Archivo mensual: agosto 2010

La anorexia nerviosa

Para poder comprender los trastornos alimentarios es necesario entender que éstos pueden presentarse de diversas maneras: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, obesidad ansiosa, vigorexia u ortorexia, además de otras formas mixtas bastante comunes y a menudo más difíciles de identificar. Por eso, en las próximas entradas iré dando una definición lo más detallada posible sobre cada una de estas enfermedades.

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa viene definida por una incapacidad para seguir un plan alimentario equilibrado, con conductas persistentes para perder peso. Es uno de los TCA (trastornos de la conducta alimentaria) más conocidos y entre sus síntomas claves es necesario destacar:

• Incapacidad para comer normal, con deseo de bajar de peso.
• Preocupación obsesiva con la imagen, el peso y la comida.
• Pérdida de peso, problemas con la menstruación, aumento de enfermedades y debilidad.
• Distorsión de la imagen corporal.
• Cambio de carácter, ansiedad y depresión.

Estos síntomas se dan en mayor o menor medida dependiendo de cada caso. Según los criterios internacionales (que los especialistas consultamos en el DSM-IV), la anorexia se caracteriza por:

• Rechazo a mantener un peso normal (estar por debajo del 85% del peso esperable para esa edad y estatura).
• Miedo intenso a engordar.
• Distorsión en la percepción de la imagen.
• Amenorrea (pérdida de la menstruación).

Si no se trata, las consecuencias de la anorexia son graves, ya que en un 10% de los casos es mortal y en otros muchos acaba cronificándose. Además, la anorexia nerviosa provoca a menudo:

• Inadaptación social y laboral.
• Baja calidad de vida.
• Trastornos de la personalidad.
• Conversión a bulimia nerviosa.
• Osteoporosis (pérdida de calcio en los huesos).

Acompañando a estos síntomas comunes existe otra serie de rasgos que pueden ayudar a detectar un cuadro de anorexia como son:

• Restricción alimentaria sin motivo (dietas, uso de productos ligth, …).
• Pérdida progresiva de peso.
• Amenorrea.
• Estreñimiento pertinaz.
• Preocupación excesiva por el cuerpo, peso y silueta.
• Pánico a la obesidad.
• Hiperactividad o exceso de deporte.
• Rituales con la comida (contar calorías, cortar a trozos pequeños la comida, obsesión por la comida, secar el aceite de los alimentos, …).
• Uso de laxantes o diuréticos.
• Ocasionalmente pueden presentar atracones o vómitos autoprovocados.
• Evitan comer en familia.
• Cambio en el carácter habitual apareciendo manipulación y mentira.
• Negación de la enfermedad.
• Aislamiento social.
• Evitan mostrar en cuerpo (no van a la playa, llevan ropas anchas en verano, …)
• Baja autoestima.
• Excesiva autoexigencia y afán de perfeccionismo.
• Inseguridad y marcado miedo al fracaso.
• Aparecen síntomas de ansiedad, irritabilidad o depresión y frecuentes sensaciones de soledad.
• Rechazo de las responsabilidades aunque en ocasiones se refugian en el trabajo o en los estudios.

Aunque de forma aislada estos síntomas no tienen por qué estar asociados a la anorexia nerviosa, la conjunción de varios de ellos es a menudo determinante. Por ese motivo, recomiendo a los padres o personas del entorno que ante la duda acudan a un profesional.

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