Archivo mensual: junio 2013

¿Miedo a pasear por la calle? ¿Me están mirando?

¡Hola a todos!

A veces pienso en cuánto me gustaría escribiros más a menudo, pero bueno, aquí estoy. La verdad es que bastante contenta porque en cuatro meses en Madrid he avanzado muchísimo y estoy a punto de entrar en una de las revistas de primera línea en la que quiero trabajar.

Hoy quería hacer un ejercicio de memoria de lo que suponía salir a la calle estando enferma. Se me olvidan las cosas, la verdad, pero quiero hacer un esfuerzo por si os sentís identificados. Recuerdo ir por la calle y compararme con prácticamente cualquier chica, comparaba las piernas sobre todo, pensaba si eran más o menos gordas que las mías y si me venían de frente pensaba que irremediablemente estas chicas estaban pensando lo horrible que yo era. Es muy fuerte, lo sé. Cuando iba con mi novio era TERRIBLE, le preguntaba constantemente: “¿Esa está menos o más que yo? ¿Menos, verdad?” O bien “Jo… yo quiero ser así…”, cuando veía a una chica esbelta y atractiva. Sinceramente, vaya mierda de vida. ¿En serio pensaba que eso era la vida real? ¿En serio pensaba que los demás se tomaban la molestia de dejar a un lado sus pensamientos y centrarse en mí pensando en sus cabezas lo horrible y gorda que se suponía que yo era? Pues sí, en ese momento lo pensaba.

Por otro lado, recuerdo mis inicios en la enfermedad, aunque por aquel entonces ni se me había pasado por la cabeza que yo pudiera estar enferma. A los 15 años iba con unos pantalones muy apretados, recuerdo que eran acampanados, se llevaban allá por el 2000. La moda era la moda y las chicas íbamos casi todas con camisetas cortas, así que andaba por la calle metiendo tripa, pero amigos, no metiendo un poco de tripa, no, AGUANTANDO LA RESPIRACIÓN. De verdad que cuando lo he recordado casi me echo a reír. Cuando pasaba por algún reflejo me miraba de reojo (no fuera a ser que me vieran mirándome o algo parecido) y me venía abajo. Eso también me pasaba en las tiendas, iba tan peripuesta y era pasar por un espejo y hundirme en la miseria. ¿Esa era yo? ¡Qué horror! Y la verdad es la siguiente: me sentía TAN MAL por dentro que yo misma veía ese dolor en mi aspecto. Por eso se dice siempre que cuando alguien es feliz se ve radiante y atractivo. En cambio, yo me sentía mal por muchos motivos.

Angustiante, ¿verdad? Pero no penséis que yo lo sentía como algo tan horrible, era el pan de cada día, lo tenía normalizado. Es ahora cuando pienso en esto que se me hace en parte un nudo en el estómago y pienso lo remotamente distinta que era mi concepción de una vida real. Ahora ando por la calle tan tranquila, os lo aseguro, y es lo que quiero que os quede claro. AHORA ANDO TRANQUILA, TRAN-QUI-LA, sin comparaciones, sin culpabilidad, sin ralladas mentales, simplemente siendo yo yendo de un lado para otro, y con la de reuniones que tengo desde que soy freelance nada más me faltaría ir pensando en “tonterías” (ya me entendéis).

Así que si en algún momento habéis ido por la calle y habéis sentido algo de lo que he escrito recordad que se puede cambiar, OS LO PROMETO. ¿Cómo? Pues nada de varitas mágicas, aquí toca lo de siempre: currar, trabajar duro, así que ya sabéis. Meta: paseos tranquilos.

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