Archivo mensual: enero 2011

El papel de los padres en el tratamiento: Alimentación y peso

Hace algún tiempo compartí con vosotros un interesante artículo de Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) sobre el papel que juegan los padres en el tratamiento de un trastorno alimentario, haciendo hincapié en algunos factores importantes como la culpa, la culpabilidad y el culpabilizar (podéis consultarlo AQUÍ). Hoy me gustaría retomar aquella reflexión para completarla con algunos consejos que serán útiles para el entorno cercano de la persona que está en un proceso de recuperación y que iré completando en próximas entradas.

Mi hijo/a está en tratamiento, ¿qué debo hacer?

En un principio la alimentación y el peso serán los ejes principales del problema, es importante tener claro lo que conviene o no conviene ante determinadas situaciones conflictivas que se darán en casa con estos temas. Los profesionales le aclararan dudas sobre conceptos de nutrición y alimentación, y de actitudes que deben tener frente a estas situaciones. Algunas ideas unánimes son:

* Eviten que a la hora de las comidas los temas de conversación se centren en la enfermedad, en las calorías de la comida y en discutir sobre cuánto debe comer de un determinado alimento y cuanto come “fulanita”. Aclaren a su hijo/a que quieren ayudarle y que imaginan lo mucho que sufre, y que por ello no van a hacer caso de sus peticiones sobre la alimentación.

* Sigan un plan alimentario ordenado, variado, sin excluir ningún alimento y con cantidades normales (si no hay ninguna prescripción médica que indique lo contrario). Si su hijo/a no lo come, evite hacer un plato especial para él/ella, manténgase en que esta es la comida que hay.

* Normalmente aconsejamos hacer cuatro o cinco ingestas al día (desayuno, tente en pie matutino, almuerzo, merienda y cena). De esta manera, se va regulando el equilibrio metabólico.

* No se obsesionen pesando a su hijo/a todos los días. El profesional que la visite realizará un control de la curva de peso y les irá informando de la evolución general. Él tiene diferentes posibilidades de programas y herramientas psicoterapéuticos, pero debe valorar primero diferentes aspectos en la paciente (grado de motivación al cambio, conciencia de problema, estructura de personalidad, dinámicas familiares, grado en que se mantienen las actividades de la vida ordinaria, intencionalidad), para poder indicar la intensidad y frecuencia del tratamiento.

* Ante los problemas de estreñimiento, dolores de barriga después de las comidas y otras alteraciones físicas, consulte con el médico antes de proporcionar ningún laxante u otro producto con este fin. El profesional indicará la acción a seguir para ir evitando estas alteraciones normales durante la recuperación de los TCA, pero que tanto molestan al paciente.

Más allá del problema alimentario, en este tipo de trastornos hay varias características comunes en las personas que lo sufren y que están relacionadas con la dificultad para iniciar o culminar el proceso de individualización, esto es, el proceso que facilita la separación emocional de los hijos con los padres, lo que permite que puedan enfrentarse al futuro con habilidades suficientes para desarrollar sus propios proyectos vitales (crear su propia familia, capacitarse laboralmente, encontrar su que hacer en el mundo…). Para que la persona pueda realizar este proceso necesita tener un concepto de sí mismo confiable (que se puede dejar guiar por sí, por sus emociones, sus pensamientos), válido, aunque diferente de los demás.

Por lo tanto el papel de los progenitores es importante para ayudar a reiniciar este proceso, tanto en la evitación de conductas mantenedoras de estas dificultades que a su vez mantienen el trastorno alimentario, como para introducir cambios potenciando la autonomía de su hijo/a.

Agradezco a Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

En la próxima entrada hablaremos de la sobreprotección.

El Arteterapia en el tratamiento de los TCA (Parte 3 y última)

Esta semana, pasadas ya las fiestas navideñas, aprovechamos para terminar con el artículo sobre el arteterapia redactado por Jesús Barea, arteterapeuta del Centro ABB.

Construcción de una nueva imagen en los trastornos de la alimentación III

Siguiendo un modelo de bienestar basado en la creatividad y la comunicación podemos ayudar a adquirir una mayor conciencia y responsabilidad con la enfermedad. El masaje y dinámicas a través de juegos, empleando la respiración consciente y otros ejercicios energéticos pueden aportar experiencias táctiles seguras, nutritivas, dar un sentido más acertado de los límites del cuerpo. Este aspecto es muy importante a ser trabajado en los trastornos de alimentación porque la vinculación se realiza a menudo de un modo simbiótico, tendencia adquirida desde la relación parental.

Además, según vamos conociendo mejor las fronteras de nuestro cuerpo, tenemos más posibilidades de protegernos de las influencias nocivas de los demás. El tacto afectivo compartido entre amantes, familiares o amigos podrá expresarse con más facilidad y disfrutarse con más plenitud. Como dice el investigador Saul Saunberg “el tacto es diez veces más poderoso que el contacto visual o verbal”. Es la base de la auto-protección, aumentando consecuentemente la sensación de seguridad

Los niños y los adolescentes suelen usar el arte de forma espontánea. Los adolescentes pueden servirse del arte para superar esa difícil etapa en la que están descubriendo y contrastando su propia identidad. Muy probablemente están transmitiendo mucha información acerca de sus estados internos mediante los dibujos que realizan. Es por esta vía por la que tendremos que acceder en muchas ocasiones, porque como dice el psiquiatra Jean-Pierre Klein, sería absurdo esperar un enunciado del tipo “yo quiero curarme” porque aún está intentado definir su “yo” y sus deseos son ambivalentes. Se han de respetar sus defensas y evitar enfrentarse a sus resistencias, planteando un contexto creativo en tercera persona, para que el adolescente que afirma: “no me gusto” “estoy harto/a de mí mismo/a” llegue a reconciliar las diferentes partes dentro de sí que se encuentran en una relación conflictiva. Se puede proponer actividades como la elaboración de un personaje, el modelado en barro, ambas como proyección de su mundo interno, o también la percusión, con el propio cuerpo o con objetos, que ponen en la escena del taller actos, que por una vez, no son destructores.

El ayuno fanático, el vómito provocado y la consiguiente alteración en la masa corporal, no son más que síntomas del cuadro visible de la enfermedad. Este comportamiento externo responde a un fuerte angustia interior, expresión de una serie de problemas psíquicos.

Las personas anoréxicas y/o bulímicas luchan contra su propia corporeidad empleando los medios más brutales, a veces destructivos. Paradójicamente, hacen del cuerpo un factor dominante. Sabiendo que nuestro cuerpo es un instrumento maravilloso que nos permite aprender en esta vida, desde el arte podemos derivar esta tensión hacia un trabajo más inclusivo de pensamientos y emociones reprimidas. Un ejemplo sería la construcción de su reloj de vida para ver el pasado de un modo nuevo, crear alrededor de la rabia y el miedo para poder perdonar o buscar
el propio significado del amor para construir una visión positiva del futuro. Todo en un contexto transformador
y a su vez, potenciador de las emociones positivas.

Martín Seligman, precursor de la psicología positiva, se convenció de que la educación es mucho más que la corrección de defectos, se trata de reconocer y fomentar sus valores. De este modo, no nos podemos limitar
a estudiar las debilidades y los traumas, sino también ocuparnos por la felicidad y las capacidades.

Con el arteterapia podemos ayudar a estos jóvenes a construir una personalidad más integrada, un carácter positivo, que hace que merezca la pena vivir la vida. La persona con trastorno de alimentación cae recurrentemente en el obstáculo del victimismo, afianzándose en el arquetipo del huérfano por no tener los recursos pertinentes. Por ello, es muy importante potenciar la seguridad y la identidad en su territorio interior. Aunque la enfermedad surge como medio para reclamar cuidados y afecto, comúnmente en familias desestructuradas donde la comunicación no fluye fácilmente, sabemos que no siempre somos más felices por recibir, sino también por disfrutar en el acto de dar. Una comprensión más profunda aparecerá como consecuencia de acciones positivas al contactar con la propia autenticidad, con el dominio del corazón en el ritual creativo del dar y recibir.

El acercamiento posterior a la creación puede ser arduo dependiendo de la conciencia de la enfermedad que tenga la persona. La resistencia al cambio es alta en los primeros estadios. Sin embargo, en el arteterapia partimos de la hipótesis de que la intervención no ha de resolver, sino que ha de ayudar a superar el enfrentamiento por medio de una forma y un contenido. Como diría el dramaturgo e investigador Grotowsky, la experiencia de lo “vivo” es la pregunta, mientras que la creación es la respuesta. La creación en terapia, acto y resultado, permite la transformación profunda del sujeto para que construya poco a poco su propia cosmogonía, se construya como autor de su propio destino.

Una de las principales características en las enfermedades mentales es la disociación entre mente y cuerpo. Toda fragmentación es causante de enfermedad. Por lo tanto, un aspecto siempre importante es considerar la obra como una totalidad artística y no como una reunión de partes. Crear un conjunto, cuidar su integridad artística y su expresividad. La palabra, el sonido, el color y el movimiento contribuyen a la totalidad y la unicidad de una forma artística coherente. En las palabras del físico premio Nóbel W. Heisenberg “separar las partes del todo constituye un error esencial, la realidad se encuentra en la unidad y la complementariedad”. La dirección es rescatar la integridad, avanzar en un proceso de síntesis, en el que la dimensión molecular, emocional y mental son notas de la misma sinfonía.

El intelecto es una conquista maravillosa y corresponde a un paso importante en el proceso evolutivo, sin embargo considerar que es quien nos define como humanos es uno de los errores más peligrosos y extendidos. Un error del que estamos despertando a gran escala. Cada vez hay una mayor penetración en la opinión pública, así como a nivel académico, de la idea de que es la inteligencia emocional, la que determina nuestra capacidad de relacionarnos, adaptarnos y ser felices. Uno de los efectos de un intelecto disociado del corazón es la enfermedad mental. La solución esta en despertar a esta nueva conciencia. Despertar es reclamar ese potencial humano infinito que nos aguarda cuando abrimos el corazón. El corazón sólo tiene cerradura, la llave sólo la tiene, sólo la ha tenido y sólo la puede tener el dueño, el propio paciente. El arte es una vía directa al corazón. El arte es una magnífica herramienta de catalización, ya que no todas las emociones se comunican a través de la palabra.

Para conocer más:

M. GERLINHOFF, H. BACKMUND, Anorexia y bulimia. Entender y superar los trastornos alimentarios. Ed. Grijalbo. Barcelona, 2004.
C.R. BERRY, Los mapas corporales. Mandala Ed. Madrid. 2005.
J.P. KLEIN, Arteterapia. Ed. Octaedro. Barcelona, 2006.
B.B. COHEN, Sensing, Feeling and Action. Contact Ed. Northampton. 1993.
K. STANISLAVSKY, La construcción del personaje. Alianza Ed. Barcelona, 2002.
O. WILDE, Sobre el arte y el artista. DVD Ed. Barcelona, 2000.

Agradezco a Jesús Barea (arteterapeuta del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

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