Algunas espinas del cactus que tengo en el pecho.

Se ha dicho siempre que una persona tiene que quererse a sí misma para querer a alguien, pero,
¿Y si no se partiera solo de esa base?

¿Y si una persona, aún queriéndose y aceptándose a solas se ha alejado tanto de las cosas que tiene que llegar alguien y abrirle el alma para devolverle a la vida? A veces uno no da porque no sabe. A veces uno necesita recibir primero para dar después. Que le abracen tanto y tan bonito como para tener la seguridad de que si levanta los pies, vuela.

El alma no se abre con alicates, se abre con la magia de alguien que comprende tu magia.
Y entonces ocurre el milagro que la persona ya había quemado en la hoguera, lanzado a la borda, tachado en el mapa.

Te negaste la ruta del tesoro sin saber que el cofre lo tenías dentro, guardadito en el pecho, a punto de estallar como una bomba que lanza al aire millones de ositos de gominola. No dejaba que nadie la cuidara, era un animalito precioso, intocable, único en la selva,“libre”, decía siempre, “libre, libre, libre”. Tan libre como para no dejar que nadie le cuidara, tan libre como para no sostenerse en la libertad de alguien.

Era el animalito herido capaz de todas las cosas menos de llorar en unos brazos dos noches enteras.Era el tipo de persona que movía los hilos de su marioneta de una forma tan absurda que pensabas que debías protegerla. La veías andar y brillaba. ¿Cómo era posible que brillara tanto estando tan alejada de las cosas con nombre de afecto y caricia? Tan alejada de ese verbo que se deslizaba por los raíles del tren para hilvanarle enredaderas al aire y tocar el cielo: AMOR. Alguien le dijo “sé que te gustan pero tú no necesitas rayadas, necesitas que te cuiden”. Y como era un animalito tan cabezota, lloró y siguió proclamándose estúpidamente “libre y capaz”. Y de pronto, un día, una persona que hablaba con el corazón en la boca, empezó a cuidarla. Por arte de magia, aquella persona estaba cuidando al animalito. Y solo en la práctica empezó a comprender…

Y es que, cuando dejas que te cuiden, tu empiezas a cuidar. A cuidar de verdad. Nos creemos que cuidamos porque nos sabemos buenas personas,cariñosos, empáticos. Cuidamos un poquito y ya está, ya pensamos que cuidamos a las personas. Pero luego nos alejamos. Cuidamos intermitentemente: desaparecemos de pronto, aparecemos de nuevo.Te recriminan tu forma de cuidar, y tú saltas:“¿Pero qué dices?, si yo te cuido, si yo te aprecio”, y no se lo creen. ¿Que por qué? porque ellos lo saben. Ellos saben que no dejas que te cuiden. Eres tú la que no ve tu propia sombra. Tú intentas cuidar, dar un poco de ti. Tú escuchas, das consejos, mimas y encima te recriminan que no cuidas, que no cuidas bien.

¿Qué por qué? porque ni siquiera te cuidas a ti mismo, porque parece que estés aquí por estar, aferrada a lo menos humano de la vida creyendo que un día te caerá de pronto toda la humanidad encima. Por eso no llegas a cuidar del todo, a involucrarte. Porque primero, ni te cuidas bien ni dejas que te cuiden, porque prefieres cuidar a medias, descubrir el dolor de alguien antes de que alguien descubra el tuyo. Y abrazarlo, abrazar el dolor ajeno y después irte. Siempre la eterna huida.

Un día algo se rompió dentro de ti y aquí te tienes.
Mírate: eres tu propia forma de cuidar a otros:
INCOMPLETA,

porque no puedes estar completo si te quedas en el medio. ¡Entiéndelo!, no puedes estar completa si no expresas tu dolor, tu necesidad, tu miedo que es valentía, tu vuelo que es libertad. Porque no te atreves a ser tú, joder. Siempre escapas, y déjame decirte que lo haces de maravilla, que tienes el don del sufrimiento a solas y podría llorar aplaudiéndote. Que tienes un don de mierda y que ya te vale. Que ya te vale con el escape perfecto. Que ya te vale con el cinismo de pensar que siempre ganas cuando en realidad, pierdes.

Tu vida se parece más el verbodisimular” que a la palabra VIDA.

Tu vida es una estafa cada vez que te niegas, cada vez que te sometes a tu propia herida. Y a solas lo sabes, pero aún así te sientes resguardada. Qué paradoja, te sientes resguardada en tu propia carencia. Y eres bonita eh, eres jodidamente bonita. Así, escondiéndote.
Con esa forma tan absurda de quererte.

Pero yo quiero tu voz. Quiero coleccionar tus lágrimas, hablarles, quiero que me seduzca tu tristeza y sea capaz de caer contigo. Quiero caer contigo para levantarme contigo, ¡quiero que lo entiendas! Que lo entiendas de verdad, que todo lo que quiero lo quiero CONTIGO. Quiero que lo intentes. Que me llames peliculera y cursi. Y cínica, porque yo también tengo que intentarlo. Porque yo también digo que ese y esa son unos pastelazos. Yo también me quejo de Hollywood, pero luego bien que sueño y sueño y no dejo de soñar, con que ojalá yo me sintiera así de libre, sin esta coraza hecha poesía. Porque corro y corro y sigo escapando como una liebre, pero nunca escapo de mi madriguera, porque tengo el don de correr hacia detrás. Porque me mola el drama, porque el drama es interesante, porque el drama entretiene, porque el drama hace que me sienta viva. Porque el drama, porque el drama, porque el drama…. ¡BASTA!

Y toda tu carencia es una burbuja perfecta. La intentan pinchar y no explota. Con tu dolor… haces magia. Y luego vas diciendo por ahí eso de que el mundo es maravilloso, mientras tú te lo niegas, mientras no te permites ser feliz y te alegras ante la felicidad de otros. Pero tú qué va, tú solo “estás bien” a instantes. Porque eso se lleva ahora, el “todo bien”. Y te vas conformando. Estás más cerca de la frustración que de la autorrealización. Y tu autorrealización aunque parezca egocéntrico es la misma autorrealización de la vida, de la vida plena, de las plantas y de los animales, y de esta especie de humanidad que se deshumaniza  a si misma. Porque la planta necesita agua y luz, que la cuide la naturaleza misma, porque el animal necesita vivir en libertad con otros para estar sano, porque el animal necesita, y el humano también necesita. El humano necesita agua y luz, vivir en libertad para estar sano, pero sobre todo necesita amor.

Y a ti, a ti te faltan kilos de eso, de amor, de caricias, de palabras que te digan que haces las cosas bien. No eres libre porque no te expresas libre. Porque el mundo juzga y escuece y a ti te da miedo.Y el amor se muere en ese intento de libertad, ahogado. Y si se muere el amor, te mueres tú: ESTÁS MUERTA.

Porque nadie puede vivir sin amor.

DIME:

¿Qué te diferencia a ti de la planta? Incluso ella hace la fotosíntesis para convertir el sustrato inorgánico en materia orgánica rica en energía. ¿Quién te transforma a ti en energía? Si tú misma ya no sabes, porque te has desgastado a saber, a saber siempre a solas arreglártelas con el mundo. Pero vivir sin amor no es vivir, es ir arrastrándose. Vivir sin amor es vivir por debajo de tus posibilidades. Porque la vida necesita oxígeno y tú cortas tu respiración, tu corazón que late. Tu te sangras la boca para que las palabras no salgan. Tú te lloras tu propio cinismo. Y te rindes, y encuentras sentido en el sinsentido. Y llegas a amar el sinsentido. En tu caleidoscopio hay otra vez, drama, el drama de encontrarle sentido a todo aquello que evite rozar el verbo que late.

Hasta que un día, alguien recibe tus bofetadas, tus “quiero estar sola, tus “es que no sé lo que siento por ti”, “es que me gustas para todo, pero quizá en otro momento de mi vida…”,  “es que, es que no se de verdad´´.  Y es que tus argumentos son tan cojonudos que hasta tú misma te los crees. Piensas que no puedes combinar tu vida, esa vida que has creado, con el amor. De repente se te pone todo patas arriba y tu cabeza empieza a teorizar: y que no que no que no, que no cabe el amor en tu vida, que no cabe el amor mezclado con todas tus aspiraciones humanas que mas que humanas son robóticas, que no puede llevarse bien tu programación con una mano que te acaricia.

Porque te tocan y te cierras como una florecilla, y vas para atrás y te haces chiquitita. Y te dices que no es él, y entonces nunca es él. Siempre es otro. Nunca sientes lo suficiente porque tu imaginación se ha comido tu sentimiento real y ya no sabes qué cojones es eso del amor. Tus neuronas se revolucionan y otra vez escapas: es que es que es que es que es que. “Es que no sé cómo cojones vivir”, eso es lo que tendrías que decir. “Es que ya no sé ni lo que siento”. “Es que tengo el máster de maltratarme a mí misma”.  

Y entonces, escape tras escape esa persona sigue contigo y te dice:

“Lucharía por ti una y mil veces”,

y te das cuenta de lo rendida que estabas. Y de pronto, como la naturaleza misma , te vas sanando, te van sanando, dejas que te cuiden y empiezas a cuidar. A cuidar de verdad. Y ya no luchas. Y ya no te arrastras. Ya no llevas el mundo a las espaldas. Tienes más energía, organizas mejor el tiempo. Acribillas irrespetuosamente el drama para tenerte respeto a ti misma. Volverás a caer en el nihilismo pero esta vez te impulsarás con tu voluntad humana. Porque existe el eterno retorno, sí, y es suficiente.

No es necesario que revuelques tú lo que revuelca por sí sola la vida, imprevisible como la tormenta que no anunció el hombre del tiempo. Te das cuenta de que todas tus aspiraciones son combinables si gestionas amor y miedo, miedo y tiempo, tiempo y amor. Te miras al espejo y todo es más fácil así. Piensas en esa persona que llegó un día, piensas en ir corriendo a darle un abrazo, piensas en comerle el corazón. Sonríes como una adolescente recibiendo su primera carta de amor en el patio. Acaba tu guerra, abres la jaula y empiezas a correr, hacia delante:

Hacia la vida.

 

http://www.lachicadelpelorosa.com/

 

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A la de el espejo.

No he llorado hasta las 18:51. Me hubiese gustado decírtelo nueve años antes. Me hubiese gustado decirte que tengo ganas de vomitar y ganas de pedir comida china, tailandesa, mexicana o vietnamita para hacer otra cosa hoy que no fuese llorar o tener ganas de vomitar.

Sigo aquí. No he ido a la isla. No he ido a la isla. Sé que me hubieses llevado. Me hubiese gustado decirte que sé que me hubieses llevado, hace nueve años, pero no he ido a la isla. Odio esta ciudad. Me hubiese gustado decírtelo, pero hace nueve años no la odiaba. No hubiese podido decirte nada.
He entregado la capacidad de compadecerme porque me han mentido mientras decía de verdad que no podía más. Me hubiese gustado decírtelo para que me dijeses que siempre se puede más porque entonces habría llorado con más puntualidad.
He entregado todo lo que tenía menos tu recuerdo porque quiero guardar un sitio donde se respete lo único que conservo.
Soy imbécil, me hubiese gustado decírtelo. Diseñaste una criatura casi imperfecta, me hubiese gustado decírtelo.
Perdón no es algo que me hubiese gustado pedirte por no ser la roca que apuntalaste. Perdón no es algo que deba darte por ser humana como el cachorro ciego.
Perdón no puedo exigirte por suplicar lactancia tras regalar los dientes.
Perdón no puedo. Perdón no puedo.
He perdido la capacidad de perdonar porque todo desapareció aquel año que los órganos fallaban y pensé que no tardaríamos demasiado en vernos.
La lágrima cae como una granada al suelo a las 19:04 y su explosión detonará mis piernas.
Mi amor me dará comida japonesa con la boca y no le contará a nadie que gateo por esta ciudad que odio.
Tú no tuviste la culpa,
me hubiese gustado decírtelo,
pero han tenido que pasar nueve años y diversos especialistas para decirme que tú no tuviste la culpa.
Me hubiese gustado darme cuenta sola mientras comía comida basura de aplicaciones basura que fomentan mi agorafobia basura,
pero tú no tuviste la culpa.
He querido como tú no querías que lo hiciese, me hubiese gustado decírtelo.
En alguna parte comerías de una caja de cartón con palillos,
orgullosa sabiendo que,
tu teoría sobre mi humanidad;
sería en efecto un breve atajo
para reencontrarnos al otro lado.
Me hubiese gustado decírselo a alguien:
He sido escandalosamente humana
y sospecho que este dolor procede de otro mundo.
Irene X
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Llevo una niña dentro.

Eres demasiado bonita para ser infeliz.
A veces es demasiado si no quieres que nunca pase.
Una niña plagada de miedo que no tiene por qué pero sí por quién.
Yo.
No tengo tiempo para todo lo que no quiero, ni hambre si hablamos de imposibles.
Todos los caminos me llevan a mi casa porque lo que quiero es estar en casa, mientras tanto sigo andando porque hacer camino no es otra cosa que tropezártelo entero.
Llevo una niña dentro que no para de hacerme cosquillas y deshacerme el hielo del corazón; una niña despeinada manchada de olvidar que me devora la tristeza.
Una niña de cristal que no se rompe.

He prometido llevarle a un sitio donde no exista la sed, ni los gritos, ni el recuerdo. Tampoco el perro, ni la rabia, ni la prisa.
Llegar a un sitio donde desaparezcan las tinieblas.
Y que no se preocupe que mamá es roble y roca y respira con hambre. Y papá tiene fuerza para todos porque de pequeño ya se había hecho mayor y porque quiere poder con todo. Una chica con voz de vainilla que parece mi hermana, pero juraría que es un ángel.

A veces me da pellizcos para que no me muera de sueños, a veces me muerde de alegría para que no tenga miedo y me abre la ventana a ti; vistas a un jardín de luz.

Le escribo una carta todos los días para que se acuerde de no perder la inocencia.
Tiro trocitos de canciones para que vuelva a su infancia y sepa compartir el frío.

Una niña capaz de llover en plena sequía para que no me ahogue de sed.
Llevo una niña dentro que me dibuja la suerte y colorea los golpes, que me guarda el equilibrio para que nunca lo pierda, que persigue un sueño que soy yo.
Una niña volátil que siempre se queda.
Yo.
Se mira en el espejo como extraña de mí misma porque ya no me conoce como antes; extranjera de todo lo que no te toca.
Ha encendido fuego para calentarme las manos, derretirme por dentro.

Una niña enamorada de mí que se hace de lluvia para verme crecer, que juega en el parque, sonríe cuando cantas y que mide en latidos el sonido de tus pasos.
Una niña lista que a veces no entiende nada, pero sabe perfectamente que llorar no es la solución aunque se deshaga de agua porque el deshielo y porque llorar también es de valientes.
Una niña, yo; que hago pie en cualquier fondo, que me acompaño cuando estoy sola y que me convierto en risa cada vez que me duele todo.

Vivo en un terreno muy resbaladizo y no pienso dejar de bailar;
dile a la vida que nunca deje de sonar.

Ana Barrero

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HARTA

Harta de tí
Harta de ella
Harta de él
Harta de ellas
Harta de ellos
Harta de esto
Harta de aquello
Harta de todo
Harta de todos
Gente que te tratan como si fueras de puta piedra
Gente, gente y más gente pero a mi alrededor ninguna persona.
Desde aquí empiezo un nuevo capitulo yo sola, sin ayuda, si tengo algún problema y necesito un hombro en el que llorar pues tengo dos, los mios.

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La Doble.

Necesito una doble. No me la traigáis como nueva, no la barnicéis, no le hagáis sonreír. Que de cada cinco palabras tres sean un insulto. Que ande desorientada. Que no me mire a los ojos. Que se mire las uñas como esperando encontrar algo. Que no le apetezca una mierda conocerme.  He dicho una doble.

He dicho una doble donde debería decir multiplicación. Necesito multiplicarme. Por dos o por cero. Esta noche necesito decir matemáticas y dejar de suspenderme; porque la floja soy yo, no la cuerda.

Una doble tan exacta que al entrar por la puerta me haga correr tras las cortinas y no querer salir.
Una yo, que espere tras la puerta dos horas antes de decidir irse, pero que no lo haga.
Que venga sabiendo que la necesito para abrazarla. Que la quiero aquí para saber qué leerle hasta que se duerma y en qué zona exacta de la espalda tengo que posar la punta de mí/su lengua para que se contraiga en un espasmo y se ría. Y se ría. Y se ría.
Un junco torcido al que decirle: eres así, el río sobre el que agachas la cabeza no va a llevársela esta vez.
Una astilla arrancada de un vampiro con la que conducir al cementerio de Montjuic cantando Young folks espantosamente mal para que olvide que la gente se muere. Porque la gente se muere. Que no se me olvide decirle que sabe manejar un arma, pero no contra el resto. Que no es culpa suya. Que no se me olvide decirle cien veces que ni es ni fue culpa suya.

Una escapista de la vida a la que llevar de la mano a todas partes para disimular la erosión en las palmas y para atenuar que me pertenece.

Una doble, Una bailarina mutilada a la que llamar Venus para verme sonreír. A la que calentarte las manos con mís/sus piernas ardiendo. A la que ir a buscar en bicicleta a Melbourne a la mínima señal de que pueda irse más lejos. A la que chuparle los dientes. Las lágrimas. Los pezones. A la que recorrer con la nariz y darle la medicación en un beso tan largo que se salga del edificio. Una pieza con forma de libélula que me escuche cuando digo que quién quiere encajar pudiendo copular volando. Un caballito de mar al que confesar que se extinguió el resto, pero que como se intente morir, es consciente de que sólo yo sé cómo acabar con esto.

Necesito el conocimiento de saber qué es recibir un mensaje mío en el que ponga ‘me he acordado de ti’, ‘siento no haberlo hecho antes’, ‘te juro que quiero verte, pero no quiero que me veas tú así’. ‘toma la importancia que no te di en su día’, ‘Lo siento. Y esta vez no me estoy agarrando a un acantilado ni pretendo que no me empujes. Lo siento de verdad’. ‘Te he echado mucho de menos’. ‘Te echo muchísimo de menos’. ‘Sí me pasa algo’. ‘Te quiero’.

Pero sólo tengo un móvil,
dos manos
y ningún mensaje tuyo.

Irene X

Irene x- Vomitar deltirón

Lo llamo corazón, pero él no está dispuesto a atender más llamadas. En el momento más inoportuno alguien lo hace, pero yo ya no le quiero. Pero cuánto he querido quererle. Sueño Formentera. Soy el perro guía de un faro ciego. Estoy tan mareada que ya no diferencio cuándo me sujetan de cuándo me empujan. Siempre quise besar un columpio que venía directo a la boca para saber volver a casa por mi propia sangre. Mis dientes son el milagro de no sonreír. Por ti bebería litros, muchos litros de leche y nunca te lo diría. Incapaz. Me asusta que me des un valor. No tengo valor para decírtelo. Las cosas son egoístas porque ellas no piensan en lo mal que vamos nosotros. Y tú me dices ‘cuídate’ como alegando que alguna vez lo hubieses hecho conmigo. Y una muela me sale disparada por los aires e impacta contra la ventana de una familia de clase alta que nada tiene que ver con el tema del que hablamos siempre sin escucharnos nunca. Juego al chocolate inglés con la chica que fui hace siete años y la de cinco y la de tres. Son ellas las que están cara a la pared. Todas quieren seguir jugando. Sueño Formentera. ¿Soñará Formentera conmigo? Quererme es como pretender atrapar una estrella fugaz con la boca, pero hasta las estrellas fugaces piden deseos. Sueño un bozal. Soy una perra de caza. Soy una presa. Mi sitio cambia de sitio. Me repito: ‘¿Te imaginas? Pues así no va a salir’. Mi imaginación no puede abandonar el color violeta. Cada cosa pone al tiempo en otro lugar. Un día voy a desaparecer de tanto encogerme de hombros. Soy un globo en una fiesta donde han escondido un alfiler y ningún valiente. Sueño diálogos. Yo trato de convencerte de que eres un buen hombre. Tú me dices que te sientes bien contigo mismo y yo trato de convencerme de que eres un hombre bueno. Tengo las manos demasiado frías para que juegues con músculos rodeados de camiones rojos. ¿Estaré convencida de lo que nunca me van a convencer? Sueño que me despierto árbol talado en el bosque. Otra vez: nadie escuchó nada.

Escribo esto porque hoy me he dado un susto un poquito más grande que yo. A veces mi cuerpo me abandona y tengo que ir a buscarlo. No me llores Rocío, que sigues viva!!!!

Body Love

Sé que hay chicas intentando adaptarse a las normas sociales. Cómo si se estuviesen apretando el vestido de graduación. Sé que hay chicas que usan vaqueros, sombras de ojos y consumen alcohol en exceso. Sé que hay chicas que se preguntan si son un desastre o si son suficientemente sexys como para encajar.

Sé que hay chicas que huyen de sus marcas en la piel jugando a la ruleta rusa con la muerte. Nunca es fácil de aceptar que nuestros cuerpos son falibles y con defectos.

Pero cuando trazamos la línea, cuando el cuchillo está en nuestra piel, ¿No es lo mismo qué pulgarse? Porque estamos tan obsesionadas con la muerte.

Algunas mujeres tienen más agallas que otras. Lo curioso que las mujeres como nosotras no nos disparamos, nos tragamos las pastillas esperando estar guapas aún en la muerte. Incluso nos maquillamos esperando que el hombre de la funeraria nos encuentre sexys y atractivas. Podríamos ser enterradas con nuestros zapatos, bolsos y bufandas.

Chicas, nosotras coqueteamos con la muerte cada vez que nos grabamos una nueva marca en nuestra piel.

Yo también sé cómo convertir mis muñecas en un campo de batalla, pero es tiempo de reclamar nuestros cuerpos.

Nuestros cuerpos merecen más que ser destrozados por guerras coraterles.

Afligidos cómo medios patéticos para decir:

”Sólo sé cómo existir cuando soy deseada”

¿Sabes? Chicas cómo nosotras somos difícilmente deseadas, estamos acostumbradas a estar tristes y ebrias esperando perpetuamente en el teléfono que alguien nos lo coja y nos diga lo bien que lo hicimos.

¡Lo hicimos bien!

Sé quién soy porque me dije que soy.

Sé quién soy porque me dije que soy.

¡Sé quién soy porque me dije que soy!

Un cuerpo es HOGAR.

Un CUERPO es HOGAR.

Intenta esto:

Pon tus manos alrededor de tu desigual, desnudo y adorable cuerpo y recuerda la primera vez que tocaste a alguien con el único propósito de aprender todo sobre ellos. Los tocaste porque la luz en ellos era preciosa y el polvo de la luz del sol bailaba como tu corazón. Tocada con un propósito. Tu cuerpo es el más hermoso castillo.

Padres y tíos no reclaman los cuchillos ya que no son su máquina de afeitar. Deja que la nitidez vuelva, acaríciate y siente las cicatrices de la piel. Una vez toqué un árbol con ramas carbonizadas y el interior aún respiraba, pero las copas eran sólo restos cenicientos. Me pregunto cómo es esto de a veces sentirme cómo un incendio forestal en erupción desde mis muñecas. Y las señales de humo son las cosas más hermosas que he visto.

Ama tu cuerpo de la manera en la que tu madre amó tus pies de pequeña y a tu hermano envolvíendolo en sus brazos y recuerda, ESTO ES IMPORTANTE:

Vales más que quién te hace daño.

Vales más que una medida de cintura.

Vales más que las botellas que aparecieron cómo artefactos de borrachos.

Vales más que cualquier cuerpo desnudo proclamándose en la sombra.

Vales más que el capricho de un hombre.

Qué el error de tu padre.

No vales menos en una talla 42 que en una 32.

No vales menos en una 90B que en una 80.

Tu sensualidad está definida por los círculos concéntricos dentro de tu madera. Sabiduría.

¡Eres el tronco de un árbol con hojas que brotan! ¡Nace!

Irene X la preciosa chiquilla que no me conoce pero lo parece.

Estoy mirando por la ventana, nadie puede verme cuando yo miro por la ventana. Ese es mi súper poder.

Esa es mi supervivencia, la más grande de todas las vividas.
Estoy mirando por la ventana, ojalá las ventanas miren con nostalgia algún día a través de mí. Cambiar los papeles y leernos nuestros propios libros.  Mi ventana y yo, cuentacuentos de niños sin pesadillas porque no duermen.

Le estoy pidiendo respuestas a una ciudad que atardece rojo sanguina, la pobre. Bastante tiene con lo suyo, pero necesito que sostenga un momento lo mío.

En realidad se puede o debería mirar con nostalgia cualquier cosa. Un clavo, un alfiler, una tarta, una camiseta roída por los conciertos…  Qué más da, si mirar con nostalgia es mirar a otra parte, pero la gente siempre mira con nostalgia por las ventanas.  Imagino que porque debe dar un vértigo terrible hacerlo solo.

Ventanas de coches, aviones, hoteles y grandes almacenes.   Las ventanas, qué olvidadas están las ventanas.  La luz al exterior. Todo lo que no está dentro.  Ellas que compiten con el paisaje, que lo sostienen mientras las miramos esperando algo.   Que se dejan dibujar corazones después del frío y la tormenta, a veces incluso mensajes que no leerá nadie salvo el que los escribe. Y que se perderán impacientes en ellas para siempre.

Cuánto soporta una ventana.

Cuando una puerta se cierra, la ventana lleva tiempo esperando que la mires.  Somos idiotas y descuidados.

Y yo miro por mi ventana, porque nadie puede verme cuando yo miro por la ventana.  Y pienso en lo bello de tener una conversación profunda donde nadar a mariposa sin ahogarme.   De ventana a suicida. De partícipe de la religión de los medio alegres, de los siempre felices forzados.  De los que ya no quieren volver a estar tristes, como si no fuese un sitio acogedor en el que perforar la nostalgia sin que te vea nadie.    Integrada a un rito emocional que dictaron los casi perfectos, los nunca perfectos del todo, los nunca nadie.     Los cobardes, los que sólo miran por la ventana para saber qué tiempo hace, sin pensar en el que ha pasado.

Sonrío, porque tú no me quieres triste.  Y porque esto es lo más triste que me han dicho en la vida.
Me ensucio las lágrimas con las manos llenas de clavos de una cruz donde nunca muero. Y pienso en si alguna vez lo hiciste. Quererme. Quererme en todas las formas y colores, como el  que siempre compra las mismas zapatillas con distintos estampados.

Qué estúpida, ni siquiera me atrevo a preguntarme si todavía lo haces de alguna manera.  De todas formas, ¿para qué querría yo saber algo así?
¿Quién querría confirmar que un jardín es un cementerio, que una naranja no es rosa chicle o que un punto fuerte es una debilidad?

Saber en general, ¿para qué?

La ventana no sabe, no contesta.

Y ni siquiera tú puedes verme cuando yo miro por la ventana, porque donde miro: tú ya no estás.   Y todo lo vivido parece una película que rodé cuesta abajo mientras rechazabas ser protagonista, en la que me he quedado sola tratando de entender el final.

Por eso cierro esta puerta, para seguir mirando por la ventana sin destrozar la madera que necesitarás tocar algún día.

Por eso y porque nadie puede verme cuando yo miro por la ventana.

Ese es mi súper no poder mirar el resto.

Esa es mi súper muerte,

la más grande de todas las vividas.

Irene X.

Pero ahora me pregunto esto es bueno o malo si no sabes parar de mirar por tu ventana….

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