Archivo mensual: marzo 2012

De constancia y etiquetas

Bueno, pues aquí estoy otra vez.
Escribo cuando de repente se me ilumina la bombillita y me acuerdo del blog y de cómo puedo ayudaros.
Hoy estaba acordándome de la poca constancia y las excusas de cuando estaba enferma. Ahora llevo un par de meses haciendo bastante deporte, a veces parece mentira que sea yo misma. ¿Por qué? Pues porque me he pasado más de media vida protagonizando momentos como éste:

Alguien: Oye, Rosa, ¿vamos a correr?
Yo: No, deja… es que con el asma…

Alguien: Oye, Rosa, ¿te apuntas al gimnasio conmigo?
Yo: uff, no… que siendo asmática igual luego me ingresan y sería pagar por pagar.

A ver, imaginaos hasta dónde llegaba mi vergüenza por si otros me veían hacer deporte, que llegué a conseguir una autorización firmada por médicos para no tener que hacer ninguna clase de educación física en el último año de secundaria y los dos de bachiller… ¡IMAGINAOS! El pavor de que me vieran corriendo o haciendo ejercicio era horrible. Ahora mismo soy incapaz -y creedme, lo intento- de entender por qué me sentía así. Quiero decir… no sé, ¿a quién se le ocurre mirar a otros mientras hacen deporte? Y si te miran… ¿en qué influye que piensen en ti de tal o cual manera? Incluso yo misma estando aburrida en alguna máquina del gimnasio me ha dado por mirar a otros y no es nada malo, de hecho pasan 2 segundos y vuelvo a lo mío.

En fin, yo no sé qué pasaba por mi cabeza para tener tanto MIEDO, pero sí sé que por culpa de ese miedo y con el tiempo, llegué a etiquetarme de patosa, de negada para los deportes, de enfermiza, de víctima. Cuantas cosas feas, ¿verdad? Ya no es que me diera vergüenza que me vieran correr, es que como la pobrecita Rosa se ahogaba… Y qué casualidad y qué vueltas da la vida. Resulta que relativamente poco después de recibir el alta (llevo dos años con ella si no me fallan los cálculos), me pongo a hacer deporte y no se me da tan mal. Puedo correr, puedo saltar, no me ahogo, soy constante. ¡CONSTANTE! Puedo hacer hora y media de ejercicio todos los días, hasta lo disfruto. Porque el ‘no puedo’ lo dejé atrás, junto con el ‘no me quiero’, el ‘doy asco’ y el ‘quiero ser otra’.

Todo esto es para que veáis el daño que nos hacemos a nosotros mismos con estos trastornos. Algo tan sano como el deporte llega a utilizarse radicalmente mal o simplemente a no utilizarse con tal de seguir aferrados a nuestros miedos y nuestra burbuja.

Ahora que estoy sana y libre para hacer lo que me venga en gana (y espero daros envidia, como siempre, para que empecéis vuestro camino), puedo hacer deporte desde un punto de vista racional, me siento más activa, más relajada y con más ganas de seguir viviendo. Y si pedís ayuda seguro que los siguientes… sois vosotros.

Mucho ánimo.

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