Impotencia…
Viernes, 18 de Septiembre de 2009 por Rosa López
Cuando te recuperas de un TCA no sólo dejas de hacer conductas extrañas con la comida, no sólo aceptas tu cuerpo, que dentro de tu escala de valores pasa a ser solamente un factor más para sentirte bien contigo mismo. Hay muchísimas cosas que cambian y dos de ellas -al menos en mi caso- son la empatía y la asertividad.
Pero empatía y asertividad reales, no esos paripés de “soy el paño de lágrimas de medio mundo y me encanta que se vea” o “yo entiendo perfectamente a los demás pero los demás no me entienden a mí”, no me refiero a los montajes de los que nos rodeamos cuando estamos enfermos y que vamos proclamando por todos lados porque ni nosotros mismos nos los creemos.
Me refiero a dejarse llevar, a ser uno mismo.
Cuento esto como preludio de otro tema: la impotencia que se siente cuando ves que alguien está metido en este infierno. Sobretodo la impotencia de haber salido de allí y ver como alguien se niega a ver la realidad. La empatía te ayuda a entender cómo se siente, a ver que no tiene conciencia de enfermedad (nadie la tiene al principio), a entender también que va a rechazar la ayuda que le ofreces hasta que toque fondo…
Aún así a mí siempre se me hace un nudo en el estómago cuando veo que alguien basa su vida en este cúmulo de mierda… en ese quitarse calorías del cuerpo, en hacer ver que es feliz cuando se siente fatal, en malgastar tanto tiempo precioso -porque es precioso- en algo tan irreal como hacer de un plato de comida los problemas de una vida entera.
Sí, lo sé, yo pasé por ahí. Y por eso mismo digo que es irreal. Ahora conozco la otra cara de la moneda, pero durante mucho tiempo pensé que lo que me pasaba no era para tanto, que yo no estaba enferma aunque algo no cuadrara, ¿meterme en una clínica? ¿Dejar mi “día a día” para luchar contra algo ajeno a mí? ¡Qué locura!
Ojalá alguien me hubiera zarandeado hace años y me hubiera dicho:
“TU VIDA NO ES ESTA. PIDE AYUDA”.
Quizá no hubiera hecho caso, seguramente esas palabras me hubiesen entrado por un oído y me hubieran salido por otro, quién sabe. Y a hace años me refiero a cuando empecé con esto, porque se empieza poco a poco y va a más, siempre lo repito, no te das ni cuenta porque lo integras en tu vida pero crece y crece… Y una cosa os digo, esto no remite por arte de magia (y si remite luego vuelve con más fuerza, que también me ocurrió en su momento).
Pero claro, cuando alguien te hace ver que quizá estés enferma ni se te ocurre escucharle, es más fácil girar la cara hacia otro lado y decir:
“No necesito ayuda, es que yo soy así”
(y entonces yo preguntaría: así cómo, ¿enferma?)
____________________________________
Una última pregunta…
¿VALE LA PENA SEGUIR… FINGIENDO?

Hola Rosa , soy Raquel Linares de Barcelona , solo comentarte que aunque a veces no veais comentarios no os desanimeis , hay un monton de visitas y estais ayudando a muchas personas gracias .
Estoy segurísima de ello. No hace falta que nos dejen comentarios para saber que nuestras palabras están encendiendo lucecitas de esperanza.
Gracias por el apoyo, Raquel (sin la Fundación sería más difícil llegar a tantísima gente).