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El papel de los padres en el tratamiento: los sentimientos

Hoy terminamos con el interesante artículo que Sonia Ferri (psicóloga directora de Hospital de Día del Centro ABB) ha escrito para los padres. En esta ocasión, y como broche final, hablaremos de los sentimientos y del sentido crítico.

Como ya hemos comentado en alguna ocasión, los TCA no son sólo síntoma (comida y cuerpo) sino también inseguridad, emociones, miedos… una mala gestión de los sentimientos está en la base de este tipo de enfermedades.

Aceptar las emociones y desarrollar el sentido crítico.

Acepten las emociones, su hijo/a necesitará expresarlas para su recuperación. No se asusten, permitan y potencien su comunicación. La tristeza no es un signo de debilidad o de depresión, sino de reconocimiento del propio estado o de situaciones. La rabia o el enfado no son signos de rebeldía o ataque, sino un inicio de ponerse en contacto con su propio criterio y defenderlo. El miedo no es un signo de recaída o de sufrimiento, sino que nos alerta de situaciones nuevas o “amenazadoras” a las que nos debemos preparar.

Es importante que apoyen un sentido crítico frente a la sociedad actual, lo que nos llena no es lo que obtenemos, sino lo que ya tenemos. Piensen sobre el tiempo que dedican a los que quieren, el tiempo que dedican a ganar dinero o a trabajar. Piense en la última vez que hizo algo para sí mismo o que alguien hizo algo para usted. Como decía al principio, el tratamiento de su hijo/a es una oportunidad para hacer cambios.

Para terminar me gustaría transcribir una frase de la madre de una paciente el día del alta de ésta. “Alba está muy bien, con sus cosas, pero haciendo su camino. Yo he cambiado mi forma de ver las cosas. Sufro menos. Y sobre todo he entendido su forma de ver las cosas y la respeto. Ahora disfrutamos mucho más que antes de nuestra relación”.

Agradezco a Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

El papel de los padres en el tratamiento: Alimentación y peso

Hace algún tiempo compartí con vosotros un interesante artículo de Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) sobre el papel que juegan los padres en el tratamiento de un trastorno alimentario, haciendo hincapié en algunos factores importantes como la culpa, la culpabilidad y el culpabilizar (podéis consultarlo AQUÍ). Hoy me gustaría retomar aquella reflexión para completarla con algunos consejos que serán útiles para el entorno cercano de la persona que está en un proceso de recuperación y que iré completando en próximas entradas.

Mi hijo/a está en tratamiento, ¿qué debo hacer?

En un principio la alimentación y el peso serán los ejes principales del problema, es importante tener claro lo que conviene o no conviene ante determinadas situaciones conflictivas que se darán en casa con estos temas. Los profesionales le aclararan dudas sobre conceptos de nutrición y alimentación, y de actitudes que deben tener frente a estas situaciones. Algunas ideas unánimes son:

* Eviten que a la hora de las comidas los temas de conversación se centren en la enfermedad, en las calorías de la comida y en discutir sobre cuánto debe comer de un determinado alimento y cuanto come “fulanita”. Aclaren a su hijo/a que quieren ayudarle y que imaginan lo mucho que sufre, y que por ello no van a hacer caso de sus peticiones sobre la alimentación.

* Sigan un plan alimentario ordenado, variado, sin excluir ningún alimento y con cantidades normales (si no hay ninguna prescripción médica que indique lo contrario). Si su hijo/a no lo come, evite hacer un plato especial para él/ella, manténgase en que esta es la comida que hay.

* Normalmente aconsejamos hacer cuatro o cinco ingestas al día (desayuno, tente en pie matutino, almuerzo, merienda y cena). De esta manera, se va regulando el equilibrio metabólico.

* No se obsesionen pesando a su hijo/a todos los días. El profesional que la visite realizará un control de la curva de peso y les irá informando de la evolución general. Él tiene diferentes posibilidades de programas y herramientas psicoterapéuticos, pero debe valorar primero diferentes aspectos en la paciente (grado de motivación al cambio, conciencia de problema, estructura de personalidad, dinámicas familiares, grado en que se mantienen las actividades de la vida ordinaria, intencionalidad), para poder indicar la intensidad y frecuencia del tratamiento.

* Ante los problemas de estreñimiento, dolores de barriga después de las comidas y otras alteraciones físicas, consulte con el médico antes de proporcionar ningún laxante u otro producto con este fin. El profesional indicará la acción a seguir para ir evitando estas alteraciones normales durante la recuperación de los TCA, pero que tanto molestan al paciente.

Más allá del problema alimentario, en este tipo de trastornos hay varias características comunes en las personas que lo sufren y que están relacionadas con la dificultad para iniciar o culminar el proceso de individualización, esto es, el proceso que facilita la separación emocional de los hijos con los padres, lo que permite que puedan enfrentarse al futuro con habilidades suficientes para desarrollar sus propios proyectos vitales (crear su propia familia, capacitarse laboralmente, encontrar su que hacer en el mundo…). Para que la persona pueda realizar este proceso necesita tener un concepto de sí mismo confiable (que se puede dejar guiar por sí, por sus emociones, sus pensamientos), válido, aunque diferente de los demás.

Por lo tanto el papel de los progenitores es importante para ayudar a reiniciar este proceso, tanto en la evitación de conductas mantenedoras de estas dificultades que a su vez mantienen el trastorno alimentario, como para introducir cambios potenciando la autonomía de su hijo/a.

Agradezco a Sonia Ferri (psicóloga coordinadora de Hospital de Día del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

En la próxima entrada hablaremos de la sobreprotección.

En la obesidad con trastorno por atracones fracasan las dietas convencionales

“El obeso ansioso no come por hambre sino por nervios”

La obesidad esta siendo una de las plagas de la salud en las sociedades avanzadas. Se ha avanzado mucho en el estudio y tratamiento de la misma y sobretodo la sociedad se está sensibilizando en la necesidad de una alimentación equilibrada y una actividad física adecuada.

Hay un tipo de obesidad en la que fracasan los tratamientos convencionales e incluso se desaconsejan los tratamientos quirúrgicos: el Trastorno por Atracones (TA). El Trastorno por Atracones viene dado por la incapacidad del paciente en seguir una dieta por la presencia de momentos de ansiedad que le llevan a ingerir grandes cantidades de comida, con lo que destruye todo el trabajo dietético realizado con esfuerzo. El paciente, al no conseguir los objetivos marcados en el control ponderal de la obesidad, incrementa la culpa y el malestar. Esto le lleva a tener ansiedad y a tener, consecuentemente, más atracones.

Revisando una muestra de 149 pacientes atendidos por el equipo de obesidad ansiosa del centro ABB se destaca que las pacientes (98% mujeres) han fracasado en al menos, cuatro tratamientos medico-nutricionales (no se cuentan las innumerables auto-dietas impuestas). La media de edad de las personas con obesidad o sobrepeso y TA es de 43 años.

Según el Dr. Enric Armengou, director del programa, “el tratamiento convencional fracasa en estos pacientes por no hacer hincapié en los factores emocionales y ansiosos que condicionan los atracones. Es frecuente que, a diferencia de la obesidad normal, este paciente sea disciplinado y coma poco durante el día pero por la tarde o noche tiene episodios de ansiedad que hacen que rompa toda el esfuerzo”.

La experiencia terapéutica se basa en combinar las pautas nutricionales, enfocada a los cambios de hábitos y el desarrollo de una actividad física adecuada, junto al trabajo psicológico enfocado a la mejora de la autoestima y a la expresión de los afectos. También debe hacerse un trabajo psiquiátrico para el control de la ansiedad y la prevención del atracón.“El paciente tiene la sensación de estar dominado por la comida” comenta el Dr. Armengou “literalmente se come los nervios; el malestar y la ansiedad los calma con la comida”. A diferencia de otros tipos de ansiedad en el TA “no se come por hambre, se come por nervios”.

Agradezco al Dr. Enrique Armengou (psiquiatra del Centro ABB) la redacción de esta entrada.

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