Archivo mensual: enero 2012

¿Qué haces aquí?

Estoy aquí, estudiando a última hora, como siempre, haciendo un parón entre café y café para escribiros.

Mi ausencia se debe a que no paro quieta entre el trabajo y el último curso de la uni y, a parte, es que veo que no sé cómo seguir aportando y ayudando con mi blog. No es que sienta el trastorno alimentario como algo ajeno a mí, lo he vivido en primera persona, solo tenéis que leer el resumen de mi historia, pero cada vez se va haciendo más y más difuso, cosa que agradezco. Obviamente desde hace tiempo, mis ‘problemas’ son otros muy distintos a los de muchos de vosotros, que estaréis buscando ahora una respuesta y un apoyo.

Pero quería recordaros eso mismo, que yo también tuve problemas y que en ese momento los veía tan grandes como montañas, que llenaban mis 24h del día de pensamientos horribles, de valer menos que nadie, de tener la obligación de ser la más guapa, la más lista, la más todo y de frustrarme y de llorar, insultarme y empezar otra dieta y de dejar de comer y de fingir que yo estaba bien y de creerme esa mentira con tal de no pedir ayuda por el miedo a comenzar ese camino tan largo de reabrir heridas y conocerme de nuevo.

Seamos sinceros. No sé qué edad tenéis, pero si tenéis hijos, si habéis conseguido ya una estabilidad en vuestra vida y estáis sometidos a una enfermedad como esta, creo que debéis ser lo suficientemente maduros como para dar un paso adelante ahora mismo para proteger lo que realmente os importa, para priorizar y anteponer vuestra felicidad a la de vuestra barriga. No os juzgo, para nada, simplemente digo que con ciertas edades uno debe empezar a sentirse realizado, y la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón o cualquier otra enfermedad por adicción nos aleja cada vez más de ese equilibro que se necesita para sentirse en paz. Así que hay que actuar rápido.

Y si sois más jóvenes, si no podéis dar prioridad a nada porque creéis que nada puede ser más importante que que te vean como la más guapa, la más lista y la más todo, paraos a pensar un momento en vuestra familia, en vuestros amigos, en vuestros sueños, agarraos a algo para daros cuenta de que un trastorno alimentario os va a arruinar una vida maravillosa llena de cosas buenas y malas, pero al fin y al cabo una vida que no tendréis si seguís contando calorías en vez de vivir el presente y de perderos etapas que nunca –y que esto os quede muy claro-, nunca van a volver.

No es que quiera ser dura con vosotros, es que es una reverenda putada cuando estás ahí metido en esa burbuja, negando una y otra vez que lo que haces sea ‘tan’ malo. Pensando: “joder, si en realidad todavía me sobran unos kilos, yo controlo”, como el fumador que piensa que podrá parar cuando le apetezca. La nicotina, o en este caso, el control de nuestro cuerpo (o el descontrol, mejor dicho) es algo que nos nubla la mente y nos hace ver que tampoco es ‘tan’ malo, que ‘solo’ son pequeñas cositas que nos hacen felices en este mundo de mierda (“¡qué bien, he adelgazado 100 gramos!” o “¡qué guay, he conseguido bajar 5 kilos en una semana!”). ¿Lo veis frívolo? Pues lo es.

Y os digo una cosa, ojalá esa nube de control que no os deja pedir ayuda se disipe ahora cuando os diga que si de verdad fuerais felices no estaríais leyendo esto, que si de verdad no pudierais salir de esta enfermedad no hubierais llegado hasta aquí, porque eso demuestra que estáis empezando a plantarle cara, a verlo como un problema, a buscar soluciones, a estar dispuestos a escuchar.

Y para todos los que estáis dispuestos a escuchar os digo una cosa: ole vuestros huevos, plantadle cara YA, que no se diga que esta montaña puede con vosotros. Aquí tenéis una admiradora que os aplaude vuestro primer paso.

 

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