobre si era “una pena”, que una niña, con tantas capacidades, “desperdiciara” su talento en un bachiller artístico. (Vaya tontería!!) Discutíamos sobre si se tenía que arreglar la habitación o sobre lo poco que participaba en las tareas domesticas. Mi hija, por entonces se comportaba como una adolescente “normal”, más allá, como una adolescente de aquellas que toda madre desearía tener… Y en un segundo oyes el diagnostico, ese diagnóstico que hace meses que conoces pero que no quieres aceptar, y te das cuenta que las cosas van a cambiar… pero no sabes hasta que punto… Tres años después, Nerea ha pasado a etapa tres, ha dejado las sesiones de grupo, ya no come ningún día en el ABB y participa en un par de terapias individuales al mes, mientras recorre la última parte del camino…

Ha sido necesario darle el tiempo que necesitaba para poder convertirse en una persona feliz, conocedora de si misma, que se acepta, que se quiere, y sobre todo que entiende cuales son sus limitaciones. La niña insegura, infeliz, perdida en un mundo que se la estaba comiendo, se está construyendo como la mujer que mañana quiere ser, sin pensar en lo que los demás esperan de ella.

Estos años, nos han hecho crecer a todos, ninguno de los miembros de la familia hemos vuelto a ser los mismos…

Hoy puedo dar gracias por haber encontrado el camino para ayudar a mi hija, por haber sido capaz de aprender, por haber sabido escuchar, por haber ido recuperando las fuerzas que a veces perdía para seguir avanzando y me encuentro hoy pensando… ¡¡¡Tan sólo han pasado tres años, y cuanto hemos crecido!!! Pero me doy cuenta que el tiempo no importa, que lo realmente  importante es el camino por el que transitas y lo que vas recogiendo de él. Y hemos recogido muchas cosas; tolerancia para aceptar a los que quieres tal y como son, paciencia y energía para superar los malos momentos, coherencia en nuestras decisiones, autoestima, seguridad, y sobre todo muchas ganas de vivir, de ser felices, de ser quienes somos…. Y… no importa cuanto tiempo necesite, porque está construyendo su propia vida, igual que yo la mía, y eso continuará día a día.

Me gustaría hacer una breve mención a los eternos olvidados; los hermanos… Guillem, apenas tenia 13 años cuando su hermana enfermó, aprendió en seguida que aquello era importante… a veces tuve la sensación que le estábamos robando un trozo de su adolescencia. Hoy creo que eso no es así. Al hacerle partícipe de todo lo que estaba pasando desde el principio, pienso que le dimos herramientas para entenderlo, para poder aceptarlo y hoy es un adolescente feliz, con las hormonas disparadas, y consciente de cual ha sido su papel, su labor en la recuperación de su hermana. Hoy es una personita, que sabe que ayudó en aquellos momentos en que nuestra rutina familiar se derrumbó, hoy sabe que todos nos sentimos sumamente orgullosos y agradecidos…

Y sí, ya han pasado  3 años, o… sólo han pasado tres años, según como lo miremos… pero… que más da… Lo importante no es eso, ni siquiera lo que hemos dejado atrás… lo único importante es que estamos donde estamos, que nos sentimos personas felices a pesar de los problemas, que sabemos que tomamos, en su día, la decisión adecuada, y que siempre, siempre hay luz al fondo… Lo único importante es levantarte 8 veces, si nos caemos 7

Felicidades Nerea, empieza la siguiente fase, te la has ganado con tu esfuerzo, energía, constancia, valentía… Gracias Guillem, por habernos acompañado!!

Os quiero

Gracias tambien a todos los padres que han ido pasando durante este tiempo por nuestro grupo, gracias a las terapeutas, al equipo de ABB por su apoyo, por su dedicación, por haber conseguido que todos seamos hoy bastante más felices.

Feliz 2013 para todos!!

Asun

Buscándose | Asun

Hoy no estoy bien, de hecho hace días que no estoy muy bien, y es un avance que sea capaz de reconocerlo, de permitírmelo, de hacérselo saber a mis hijos. En las terapias de padres, he aprendido muchas cosas importantes, pero sobre todo he aprendido que somos modelos de nuestros hijos, que lo queramos o no ellos acaban reproduciendo parte de nuestras conductas. Nerea, como yo, nunca se permitía estar mal, y si lo estaba, transformaba la realidad para superarlo, lo que le llevaba a construirse su mundo feliz, en el que nunca pasaba nada malo. Cambiar esta tendencia está siendo una de las cosas más difíciles, para las dos.

Cuando te dicen que tu hija es anoréxica, es difícil explicar todo lo que pasa por tu cabeza, por tu cuerpo. Un sinfín de ideas, preguntas, reproches,…se aglutinan en tu mente bloqueando inicialmente muchos de tus sentidos. Luego te recolocas, y en mi caso, empecé a guardármelo para mí., como había sucedido en otros momentos de mi vida. Si la gente preguntaba le quitaba importancia, pero no por vergüenza, sino por no preocuparles, por una mala creencia de que debía sobrellevarlo sola. Años después me doy cuenta como nunca quise, ni supe explicar a nadie lo que tambien me estaba pasando a mí. Lo cierto es que muchos ni preguntaban y algunos de los que lo hacían, te dejaban bien claro que no querían saber la verdad. Pero no todo el mundo se comportó así, y yo decidí guardármelo. Además, yo estaba en pleno proceso de separación, que hacía aún más dolorosa esa situación. Y ahora, después del tiempo, me doy cuenta que absurdo debía ser que alguien te preguntase y… ¿Tú cómo estás? Y yo les contestase: -” bastante bien”. ¿Cómo se podía estar bien en esas circunstancias?

Ahora me doy cuenta de lo poco que ayudo a mis hijos con este comportamiento, les enseño que es bueno esconder las emociones negativas, que es de débiles transmitir tus inseguridades, y de fuertes no pedir ayuda y… no les hago ningún favor.

Durante el primer año, a mi hija y a mi nos acompañaron un par de canciones de Bebe (Búscame y Sinsentido), que me gustaría compartir con vosotros. Recuerdo como Nerea decía, “Parece que Bebe las haya escrito para mí”
De alguna manera, por aquellos días yo tambien me sentía así de perdida, aunque nadie lo supiera.
Estaría bien poder hablar sobre ello, ¿Cuantas madres y padres, nos hacemos los fuertes, decidiendo que la enferma es nuestra hija y no nos permitimos casi ni llorar, porque nuestra misión es ayudarla y creemos que no nos podemos permitir otra posición? Es bueno recordar que es más fácil ayudar cuando tú te sientas bien, que cuando no es así.
Me gustaría establecer un diálogo al respecto, saber, si, vosotr@s madres y padres creéis, que es buena para nuestras hijas  esta actitud , a veces, casi de abandono sobre nuestros propios sentimientos, nuestras necesidades,  para dedicarnos al cuidado de nuestr@s hij@s en lugar de darnos un respiro, de aceptar que tambien sufrimos, y que igual que ellas, debemos aprender a pedir ayuda.

Pues ahí van esas dos piezas; te las dedico Nerea porque sé que siempre formaran parte de tus recuerdos

http://www.youtube.com/watch?v=npTnPfJhBZY

 

Aprendiendo día a día | Asun

Hace casi medio año Nerea cumplió 18 años y decidí felicitarla desde este blog, no sólo por su cumpleaños, sino sobretodo por sus logros en todo este tiempo. He tardado un poquito en hacerlo,… esta falta de tiempo que se apodera de tantas cosas… pero en fin, tarde, pero aquí estoy.

¡Felicidades cariño! Felicidades por muchas cosas, por tu coraje, por tu valor, por ser capaz de luchar por aquello que crees importante, por no rendirte, por caminar día a día aunque a veces te sea duro, por levantarte cuando te caes, por ser capaz de intentar vencer los obstáculos que sabes que no te van a llevar a la felicidad, por seguir haciéndole frente a la anorexia….

Recuerdo los principios, cuado me pedías que me apartase de ti, cuando me decías que querías estar sola, cuando necesitabas comprensión, cariño y firmeza a la vez; cuando te sentías sola si me alejaba, pero me echabas de tu lado si me acercaba, cuando finalmente me llamabas si me necesitabas. Recuerdo como poco a poco empecé a entender, y empecé a aceptar que tú ibas a poner el ritmo de tu evolución, de tu proceso, que serías tú la que ibas a tener que ir aprendiendo a pedir ayuda y yo a aceptar que a veces no iba a ser la persona que te la iba a poder dar. Recuerdo como en ocasiones necesitaba yo más ayudarte que tú recibir mi ayuda, porque de alguna manera eso me acercaba a ti, me hacía sentir útil.
Siempre son difíciles los inicios, siempre son duros, lentos, pero poco a poco se va encontrando el camino, pero poco a poco todos entendemos que es lo que debemos hacer.

Es importante para l@s niñ@s aprender a pedir ayuda, y por eso nosotros, sus familiares y amigos íntimos debemos aprender a no siempre anticiparnos, y eso es muy difícil, por lo menos lo fue para mí. Yo quería, casi podría decir que necesitaba que contase conmigo, pero era algo personal, no algo que le beneficies directamente a ella. Y tuve que aceptarlo. Y aprendí a estar a la expectativa, a no bajar la guardia y acercarme cuando ella me lo pidiera. Incluso aprendes a saber cuando te necesita sin que te lo pida, y… a esperar… desde el cariño, no desde el enfado ni la decepción. Si nos ponemos a pensar no es algo tan diferente a lo que nos pasa al resto de las personas en algún momento de nuestros días.

El amor que tenemos a nuestra hij@s debe ayudarnos a saber distanciarnos lo justo, en algunas ocasiones. A veces me preguntaba ¿Le sucederá lo mismo a otros padres?

Hoy después de tanto tiempo, y después de hablar con mi hija de esos momentos he sabido que era bueno respetar su ritmo, sus espacios de soledad dejándole claro que yo seguía allí.

Pero tambien aprendí, que es un doble sentido, porque debes estar allí, alerta, viendo como se desarrollan las cosas, porque existe el riesgo de recaída, y si sucede, debes volver a ser compresiva, a ofrecerle tu cariño, pero tambien a ser firme, porque, nos guste o no, es parte del proceso, de su aprendizaje, de entender que no pueden jugar con todo esto, porque se les escapa de las manos, que deben aprender a gestionar sus inseguridades a través de otros canales si quieren ser felices y libres.
Ahora Nerea vuelve a estar bien, en una buena época en la que se está descubriendo, conociendo un poco más y eso es bueno, porque no debemos de olvidar que la anorexia es un síntoma de que algo va mal, no una enfermedad en si misma, por eso le corresponde trabajar aquellos aspectos de su personalidad, de su carácter, que un día le llevaron a necesitar de la anorexia para sentirse segura. Un contrasentido a veces difícil de entender.

Es curioso como pasas de momentos de una claridad total, en el que todo el puzzle encaja y sabes perfectamente cuál debe ser tu actitud, tu comportamiento a incomprensiones que te devuelven casi a los inicios, porque tambien seguimos aprendiendo día a día, porque tambien nosotros vamos madurando.

Pero el tiempo pasa, y si miro hacia atrás y veo los grandes avances de mi hija en estos dos años y medio, me siento satisfecha, pero sobre todo muy orgullosa de ella. Te quiero cariño

Asun

Un pasito hacia atrás, dos pasitos hacia adelante | Asun

Sí, y así conseguimos avanzar, sí y así consigue avanzar Nerea, porque no debemos olvidar que la enferma es ella, aunque a mí tambien me duela.

Hace semanas que pienso en volver a escribir, pero me ponía delante del ordenador y era incapaz de hacerlo, quizás porque hablar del presente, cuando ese presente implica un retroceso, es mucho más difícil.

Esta primavera Nerea inició una pequeña recaída y finalmente a mediados de julio decidió, con el apoyo de todos  y la ayuda de Marta (su terapeuta), volver a hospital de día. Fueron días  difíciles, de muchas dudas hasta que tomó la decisión, pero…es obvio que fue un acierto, Nerea hoy vuelve a caminar hacia adelante.

Es curioso como la historia, en algunos aspectos, se volvió a repetir. Volvió a existir inicialmente la negación de la situación, tanto por parte de mi hija como mía, el creer que sería algo pasajero, que no debíamos de preocuparnos mucho, hasta que al final nos dimos cuenta que era necesario volver a las conductas y posicionamientos de meses atrás. Y es difícil. Curiosamente y aunque sea un momento mucho mejor que el inicial, es casi más difícil. El otro día me asombraba como una “veterana como yo” había vuelto a caer en algunos de los errores del principio; aspectos, conductas que creía superadas, situaciones que ya conocía, cosas que en principio no debía de hacer falta que me volvieran a explicar…, pero vuelves a negarlo, porque te vuelve a dar miedo aceptarlo, aceptar que tu hija no está curada todavía. Y eso es importante… debemos saber dónde estamos para poder actuar en consecuencia, debemos saber que todavía queda camino por recorrer, para no crear expectativas a corto plazo que necesitan algún tiempo más para desarrollarse. Porque la cuestión no es si mi hija se va a curar o no, la pregunta que nos hacemos es ¿Cuándo?
La suerte es que se parte desde otro punto, habiendo recorrido parte del camino, con más herramientas, con más conciencia, con más experiencia y en pocos días te recolocas y lo vuelves a aceptar y vuelves a coger energía y sigues caminando. Y todo esto nos vuelve a hacer crecer, cada una a su manera. Ella partía del enfado, casi de la rabia de que le estuviera volviendo a pasar: “.- Mamá, yo creía que nunca iba a volver a tener problemas con la comida” me decía. Y de alguna manera es bueno aprender que la amenaza todavía está ahí, que debe estar alerta, que debe pedir ayuda cuando se de cuenta de que algo está fallando, que no tiene que esperar que la situación se le escape de las manos.

Y ya han pasado tres meses desde que entró en hospital de día por unas semanas. La vuelta a la rutina, el inicio de las clases, la concreción de unos objetivos para este curso que debe trabajar, tambien le están ayudando. Y está mejor, más realista, con los pies más en la tierra, con un poco más de conciencia sobre quién es y cuáles son necesidades, sus herramientas para seguir afrontando la vida,

Y como no puedo evitar buscar siempre algo bueno de cada experiencia creo sinceramente, que superar los tropiezos, las dificultades, le ayudan, nos ayudan a avanzar, nos ayudan a crecer. Ha sido bueno tomar consciencia de que pueden existir recaídas, y mejor aún saber que cada vez tiene más herramientas para poder superarlas. Con los tropiezos aprendemos como no se consigue nada negando la realidad porque el único camino para ganar a la anorexia es plantarle cara.

Quiero dar un fuerte abrazo desde aquí a todas esas niñas/os que siguen luchando día a día por vencer a esta enfermedad y a las personas que les apoyan, que les acompañan.

Asun

Tiempo de valoración | Asun

En el momento en que Nerea entró en valoración, empecé a sentir la tranquilidad que da el control de la situación, la sensación que dejas de dar tumbos para decidir ponerte en manos de profesionales que de verdad te pueden ayudar.
Muchas veces me he planteado ¿Por qué tardé tanto en dar ese paso si era consciente de que mi hija necesitaba ayuda? Me imagino que me paralizaba el miedo; la culpabilidad que me producía el hecho de tener que aceptar qué parte de responsabilidad tenía yo en todo lo que estaba pasando; el creer que nuestra buena relación, nuestra capacidad de diálogo, nos iban a ayudar a salir de todo esto sin necesidad de ayuda, porque no la necesitábamos, porque yo, su madre, con mi cariño, mi apoyo iba a ser capaz de recomponer todo aquello que estaba mal. De lo que entonces no me daba cuenta era que debía de dejar de mirarme a mi misma, de compadecerme, de sentirme el centro del dolor, para mirarle a ella y preguntarme ¿Qué es lo que mi hija necesita de verdad? Y todo pasaba por soltar, por aceptar que esta vez, yo no iba a ser capaz de protegerla sola.

El tiempo en que Nerea estuvo en valoración fue un tiempo de incomprensión, de desconcierto, pero básicamente fueron semanas de ir aceptando poco a poco la realidad. Yo no entendía cómo ella no hacia todo lo posible para librarse de esta situación, cómo sabiendo con certeza que entrar en Hospital de día era dejar el instituto, sus amigas, el teatro… cómo sabiendo todo lo que estaba en juego, seguía intentando engañarnos, si la báscula acabaría traicionándola. Y así fue, ante la sorpresa de todos nosotros, Nerea no avanzó en esas semanas, sino todo lo contrario, seguía adelgazando día a día, seguía tirando el almuerzo, negándose a merendar… Recuerdo mis reproches por no poner nada de su parte en curarse, recuerdo como cargaba mi impotencia, de alguna manera sobre ella, pues … yo seguía sin entender nada.
Recuerdo mi estupor cuando al cabo de unos meses, ella, ya consciente de muchas cosas, me contó que el día que Raquel le dijo que tenia que entrar en Hospital de día porque durante las Navidades había adelgazado 2 Kg., llegó a sentir alegría por haber superado, de alguna manera, la dura prueba de “sobrevivir” a unas Navidades no sólo sin engordar, sino además adelgazando.
Sólo tiempo después entendí que esa reacción se había producido precisamente por sentirse acorralada, era la respuesta de la enfermedad hacia nuestro control, era el intento de evitar la inseguridad que le producía no controlar la única cosa que en esta vida le hacia sentirse segura, la comida (que sinsentido ¿no?)
Para mi todo era absurdo, Ilógico, incoherente, la realidad me superaba, él no comprender me llenaba de angustia, hasta que decidí contemplar la situación bajo otro prisma, dejar de mirar a través de la lógica, del sentido común, porque en esta enfermedad, no encuentras nada de todo eso.
Fue difícil, de hecho hoy todavía me cuesta aceptar algunas cosas, pero he aprendido, que en eso consiste en parte esta enfermedad, en perder la realidad de vista, en ver lo que no existe.
Pero el tiempo te devuelve poco a poco a la lógica, y superados los primeros meses, fuimos viendo como Nerea avanzaba, empezaba a aceptarse, a reconocer lo que le pasaba, a saber escucharse y sobre todo a quererse y ahora… ¡me gusta tanto mirarla!, tambien en sus malos momentos, porque claro que los tiene ¿Quién no? Pero es capaz de pararse, de hacer un alto cuando se da cuenta que las cosas empiezan a tambalearse, es capaz de pedir ayuda y yo me siento tranquila y feliz al verla caminar poquito a poco hacia delante.

La primera vez que Raquel me habló de 1espejo1000ventanas, recuerdo que llegué a casa y enseguida entré el la Web. Desde entonces he pasado muchos ratos leyendo testimonios de otras niñas, de otros padres, pero nunca me animé a escribirles. En aquellos días me hubiera ayudado haber escrito algún comentario, haber hecho algunas de las preguntas que me rondaban por la cabeza, pero nunca me decidí, es curioso…en cambio ahora estoy, escribiendo sobre nuestra historia, ¡no me lo puedo creer!… Por desgracia, la inseguridad, tambien forma parte de mi carácter y es evidente que paralelamente al proceso de mi hija yo estoy haciendo el mío.
Pero en todo en este tiempo me he dado cuenta lo bueno que es que podamos compartir nuestras experiencias, nuestras opiniones, poder establecer diálogos, pues eso nos ayuda, nos enriquece a todos y os animo desde aquí a que lo hagáis, porque creedme, todos nosotros tenemos algo que explicar, alguna pregunta, alguna opinión, algo que puede ayudar, que puede servir a los demás.

Un beso

Asun

Primer post | Asun

Hace unos días, en una de las terapias de padres, Marta nos comentó la posibilidad de participar en este blog; yo había entrado en “1espejo1000ventanas” en algunas ocasiones, sobre todo en los inicios, en los peores momentos, y recordaba lo importante que había sido para mí descubrir otras historias que se parecían tanto a la nuestra, y ver cómo habían evolucionado. Era como descubrir una luz al fondo. Por eso no me lo pensé demasiado y le comenté a Marta que me encantaría poder participar.

Sé que escribir en este blog, será bueno para mí, me va a ayudar a ordenar recuerdos, sentimientos, me va a hacer analizar lo sucedido con la perspectiva que da el tiempo, pero sobre todo me gustaría poder ayudar a otros padres y a otras madres como me ayudaron a mí otros testimonios en aquellos momentos tan duros.

Recuerdo como si fuera ayer el día que decidí que debía de hacer algo por mi hija, y que lo debía de hacer de verdad, dejando de dar tumbos como habíamos estado haciendo durante más de 3 años. Era un paso difícil, era aceptar que mi hija era ANORÉXICA, aunque pediatras y especialistas no lo hubieran considerado así. Pero Nerea no estaba bien, y yo debía aceptarlo de una vez. Recuerdo que este sentimiento me persiguió durante mucho tiempo ¿Cómo era posible que yo, su madre, no me hubiera dado cuenta antes?

Recuerdo a Raquel dándonos el diagnostico delante de ella:- Nerea es una niña insegura con autoestima baja… -y yo pensar, – ¡se está equivocando, ésa no es mi niña!- y girar la cabeza y ver como mi hija asentía una y otra vez y… yo querer desaparecer. No entendía nada, Nerea siempre había sido “tan perfecta”. Es inteligente, una alumna brillante, guapa, líder entre sus compañeros, la nieta ideal, la hija que cualquier madre pudiera desear y en cambio… ella no se quería. Recuerdo el dolor que me provocaba el pensar que mi hija hacía mucho tiempo que no era feliz y que yo… no había sido capaz de darme cuenta. Tardé mucho en quitarme ese sentimiento de culpabilidad y ahora sé que fue un paso necesario y decisivo para poder empezar, de verdad, a ayudarla. Ahora ya he entendido que no tiene ningún sentido buscar culpables, aunque a veces sigo preguntándome ¿Por qué a mi hija?

Eso, quizás ha sido y sigue siendo para mí lo más doloroso, saber que mi hija hubo un tiempo que no fue feliz. Por eso cuando la miro ahora y veo a una mujercita aprendiendo a aceparse, a quererse, cuando le miro a los ojos y me gusta lo que veo reflejado en ellos, siento que todo lo que hemos pasado ha valido la pena, que el camino recorrido, aunque haya sido muy duro, ha sido necesario y me siento contenta de poder seguir a su lado mientras sigue avanzando en él.

Seguiré explicando nuestras pequeñas historias, pero me gustaría que me preguntaseis todo aquello que queráis saber, todas aquellas dudas que tengáis, y poder compartir con vosotros, desde lo vivido, aquello que os pueda interesar.

Un saludo

Asun

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