Archivo mensual: junio 2010

La figura de los padres

Los padres son figuras importantes en la recuperación de un paciente con trastorno alimentario. Por eso creo que es importante dedicarles una de las primeras entradas, aunque posteriormente volvamos sobre el tema para profundizar en el papel de la familia.

En muchas ocasiones, los padres -como parte esencial del entorno más cercano- tienen oportunidad de detectar precozmente algunos síntomas indicadores de los desórdenes alimentarios tales como cambios en el comportamiento alimentario, cambios de carácter, fluctuaciones en el estado de ánimo, incipiente aislamiento, aumento de la irritabilidad entre algunos… Sin embargo, también es habitual que sean los últimos en enterarse de lo que le está sucediendo a su hijo debido, entre varias razones, al empeño que éste pone para evitar que se preocupen y que le “descubran”.

Hoy no quiero entrar en explicar cómo deben actuar los padres una vez detectado el problema, sino en un estadio anterior, ya que el tratamiento de un hijo con un TCA es una oportunidad de cambio no sólo para él, sino para toda la familia. En este sentido, es importante que los propios padres se paren a reflexionar sobre ellos mismos.

En esta línea de ideas, una constante que nos encontramos en el tratamiento de las familias y las pacientes es el concepto de la culpa. Quisiera aclarar entre tres actitudes diferentes sobre esta idea. La primera actitud sería la culpabilidad (culpación), que hace referencia al diálogo interno que se produce con uno mismo: “es mi culpa”, “ya lo hecho mal”, “no he sabido ser un buen padre/una buena madre”, “soy tonto”, “debí haberme dado cuenta”… Esta culpabilidad bloquea y no sirve para solucionar el problema, sino para mantenerlo. Estos diálogos internos se suelen dar en personas con un elevado nivel de exigencia, de necesidad de afirmación externa, de madres y padres excesivamente responsabilizados y vigilantes. Se apropian del problema y lo hacen suyo (dejan de salir, de hacer proyectos, de ver a amigos y familiares…). Estos sentimientos hacen que se mantengan conductas que dificultan el cambio en la paciente.

Otra actitud es culpabilizar, cuando tenemos el deseo o la tendencia de culpar a otro por el problema (proyectar): “mi hija es una caprichosa”, “desde que mi hijo esta así todo en casa va mal”, “cuando ella quiera, se le pasará”, “no hay para tanto”, “el problema es de mujeres”, “la culpa la tiene su madre”, “esto se arregla con un buena plato de comida y menos tonterías”… Esta actitud perpetúa el problema, no facilita el cambio, ya que niega la verdadera naturaleza del problema.

En ambos casos, aconsejamos que tanto la madre como el padre asistan a sesiones multifamiliares e individuales. La escucha atenta de las historias de otros padres en las sesiones grupales, les ayudará a entender que no son los únicos padres con dificultades, que muchas madres se sienten exageradamente responsables y muchos padres minimizando el problema, que lo hacen lo mejor que pueden y que todos tienen dificultades ante la crianza y educación de los hijos. Compartir sentimientos de culpabilidad y ansiedad, la propia resistencia que uno siente, la expresión de emociones como el enfado, la rabia y el miedo será una buena opción para ponerle solución a la situación actual.

La tercera actitud es la culpa entendida como responsabilidad. Es un sentimiento objetivo y real de asumir la responsabilidad emocional de no haber hecho algo bien. Esta culpa es necesaria para cambiar y nos mueve a la acción de pedir.

En entradas posteriores iremos desgranando cómo deben actuar los padres ante el problema y qué deben hacer durante el tratamiento.

Agradezco a Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria?

Lo primero que necesitamos para comprender estas enfermedades es tener una idea global de lo que son. Nosotros entendemos que los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son trastornos psiquiátricos, de base bio-psicosocial, en los que entran en juego cuatro factores fundamentales: miedo a engordar, miedo al rechazo de los demás, alteración en la percepción del peso y la silueta, y dependencia de la opinión de los otros. Estos factores desencadenan alteraciones graves en la conducta alimentaria y en la vida afectiva.

Esta definición no pretende ser exhaustiva, pero sí nos sirve para crear un marco a partir del cual ir desgranando los diferentes elementos que conforman estos trastornos. Cuando una persona enferma, empezamos por detectar alteraciones en relación con la comida y con la imagen. Esto es lo que los terapeutas llamamos síntomas. Demasiado a menudo, la falta de conocimiento hace pensar que ahí radica el problema. Sin embargo, sabemos que estas enfermedades son mucho más complejas, ya que debajo subyace un estilo de pensamiento basado en creencias -lo que se conoce como cogniciones-. Las cogniciones son a su vez sustentadas y moduladas por las emociones, que expresan los valores y motivaciones -lo que denominaremos vivencias-.

Iremos desgranando todos estos conceptos en esta ventana que ahora estrenamos. Por el momento, basta con comprender que el síntoma -los problemas con la comida y el cuerpo- son parte esencial de la enfermedad, pero no la conforman en su totalidad. Muy al contrario, a veces los TCA son descritos como un iceberg. En la punta encontramos lo visible, lo que hemos llamado síntoma, y en la base, oculta, toda una serie de emociones, pensamiento y vivencias que sustentan la enfermedad. Por eso, el tratamiento de estas enfermedades no puede basarse sólo en una normalización de la alimentación y el peso.

A grandes rasgos, los TCA pueden dividirse en tres tipos:

a) Anorexia nerviosa. Se caracteriza por la decisión activa de controlar o perder peso. La persona que padece esta enfermedad come mucho menos de lo que su cuerpo necesita. Al principio supone un gran esfuerzo, pero pronto el perder peso se convierte en una necesidad y se crea un círculo vicioso. La consecuencia inicial es la perdida de peso. Pronto, junto con la pérdida de peso, aparece la distorsión del esquema corporal. Es decir, cuanto más peso pierde el enfermo mas gordo o feo se ve, con lo que necesita, para sentirse bien, perder aún más peso.

b) Bulimia nerviosa. Del mismo modo que ocurría con la anorexia, la persona que padece bulimia nerviosa tiene la necesidad de controlar el cuerpo para sentirse bien. Sin embargo, en este caso el enfermo no puede llevar a cabo una dieta estricta y rompe el control con momentos de ansiedad que canaliza a través de la comida. Como la persona que padece bulimia se valora según su peso, se siente muy culpable tras ingerir la comida. Por eso, necesita expulsar o quemar todo lo que descontroladamente ha comido. La gravedad de la bulimia dependerá de la conducta de control con la ingesta, la cantidad y frecuencia de los atracones, y la gravedad y frecuencia de las conductas de purga -vómitos, laxantes…-.

c) Trastornos no específicos (TCANE). Aunque la mayoría de las personas relacionan los trastornos alimentarios con la anorexia y la bulimia, lo cierto es que existe un alto número de trastornos no especificados. Éstos son los más frecuentes, ya que en la mayoría de las ocasiones la persona enferma no presenta unos rasgos rígidos aplicables a la anorexia o la bulimia. Muy a menudo, las ideas preconcebidas sobre los rasgos de estas enfermedades impiden que se detecten casos de no poca gravedad.

Entre los trastornos alimentarios no específicos cabe destacar el Trastorno por atracones. Esta enfermedad se está convirtiendo en la forma más frecuente de TCA. Puede entenderse como una forma de bulimia en la que el cuerpo tiene menos trascendencia pero donde se genera una relación marcadamente ansiosa con la comida. Las emociones se gestionan a través de la comida, ya sea grandes atracones o continuo picoteo sin control. Lo importante, a diferencia de la bulimia, es que no hay mecanismos de compensación -no vomitan, no toman laxantes o no queman lo consumido- por lo que vienen relacionados con el sobrepeso u obesidad. Por eso algunos le llamamos Obesidad Ansiosa.

Agradezco al Dr. Enrique Armengou (psiquiatra del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

Bienvenida

Mi nombre es Diego Solano y trabajo desde hace ocho años como terapeuta especializado en trastornos de la conducta alimentaria en el Centro ABB. Además, coordino los planes de prevención y formación de la Fundación ABB en Andalucía.

Cuando me propusieron escribir en esta ventana, junto a tantas personas que están superando o ya han superado la enfermedad, me entusiasmó la idea. El objetivo era crear un blog que sirviera como plataforma de reflexión, un lugar donde informarse y comprender mejor algo tan grave y complejo como son los trastornos alimentarios. Partíamos de una idea clara: este blog no debería ser en ningún caso un punto de consulta que acabara confundiéndose con el proceso de terapia.

Con esa idea nace hoy esta nueva ventana, a la que yo pongo cara. Desde aquí, intentaré aportar un punto de vista diferente que complete la labor que desde sus blogs  hacen los demás miembros de 1espejo1000ventanas. Para eso, iré describiendo quincenalmente qué son los trastornos alimentarios, qué factores entran en juego en estas enfermedades, qué papel juega la familia o qué debe tener en cuenta su tratamiento. Pero también compartiré con vosotros reflexiones, libros o documentos que crea pueden interesaros.

Sé que es un gran compromiso, pero no estoy solo en esta aventura. Todo un equipo de profesionales me acompaña.

Esperamos poder ser de utilidad.

Diego Solano

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