Archivo mensual: septiembre 2008

Te quiero, te acepto.

 

Hoy me apetecía hablaros un poquito de mi hermano Gonzalo. Primero quiero que sepáis que es una persona que nunca ha dado una voz, es muy comprensivo, le gustan mucho los videojuegos y es desordenado, lo que a mi madre le disgusta, pero la dos coincidimos en una cosa: sea como sea él es feliz, respeta y le hace la vida agradable a los demás. Comparto muchos gustos con él y pasamos mucho tiempo juntos. Le he sentido cerca en la tristeza, con él me he sentido adulta, me he sentido niña, me he sentido afortunada y querida.

Desde que era pequeña me he dado cuenta de todo y si llegó a pensar que no me di cuenta de su homosexualidad, es que no me conoce. Veréis, me considero una persona abierta y NUNCA he dejado de querer a mi hermano por ello, pero muchas veces decimos aceptar algo y dentro de nosotros no lo asimilamos. Eso nos pasa/pasaba a todas las chicas con anorexia. La gente te dice que estás muy delgada y tú dices que te das cuenta, pero en realidad por dentro no piensas así, piensas que estás gorda. Pues igual me pasaba con mi hermano y recuerdo cuando ya había tratado el tema con las terapeutas como lo conté a todas las chicas en una terapia y aunque me costó, luego me sentí genial, me ayudó a ver como “no pasaba nada”, jaja.

La verdad es que tenía mucho miedo por él, porque se avergonzara de contarlo y también tenía miedo a que no tuviere una pareja estable porque ha tenido muy buenos amigos, pero se han ido marchando y llegando otros nuevos.

Hace poco me di cuenta de algo que fue importante para mí. Angi y Eva vinieron a casa a celebrar el cumpleaños de mi hermano y también vino José. José es un amigo que mi hermano veía mucho durante una temporada, él antes vivía en Cádiz y yo acompañaba a mi hermano a verle, ahora vive en Barcelona. Al día siguiente, José tenía que volver y le acompañamos a la estación de Renfe. Recuerdo ver en la mirada de mi hermano resentimiento, tristeza y amor cuando José se alejaba, tras haberse despedido con un abrazo. Acepto que mi hermano sea gay y que salga con el chico que quiera, pero ilusa de mí, mi interior hasta ese momento no vio y acepto que mi hermano también puede sentir (más allá del sexo) amor por un chico.

Miedo a los cambios

Todos tenemos miedo a los cambios y nos vemos necesitados de un equilibrio que podemos tanto encontrar dentro como de fuera.

Cuando perdemos a un ser querido tememos echar en falta las cosas que hacíamos junto a él, tememos sentir ese hueco vacío. En mí caso, temía que los demás sintiesen y creasen ese sentimiento de dolor. Era algo inevitable y antes de preocuparme por los demás debí preocuparme por mi misma. Recuerdo como cuando era pequeña me metía en medio de las peleas que tenían mi madre y mi hermano.  Cuando murió mi padre, Ale que tiene una personalidad un poco agresiva, no aceptaba que en la casa mandase una mujer. El siempre se ha distanciado, poniendo una barrera de piedra a sus sentimientos para no dejarlos ver y se ha llegado a hacer mucho daño a si mismo. Hoy en día, a veces le da por gritar:-“esta casa es una mierda”. Me molestan mucho esas comparaciones porque no sabe valorar lo que tenemos y los buenos ratos que llegamos a pasar juntos, pero yo también cometo un error. Soy yo la que se siente mal no porque opine igual, sino porque puedan pensar eso de la casa que tanto quiero. Por otro lado mi madre, la que me ha enseñado tantas cosas, también ha podido cometer humanamente algún error. Ella siempre me contaba todo. Yo era “su ángel de la guarda” me decía, y se desahogaba conmigo. Ahora puede que lo siga haciendo, pero si siento que me cargo la freno y otras veces la escucho en silencio porque entiendo que todos necesitamos una persona que escuche lo que queremos gritar y expulsar fuera de nosotros.

Cuando te enfadas con alguien cercano tememos que esa persona comience a vernos de otra manera y cambie la relación, que nos evite y actúe de forma diferente. En mi caso me costaba mucho enfadarme porque se fuesen a enfadar conmigo, pero ahora que he aprendido a defender lo que me importa he descubierto una personalidad fuerte y eso me gusta.

Cuando tu forma de vida cambia hay una parte de ti que se niega y crea una barrera, porque aunque a algunos les guste variar creo que somos personas conservadoras y nos gusta tener cerca lo que nos importa porque pensamos que se puede ir.

Al final, solo hay un pozo que tememos ahondar, la soledad.

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