A la de el espejo.

No he llorado hasta las 18:51. Me hubiese gustado decírtelo nueve años antes. Me hubiese gustado decirte que tengo ganas de vomitar y ganas de pedir comida china, tailandesa, mexicana o vietnamita para hacer otra cosa hoy que no fuese llorar o tener ganas de vomitar.

Sigo aquí. No he ido a la isla. No he ido a la isla. Sé que me hubieses llevado. Me hubiese gustado decirte que sé que me hubieses llevado, hace nueve años, pero no he ido a la isla. Odio esta ciudad. Me hubiese gustado decírtelo, pero hace nueve años no la odiaba. No hubiese podido decirte nada.
He entregado la capacidad de compadecerme porque me han mentido mientras decía de verdad que no podía más. Me hubiese gustado decírtelo para que me dijeses que siempre se puede más porque entonces habría llorado con más puntualidad.
He entregado todo lo que tenía menos tu recuerdo porque quiero guardar un sitio donde se respete lo único que conservo.
Soy imbécil, me hubiese gustado decírtelo. Diseñaste una criatura casi imperfecta, me hubiese gustado decírtelo.
Perdón no es algo que me hubiese gustado pedirte por no ser la roca que apuntalaste. Perdón no es algo que deba darte por ser humana como el cachorro ciego.
Perdón no puedo exigirte por suplicar lactancia tras regalar los dientes.
Perdón no puedo. Perdón no puedo.
He perdido la capacidad de perdonar porque todo desapareció aquel año que los órganos fallaban y pensé que no tardaríamos demasiado en vernos.
La lágrima cae como una granada al suelo a las 19:04 y su explosión detonará mis piernas.
Mi amor me dará comida japonesa con la boca y no le contará a nadie que gateo por esta ciudad que odio.
Tú no tuviste la culpa,
me hubiese gustado decírtelo,
pero han tenido que pasar nueve años y diversos especialistas para decirme que tú no tuviste la culpa.
Me hubiese gustado darme cuenta sola mientras comía comida basura de aplicaciones basura que fomentan mi agorafobia basura,
pero tú no tuviste la culpa.
He querido como tú no querías que lo hiciese, me hubiese gustado decírtelo.
En alguna parte comerías de una caja de cartón con palillos,
orgullosa sabiendo que,
tu teoría sobre mi humanidad;
sería en efecto un breve atajo
para reencontrarnos al otro lado.
Me hubiese gustado decírselo a alguien:
He sido escandalosamente humana
y sospecho que este dolor procede de otro mundo.
Irene X
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