Archivo mensual: julio 2008

Escribe mi madre, Mariló

Desde que Sandra nació  creído que se ha desarrollado en unaámbiente de ilusión, complicidad, familiar, de mucha motivación por tantas cosas que se pueden disfrutar y participar y sobre todo, de consideración a los demás humanos/as en las muchas y diversas circunstancias que nos presenta la vida.

Esto ejercíamos con dosis de autonomía a los niños y de respeto y responsabilidad, sabiéndonos queridos y queriendo, con mucha ilusión, pero también con preocupación, porque cuando quieres te acompaña la sombra del riesgo a perder lo que quieres, a quienes quieres. Hemos perdido a cuatro seres queridos y entrañables, cada uno a su modo, dos por “ley de vida” como se dice, y otros dos porque la vida les ha sido vedada.

Lo que ya no se podía permitir es perder más y creo que ahí es donde ha estado nuestra valentía, nuestro orgullo, nuestro coraje, nuestro no desfallecer, sobre todo el “siempre intentar” de nuevo, sin ceder, sin permitirte decir “somos humanos y…”, sin permitirte debilidad alguna. Sin saber que nos estaba acechando la espada de Damocles en la integridad física y psíquica de mi hija Sandra, quien desde los ocho años de edad se estaba autoayudando y ayudándome a mí, su madre, en la ausencia de su padre, Sandra se derrumbó a principios de 2005 y creo que la muerte de su abuelo paterno, que vivía con nosotros desde que ella era bebé, fue un desencadenante de su anorexia nerviosa.

Siento no haber previsto ni visto la vulnerabilidad en que se hallaría Sandra tras la  muerte de su abuelo. Yo tiré “pa lante” pensando que a la vez tiraba de mi hija, que siempre me acompañaba  y resulta que yo no la estaba sintiendo en su grito desesperado que era la manifestación de la enfermedad. En lugar de esto creí fallidamente que se trataba de otras manifestaciones físicas y psíquicas: crecimiento acelerado, mucha actividad y rebeldía de la edad. Me agarré a que me ayudaran los que querían o creían poder hacerlo. Di con expertos y, sobre todo, di con una hija en la vida, con la valentía, el orgullo y coraje de que antes hablé. la familia dimos, y fue difícil, el tirón de ella para ponerle ante sí el nombre de la afección tan grave que padecía y los expertos que pudieran hacerla tomar conciencia de la misma y de la mella que dicha enfermedad podía hacer en su persona física y sobre todo,  psíquica. Fuimos ayudados, sus hermanos y yo, tanto por los expertos como por las familias y los casos. Pero que mi hija haya querido “ser atenta” con ella misma, y que ahondar en lo más profundo de su ser y de sus fragilidades ha permitido que en poco tiempo haya sido dada de alta de anorexia nerviosa restrictiva grave.

Y el caso de mi hija, por fuerza tiene que hacer ver, sobre todo, a los enfermos/as que hay un camino, vallado de dificultades, pero ciertamente salvable y posible, ciertamente posible. He de confesar que lo que a mí más me preocupaba en un principio es que mi hija perdiera aún más la capacidad de pensar y de razonar, porque esta capacidad es necesaria para tomar conciencia de la enfermedad y así, disponerse a salir de ella en el menor tiempo, cuanto antes mejor, como ha ocurrido en el caso de Sandra.

Un día de playa

Hoy día 21 de Julio me encuentro en la playita con mi amiga Ana. Cuando me dieron el alta, recuerdo que mi madre dijo que tenía miedo de que aquellos lugares que frecuentamos en verano me trajesen malos recuerdos. (¡Los miedos de las madres entre muchos otros, pero ellas nos han ayudado tanto…!) Almudena, mi terapeuta, ^^ le contestó que tenía que llenar con buenos recuerdos los pasados.

¡Qué de cosas estoy haciendo este verano! Antes no era consciente de cómo estaba y me comparaba con las demás chicas. Me iba a nadar para después “permitirme” comer. Sí, ahí como lo dices es duro. Una chica de 13 años que se tenga que “permitir comer”. Uno de los mayores sustos que pasé fue cuando me bañé por largo rato y al salir no dejaba de templar. A pesar de que estuve duchándome con agua caliente y envuelta en mantas no dejaba de tiritar. Creo que comparto experiencia con algunas de mis compañeras, que le sucedió lo mismo.

Por eso, aunque el verano pasado ya no fue malo, este es mío. Es mí verano, el que estoy disfrutando como una niña ahora. Ir a la playa, salir a comer, salir por la noche… ya no son obstáculos en mi camino que coloque yo misma. Estoy segura de que a muchas chicas les sucederá igual que a mí. (Me pueden escribir si quieren).

Este verano también es importante porque estoy con mis amigas. A lo largo del camino he dejado a gente.  Personas con las que ya no contacto, pero recordad que todo está en una misma. Una de esas personas especiales es un amigo ruso de la infancia. Recuerdo un día al volver del centro… Lo vi. Allí, delante mía, a unos metros, y me dije:-Sandra, si no es ahora, ¿cuándo?, si no es aquí, ¿dónde? y si no eres tú ¿quién?. Si quieres conseguir algo siempre está en tus manos. Si quieres curarte siempre está en tus manos. No hay nada extraordinario que me haya ayudado a salir de la anorexia. Tan solo han sido (que no es poco) las ganas de recuperar la felicidad que me estaba robando. Las ganas de disfrutar tranquila y volver a elegir mi dirección. Las ganas de seguir adelante que muchas veces no es tan fácil conservar.

siempre me ha tirado hacia adelante “las pequeñas cosas”. Muchas gracias:-Sara, Almudena-terapeutas-, Rosita, Paloma, Cris, Espe…-Vosotras sois de las que más me han acompañado en el camino.

¡No te disfraces para mí!

¿No os ha pasado alguna vez que habeís cedido a lo que quieren los demás para que no se enfaden contigo, para que te aprueben y acepten sin criticarte?

Pero cuando te das cuenta de que es un triste disfraz… pobre de ti.  Es difícil, pero si te quitas la máscara, los pelos que te tapan la cara y los ojos, la armadura que no te deja ver la luz y que no deja ver tu verdadero rostro… es entonces cuando dirás:-Ahora sí, esta soy yo, ven conmigo, mírame, tócame, escúchame…

En ese momento muchas más personas te rechazaran, muchas menos te querrán, es cierto, pero cuando te encuentro a ti, a ti que me aceptas tal como soy… ¡Qué placer! ¿Te imaginas?

¡No te disfraces para mí! ¡Lo que yo verdaderamente deseo es estar contigo!

No te escondas, así te valorarás realmente, porque la gente a la que le gustas te quiere realmente por lo que eres. Y así te pones ancho (como mí abuelo cuando le elogio ^^).

Sabeís, sino fuese por esta sociedad (que se lo toma todo con mal sentido) ya le habría dicho yo a varias pesonas que me gustan. He conocido a muchas personas que me gustan, me gustan como son, me gustan mucho como personas. No, no las amo, me gustan.  

Hoy me siento libre, besos.  **Sandra**    (foto:mis amigas que me aceptan :P)

Corazón ceniciento

Fue cuando empecé a estar mal que comencé a escribir lo que sentía. La verdad es que estos poemas estaban escondidos en el baúl olvidado. Cuando me ofrecieron la oportunidad de hacer un blog en esta página web, respondí:-La verdad es que tengo muchas cosas escritas de cuando estaba mal que nunca he enseñado.

Las garras que desgarran mis suaves y tibias mejillas/ la furiosa tormenta que acaricia mi pelo./ Son frutos del poderoso vacío que me muerde,/ de la noche más oscura y fría de las noches.

La paz se mela llevan los lánguidos suspiros,/ y a la mente, se me viene el pensamiento/de una inocente niña riendo…/ Eso, es lo que más me mata. Me desgarra el alma ese recuerdo.

El cansancio nubla la mirada/tornándose de un azul mar,… ciegamente eterno./ El descontrol de lo amargo, siento/ salido de cual más húmeda prisión hubiere.

Duermo, descanso y en mis sueños el guardián/ arremete contra los bellos continentes amurallados del mundo./ Ira, dolor, fuerza, rabia/ encadenan sus fuertes y furiosos brazos.

Quiero romper estas frías cadenas,/ desplegar las blancas alas del futuro incierto,/ manchar los cortantes velos que me envuelven/ para que, lejana la luna, los atraiga a su pecho.

Flor marchita de la embriagadora calidez/ de un impalpable corazón encogido. Solo./ Para que al mecerlo con esta dévil luz/ me devuelva esa tierna sonrisa que anhelo desde hace ya muchos años.

Roba mi rostro, pintándome una careta./ Y las estrellas ignoran a este enano payaso/ al que el sol ha robado el poco color vivo que le quedaba/ dejándolo inmóvil en el cruel suelo oxidado de divas inertes.

La verdad es que, al final de los oscuros escalones (como dicen las niñas) solo puedes encontrar un espejo en el que se refleja el problema de dentro y tú en tu totalidad. Eso es lo que duele o no aceptamos. La realidad es que lo único que podían guardar aquellas lágrimas que derramaba cada día era una espina de rosa negra. Tan traicionera la belleza de una rosa que cuando la aprietas entre tus manos corren arroyos de sangre.

Es que las personas tenemos un fallo que corregir, desde mi punto de vista. Desde pequeños nos enseñan a no llorar y a evitar el dolor. El dolor es algo “malo”, entonces cuando yo me encuentro con algo que me duele lo evito o lo anulo. ¡No debería ser así! Cuando algo te duele saca fuerzas y no huyas. Si nos duele es porque es importante para nosotros y si necesito llorar no está mal de vez en cuando, pero déjate estar, déjate sentirlo.

Al reescribir este poema me duele. Me duelen esos sentimientos y me parecen feos, pero también me doy cuenta que he aceptado muchas cosas, que me he enfrentado a mis miedos con la ayuda de algunas personas, y me doy cuenta también, que algunas situaciones me han hecho crecer y eso me satisface.      

      

Recordando…

Hoy hablaré (porque considero importante que seáis conscientes) del comienzo con la enfermedad. Me gustaría hablaros de lo bien que estoy en estos momentos, pero así es posible que veáis que de un agujero negro (como me sentía yo atrapada), se puede salir con tu propia luz. No es fácil hablar de cosas dolorosas para una misma, pero es cierto, yo he vivido eso y ahora puedo estar orgullosa de haber saltado ese obstáculo.

Como muchas otras chicas, yo comencé comiendo menos. Mi madre no se daba cuenta de lo que me pasaba. No la culpo, yo era una chica “buena” que no daba problemas. Ella seguro que creía que era pura inseguridad de la adolescencia (tendría yo 12 o 13 años). Y así cada vez comencé a comer menos hasta que mi día a día eran las comidas que equivalían a discusiones y gritos, además de dar paseos como una loca a altas horas de la noche y controlar cada cosa que comía, contar calorías, hacer mucho ejercicio y ocultarme tras mi pelo con un rostro agrio. Ahora veo que en realidad al mostrar que estaba mal físicamente tan solo mostraba que estaba mal interiormente. Me metía en mi mundo de angustia y soledad en el que solo estábamos yo y los recuerdos. Los recuerdos son bonitos, pero he aprendido que no se puede vivir de ellos, sino se vuelven contra ti. Desaprovechar los momentos del presente y vivir del pasado te hace a menudo estar triste y perderte muchas cosas.

Con 8 años murió mi padre. Ahora soy capaz de contároslo abiertamente porque mi manera de ver a cambiado. Ahora pienso que yo admiraba a mi padre desde la postura de una niña (que sigo siendo una niña pero más grandecita) que ve a su padre como un ídolo mientras que también descubrí cosas de él “malas”. Y aunque lo conocí lo poco que pude, para mí aquello fue muy duro. Me considero una chica sensible y con esa edad no controlaba como actuaba. Lo que me salía era seguir tan feliz como una niña, pero después lloraba sola tras el espejo. No veía que en realidad todos esos llantos se estaban quedando dentro de mí. Por eso cuando crecí siempre me preocupé antes por los demás que por mí.

Cuando entré en el instituto comencé a pensar:-si soy una chica buena, inteligente, lo único que me queda para ser perfecta es tener un buen cuerpo. No me daba cuenta que no podía controlarlo yo sola, pero yo siempre había hecho las cosas solas. Lo triste es que con toda la gente que tenía a mi alrededor así es como me sentía, sola. Comencé a dejar el dibujo, a mis amigas por la enfermedad, me dejé a mi misma y no me quería, me sentía fatal y sin ganas de vivir y no me daba cuenta de lo mal que estaba. Ahora le doy las gracias a mi madre de que aquel día me llevará al centro ABB porque hoy en día ya estoy de alta y con planes de verano muy diferentes a algunos que he pasado. Puedo estar orgullosa de mí al igual que también ha habido momentos dulces durante el tratamiento. He conocido a chicas a las que he ayudado y chicas que me han ayudado a mí y que han pasado por lo mismo que yo. Hay algunas chicas que durante la enfermedad han estado en hospitales y por muy duro que sea de admitir yo me he visto en ocasiones al borde del precipicio. No es un juego al que se juega. Así mismo os digo como Sara D. que yo no lo elegí, pero si os veis metidos en él, sacad fuerzas y pedid mucha ayuda porque una a veces no acepta su propia realidad.

Estoy enamorada de mi vida porque la enfermedad solo hace que te pierdas muchas cosas del día a día, lo malo es creer que te compensa. Ahora me siento más yo que nunca, más libre que nunca, más viva que nunca, más real que nunca, más imperfecta que nunca y me gustan mis imperfecciones porque sino sería una aburrida y porque me gusta como soy. ¡Y por qué no, más guapa que nunca! Siento que puedo dar mucho de lo que valgo al igual que aprender de la gente que me rodea. Así que ¿por qué no recuperar esas sonrisas perdidas?

El principito

Me llamó Sandra y vivó en Sevilla. Os iré contando mi historia poco a poco y espero poder ayudar a muchas chicas de mi edad que estén pasando por lo mismo que yo he pasado.

Yo al principio no sabía y aceptaba nada de lo que me estaba pasando. Más allá del malestar con la comida y  el no aceptar mi cuerpo, creo que todas las personas que han pasado por lo mismo que yo se comenzaron a sentir muy vacías y atrapadas en sí misma. Más que ansiar la delgadez lo que quería era hacerme tan pequeñita hasta desaparecer.

Lo primero que aprendí creo que fue a pedir ayuda. Que no es más fuerte quien hace las cosas solo, sino quien sabe pedir ayuda cuando la necesita.

Me hace mucha gracia. Dentro de poco me van a dar el alta en el centro ABB. Me resulta parecido al cuento del principito. Ahora que me voy y he vivido tantos momentos con compañeras que han pasado lo mismo que yo, corro el riesgo de llorar. Parecen zorros a los que he domesticado y que me han enseñado tantas cosas…

He dejado atrás cosas estupendas, pero a la enfermedad solo le adjudico una buena patada en el culo.
Quiero terminar diciéndoos que el momento más bonito en mi tratamiento fue cuando recuperé esas ganas de vivir que siempre había tenido. Creía que las había perdido pero en el fondo siempre estuvieron allí y me ayudaron a seguir adelante. Ahora me siento más viva que nunca, con un montón de expectativas y sueños por cumplir que me esperan delante.

A veces no hay que golpear la puerta con fuerza porque la puerta, realmente se abre hacia adentro.

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