Archivo mensual: noviembre 2012

Oh, blanca Navidad…

Falta un mes para Navidad, eso lo sabemos todos. Pero estoy segura de que más de uno está mordiéndose las uñas pensando en ello. Cuando estaba enferma me aterraban esas fechas, les tenía una especie de amor-odio peculiar.

Navidad significaba descontrol con la comida. Cada familia es un mundo, y en la mía se le da mucha importancia a comer en cantidad (¡y más durante fiestas!). Me prometía a mí misma que no iba a comer, o que iba a dejar de hacerlo precisamente un mes antes, para que cuando llegara la fecha, poder hartarme sin remordimientos. Desgraciadamente, los remordimientos llegaban de todos modos. Siempre.

Me cuesta recordar con nitidez ciertos momentos, pero prácticamente todos los años terminaba llorando, tanto en Navidad como en nochevieja. Siempre encontraba alguna excusa. O me sentía mal porque ese vestido me quedaba estrecho, o mira mi cara parezco un monstruo, o vete tú a saber qué. Siempre tenía alguna discusión con mi madre, con la que chocaba tanto. Incluso allí, con mi familia más cercana, sintiéndome protegida, tendía a encerrarme en mi cuerpo y en mi relación con la comida.

¡Cuántas navidades de pesadilla! No era consciente de lo mal que las pasaba, desde luego. Para mí eran de lo más normales. No es sino ahora, desde un punto de vista sano, que me doy cuenta de lo terribles que eran. Ahora como lo que me apetece comer, sin ansiedad, porque el resto del año como normal, así que durante Navidad no tengo ni más ni menos hambre, aunque disfruto con la comida, eso siempre va a ser así, pero intento no forzar a mi cuerpo a los excesos, porque lo conozco y lo cuido. Intento grabar en mi mente esos pequeños detalles: cuando mi prima pequeña abre un regalo, cuando mi abuelo se pone el gorro de Santa Claus, cuando mi hermana hace un brindis tonto… momentos que valen su peso en oro y que antes hacía ver que me importaban cuando en realidad mi mente se veía ocupada por un sinfín de miedos que me impedían realmente aprovechar cada segundo al lado de mi gente.

Es una época complicada, no intentéis llevar esto solos. Aprovechad el momento y pedid ayuda, no vale la pena sacrificar esos días de alegría familiar por no ser capaces de dar un paso adelante y compartir vuestro dolor y vuestro miedo. Una vez estéis en tratamiento, aunque todavía no estéis curados, os sorprenderéis de la tranquilidad tan grande que siente vuestro cerebro durante este tipo de celebraciones. Sin miedo al atracón, a la restricción, al aislamiento.

Así que ya que todavía queda un mes, nada mejor que invertirlo llamando a cualquier centro de ayuda, ¿no creéis?

¡Ah, y quería recordaros que el próximo 18 de diciembre, ABB Barcelona presenta dos obritas solidarias por Navidad! ¡NO OS LO PERDÁIS!

Porque sí y punto.

Llevo unos días un poco de bajón. No es que siempre sea la alegría de la huerta (bueno, sí), pero se nota que estos días estoy a medio gas.

Pero en fin, ¿qué voy a hacerle? Pues lo acepto y punto. Antes no era así. Si me sentía mal trataba de buscarle los tres pies al gato acosándome a preguntas: ¿Pero por qué estás mal? ¿Qué hay de malo en tu vida? ¿Qué ocurre? Intentaba psicoanalizarme -quitando un poco de trabajo a los que saben-, verle la lógica a un estado de pseudo tristeza extraño que me viene de higos a brevas sin saber el motivo. Me regodeaba un poco en esa tristeza (“Yo es que soy hipersensible, ¿sabes?”, le decía a todo el mundo. Mientras escribo esto sonrío, ya os contaré algún día por qué).

Ahora me permito estar así. Si viene viene. Quizá sea el tiempo, la crisis o vete tú a saber qué, pero en vez de darle vueltas lo acepto y sigo haciendo mi vida. Esto también pasará.

Así que estoy de bajón porque sí y punto.

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