Archivo mensual: octubre 2012

Mi banco de tiempo

Qué semanas más intensas.

No sé si ya he hablado de esto, pero leyendo un post de mi compañera Sandra recordé la manera de analizar mi cuerpo antes, durante la enfermedad. Lo hacía por partes. Es extraño pensar que llegaba a tomar un cuadradito de mi piel y le sacaba todos los errores inimaginables. Y creedme, no se salvaba ni el pelo.

Cuando funcionas así, notas un ligero cansancio que va en aumento. Tu mente se activa al mirarte a un espejo. Debes empezar a criticarte nada más iniciar el contacto visual, porque no eres suficientemente bueno en nada, así que al menos tu reflejo aguantará todos tus insultos -insultos que estás seguro que piensan los demás de ti-. Pobre reflejo.

Por suerte, solo son recuerdos vagos. Cuando me miro al espejo ahora me veo en conjunto, no me analizo. ¿Qué sentido tiene analizarte mientras te miras al espejo? ¿Acaso es un examen? ¿Te vas a poner nota? Los esfuerzos que se gastan haciendo esos escrutinios en busca de defectos y errores, son energía que deberías invertir haciendo otras cosas. Cuando empecé a curarme, me imaginé un banco de tiempo. Cada minuto que invertía en odiar y sabotear mi cuerpo y mi felicidad, desaparecían sin que pudiera utilizarlos.

Esos minutos de insultos podrían haber servido para muchas cosas. Por ejemplo, para mirar una puesta de sol, para leer un poema, para reír, para oler un perfume, para llamar a un amigo, para relajarse en el sofá, o para besar… ¿qué mejor que cambiar insultos por besos?

Ahora mi tiempo lo tengo intacto.

No desperdiciéis vuestro banco de minutos, ya sabéis lo que se dice: el tiempo es oro.

mímate

¡Es que solo tenemos uno!

Semanas intensas, estudio, trabajo(s), cambios presentes, cambios futuros (mi vida va a dar un giro de 180º) y poco tiempo para nada, pero no podía dejar de enseñaros esta imagen que he visto hoy por la red.

Si salís un poco de vuestro mundo veréis que cada cuerpo es distinto.

Solo me han concedido estas manos desde las que os escribo, ¿sabéis? Nunca tendré otras. Si cada vez que las mirara sintiera asco por ellas, si cada vez que fuera a escribir me quejara de cómo funcionan o de cómo se ven, ¿de qué servirían? ¿Qué sentido tendrían todas las cosas maravillosas que puedo crear con ellas?

No dejéis que una enfermedad os haga odiar una de las únicas cosas que realmente os pertenecen y a las que debéis cuidar hasta el final: vuestro maravilloso cuerpo.

Cuida tu cuerpo, sea como sea.

 

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