Llega septiembre, vuelve la rutina, las clases, poner el despertador a las 7… Eso me hace pensar en mi vida, en la vida que tengo ahora y aunque las comparaciones son odiosas no puedo evitar comparar la “rutina” de hace un par de años con mi rutina actual, llena de constancia, de imprevistos, de tranquilidad y de esfuerzo. Por eso hoy quiero mostraros parte de lo que era mi vida antes y de lo que es ahora, para que comprendáis que no hay que conformarse porque puede existir algo mejor a vuestro alcance.
2006.
Me levanto. Me miro al espejo, qué asco. Me peso, qué asco. Vaso de agua caliente (doblemente asco, ¿servirá como ponía en esa web?). No sé qué ponerme, qué agobio. Me voy de compras como todas las mañanas. Hoy no desayuno, me encanta no tener hambre por las mañanas, eso me anima. Ropa, ropa, ropa. ¿Me está mirando mal la dependienta? Claro, piensa que estoy gorda. Pues me llevo esta falda aunque no me vaya bien, ya me cabrá dentro de unos días. Qué asco de gente hay por el mundo. Me estoy poniendo nerviosa. 13h, voy hacia el trabajo. Alguien me dice que estoy más delgada, ¡toma ya! Qué bien. No como nada. Me siento a trabajar, no paro ni un momento, quiero ser la mejor, me estoy mareando, toca descanso. Miro la máquina de snacks, joder, qué hambre. Qué mal… no quiero tener hambre… Sólo unas patatas, venga, pero dando un paseo… Ansiedad, no puedo parar. Culpabilidad. Me siento otra vez a trabajar. ¿Por qué lo he hecho? Ahora que iba tan bien con la dieta… No sé para qué hago dieta, siempre estoy igual. Me doy asco, de verdad. 21h, salgo de trabajar, subo al piso compartido, me escondo para que no me vea nadie, me da vergüenza que me vean comer, que me vean ir al baño, que me vean en general. Intento hacer algo de ejercicio en mi cuarto, cuando pierda un poco más de peso iré a un gimnasio, ahora no, se reirían de mí. Me acuesto, lloro… hago un repaso de todas las cosas que necesito arreglar, que necesito conseguir. ¿Aprobaré el bachillerato a distancia? No quiero pensar en eso… perder peso, sí, esa es la clave. Frustración. Si estuviera delgada no habría problemas… Mañana será otro día, mañana no como. Lo prometo.
2009
Me levanto. Me lavo la cara y medio dormida me preparo el desayuno. Mi tostadita con aceite y mi zumo, miro la televisión. Me pongo la ropa deportiva y voy a mi gimnasio, una horita de aeróbicos y a relajarme en la piscina. Libertad, tranquilidad. Me tomo algo, recargando pilas para estudiar, examen la semana que viene. ¡Qué agobio! Buff, qué nervios. Ay, ay, ay… remoloneo un rato, no me gusta estudiar pero me pongo a repasar, me voy tomando descansos para no sobrecargarme. Haré lo que pueda. Hora de comer, en la facultad con mis compañeros o en casa con mi novio. Qué rico todo y qué risa el programa este que se mete con los famosos. ¿Siesta? No sé, no sé. Repaso un poco más y luego paseo con Álex. Me encanta esa cazadora, a ver cómo me queda. Demasiado estrecha, no la quiero. Perdona, ¿tienes otra talla? ¡Qué cinturón más chulo! Paseo, paseo. Vuelta a casa. Te toca a ti hacer la cena, no a ti. Venga, yo la hago. Vemos una peli juntos. Me acuesto, no pienso, simplemente sonrío y me duermo.
Sí, mi vida giraba antes en torno a la comida, pero no os confundáis, que por mi mente pasaran esos pensamientos no significaba que ante los demás pareciera una persona bastante normalita, siempre aparentando. Lo peor de esta enfermedad es que cada vez va a más y el control que al principio tranquiliza luego se vuelve un absoluto infierno. Lo típico de “yo puedo sola” , “no es para tanto” o “yo soy así” pasa factura tarde o temprano, desgraciadamente.
Ahora sé que prefería pensar en mi cuerpo antes que en mi sentimiento de inferioridad, en mi miedo de no sentirme capaz de enfrentarme a sacar un curso, a conocer gente nueva, a ser yo misma. Es decir, ahora sé que pensaba que me quería poco por fuera pero en realidad lo que me pasaba es que no me gustaba por dentro. Por eso ahora todo es distinto, porque el trabajo que he hecho en el centro ha sido -y sigue siendo- largo pero me ha permitido conocerme y aceptarme.
Si alguna persona que lo haya leído ha pensado que desearía que su vida dejara de ser tan angustiante y que dejara de girar en torno al control con el cuerpo y la comida me gustaría que pensara también que sólo uno mismo puede empezar a dar forma a ese cambio. Pero todo proceso tiene un principio y en este caso es pedir ayuda.
Mucho ánimo.