Archivo mensual: noviembre 2009

Detrás de las palabras

La semana pasada me propusieron desde la clínica asistir a una de las sesiones de un curso sobre TCA que se impartía en la Escuela Superior de Hostelería. Mi aportación iría tras la ponencia de psicólogos y psiquiatras para así poder hacer hacer llegar a los oyentes un caso real desde una propia paciente. Estaba algo nerviosa al principio pero al final todo fue bien; les conté cómo se siente alguien que intenta tomar las riendas de su vida a través de la comida (ya sabéis, la impotencia, el control…) y me sorprendió que estuvieran tan interesados en hacerme preguntas sobre el tema. Al terminar la sesión incluso se acercaron para saludarme, darme las gracias y repetirme varias veces lo valiente que era, dijeron que les había sorprendido la vivencia en primera persona de alguien que hubiera sufrido un TCA.

Todo esto me ha hecho pensar en los mitos, mentiras y obviedades que se pasan por alto que rodean este tipo de enfermedades. Ya no me refiero sólo -que también- a que las únicas imágenes que se asocien a un transtorno como este sean las de chicas con un bajo peso extremo (que son las que más llaman la atención) sino a que a veces, más que desde la ignorancia desde el no haberlo vivido personalmente, tendemos a olvidar que detrás de una terminología hay personas que SE SIENTEN MUY MAL. Sí, como en cualquier otra enfermedad, personas que sienten y que sólo han podido afrontar su vida desde un punto de vista enfermo. Intenté hacerles ver que durante el TCA aparentemente yo parecía una persona de lo más normal, una persona fuerte, viva, que llevaba adelante muchos proyectos que no tenían por qué salir mal, pero que en realidad el problema estaba dentro.

Una vez le dije a una compañera en su terapia que no sintiera culpable por estar enferma, le pregunté algo que a mí misma me sirvió para darme cuenta de que no era culpa de nadie: ¿Si hubieras podido vivir tu vida de manera sana y distinta lo hubieras hecho? Ella me respondió que y en esa respuesta iba implícito algo muy obvio. Un enfermo lucha por curarse, no estamos hablando de caprichos, a nadie le gusta vivir sufriendo, ¿verdad?.

Cuento todo esto porque antes de entrar en el centro ABB veía los TCA como enfermedades para gente muy específica (modelos, artistas, gente muy delgada…); si hubiera sabido que nadie está a salvo de algo así quizá hubiera dudado, hubiera pensado que todo lo que me pasaba encajaba en el perfil.

Quizá hubiera necesitado algo más de información, como la que os estoy dando ahora a vosotros. Ojalá os sirva para abrir algo más los ojos.

¡Muchos muchos ánimos, de verdad!

 

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