Archivo mensual: diciembre 2012

LOVE YOUR BODY

Hoy vengo con una anécdota viajera.

He viajado mucho, ya lo sabéis; en los últimos años he conocido muchísima gente, gente muy distinta. Muchas mujeres y hombres de distintas razas, edades, religiones, cuerpos, estilos de vida… Recuerdo que hace dos años me quedé a dormir en casa de una pareja en una pequeña ciudad canadiense de la región de Ontario, solo fue una noche. La chica tenía una constitución muy ancha, más que tener sobrepeso era, como se suele decir: grande, muy grande, incluso algo masculina. Pues bien, esta chica me llevó al día siguiente a dar un paseo por tiendas vintage, era un pueblo muy cool lleno de pasión por la moda retro. Me contó que ella pertenecía a un grupo de burlesque y me enseñó unas fotos suyas del último festival al que acudió, con un corsé, unas medias al muslo con liguero, plumas… Me quedé asombrada. Esa muchacha era sexy, desbordantemente sexy. Entramos en una de las tiendas y se probó un vestido provocativo. El probador estaba en medio de la tienda, a la vista de todo el mundo. Abrió la cortina de golpe como si fuera una diva de los años 50 y levantó una pierna:

-Oh my, I’m fucking sexy, girl! (Ostras, ¡soy jodidamente sexy tía!)

ACTITUD. Eso es lo que tenía. CONFIANZA, AUTOESTIMA. Porque eso se nota. No os digo que todos debamos ser así. Yo no creo que vaya a salir nunca de un probador a lo Dita von Teese. Pero era la tranquilidad con la que aceptaba y quería su cuerpo la que me hace contaros esa historia.

Ama tu cuerpo, empieza ahora, es lo que dice la imagen que os traigo hoy. Si tu cuerpo está enfermo, por encima o por debajo de un peso sano, acabará por ir donde debe ir, porque al amar vuestro cuerpo, al cuidarlo, al mimarlo, al dejaros cuidar por especialistas llegados el caso, le dais la oportunidad de vivir sin esa presión a la que lo someten los TCA.

Así que ya sabéis. LOVE YOUR BODY. Una duchita caliente, una cremita hidratante, un masaje, unos besitos en el hombro, ¡QUE SOLO TENEMOS UN CUERPO!

 

Confesiones de probador…

Otra de las cosas que me llevaban por el camino de la amargura durante estas fechas era la elección del vestido de fin de año, o de otra noche en familia o con amigos. Me llevaba todo diciembre comiendo fatal solo para conseguir adelgazar lo suficiente para verme bien con la ropa que hubiera escogido. Pero es curioso, irónicamente hablando, cómo nunca conseguía verme bien, adelgazara lo que adelgazara.

Sé que no soy la única que ha vivido el momento que voy a contaros ahora. Momento clave: entras en una tienda, eliges algunos de esos vestidos preciosos que quieres llevar en fin de año. O quizá te cabrea pensar que de algunos no tienen tu talla y te quejas en silencio. Miras hacia los lados, ¿te estarán mirando? Seguro que sí. Vas hacia el probador con la cabeza un poco gacha y una vez dentro levantas la mirada, aunque evitas el contacto visual con tu cuerpo, que con esas luces te parece más grande y monstruoso que nunca. Empiezas a probarte vestidos, ninguno te sienta todo lo bien que querrías, pero hay uno (¡sí, uno!) que será perfecto. ¿Su único problema? Que será perfecto cuando bajes 5 kilos y unos cuántos centímetros de cadera. No es de tu talla, pero da igual. ¿Qué diría la chica del probador si salieras sin nada? Te va a preguntar, ¿qué tal te queda todo? Seguro que sabe que no te queda bien, ¡en realidad se está riendo de ti! Te quedas 10 minutos angustiada en ese probador minúsculo deseando desaparecer, con las prendas en la mano, a veces incluso llorando, culpándote por el último atracón, o culpándote por haber desayunado, o por lo que sea, el caso es culparte, porque solo tú y nadie más tiene la culpa de no caber en ese fantástico vestido de una talla menos. Y te secas las lágrimas, te preparas, sales triunfante y aunque no te pregunte nada tú dices: “Me llevo este, ¿eh?” Y cuando llegas a casa te lo vuelves a probar, y así todos los días, como un ritual extraño que no puedes evitar, sabes que algún día te entrará. Pero cuando eso ocurra, porque ocurrirá, ya irás a comprarte otro de una talla menor, porque nunca será suficiente.

Releyendo pienso cuántas veces he vivido esos momentos dentro de un probador. Y el miedo que le tenía a ese pasillo, que visitaba mucho, por cierto, porque tenía una obsesión insana por comprar ropa en esa época. Madre mía, ¿cómo podía ser así? Es terrible, como vivir en una pesadilla constante. ¡ESO NO ES VIDA! Ahora es tan sencillo como conocer mi cuerpo, buscar mi talla, entrar, probármelo y punto. Si me va bien y me gusta me lo llevo, si no se queda ahí. A veces me va bien y no me lo llevo, ¡no hace falta salir del probador con las manos llenas! Con lo divertido que es probarse ropa. Y las pobres empleadas, ¿qué se supone que van a pensar de nadie? Se llevan el día doblando ropa y deslomándose para tener la tienda en condiciones, eso lo sé muy bien. Si llegado el caso alguna pensara algo de vosotros, sería problema suyo. A ver si ahora vamos a tener que gustar a todo el mundo, que somos 6.000.000.000 de personas en este planeta.

Así que si no estáis bien, si sentís que esto os puede pasar, pedid ayuda, intentad no martirizaros, porque da igual la talla que tengáis, creedme. No os veis bien por culpa de vuestra mente, podéis estar fabulosos con cualquier tipo de cuerpo, un cuerpo sano (y no, un cuerpo sano no tiene porque ser un cuerpo delgado). Y sí, tengo que repetirme, la vida es demasiado corta como para pasársela llorando de probador en probador.

No malgastéis ni un segundo más.

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