Archivo mensual: noviembre 2008

Testimonio y líneas de tinta

Un día, y otro, y otro, y todos los días son una pelea continua en la que estás atrapada. Te estás muriendo, pero no te das cuenta, te miras y te das cuenta que no te quieres. Que has hecho de ti una persona falsa y que lo verdadero en ti es el dolor del pasado. Tú estás bajo la piel y el poco cuerpo que te queda y se marchita. Ves la vida pasar y tú no estás a su lado, tú estás sola, junto a la muerte, deseándola como una ignorante y una estúpida. Te miras al espejo y no te gustas porque sabes que ese no es el camino de la lucha. Es un camino cómodo en el que no te tienes que enfrentar a lo que te aterra, solo tienes que esperar y esperar y esperar. Esperar junto a algo que no existe porque ya vivió en su momento. Pero para ti no ha muerto y ahora, tonta de ti, tú estás muriendo lenta y dolorosamente a la vista de los demás. No quieres que te vean, quieres quedarte allí, rezagada, sin que nadie te moleste, te diga lo que tienes que hacer, porque te molesta que intenten salvarte. No quieres que te vean… y cada día que no comes eres más pequeñita y cada día que te miras al espejo eres más diminuta.

Están son líneas vedadas que no quiero recordar jamás, más bien no es que no quiera. Aceptó que sucedió, pero hoy las destierro completamente en la tinta de estas palabras.

Espejos de luz, veo mi reflejo, mis ojos, mi pelo, mis labios, mi pecho, mi cintura, mis caderas, mis piernas. Toda yo existo como materia reflejada en un espejo. Estoy sonrojada, me gusta mi persona. El espejo y yo. Yo estoy fuera, no encerrada en el y lo toco emanando calor al frío cristal y me veo y recuerdo quién soy, y recuerdo la suavidad de mis manos, el precipicio en mi pupila y la fuerza de mis brazos… Soy yo, con una sonrisa ahuyentando la sombra y amando los hilos de luz. Yo junto con mis sueños, mi existencia, mi moral, mis razones, mis libertades, mis responsabilidades, mis consecuencias, mis virtudes, mis defectos, mis sentimientos y emociones, mis conocimientos, mi ignorancia, mi inteligencia emocional, mi razón de ser…

Ayúdame, por favor.

Hoy quiero hablaros sobre mi etapa en el centro, sobre los aspectos más importantes.

En primer lugar, en mi opinión, las personas con anorexia o bulimia que acuden a un psiquiatra en un hospital no obtienen resultados y pienso que es porque no tienen un grupo de autoayuda. El grupo de autoayuda fue la base de mi curación en el centro ABB además de querer salir claro está. Al ser chicas que pasan por lo mismo que tú te sientes comprendidas y a la vez ella saben todos los truquillos que usas para que la enfermedad se salga con la suya. Saben como te sientes y no se asustan por los pensamientos que puedas tener con la comida, el cuerpo, etc. Lo más importantes es contar todo lo que se te pasa por la cabeza porque esta es una forma de no quedártelo dentro. Ellas están ahí cada mañana para que le cuentes como te ha ido el día de ayer y a la vez tú también puedes ayudarlas a ellas independientemente de el tiempo que lleves en tratamiento. Cuesta mucho comprometerse con el grupo y no cumplir lo que te proponías porque sabes que ellas luchan cada día por comerse un plato de comida, por enfrentarse a dar su opinión, por superar un miedo. No se crea nadie que entre a este blog que ella está peor y que no la comprendo, porque aunque yo ahora hablo desde el positivismo y la curación, en su día tan solo unas miguitas de comida, un buche de agua o unas flexiones me tranquilizaban.

El grupo de autoayuda… compartes partes que no dejas salir a la luz con ella y creo que a lo largo del tiempo crean un detector “de estado”, sabes si llegas triste, de mal humor, cerradas, etc.

Recuerdo la primera vez que salí de casa, a la casa de una chica llamada Espe. Hacía poco había sufrido una pérdida importante y todo aquello junto con que solo llevaba tres meses de tratamiento, me removía muchas cosas. Me costaba muchísimo hablar de lo que me dolía y recuerdo que al cabo del fin de semana no le había contado nada. Igualmente me ayudó muchísimo. Primero porque sales a una casa en la que tú no controlas. Tienes que adaptarte a la comida y costumbres de esa familia, ven como actúas en tu casa y te ayudan en lo que no hagas bien porque ella sabe las formas en la que te miras disimuladamente tal parte del cuerpo, hablas muchísimo sobre tus miedos y os ayudáis mutuamente porque ambas sabéis que es lo que os ayuda, y a la vez, al estar con una chica que lleva más tiempo en el centro y el verla mejor te dice que se puede salir y que puedes volver a hacer vida normal. Además a los padres les da tranquilidad el que sus hijas estén con personas que ya están mejor porque creen que esto las ayudará, lo que es cierto.

Al cabo del tiempo te ves tú en la situación de traer niñas a tu casa e intentar que no opinen, que lo pasen bien para que no piensen en el cuerpo, que salgan a comer fuera (que cuesta), que prueben comidas diferentes (porque muchas niñas manipulan a sus padres y ellos acaban guardando miedo, y para que la niña no monte la de San Quintín hoy le ponemos lo que más le guste que es en realidad lo que más tranquilidad le da, algo ligerito), que se sientan comprendidas y contestes a sus preguntas, que vean el ambiente de conversación en la mesa, y además, repito, esa vida de normalidad que es lo que se busca. Y normalidad no quiere decir rigidez porque yo sigo vieéndome más guapa con una ropa que creo que me hace mejor tipo y yo ahora elijo lo que me apetece comer y voy a una tienda y me pruebo la ropa sin miedo a saber cual es mi talla o soy yo la que propone salir a comer con mis amigas. Hay días mejores y días peores en que prefiero no hablar, pero hay una tranquilidad y un bienestar llenos de salud.

Cuando vas estando mejor es cuando te das cuenta de lo mal que estabas al principio. Porque van entrando chicas que físicamente están realmente mal, y psíquicamente porque a algunas les hablas y ni te escuchan, están en su mundo. Es una imagen realmente impactante, pero también lo sería en su momento verme a mí así. Es difícil ponerse en el lugar de la familia, ni tú llegaras a comprenderles totalmente a ellos(mi madre incluso guarda miedo aún), ni ellos a ti, pero te ves en la obligación de seguir tú vida y dejar esa etapa en el pasado porque has aprendido muchas cosas desde lo duro de la enfermedad y la experiencia que ahora, ni puedes ni te echarías atrás. Hay que vivir sin atormentarse en ello porque ¡Para una vez que se vive…! Aunque a veces si me pregunto en cómo lo vivieron algunas personas de mi alrededor, pero la verdad es que me inunda de felicidad el poder responderles de lo que me sucedía y de cómo he podido salir de ello. Y como dice mi madre, indudablemente ya estamos arraigadas a esta experiencia que nos hace prestar testimonio para ayudar a aquellas personas que lo han pasado tan mal como solo tú sabes. El cuerpo es muy sabio, y el que tanto bulímicas como anoréxicas comiéramos lo mismo, unas para bajar de peso y otras para subir, es una prueba de que hay que comer de forma equilibrada y variada. Para que todo el funcionamiento del cuerpo vaya bien, desde la regla a tener energía, desde pensar a disfrutar.

Érase una damisela toda vestida de noche

que caminaba por las calles con una careta,  

en plena ciudad, escondida,

entre nubes de niebla y aire./

 Se detenía en las farolas que formaban

surcos de luz en las aceras,

pero ella no brillaba,

era su velo la luna eterna./

 Un día pues su vestido vio le venía grande,

y al querérselo quitar ya era demasiado tarde,

pues ya no era seda, sino luz cortante,

armadura, de dagas que beben la vida./

 Recuerdo verla caminar entre aquellos árboles,

y pensar:-que triste esos dos amantes,

que se aman y se quieren, pero no combaten,

van muriendo en silencio durante su baile./

 Recuerdo verla caminar entre aquellos árboles,

y pensar:-¿cual es la voz que no escucho y late?

Es beso a mi mejilla, a mi vista, paisaje,

va miriendo poco a poco, corre junto al aire./

 Me he parado en el parque donde el invierno marchita,

no la veo, no la siento, pero su voz no vacila.

Me he parado en el parque y he comenzado a hablar sola,

de los años pasados iban callendo las hojas./

 He notado asir mi mano fría

a una damisela muda y sorda,

y aunque ella no me oía eran nuestros dedos los que

dibujaban vida a la sombra./

 Su armadura se quebraba,

no eran sus labios cárcel, era una alondra./

 Los días iban pasando y se hizo la primavera,

las flores comenzaron a aflorar,

margaritas, damiselas mudas y azucenas./

 Hoy la damisela luce su mejor guante,

esta hecho para ella, la esencia en su mano,

es nota en su pecho, es espejo a sus ojos.

Hoy la princesa canta desnuda.

Este poema lo leí en el alta de Rosa (hace os semanas), una estupendísima amiga con la que he compartido experiencia en el centro ABB. Y trata un poco sobre la enfermedad y la salida. Ayer me hicieron a mí y a mi madre una entrevista que saldrá este jueves en el Diario de Sevilla (por si alguien quiere comprarlo) me hizo reflexionar, así que escribieré más en estos días, mientras aquí os dejo con este poemilla. Besos.

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