Archivo mensual: septiembre 2012

Miedo

Considero que es la peor palabra de todas.

Miedo al rechazo, al fracaso, a avanzar, miedo al dolor, a la muerte, miedo a engordar…

En épocas de tanto estrés como la que estoy viviendo ahora, con tantas horas de trabajar muy duro en varios proyectos, del posgrado, de dos cursos, creo que entro en el momento clave en el que debo cuidarme más que nunca. A veces se me olvida que no soy precisamente ese tipo de personas que puede dejar de cuidar su alimentación. En realidad, nadie debería. Porque si me dejo llevar, si me descontrolo, si me paso 8 horas sin comer nada y luego como mucho y luego dejo de comer de nuevo por falta de tiempo, acabaré con ansiedad por la comida y con ansiedad por no cuidarme.

La ansiedad es muy jodida, qué os voy a contar. La ansiedad es puro nervio dentro de ti, es el corazón latiendo fuerte y la frustración en aumento por no poder pararla. En momentos de tantísimo estrés como ahora no puedo evitar tener miedo. A una recaída, quizá, a un estado anterior. A sentirme desbordaba y encerrarme en mi antigua burbuja. Sé que no va a ocurrir, porque le pongo remedio antes de que pase. Pero es difícil, ahora mismo es muy difícil. Organizarme y cuidarme como debería pasan a un segundo plano cuando conociéndome deberían ser parte de mis prioridades.

¿Alguna vez os habéis sentido así? Con ese miedo que más que miedo es un punto de presentimiento, un no-sé-qué que os dice que algo va a pasar si no cambiáis.

Maldito miedo. Y a ese miedo le debo sumar el miedo a que los proyectos en los que me he metido me queden grandes. Son proyectos que me llevarán a eventos, a tratar con muchas personas, a darme a conocer y a esforzarme por intentar destacar en un mundo muy competitivo. Si hace unos años hubiera intentado esto me sentiría muy mal, estaría utilizando la bulimia para evadirme de ese miedo al fracaso. Ahora no. Ahora solo tengo miedo a no ser capaz de darme cuenta de que se me ha ido de las manos llegados a ese punto.

Pero en el fondo, supongo, un poco de miedo no es malo, nos ayuda a estar alerta.

A veces pienso que una buena terapia sería subir a la montaña a chillar, a gritar todos nuestros miedos para hacerlos salir de nuestra mente. Quizá no haga falta llegar tan lejos, basta con coger papel y boli y escribir todo lo que pensamos, incluso lo más estúpido e incoherente que hace que ese miedo nos angustie.

Lo peor del miedo es que paraliza y no nos deja avanzar. Pero yo ya le tengo calado y sé que ignorándolo y siguiendo el camino que quiero, acabará por disiparse. Son momentos difíciles, pero los superaré. Y vosotros también.

miedo al fracaso

Gracias

Bueno, ya está aquí de nuevo la pesada súper happy que os intenta dar una bofetada para que empecéis a actuar de una vez por todas.

A veces no sé si me equivoco intentando mostraros lo que os estáis perdiendo por no dar el paso de pedir ayuda. Sé que muchos de vosotros ya lo habéis dado y sois mis héroes y heroínas, porque ese paso es el más duro que hay que dar. A veces se me olvida que por aquí no solo pasáis personas perdidas necesitando esa bofetada de realidad que ya he mencionado. Como digo, otros os levantáis cada día cansados y con miedo de ir otra vez a terapia, resignados porque os pondrán un desayuno muy grande o muy pequeño (o muy lo-que-sea, ¡pero algo habrá que opinar sobre la comida! ¡Yo llegué a quejarme del tipo de plato en el que me servían la sopa!), incluso puede que ya hayáis pasado esa época y estéis tratando temas profundos para entender qué os ha llevado a esta enfermedad. Quizá estéis leyendo esto ya a las puertas de vuestra alta, o quizá estéis curados o quizá seáis amigos, hermanos, primos, padres, ¡abuelos! Quizá estéis preocupados por esa persona tan importante que está, sin quererlo, destruyéndose la vida…

Y como a veces se me olvida, pues recalco demasiado el tema de pedir ayuda, el de dar un paso adelante, el de salir del infierno… Entended que es lo que más me frustra, el saber que miles de personas estarán en este mismo instante odiándose, odiando su cuerpo y su persona, dejando de alimentarse o comiendo de manera desesperada. Me da pena porque hay otra manera, esa “otra manera” es la manera sana, la que aporta felicidad.

Hoy quería daros las gracias a todos los que pasáis por aquí (sé que sois muchos), porque si os habéis interesado es que algo ha cambiado en vosotros -en el caso de estar enfermos- o incluso algo hará que cambie en la vida de alguna persona querida con trastornos alimentarios de vuestro entorno. Gracias, porque habéis llenado con un granito más el saco de arena que intentamos llenar entre todos.

 

felicidad

 

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