Archivo mensual: septiembre 2013

Reflexión sobre la sociedad

Cuando estaba enferma solía preguntarme cómo se sentirían las chicas delgadas con cuerpos perfectos cuando se miraban al espejo. Me daban envidia, me las imaginaba felices, sonriendo, en fiestas, vistiendo lo que querían, saliendo con quien querían, teniendo trabajos perfectos, con sonrisas blancas, dientes alineados, un pelo que nunca se encrespaba, un bronceado natural, sin celulitis, con las uñas cuidadas, siempre bien depiladas, oliendo genial…

Poco más y me las imagino ganando la lotería.

No sé quién me metió en la cabeza esa idea, no sé de dónde salió. A veces me molesta escuchar que los TCA son culpa de cómo funciona la sociedad, de la publicidad, los cánones de belleza sin sentido, de la exaltación y la apología de la delgadez, de los retoques fotográficos y las mentiras de Hollywood. Siempre he estado en contra de ese pensamiento diciendo que si fuera así todos estaríamos enfermos, pero no todo el mundo cae en un trastorno alimentario aunque viva rodeado de vallas publicitarias con chicas de Victoria’s Secret en bikini y chicos con cuerpos de gimnasio anunciando perfumes de Dolce&Gabbana.

Pero poco a poco estoy cambiando mi manera de ver el mundo. Creo que sí, que esta sociedad sí nos empuja a sentirnos esclavas (más a las mujeres que a los hombres, aunque cambia a pasos agigantados), a sentir que debemos ser PERFECTAS, que desde que a mediados del siglo pasado bombardearan a la mujer norteamericana con publicidad de chicas rubias de cintura estrecha, pelo perfecto y sonrisa eterna esperando al marido en casa, hasta el día de hoy en el que te anuncian cámaras fotográficas con anuncios en los que aparecen grupos de chicos y chicas altos, delgados, rubios, a la moda y con dinero, es imposible no ceder ni un poco a ese ideal de perfección, a creer que si nuestras vidas o nuestros cuerpos se alejan de esos modelos somos unos fracasados.

Una reflexión que necesitaba compartir con vosotros. Creo que por el bien de nuestra salud mental es mejor alejarse de esa publicidad tan “hecha para soñar” que en realidad daña nuestros valores más humanos y nos convierte en robots que ansían ser tan rubios, ricos, delgados y guapos como ellos.

De recaídas y piedras

Os voy a ser sincera, a veces no soporto haber tenido un TCA, no soporto que sea un especie de estigma. Que sí, que me ha hecho crecer muchísimo, me ha permitido ayudar incluso a otras personas, pero si me dieran a elegir, por supuesto, escogería no haberlo tenido. Os cuento esto porque llevo ya tiempo con una vida muy ajetreada, con nuevos trabajos que cada vez van subiendo de nivel, con eventos sociales que hacen que me exponga a la opinión pública, con entrevistas constantes, con reuniones, momentos duros, elecciones, con fechas límite. Con retos. Retos que me impiden tener una estabilidad emocional.

¿Sabéis lo que creo? Que si en vez de estar en Madrid luchando tanto estuviera en mi casa de Huelva con mi pareja, mi perrita, mi terracita y mis paseos por el parque, sin nuevas situaciones diarias a las que enfrentarme, seguramente no me sentiría psicológicamente tan vulnerable como para tener miedo a una recaída. Pero no es así, me enfrento casi semanalmente a cosas que hace años me hubieran aterrado y alguna vez se me ha pasado por la cabeza que si fui capaz de caer en esto, puedo volver a caer de nuevo. No os preocupéis, yo misma me responderé, porque ahora sé que ese camino no tiene salida, no te lleva a ninguna parte y lo único que consigue es apartarte de la gente a la que quieres, anularte como persona y evitar que avances en todo lo que te propongas. Todo lo que yo no quiero.

Así que sí, que tuve bulimia, que las recaídas son posibles, que mi vida a día de hoy es un poco complicada pero que yo prefiero pensar que hay muchas manos a las que agarrarme antes que tropezar una segunda vez con una piedra tan grande.

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