Archivo mensual: mayo 2014

El infierno de ir a la playa…

Sé que para muchos de vosotros llega la época del terror absoluto. La época del bikini, de la carne a la vista, de creer que el resto va a contemplar vuestras imperfecciones con lupa, de exponeros demasiado o de taparos hasta las cejas, de pasar calor, de recordaros que odiáis vuestros brazos o muslos, vuestra piel demasiado blanca…

Quizá hoy haga un sol espectacular, el cielo esté azul, tengáis la playa cerca o unas ganas terribles de daros un chapuzón en la piscina con vuestros amigos. Pero no, no estáis allí con ellos, sino frente al espejo, apretando con ambas manos vuestra carne en distintos puntos y maldiciendo la celulitis, las varices o incluso las estrías y cualquier tipo de vello que no sea rubio platino.

Lleváis la ropa de baño puesta y os preguntáis cómo vais a poder salir así, ¡¿cómo podréis andar por la arena con esas piernas tan horribles sin que nadie sienta asco?! Y así seguís durante horas, llenando vuestra mente de horribles pensamientos que os acompañarán durante todo el camino hacia la playa.

Probablemente, cuando caminéis por la arena tras salir del agua, os acordaréis de la visión del espejo y miraréis al suelo sabiendo (creyendo saber) que TODOS os observan. El camino se hará eterno y solo desearéis llegar a la sombrilla para envolver vuestro cuerpo en una enorme toalla, un vestido, un pareo, unos pantalones, cualquier cosa que os haga sentiros seguros. Uf, la tortura ha terminado.

Vamos, que un maravilloso día de playa se convierte en un horrible camino al matadero. ¿De verdad queréis pasar así el resto de vuestros veranos? ¿Tenéis idea de lo que os estáis perdiendo? 

O quizá no hayáis vivido algo así todavía. Quizá la anorexia o la bulimia no os impiden ir a la playa, de hecho os encanta ir, sobre todo a mediodía, y os embadurnáis con aceite de oliva de cocinar durante horas, porque tenéis que estar morenos a toda costa, sin protección, dañando vuestra piel. Y luego iréis a correr por el paseo marítimo hasta que no podáis más, para quemar el helado y la cervecita. Y así todos los días del verano, sin tener nunca suficiente, pendientes de cada gesto de aprobación ajeno.

Dejadme deciros que tanto unos como otros estáis atrapados y sin libertad para disfrutar del verdadero verano. Mismo infierno con distinto panorama. Misma tensión.

Si os sentís identificados pensad que esta vez puede ser diferente; con esfuerzo, paciencia y mucha ayuda.

Tu autoestima no depende de nadie, ¿entendido?

Yo cada vez tengo más claro que cuidar la autoestima es un trabajo a jornada completa. Hay personas que por suerte no han tenido que preocuparse apenas por ello, que han crecido sintiéndose muy seguros de sí mismos (¿genes, educación, circunstancias, experiencias positivas, entorno poco hostil?), y es que los primeros años de nuestra vida son los más importantes en cuanto a desarrollar amor por uno mismo.

Pero vamos, que si estás leyendo esto seguramente no sea tu caso, probablemente tengas baja autoestima y te pases el día criticando todo lo que haces (por dentro… ¡o incluso menospreciándote ante los demás!). Qué vida más triste. Sé que lo es porque también era la mía.

Pero entonces, ¿qué hacemos? ¿Podemos mejorarla? ¡Pues claro! Pero veréis, tengo comprobado que cuesta muchísimo y el camino es largo, y no solo eso, sino que, como ya he dicho antes, es un trabajo permanente y a jornada completa. Desde luego, yo no soy la misma persona que hace unos años. Básicamente, porque me importa mucho menos lo que piensan los demás, porque para mí ese es el EPICENTRO de todo, de la que fue mi enfermedad y de la que probablemente sea la vuestra. Lo que piensan los demás. Toma ya, no es moco de pavo.

Cuánto poder le damos a esos pensamientos ajenos.

Lo que pensaban mis cuidadoras de la guardería, mis compañeros de colegio, mis padres, mis abuelos, lo que pensaban al llegar a un instituto nuevo, en la calle, en el gimnasio, en la playa, lo que pensaban las vendedoras de la tienda de turno, la vecina, el novio de fulanita, los profesores de la universidad, los compañeros de trabajo…

¡PERO CUÁNTAS VOCES (EN TU CABEZA) DICIÉNDOTE LO POCO QUE VALES!  ¿CÓMO NO VAS A PONERTE ENFERMO ASÍ? Joder, si es que es el mecanismo de tortura más refinado de todos los siglos, porque JAMÁS DE LOS JAMASES vas a ser capaz de controlar todo lo que piensan o dicen de ti, así que es un arma poderosa con la que destrozar ese amor propio del que trata esta reflexión.

Paraos a pensar un momento, ¿cómo puede ser que lo que piensen los demás sea la base de algo que llamamos AUTO-ESTIMA? ¿Estamos locos o qué? Cuando me di cuenta de esto empezó a mejorar todo. Han pasado años, e incluso ahora a veces me sorprendo a mí misma permitiendo que opiniones ajenas mermen mi autoestima. Todos tenemos un mal día, aunque por suerte yo cuento con muchos buenos, pero cuando ocurre algo así lo corto en seco y me recuerdo que ESO NO ME DEFINE.

La opinión de los demás no debe definir quién eres. NO PUEDE.

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