trastornos alimentarios

Los valores

Esta semana completamos la reflexión sobre las creencias, cogniciones y emociones hablando sobre los valores.

Los valores

Toda persona, y por ende todo paciente, tiene en la base de su funcionamiento valores y motivaciones que rigen su vida. Cuando los valores que vivimos y las motivaciones que nos mueven son congruentes nos ayudan a realizarnos y conectarnos con los demás y sentimos felicidad. Pero, ¿qué ocurre cuando esto no es así?

Diferenciaría dos tipos de valores: los instrumentales y los absolutos. Los primeros nos servirán para conseguir los segundos. Por ejemplo, estar delgado en la cultura actual puede ser un valor instrumental de la belleza, que es un valor más potente y universal.

Cuando la enfermedad domina a la persona, valores meramente instrumentales se convierten en absolutos. La persona con anorexia está dominada por la “necesidad” de estar delgada, no para estar bella sino por la necesidad de estar delgada per se. Inicialmente empezó a adelgazar para sentirse más guapa y mejor, para ser más aceptada o por muy diversas razones, pero poco a poco la finalidad de estar delgada se convierte en “estar delgada porque sí” y se cierra el círculo perverso. Incluso por el valor de “estar delgada” puede perder la vida, que es un valor universal.

Con frecuencia los padres están también facilitando con sus propios valores que su hijo, que desea ser aceptado y valorado por ellos, potencie la dedicación a estos valores que, si se convierten en fines, acaban en drama. Aquí radica uno de los problemas de la sociedad actual, en la que se ha facilitado la emergencia de esta plaga de la anorexia, bulimia y obesidad. Vemos cómo estamos entronizando valores egoístas, parciales e inmediatos a los cuales dedicamos esfuerzos titánicos y cuando los conseguimos no nos aportan la felicidad anhelada o ésta es efímera.

En resumen

Nos encontramos con una joven (el 90% son mujeres jóvenes) que está dominada por el pensamiento sobre el cuerpo y la comida, que siente que ésta domina su vida. Con facilidad el ánimo está bajo, tiene ansiedad y desesperanza. La autoestima está baja y en ocasiones llega al autodesprecio. Se siente desorientada y desesperanzada. Tiene un pensamiento de todo o nada, es victima de su perfeccionismo. Cuando consigue un éxito no es suficiente, por lo que reconoce una permanente insatisfacción. Finalmente está atrapada en unos síntomas: dejar de comer, contar calorías, comer aislada, atracarse y vomitar, comer de forma ansiosa sin saciarse…

Esta persona intenta salir, en ocasiones hasta pide ayuda, pero siente que, como Sísifo el griego, nunca consigue acabar con el problema sólo con sus fuerzas. Cuando está a punto de conseguirlo recae y vuelve al inicio o más abajo. Por eso es tan necesario encontrar la ayuda adecuada.

Agradezco al Dr. Enrique Armengou (psiquiatra del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

La obesidad ansiosa o trastorno por atracón

En esta ocasión querría hablaros de una enfermedad que ha dejado de considerarse en la actualidad como un problema puramente físico: La obesidad ansiosa o trastorno por atracón. El planteamiento simplista sobre la obesidad que había hasta hace poco ha cambiado, exigiendo un tratamiento global a nivel físico, conductual, emocional y social.

La obesidad ansiosa

En términos médicos, la obesidad es un excesivo aumento de tejido adiposo debido a una ingesta energética excesiva y a una disminución de la actividad física, que acaba repercutiendo en la salud tanto física como psíquica.

En cambio, llamamos obesidades ansiosas u obesidades del comedor compulsivo a aquellas obesidades que no se deben a ninguna enfermedad o causa física sino a un mal patrón alimentario. En estos casos el sujeto come por ansiedad -malestar emocional- y consecuencia directa de ello es el incremento de peso con los posteriores handicaps que esto acaba provocando, siendo al final tan necesaria la intervención en las causas (trastorno alimentario) como en las consecuencias (obesidad ansiosa).

Los factores que lo causan son diversos, siendo los aspectos genéticos (el 80% de los obesos tienen antecedentes familiares), metabólicos, sociales, conductuales y psicológicos.

Entre las complicaciones físicas más frecuentes de la obesidad ansiosa se enuentran:

• El factor de riesgo cardiovascular.
• Las alteraciones respiratorias, endocrinas, digestivas.
• Los problemas durante la gestación.
• Las alteraciones en el mecanismo lipídico.

Según los criterios internacionales de diagnóstico (DSM-IV), esta enfermedad se caracteriza por:

– Episodios recurrentes de atracones.
– Los episodios de atracón se asocian a 2 ó más de los siguientes síntomas:
• Ingesta mucho más rápida de lo normal.
• Comer hasta sentirse desagradable lleno.
• Ingesta de grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.
• Comer a solas para esconder su voracidad .
• Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión o gran culpa tras el atracón.
– Profundo malestar al recordar los atracones
– Atracones como media de 2 días a la semana durante seis meses
– El atracón no se asocia a estrategias compensatorias inadecuadas, y no aparecen exclusivamente en el transcurso de una anorexia o bulimia nerviosas.

A raíz del trastorno aparecen obesidad o sobrepeso con los siguientes signos:

Factores clínicos:

• Sobrepeso u obesidad.
• Alteraciones metabólicas y endocrinas.
• Problemas articulares y óseos.
• Estreñimiento y lentitud en el vaciado gástrico.
• Digestiones pesadas y flatulencia.
• Insomnio.
• Aumento del colesterol, triglicéridos y transaminasa.

Factores psicológicos:

• Sensación de pérdida de control sobre la comida.
• Sentimiento de culpa y autorreproche al recordar la ingesta.
• Uso de la comida como mediador emocional.
• Baja autoestima y aceptación personal.
• Baja tolerancia a la frustración.
• Impulsividad.
• Inestabilidad emocional. Síntomas ansiosos o depresivos.

La obesidad es hoy día el mayor trastorno metabólico existente, su prevalencia se sitúa entre un 15% de la población general. Existen numerosos factores que predisponen;, entre los que cabe destacar:

• Trastornos afectivos o de ansiedad.
• Tendencia a la inestabilidad emocional.
• Antecedentes familiares de obesidad.
• Influencia del ideal social de delgadez.
• Acontecimientos estresantes tempranos.
• Dependencia relacional.

Además, se reconocen una serie de factores que precipitan este tipo de procesos (como son los cambios corporales destacables, las separaciones o pérdidas y el incremento rápido de peso) y diversos factores de mantenimiento (como son el aislamiento social, la incapacidad de expresar las emociones y las manifestaciones de trastornos psicológicos o psiquiátricos).

La anorexia nerviosa

Para poder comprender los trastornos alimentarios es necesario entender que éstos pueden presentarse de diversas maneras: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, obesidad ansiosa, vigorexia u ortorexia, además de otras formas mixtas bastante comunes y a menudo más difíciles de identificar. Por eso, en las próximas entradas iré dando una definición lo más detallada posible sobre cada una de estas enfermedades.

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa viene definida por una incapacidad para seguir un plan alimentario equilibrado, con conductas persistentes para perder peso. Es uno de los TCA (trastornos de la conducta alimentaria) más conocidos y entre sus síntomas claves es necesario destacar:

• Incapacidad para comer normal, con deseo de bajar de peso.
• Preocupación obsesiva con la imagen, el peso y la comida.
• Pérdida de peso, problemas con la menstruación, aumento de enfermedades y debilidad.
• Distorsión de la imagen corporal.
• Cambio de carácter, ansiedad y depresión.

Estos síntomas se dan en mayor o menor medida dependiendo de cada caso. Según los criterios internacionales (que los especialistas consultamos en el DSM-IV), la anorexia se caracteriza por:

• Rechazo a mantener un peso normal (estar por debajo del 85% del peso esperable para esa edad y estatura).
• Miedo intenso a engordar.
• Distorsión en la percepción de la imagen.
• Amenorrea (pérdida de la menstruación).

Si no se trata, las consecuencias de la anorexia son graves, ya que en un 10% de los casos es mortal y en otros muchos acaba cronificándose. Además, la anorexia nerviosa provoca a menudo:

• Inadaptación social y laboral.
• Baja calidad de vida.
• Trastornos de la personalidad.
• Conversión a bulimia nerviosa.
• Osteoporosis (pérdida de calcio en los huesos).

Acompañando a estos síntomas comunes existe otra serie de rasgos que pueden ayudar a detectar un cuadro de anorexia como son:

• Restricción alimentaria sin motivo (dietas, uso de productos ligth, …).
• Pérdida progresiva de peso.
• Amenorrea.
• Estreñimiento pertinaz.
• Preocupación excesiva por el cuerpo, peso y silueta.
• Pánico a la obesidad.
• Hiperactividad o exceso de deporte.
• Rituales con la comida (contar calorías, cortar a trozos pequeños la comida, obsesión por la comida, secar el aceite de los alimentos, …).
• Uso de laxantes o diuréticos.
• Ocasionalmente pueden presentar atracones o vómitos autoprovocados.
• Evitan comer en familia.
• Cambio en el carácter habitual apareciendo manipulación y mentira.
• Negación de la enfermedad.
• Aislamiento social.
• Evitan mostrar en cuerpo (no van a la playa, llevan ropas anchas en verano, …)
• Baja autoestima.
• Excesiva autoexigencia y afán de perfeccionismo.
• Inseguridad y marcado miedo al fracaso.
• Aparecen síntomas de ansiedad, irritabilidad o depresión y frecuentes sensaciones de soledad.
• Rechazo de las responsabilidades aunque en ocasiones se refugian en el trabajo o en los estudios.

Aunque de forma aislada estos síntomas no tienen por qué estar asociados a la anorexia nerviosa, la conjunción de varios de ellos es a menudo determinante. Por ese motivo, recomiendo a los padres o personas del entorno que ante la duda acudan a un profesional.

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