Archivo mensual: octubre 2010

Carpe Diem

Hace poco más un mes que llegué a Polonia de Erasmus y he de decir que se está convirtiendo en una de las mejores experiencias de mi vida.

No es que quiera poneros los dientes largos pero… no hubiera disfrutado ni la mitad de la mitad de la mitad estando enferma, os lo aseguro. De hecho, aquí, viviendo en una residencia con más de 300 erasmus, no es muy complicado encontrar gente que no se lo está pasando bien por tener problemas de autoestima, por querer ser el centro de atención, por querer ser alguien que no son. Y sé que si hubiera venido estando enferma yo sería una de esas personas.

Ahora comparto módulo con una ucraniana muy simpática pero al principio vivía con una chica italiana que se pasaba el día mirándose al espejo, insultándose, diciéndome que no iba a contarle a nadie que tenía novio porque sino los chicos no le hablarían, diciéndome que no le importaba dejar de ser quién era en realidad con tal de encajar, porque le daba miedo quedarse sola… Y lo decía con tal seguridad, sentando cátedra… Podéis imaginaros la sensación de impotencia, el verme reflejada en esa chica, escuchándola decir esa sarta de gilipolleces acompañadas de: “Porque yo soy muy madura, ¿sabes?” Igualita a mí antes… Competitiva, siempre perfecta en todo, siempre frustrada por todo, nerviosa y con mucha ansiedad. No la veo mucho ahora, pero es el puro ejemplo de lo jodido que es vivir odiando lo que realmente eres, porque ni tan solo una experiencia como la beca Erasmus es algo positivo para ti, vives cegado mirándote el ombligo.

Y como os digo, dientes largos que os voy a poner… He estado en Varsovia, en Poznan; me voy en una semana a Cracovia, en un mes a Oslo y a ver los fiordos noruegos, en dos meses a Berlín y a Amsterdam y en tres a Praga, Viena, Budapest y París… He conocido a gente fantástica de todas partes del mundo que me están enseñando lecciones de humildad y me están haciendo crecer como persona. Hablo inglés e italiano como nunca lo habría pensado y disfruto de las fiestas sin complejos, yéndome a la hora que me apetece, bebiendo cuando quiero, hablando con quien quiero, siendo yo.

Es gracioso pensar que hace un año o así, cuando me planteé irme de Erasmus se me vinieran miedos con la comida… Era lógico, claro, todavía estaba en la clínica y no confiaba del todo en mí, pensaba: “Y si no soy capaz, y si me viene ansiedad, y si tengo una recaída… y si, y si, y si…” Y si nada. Cuando vives la vida como realmente es, la comida es un pasatiempo más del que disfrutar o quizá una obligación a veces porque sabes que sin gasolina la máquina no funciona. Un cuidado como otro, como ducharse, vestirse o lavarse los dientes.

También tenía miedo con el tema de los chicos y del cuerpo. Pensaba: “Y si me da por buscar reafirmación en todos los hombres, y si me comparo con todas las mujeres…” Pero no, cuando te valoras lo suficiente está claro que puedes mirar a un pivón de tía y pensar: “Joder, vaya piernas, ¡ya me gustaría a mí!”, pero no es lo mismo, ya sabéis que no. No es lo mismo que machacarse una y otra vez por no tener esas piernas y pensar en eso mientras los demás se ríen y se lo pasan de puta madre sin comerse la cabeza, simplemente viviendo el momento.

Pues eso, que esto es genial, aunque que echo de menos a mi gente, a mi niño, no me arrepiento de haber venido, estoy aprendiendo mucho sobre mí misma. Cuando me paro a pensar en ello, como hoy, ahora que os escribo, me siento orgullosa y me alegro de haber tomado la decisión hace dos años de poner fin a mi enfermedad, de decidir curarme y mirar la vida con otros ojos.

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